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lunes, 18 de octubre de 2010

Diccionario visual


Porque, a veces (y sólo a veces) una imagen explica más que un libro entero.

Tomar el pelo:



Estar a dos velas:



Andar más quemao que la moto un hippie:



La cuenta-la-vieja:



Hazme una perdida:



Comportamiento bipolar:



Me subí a la reja, con la p… tiesa…



Ser más feo que un parto:



Dar palos de ciego:



Salida a bolsa:



Curva bien peraltada:



Armar la gorda:



… A pierna suelta:




¿A que queda todo mucho más claro cuando entra por los ojos?
Pues eso.

sábado, 16 de octubre de 2010

¿Será una mierda... será un avión? ¡Serán los globos de Gallardón!


Cientos de neoyorquinos que paseaban ayer por Manhattan se vieron sorprendidos por unas "brillantes" presencias en el cielo. La Policía de Nueva York y el departamento de Aviación Civil estadounidense recibieron decenas de llamadas de peatones "preocupados", que decían haber visto ovnis sobre la ciudad de los rascacielos.



Qué risa, madre-del-amor-perpetuo.

Pues, efectivamente, iba Mr. Johnson tan tranquilo paseando con su señora por la calle 23 esquina con la 8ª avenida cuando, de pronto, una luz extraña llamó la atención de sus ojos perplejos.

Aquello que volaba en lontananza no podía ser obra de la mano del hombre. El extraño “cuerpo” se balanceaba rodeado por unas luces entre amarillas y azules (el famoso “yellow-blue” de los americanos, supongo yo, así, a bote-pronto) y viraba en dirección nor-noroeste a velocidad (llamémosle) “supersónica”.

Todas las televisiones y radios del país se pusieron inmediatamente en contacto con el matrimonio Johnson, para que relatara a Norteamérica su experiencia alienígena.

El hombre, sorprendido no sólo por su visión, sino por la oportunidad de oro que le brindaban los extraterrestres de tener su minuto de gloria, explicaba estupefacto cómo a su señora se le cayó el perrito caliente en toda la pechuga de la emoción de saber que ellos eran los elegidos. “Vi cinco o seis luces brillando en el cielo. No puedo explicar lo que viví. Es algo maravilloso esto de saber, por fin, que no estamos solos. Aprovecho para saludar a mi madre, que me estará viendo por la televisión por cable: Maaaama, que soy yoooo, que me quieren abduciiiirrr, como al teniente Muldeeeer.”

Si ya sabía yo que el nombramiento por parte de la ONU de una embajadora para asuntos alienígenas iba a traer cola… Mira que lo avisé…

Hablando claramente, aquello realmente era un OVNI, si nos limitamos a la definición que nos brinda el acrónimo (ya sabéis, “Objeto Volador No Identificado”). Pero digo yo que la cabeza la tenemos para algo, ¿eh, Mr. Johnson y señora?

Porque a ver cómo se te queda el cuerpo si no cuando te cuentan que aquello que jurabas por tus muertos que era un platillo haciendo eses en el cielo, era en realidad un puñado de globos amarillos que habían soltado en Times Square minutos antes para promocionar Madrid y su centenaria Gran Vía. Que ya hay que ser cateto para ponerte a llamar a todo quisqui, contando que eres poco menos que el Mesías redivivo (afincado en Cincinnati, eso sí) y que los aliens se te quieren llevar a su planeta con el único fin de abusar de ti y de tu parienta y robarte el cerebro. ¡Pues menudo regalo se iban a llevar, por cierto!




Desde aquí, hago un llamamiento a todos los oculistas y ópticos de España: ¡señores, emigren en peregrinación a la Gran Manzana, que allí hay trabajo a cascoporro!



jueves, 14 de octubre de 2010

Ya vienen los Reyes...


- Mami, ¿cuánto falta para Navidad?
- Ehhh… hmmm… ¿para Navidad? Pues… como dos meses y medio, hija, ¿por qué lo preguntas?
- Porque es poco tiempo.
- Hombre, es poco… o mucho, según se mire.
- No. Es poco. Hay que empezar a moverse.
- ¿A moverse? ¿Adónde?
- A las tiendas, mami, que no te enteras. ¿No ves que hay que comprar ya el Belén y los adornos del arbolito?
- ¡Pero si ya tenemos un Belén la mar de completo!
- ¡Qué va! A Baltasar se le rompió el camello el año pasado, cuando a mi hermano se le cayó la bola Bakugan sobre el rebaño de ovejas. ¿No te acuerdas?
- Hmmm… no.
- ¿Y el pozo con agua hecha de papel albal, que íbamos a cambiar por un molino que girara, con su agüita y sus pececitos de colores, ya se te ha olvidado también?
- Pues también…
- ¿Y las bolitas del árbol que se cargó papá cuando fue corriendo al baño (porque no llegaba a tiempo) y acabó sentándose sobre la estrella, eh, eh, no te acuerdas?
- Nop. ¿Se cargó la estrella?
- Genial. ¿Y que la Virgen María era más pequeñita que el niño Jesús y me dijiste que este año compraríamos una nueva, de un tamaño mayor, tampoco te suena?
- Tampoco.
- Da igual. Hay que hacerlo y punto. El niño no puede estar sin madre… Además, tenemos pocas cabras. Muchas ovejas, pero pocas cabras. Voy a hacer una lista con todo lo necesario.
- Pero hija mía, si nunca lo montamos hasta Diciembre…
- Ya. Y siempre te agobias. Este año podríamos empezarlo antes y así lo tenemos más tiempo.
- ¿Más tiempo? ¿Quieres llenar la casa de espumillón y musgo desde Octubre hasta Enero?
- Claro. Y de brillantina. Tengo un montón de ideas nuevas, ¿te las cuento?
- No, deja, deja, que hiperventilo…
- Pues ya verás cuando veas la carta a los Reyes Magos… he cogido el catálogo de El Corte Inglés y he ido marcando todo lo que quería, para que no tengan que moverse de tienda en tienda. Así lo tienen todo juntito…
- Pero… pero… ¡si te he dicho mil veces que hay muchos niños en el mundo y que los Reyes no pueden traerlo todo, porque no dan abasto ni tienen tanto tiempo!
- Es que yo creo que esto está mal organizado desde el principio, mamá… si todos hicieran como yo y lo marcaran en el catálogo, los Reyes no tendrían que salir del centro comercial para nada. Podrían dejar los camellos en el parking y comer en el Burger King, mientras los pajes cargan las alforjas con las compras de todos.
- ¡Ay mi madre!… ¿y de dónde van a sacar los Reyes tanto dinero?
- Pues de las fotos. ¡Si está clarísimo!
- ¿De las fotos? ¿Qué fotos, cielo?
- De las fotos que se sacan con los niños en la cabalgata. ¿O es que no les pagan por posar con la túnica y el turbante?
- Ya me extrañaría…
- Bueno, no me despistes, que tengo que actualizar la lista de la compra. Es que me acabo de acordar de que la mula y el buey los usamos para rellenar la granja de playmobil que les regalamos a las primas. Mejor, así ponemos una vaca gordota con manchas negras y no la mula escuálida que teníamos.
- ¡Hija, me estás asustando, te lo digo en serio!

Bien pensado, el que se va a asustar de verdad va a ser el buey, cuando se percate de cómo se le ha puesto la parienta en un año… almadecántarus...


martes, 12 de octubre de 2010

¡Maremía, maremía, qué cuadro mañanero!

Cada vez que me encuentro un espantajo por la calle y me quedo mirándole deslumbrada, mi madre me sale con la misma cantinela:

- ¡Pero hija, disimula! ¡No mires, que te pillan, por Dios!

Vamos a ver, mamá, desde aquí te lo digo, para dejar constancia fehaciente y no repetirme más que un polo de chorizo: ¿Tú crees (sinceramente) que si me cruzo con esto por el barrio (por ponerte un ejemplo al tun-tun)…




… soy capaz de apartar los ojos de esa conjunción fulgente y estrambótica multicolor que hipnotiza mis pupilas?

¿Crees (sinceramente) que este buen hombre, al vestirse por la mañana, pensó para sí: “voy a ver si elijo algo discreto que echarme al cuerpo, no vaya a ser que mi ropa arrincone a mi nuevo peinado, con lo que me ha costado hacerme la onda lateral”?
¿Lo crees?

¿No será más bien que el tipo éste pretendía justo lo que yo hice: que tó Dios se le quedara mirando las amebas y los cuadros escoceses, no dando crédito a semejante despropósito combinatorio? ¿Tú crees (sinceramente) que el hombre pretendía pasar desapercibido? ¿Camuflarse, quizá? No, ¿verdad que no?

Si hubiera visto esto otro, en cambio…



… ahí sí que te habría dado la razón, mamá, mira tú por dónde.

Esta señora, claramente, intentaba pasar desapercibida. Confundirse en la inmensidad de su sillón favorito. Para ello, optó por la opción más mimética: el conocido “estampado circulero”, que te permite reírte de los que pasan o hacerle muecas a la autoridad sin exponerte a un tortazo o a una multa por desacato. La gente pensará: “vaya, qué sillón más sonriente” y seguirá su camino tan campante, sin mediar agresión por su parte.

Pero cuando la peña viene provocando…



… a ver quién soy yo para quitarles la ilusión.

¿No ves que si hago como que no les veo o me toco el ojo como si se me hubiera metido un elefante volador, van a pensar: “pues vaya imbécil, con la de horas que he echado en el baño de la residencia para lograr el tono exacto de pómulos y lo que me ha costado que las lentejuelas queden paralelas…”? ¿Quién soy yo (insisto) para dejar a esta gente peor que como ya venían de serie? ¿No comprendes que es inhumano hacerles creer que no saben llamar la atención, o (lo que es peor) que son vulgares, anodinos y del montón?
¿Esperas de veras que sea tan cruel? ¿Tan insensible? ¿Tan desalmada como para hacerles llorar por culpa de mi indiferencia?

No, madre, no.
Esta gente pide a gritos que les observes.
Que los examines al detalle.
Que les señales con el dedo índice bien estirado. Sin piedad.

Olvídate de las reglas del decoro y súbete al carro de la chabacanería más cateta.
Y grita conmigo sin vergüenza alguna:

¡¡¡Maremía, maremía, qué cuadro mañanero!!!



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Imágenes extraídas de la web: www. Poorlydressed.com
Sin desperdicio…

domingo, 10 de octubre de 2010

¿Habrá sido un sueño?


A la mierda todo mi trabajo.
A la mierda mis notitas llenas de garabatos, mi calendario tan molón, mi móvil y mi teclado sin cables, ergonómico y desgastado.
A la mierda mis bolis sin tapón mordisqueados, mis hojas recicladas para guarrear y mi calculadora de colores. Mi agenda de piel, mi colección de gomas de Hello Kitty y mis altavoces JBL Platinum, también: ¡a la mierda!

Y todo por culpa de la maldita cafeína…

No, no me he vuelto loca.
Simplemente, torpe.

Quería coger la grapadora a la vez que contestaba un e-mail y sujetaba el móvil haciendo la “pinza oreja-hombro” (gesto éste, el de la pinza, que realizo con soltura cada día un mínimo de veinticinco veces por debajo de la patilla) y mi campo visual se ha visto trastocado en su ángulo ciego por un vaso de (casi) medio litro de café con leche que todavía no había tenido el honor de catar.

Con el esmero que le había puesto en prepararlo… con su sacarinita, su leche desnatada, su espumita… ¡pues a la mierda también!

Ha quedado toda mi mesa empantanada. Cubierta por un líquido viscoso (sí, sí, en el vaso era líquido, pero sobre una superficie plana tiende a cristalizarse, palabrita) que chorreaba sobre la CPU y mis pantalones a supervelocidad. Bueno, para ser del todo sincera, si se hubiera desparramado a nanovelocidad tampoco se habría notado la diferencia, porque me he quedado tan bloqueada y sorprendida de mi poca pericia con las manos, que no he sabido reaccionar.

Alertadas por el ruido, han brotado varias compañeras ante mi puerta a ver lo que pasaba. Yo seguía quieta. Impávida. Sin capacidad alguna de intervención. Con la mente perdida en los recuerdos de mi niñez. Aquellos que aparecen en mis peores pesadillas, ayudados por vocecitas infantiles que me canturrean en la oreja de forma siniestra… “manospieeeessss, manospieeeessss, lala lala la laaa, eres una manospieeessss”. Aterrador…

Mis compis, mucho más resolutivas que yo para los momentos puntuales de catástrofe o emergencia (no en vano, tienen hechos varios cursillos de primeros auxilios y prevención de riesgos laborales), se han coreografiado de forma tácita y silenciosa para arreglar aquel desaguisado y sacarme del charco en el que me encontraba.

Yo no he movido ni un dedo. No podía.

Me he “despertado” del aturdimiento ya en el baño, con una falda que no recordaba haberme puesto esa mañana (lo cierto es que no iba del todo desconjuntada con la chaqueta que llevaba) y unos zapatos prestados no sé por quién (un par de tallas grandes, pero daban el pego). Desconcertante.

Del café, cristales rotos y demás enseres anegados, ni rastro.
Todo estaba impoluto. Lustroso y brillante.
Como si hubiera sido un sueño.

Así que vuelta a empezar.

Mis compañeras me han regalado una pelotita para ejercitar las manos y yo, obediente como soy, practico con esfuerzo.
Ahora tengo ordenador nuevo y mil cosas “para ayer” que actualizar.
No tengo tiempo ni para tomar café.
Tanto mejor.

Otro contratiempo de este calibre y me imprimen en las tarjetas de visita “Esthertxu la zopenca”. La taza de plástico con soporte-ventosa que me ha dejado mi jefe esta mañana sobre la mesa no augura nada bueno.

Vivo con más miedo que un pensionista con hipoteca…


viernes, 8 de octubre de 2010

Si la envidia fuera tiña...


De: Esthertxu (la perpleja)
Para: Elvira Super-Star
Asunto: ¿Te has quedao muda?
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Cielooooo
¡Hace siglos que no sé nada de ti!
Ya ni me llamas, ni me escribes, ni te pasas por la oficina… ¿todo bien?

De: Elvira-la perenne
Para: Esthertxu (Doña angustias)
Asunto: pero, pero, pero…
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Chiquilla, ¡si hablamos hace cuatro días!
¿No te acuerdas que te conté que tenía nueva compañera de trabajo?
Pues aquí ando, explicándole todo… no tiene ni idea de nada.
Pero de nada, nada-nadita, ¿eh?
Pa mí que la han contratado por buenorra, mira lo que te digo…

De: Esthertxu (la desmemoriada)
Para: Elvira-la-amargada
Asunto: se me había hecho eterno
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Chica, como solíamos hablar a diario, cuatro días (¿sólo cuatro, seguro?) se me hacen un mundo…
Cuenta, cuenta, así que te ha tocado una avispada, ¿eh?
Si ya te lo decía yo, que a tu jefe se le ve venir a la legua.
¿Qué… como dos carretas, no?
No me digas más…

De: Elvira-no-lo-sabes-tú-bien
Para: Esthertxu (la adivina)
Asunto: y encima rubia…
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Yo disimulo como que estoy contestando al Notario, pero te cuento la situación…
Recién separada.
1,70 de altura. Con los tacones, sube lo menos al 1,90.
Gasta una 100, copa C. Orientadas hacia Teruel.
Debe pesar 40 kilos. Bueno, con los implantes quizá llegue a 45.
Talla… le doy una 36, a todo tirar.
Mechada. Con ondas salvajes del Caribe.
Minifaldera, pero rollo modernito. Como quién te digo yo… a lo Hannah Montana, por decir una.
Tiene una conversación (llamémosle) “plana”. A todo te responde con un “¿de verdad? ¡pero qué me cuentas!”
Mi jefe está obnubilado. Con decirte que viene hasta peinado de casa…
No lo reconocería ni su propia madre.

De: Esthertxu (típico)
Para: Elvira-la-envidiosa
Asunto: estoy por pasarme y verificar los datos…
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Hija, pa tanto no puede ser.
Algo malo tendrá…

De: Elvira-ya-te-lo-he-dicho
Para: Esthertxu (lee bien)
Asunto: evidentemente…
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¿Pues no te digo que no sabe hacer la “O” con un canuto?
Ahí está el truco…
Eso sí, maquillarse, se maquilla de muerte.
Le he dicho que me tiene que enseñar a hacerme la raya del ojo sin que se me suba hasta la frente y me ha mirado con pavor.
Dice que a ella le costó un cursillo de seis meses dominarlo…
Podría haber aprendido a teclear en ese tiempo, que me toca a mí pasarle todas las cartas del jefe porque “se me estropean las uñas de porcelana una barbaridad”…

De: Esthertxu (me dejas muerta)
Para: Elvira-te-están-toreando-me-temo
Asunto: ¿se está quedando contigo?
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Pero Elvi, con lo que tú has sido… ¿le estás sacando a esta tipa el trabajo adelante a cambio de un cursillo de eyeliner?
No te reconozco.
A ti, doña “soy-liberal-porque-el-mundo-me-ha-hecho-así”.
La que mandaba al jefe a la mierda cuando le pedía un café.
La alumna más aventajada de la carrera de Derecho.
¿Te encuentras bien?

De: Elvira-estoy-quemadísima
Para: Esthertxu (es lo que hay)
Asunto: la misma
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Yo no he dicho que le esté haciendo el trabajo BIEN.
Sólo he dicho que se lo hago.
Y, como ella no lo repasa, me pego unas risas que me oyen en Constantinopla.
¿No quería aprender?
¡Pues a leches va a aprender!
Te dejo, que sale llorando del despacho del jefe.
Voy a coger la máscara de pestañas y me encierro con ella en el baño a consolarla.
¡De esta, me saco el cursillo gratis como está mandado!
¿Quedamos a las 11 en el café de siempre?
¡Vente pintada, que voy a llegar ideal y luego te mueres de envidia!

De: Esthertxu (espérame sentada)
Para: Elvira-mala-pécora
Asunto: mejor pídeme un té
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¡Hecho!
No te vengas con la rubichi, que no me ha dado tiempo a adelgazar todo lo programado y como la vea comerse un bocata soy capaz de arrancarle las extensiones-pelo-de-muñeca.

De: Elvira-ya-me-he-relajado
Para: Esthertxu (la ansiosa)
Asunto: descuida
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Tranquila, que tiene pa un rato.
Se tiene que retocar todo el maquillaje y eso le lleva una hora.
La he dejado en el baño con un neceser de tres pisos que tiene para emergencias.
A esta ya no se la oye hasta la tarde.
Voy saliendo, que tengo taaaaanto que contarteeeeeeee…

miércoles, 6 de octubre de 2010

¡Agua va!


"Él puede parecer un idiota y actuar como un idiota, pero no se deje usted engañar, es realmente un idiota."
-Groucho Marx-




Contrastado: el ser humano es medio gilipollas.

A ver, si no, cómo me explicas que nos gastemos la intemerata es cosas inútiles o fraudulentas y, oye, ¡tan contentos, que encima nos ha salido tirado de precio!






Vamos a ver, hermanos, ¿nos la dan siempre con queso o es que somos carne de cañón?

Que está muy bien que birles una botellita cilíndrica de estas en el restaurante (mi caso), porque no veas lo bien que te cuadra para la puertecita de la nevera y lo que vas a fardar en la próxima cena de la cuadrilla, que la rellenes con agüita del grifo y la sirvas bien fresquita a tus amistades, en lugar del botellón de plástico con la etiqueta medio arrancada de costumbre. Pero que esto lo haga la embotelladora y te cobre cuatro euros por ello, no me digas que no tiene guasa.

Los portavoces de la marca llevan días diciendo que ellos no mentían en sus promesas publicitarias. Es decir, que la localidad noruega de Iveland se sirve del agua del deshielo de un glaciar para abastecer a toda su población y ellos, simplemente, aprovechan el derroche.

Eso es tener clase, no me digas… estos noruegos son la repanocha. Tienen como diez años de baja maternal, cobran un sueldo mínimo interprofesional del triple que el españolito de a pie y encima les sirven agua de lujo directamente a sus hogares, ya sea para lavarse los dientes, usar el bidé o fregar los cacharros…

Yo he bebido aguas estancadas o con sabor a pis (directamente) en según qué regiones españolas que no habrían pasado el visto bueno de las autoridades sanitarias más beodas. Si les llega a dar por embotellarla, tendrían que hervirte el agua en el propio restaurante y ante tus ojos, porque si no, fíate y no corras…

Pero mira, en Noruega beben agua de 4 euros los 0,8 litros (más cara en los restaurantes, por supuesto) y ni lo agradecen. Ni en la ruta del bacalao he visto yo el líquido elemento a semejantes precios…

Y eso pasa con una marca de prestigio, que utiliza un nombre elegante y una imagen cuidada.
Ponte ahora a elucubrar de dónde sacan, por ejemplo, el Solán de Cabras. Con ese nombre, cualquiera sabe…

Tengo una amiga que dice que ahora se siente pueblerina total:

- ¿Cómo me han podido engañar? ¡Si podría jurar que a mí me sabía distinta a todas las demás!
- Es que sabía distinta, cielo- le digo yo-. Sabía a grifo... noruego, eso sí.
- ¿Pero por qué siempre caigo en estas chuminadas?
- No sé… pero a ver si gracias a esto ves la luz y te quitas las 7 power balance que llevas en las muñecas… total, pa lo que te sirven…
- Nonono, eso todavía no está demostrado. El mes pasado sólo me caí tres veces por las escaleras de la oficina. No sé si es algo psicológico, pero a mí me funciona…
- Lo que hace que funcione es que por fin os han puesto barandilla en la escalera, Mari, que te aprovechas y lo llevas todo a tu terreno…
- Pues será, pero el caso es que yo he disminuido mi siniestralidad, así que ahí se quedan.

Con estos planteamientos de vida, lo de pagar el agua a precio de barril de Brent es casi anecdótico.

Cualquier día nos enteramos que las bolitas de caviar son pelotillas del ombligo de algún guarro y nos echamos las manos a la cabeza.

Vivir para ver y ver para creer…

lunes, 4 de octubre de 2010

Elegí un mal día para dejar de comer...


Bien, pues ya estoy en ello.

Me he preparado un plan estricto de comidas de aquí a Navidad, con el que me he propuesto quitar unos kilillos. No diré cuántos por no herir susceptibilidades.

Y lo voy a llevar a rajatabla.
Le hago a mi “santo” comer a escondidas y me hincho a lechuga como si fuera una vaca a punto de entrar en hibernación.

Nada me tienta. No pienso flaquear. Voy a mantenerme firme en mis propósitos aunque me cueste sudores y cabreos monumentales.

Aunque, salvo un par de conatos, tampoco es que haya llegado la sangre al río…

Hasta esta mañana, que iba yo tan tranquila por El Corte Inglés a hacer unos recaditos y me asalta una tiparraca de forma abrupta y sin avisar:

- ¿Quiere usted flis flis probar nuestro flis flis flis nuevo perfume flis flis, que está de ofertaaaaa flis-flis flis-flis-flis?

¿Que si quiero probarlo, cabrona, que me has echado ya medio litro aprovechando la coyuntura? ¡Y en todo el ojo! Mira que yo no quería enfadarme, ¿eh? ¡Pero es que me obligan!

Y que a estas no las pille la policía, que diría mi madre….

La he apartado de un manotazo (Dios, si todavía me huele el pelo a pachuli y eso que han pasado ocho horas desde el ataque tierra-aire) y he seguido toda digna hasta la sección de prensa, a comprarme el periódico y las revistas de la semana.

Mientras leía las noticias y desayunaba tranquilamente mi té con sacarina, noto como una presencia extraña sobrevolando mi hombro. Me vuelvo y el hombrecillo sentado detrás de mí gira abruptamente el cuello y se pone a mirar fijamente el cenicero. Sin pestañear.

Bien, no parece que quiera nada, así que yo sigo a lo mío.

Pasan treinta segundos y vuelvo a notar el poltergeist . Paso de hoja, me giro a velocidad defcon-3 y ahí está, el abuelillo, a medio camino entre arriba y abajo, estirando la cabeza hacia mí y con el culillo en pompa. Me suelta:

- ¿Te importa volver un momentito a la página anterior, que no me has dado tiempo a acabarme el artículo sobre el Ibex35?
- Lo que usted quiera, caballero. ¿Le pido también un carajillo y un Farias?
- Hombre, pues sería un detallazo, bonita.

La gente no tiene piedad. Y, además, es inconsciente por defecto.

Si supieran el peligro que corren tocándole los muñones a una hambrienta en su primera semana de régimen, se andarían con más ojo…

Mejor ni os digo lo que le he contestado al salado este… ¡me da hasta vergüenza!
Si es que a veces, no me reconozco…

sábado, 2 de octubre de 2010

Flaneando por la vida


Tengo unas compañeras de trabajo que son la bomba.
Como lo de currar 8 horas, adecentar la casa, educar a los niños y hacer la compra les parece poco, han hecho camarilla para que todas nos apuntemos a clases de danza del vientre.

Y van y me incluyen en el grupo.
A mí.
Doña “yo no imito a Shakira porque me flanea la tripa y puedo provocar un desajuste tal en la tectónica de placas que se genere un tsunami en la India sin querer”.

Me cuesta hasta escribirlo…

Sobra decir que era la única en aquella sala que cubría la barriga con cuatro capas de ropa, a saber: la camiseta interior (apretadita, para que haga bien el efecto-faja que tanto me gusta), una camiseta de tirantes, otra holgada (también llamada “la de transpirar”, que me parto sola, como si mi cintura supiera transpirar… ¡qué va, hombre!) y la chaquetilla de cremallera que me parece tan “deportiva” y me evita decir que llevo chándal (ya sabéis que yo de eso no uso). El resto iban estilo Mama-Chicho, con un bikini con cuentecitas y un pantalón o falda encajados sobre la pelvis, milímetro arriba-abajo.

¿Cómo demonios puede alguien mover las caderas de pared a pared (y estoy hablando de metros de separación entre ellas) y mantener el ombligo quieto en el epicentro de su anatomía? ¡Pero si eso no lo recoge ni el Libro Guiness de los Records! Es que de verdad te digo que nos engañan como a chinas… ¡Mi cuerpo es un bloque! Y punto. Hay que asumir lo propio y vivir con ello. Pero siempre hay gente que peca de optimista y te lleva por el camino de la amargura…

Es físicamente imposible llevar un ritmo con los brazos, otro con los muslos y dejar inerte la zona de flotación. ¿Tan difícil es de entender? Yo, si me muevo, voy pallá con todo el equipo, no acudo por partes, ¿no? Pues eso.

Y cuando por fin le dan vía libre al pobre ombliguillo, que estaba ya aburrido viendo pasar carnes a su alrededor sin poder moverse, resulta que sólo puede ir hacia adentro y hacia fuera, hacia adentro y hacia fuera…. ¿qué broma es esta? Con lo tímido que es mi ombligo, además, que no veas lo que me cuesta que asome… en una de esas, se queda dentro y no vuelve a salir nunca más. Deja, deja…

Menuda encerrona.
Sólo me ha quedado clara una cosa: me toca ponerme a dieta rigurosa.
Con la de cenas, bodas y demás banquetes que se acumulan en mi agenda… no quiero ni pensarlo.

Por rematar la tarde, sólo os comentaré cuál fue la merendola que nos pegamos todas tras el desgaste abdominal: ellas, una manzanita o kiwi con una botellita de Isostar. Yo, un bocata de jamón con tomate y una cañita.

Todo pa mi ombligo, que se ha portado como un jabato, ¡hombre ya!

jueves, 30 de septiembre de 2010

1,2,3 probando, probando… Tierra llamando a Marte…


La ONU nombra a una astrofísica malaya “embajadora para asuntos alienígenas”

Que sí, que sí. Que parece una coña, pero es verídico. El pobre Carlos Jesús ha emigrado a Raticulín, porque se ha visto superado por la pena. Ha denunciado a la malaya por “intrusismo laboral” y no ha querido hacer más declaraciones.

Por lo visto, esta señora será la encargada de recibir a los extraterrestres mejor que Berlanga a Mr. Marshall, ayudada por pancartas donde se lea “Welcome ETs” y miles de voluntarios levantando sus manos y separando los dedos en grupos pares, como Mr. Spock, a pie de nave nodriza. Lo estoy visualizando y se me pone el vello de punta, jatetú…

Espero que no tengamos que aprender a tragar culebras y ratones, ni hacer práctica de tiro con láser, ni vestirnos con un mono de látex bicolor… pobres de nosotros…

Pero, ¡ojo! Que al calor de esta nueva ocupación, pueden surgir otras muchas.
Hay que estar atentos, con los tiempos que corren…

Yo ya me he apuntado en el listado de “qué podría hacer usted por los alienígenas”, el cual encontraréis en la página oficial de tan magna institución (www.onu.com/sección-extraterrestres-y-UFOs/ofrézcase-en-especie.html) y he decidido que puedo ser su “personal extra-shopper”, porque eso de ir por la calle luciendo escamas al aire con el biruji que pela en diciembre, les puede ocasionar tantas enfermedades desconocidas para ellos que lo mismo se vuelven a casa desanimados.

Tiene que ser un puntazo recorrerse Serrano con tus nuevos amigos, escogiendo las telas más vistosas y los cortes más vanguardistas (emulando a Pretty Woman, pero con lengua bífida), dejándoles a ellos que paguen con su VISA-Platillo-Volante o su Extraterrestrian-Express.

Lo que voy a chulearme ante las vecinas…

Y nuestros niños aprenderán nuevos idiomas, que les serán de gran utilidad cuando los mandemos de campamento a X3P12. Y los becarios podrán hacer sus prácticas convalidadas en Orión14-esquina-Andrómeda. Y las canguros tendrán un nuevo nicho de mercado y acudirán en hordas a vigilar a los bebés cósmicos, en vez de ir a Londres a pasar frío y dejarse los ahorros.

Y nosotros les mostraremos nuestros grandes avances científicos, por aquello de fardar ante seres de inteligencia supina. Alucinarán con el velcro, los post-its amarillos y el jes-extender.

Todo son ventajas. No le veo la pega por ninguna parte.

Así que estoy deseando que la señora ésta empiece a sintonizar con el universo y consiga hacerse entender con los alienígenas, porque la vida en la Tierra se me empieza a quedar corta y me noto ansiosa por vivir nuevas experiencias extracorpóreas de naturaleza sideral.

No sé si me entiende…

martes, 28 de septiembre de 2010

¡Yo quiero ser Angelina Jolie!


Vale, sé que suena obvio.
Pero no es lo que parece.

No quiero ser Angelina Jolie por su cuerpo serrano, sus labios carnosos ni su compañero de cama (que también), sino porque sus días tienen 58 horas (caso único en el mundo, calculado a ojímetro) y su cutis no se resiente por ello.

Tú dirás si es muy normal que la semana te dé para:

- Negociar y rodar una película tras otra (con sus ensayos previos correspondientes, de modo que sepas tanto montar a caballo al más puro estilo Curro Jiménez, como ganar al campeón olímpico de esgrima sin que se te enreden las extensiones).
- Cuidar de seis churumbeles “dedicándoles tiempo de calidad a cada uno de ellos, de forma individual” (según ella misma confiesa al borde del ataque de melaza).
- Cuidar de tu matrimonio (“nos montamos cenas y viajes románticos porque los niños se nos meten en la cama cada vez que tienen pesadillas o mojan la sábana”).
- Reconstruir Nueva Orleans (eligiendo hasta las cortinas de las nuevas viviendas, para que casen con los cojines del sofá).
- Visitar Afganistán, Pakistán y demás países que rimen entre sí.
- Dar conferencias en la ONU, denunciando lo malos que somos los humanos y cómo nos estamos cargando el planeta.
- Ir al concesionario a elegir un coche híbrido, para que los medios no se te echen encima por incoherente.
- Posar con tu mejor perfil para las portadas de las revistas más prestigiosas.
- Dar entrevistas a todo periodista que se acredite ante tu puerta.
- Firmar (y protagonizar) anuncios de cosméticos, ropa y demás patrocinadores publicitarios (a trillón el segundo emitido).
- Acudir a eventos de todo pelaje (sean inauguraciones, televisiones, festivales de cine o estrenos teatrales).
- Comprar una mansión al mes (habiendo supervisado hasta el material ecológico del que estarán confeccionadas las cortinas de la ducha).
- O acudir a tele maratones en busca de donativos para cualquier zona devastada por cualquier fenómeno meteorológico.

Al margen de depilarte, hacerte las cejas, darte masajes por la cargazón de espalda que acumulas, acudir puntualmente a las sesiones de bótox prescritas por tu dermatólogo de cabecera y llevar la pedicura y manicura (y las canas) en su punto exacto de color.

Esta omnipresencia no puede ser normal.
Ni tan siquiera humana.
A mí que me lo expliquen.

Sólo me falta escuchar que lee mucho, que acude al gimnasio cuatro veces por semana, que lleva personalmente a sus niños al colegio o que el tiempo libre lo dedica a ponerse al día con los grupos de música del momento.

No es que sea perfecta.
¡Es que es agotadora!

domingo, 26 de septiembre de 2010

La teta azulada



Poneos en situación:

- el clásico joven,
- trajeado y engominado (la imagen vende mucho),
- con la ambición justa para montar su propio negocio e invertir en él todos sus ahorros (incluyendo los ingresos originados por la venta por eBay de toda su colección de AirgamBoys de los ochenta),
- haciendo a la vez de telefonista, comercial, gestor y lo que se tercie, porque los comienzos (ya se sabe) son muy duros,
- repartiendo tarjetas por doquier y dando charlas sobre su oferta de servicios a todo aquel que se preste (incluyo en el grupo a los Mormones y Testigos de Jehová, que cuando se ponen a escuchar, no hay quién les gane)

Estáis situados, ¿verdad?
Bien.
Ahora imaginaos al yupi en cuestión en plena conferencia.

Dos clientes potenciales (mujeres ambas) se sientan en una sala de reuniones (alquilada) dispuestas a escuchar lo que tengan que ofrecerles.
Una de ellas lleva una sillita de bebé, porque le ha fallado la canguro.
No hay problema. Mientras el niño no berree durante la exposición, todo va a ir bien.

En plena explicación sobre derivados y warrants, la susodicha saca al bebé de su letargo y, ni corta ni perezosa, se saca el pecho ante la mirada atónita del chaval, que no sabe si mirar a la pantalla del powerpoint o buscar la cámara oculta.

La mujer, sin pestañear siquiera, comienza a amamantar al bebé, sin preguntarse siquiera si aquello violentará a la concurrencia.

El hombre, atónito, le pregunta si no prefiere pasar a la salita de reuniones que hay enfrente y así estar más cómoda.

- No, no, qué va, si al bebé le calma oír tu voz. Sigue, sigue.
- Ehhh… puessss…. Por dónde ibaaaaa….
- Ibas a explicarnos la operativa con derivados.
- Ya… ya… pues eso, que… los…. ¿de verdad no estaría mejor en la salita?
- Que no, que no insistas, que es un momentito de nada…

Se jodió el negocio.
El pobre ya no dio pie con bola y las mujeres salieron de la sala con un careto de “a ti te voy a dejar yo mi dinero, por mis muertos” de preocupar.

- Yo sólo veía aquella teta enorme, como azulada, y ya no me salían ni las palabras- me confesaba apesadumbrado días después.
- Pero chico, ¿es que no has visto una teta en tu vida?- le preguntaba yo hipando de la risa.
- Sí, pero en esa situación… ¡no me lo esperaba! Si por lo menos me hubiera avisado antes… ¡la sacó más rápidamente que un gitano la navaja!
- Anda, anda, que eres un exagerado. ¿Qué iba a hacer la mujer si el niño tenía hambre?
- Que no, que no, que yo creo que lo hizo para desestabilizarme. ¡Si tuvo que despertar al bebé, que estaba plácidamente dormido! Esa lo que quería era ponerme nervioso y dejarme en evidencia.
- Seguro, seguro…

Así que ha decidido poner un servicio de guardería en la oficina, por si se repite el caso.
Le ha pedido a su hermana pequeña que cuide a los chavales de sus clientes mientras él les da la charla.

- Así no me pillan en otro renuncio- cuenta convencido de haber dado con la solución.
- ¿Y también vas a poner un ama de cría para cuando les toque la toma?- le pregunto yo suspicaz.
- ¡Mierda! ¡Con eso no había contado!
- Pues no le va a costar a tu hermana sacarse la leche, así, de repente. Pobrecita mía… le vas a crear un trauma…

Estoy esperando como agua de Mayo el remedio que se va a inventar para este último asunto. Si los comienzos son difíciles, él se los ha complicado todavía más…

viernes, 24 de septiembre de 2010

¡Vete a ayudar a tu madre!


Qué rabia me da que esté yo tan tranquila, aparcando mi coche como Dios (y el profe de la autoescuela) me dio a entender, a mi ritmo y sin agobios, y de pronto aparezca el clásico señor sabelotodo que viene a hacerte la vida más fácil y te empieza a indicar.

- A ver, maja, que así vas mal… ¡gíralo todo o no entras!
- Ehhh… gracias, gracias- suelo empezar yo- pero ya me apaño sola.
- ¡Pues no, no te apañas, porque como sigas así, vas a golpear la rueda con el bordillo antes de tiempo y no te va a dar el giro, bonitaaaa!
- (Bajando la ventanilla para que el hombrecillo no se desgañite) Deje, deje, que si hace falta hago otra maniobra, pero váyase tranquilo, que siempre lo consigo.
- Lo dudo. ¡Dale, dale ahora, gira todo y písale, que no viene nadie!
- ¡A ver, que ya me esmero yo sola, no me ponga nerviosa, por favor!
- ¡Tira, tiraaaa! ¡Pero chiquilla, pal otro laoooo!
- (mierdamierdamierda) Ya vooooyyyyy
- ¡Bieeen, bieeen, más, gira todoooooooo!
- ¿Así??? (Estoy por hacer todo lo contrario de lo que me indica, a ver si me deja por imposible)
- ¡Vale, endereza!
- Ya está. Muchas gracias.
- ¡No, no, ahora recto y lo dejamos elegante!- me insiste agachado y como a punto de sacar el tiralíneas para comprobar su obra maestra.
- No importa, si ya está bien…
- ¿Qué va a estar bien? ¿Te lo aparco yo, chata?

A eso podríamos llegar. Con la suerte que yo tengo, fijo que me lo estampa contra el kiosko y se da a la fuga.

Pero él no se separa del guardabarros, oye. Menos mal que no soy malpensada (en exceso), porque tiene pinta de querer saltar entre las ruedas para simular un atropello y forrarse a costa de mi seguro.

Una vez, por culpa de un borrachito (esto lo supe después, cuando me bajé a contemplar el cuadro-mañanero y me di cuenta de que su aliento me quemaba las pestañas) dejé el coche atravesado, casi perpendicular a la acera, diría yo. Encajadito entre un banco y una papelera por culpa de sus indicaciones etílicas. Al principio, le iba a decir que sí, que me lo aparcara él y que yo volvía en un par de horitas a recogerlo (lo mínimo que le iba a llevar sacar mi coche de donde estaba), pero al notar la ráfaga de vino agrio que salía de su boca, me lo pensé mejor y me pegué el empacho yo solita, por miedo a que me robara hasta el cenicero para costearse el Don Simón. Acabé agotada de tanta maniobra…

¿Y qué me decís de esos otros que se quedan callados, como anclados al bordillo, mirándote fijamente y negando con la cabeza mordiéndose el labio inferior? Que tú te apeas del buga tan orgullosa y te dicen: “¡cuidadito al bajar, fitipaldi, que tienes unos 500 metros hasta la acera, avispá!”… Qué salaos, ¿verdad?

¿Pero por qué me tienen que indicar si yo no he pedido ayuda a nadie?
¡Por Dios, si he llegado a ver gente saliendo del bar de enfrente sólo para ver cómo aparcaba y ayudar en los aspavientos!

¿Tendré carita de desvalida?
¿De tonta?
¿De despistada?
¿De inútil, directamente?

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Adicto a las papelerías



¿Se puede ser adicto a las papelerías?

Sacadme de esta duda que me corroe, por favor, porque tenemos la casa que parece una cueva de “cuadernícolas”.

A mi “santo” sólo le divierte visitar librerías y cada vez que va, vuelve con un par de moleskines, tres o cuatro rotuladores de diversos grosores y media docena de cuadernos de dibujo “por si me da por hacer algo con ellos”.

Yo siempre le digo lo mismo:

- ¿Y no te gustaría más entrar en Gucci y venirte pa casa con una docena de bolsos “por si a mí me da por hacer algo con ellos”?

Porque eso sí que sería útil y vistoso.
A ver cómo fardo yo con un taco de folios bajo el brazo.
Valiente mierda.

El caso es que no sé qué tiene la celulosa, que le vuelve loco.
Yo le llevo a la tienda, en plan “terapia de choque”, e intento que salgamos con las manos vacías. Pero es imposible.

“¿Compramos una goma de Milán, aunque sólo sea eso?”, me suele preguntar.
Y yo, ahí, dura, en mi sitio, sin claudicar: “No, cariño, una goma no. Que ya tengo treinta y cuatro en el cajón del escritorio y no sé cómo darles salida.”

Él me suele mirar desesperado, sin entender nada, porque… ¿cómo va a salir de allí sin comprar ni un triste archivador?

- A ver, mira bien, que seguro que hay algo que necesitemos- me dice al borde del “delirium tremens papelístico”.
- No, no necesitamos nada.
- Pero si los niños acaban de empezar el cole, seguro que queda algo pendiente de la lista que les dieron…
- Nada. Cero. Todo adquirido y entregado a la profesora. No insistas.
- ¡No puede ser!- suelta desesperado.
- Venga, date otro voltio por la zona de post-its y te espero en la puerta. Tú tranquilo, ¿eh?- le digo yo para que no hiperventile frente a las carpetas de Hannah Montana.
- Entonces, ¿por qué me has dejado entrar, eh, por qué?
- Estoy ahí mismo, ¿vale? (yo me hago la sorda), si ves que los pies no te llevan a la puerta, hazme un gesto y vengo a ayudarte. Hala, cielo, que esto tienes que conseguirlo tú solito. Venga, ánimo, que tú puedes…
- Nooooooo- grita mientras agarra una pintura acuarelable color magenta y corre hacia la caja- ¡pago esto y nos vamos!

Bueno.
Al menos sólo ha sido un lápiz y no toda la caja de Alpino (las hay de 48 colores, palabrita, que tengo una en casa).

Suerte que no estábamos en la zona cara, porque llega a arramplar con las plumas edición limitada, y la cosa se habría puesto fea.

No sé si este tipo de metadona está sirviendo de mucho.
Voy a tener que inventarme otro método menos agresivo…

lunes, 20 de septiembre de 2010

Una serie de catastróficas desdichas


Imaginadme: parada al sol, cual estatua de bronce, en pleno semáforo (de esos que tardan una eternidad y media en ponerse en verde-para-peatones), sola y aburrida.

De pronto, un hombre de paso tranquilo se pone a cruzar en rojo (lo cierto es que no venía ningún coche) y viene, viene, se acerca, está encima… y plofff, leche que se mete contra la menda.

Le calculo yo unos… ¿diez metros?, sí, unos diez metros de paso de cebra para atinar con el hueco. Pues no. Él, directo contra la cívica. Y eso que iba mirando, casi como provocando.

Y no: no llevaba bastoncito plegable. Ni siquiera unas gafas de sol oscuras.
Iba con la cabeza bien levantada, con la mirada orgullosa y sin ningún síntoma de embriaguez.

Si llego a ser un poste, me deja los dientes clavados en la pechuga. Suerte que una está acolchada por los desmanes calóricos de estas vacaciones…

Me he quedado tan perpleja que no he abierto la boca.
Me he limitado a frotarme el codo, antebrazo y demás zonas doloridas, antes de comprobar que no me había birlado la cartera, claro (que una es desconfiada por naturaleza). La gente que esperaba en la acera opuesta se ha puesto a chillarle todo lo que les llegaba a la boca: que si menudo desconsiderado, que si a ver si estaba ciego, que si pobre chiquilla que no se ha metido con nadie… pero él ha seguido su camino sin inmutarse, como en su mundo…

¿Un colgado? ¿Un autista? ¿Un simple maleducado? ¿Todo a la vez?

En fin, voy al bar a desayunar y me entretengo con el periódico.

Leo en la prensa:

Un campesino cubano sobrevive a cinco impactos de rayo en nueve años

Ehh… buen hombre, ¿no cree que ha llegado la hora de revisar bien si tiene usted algún clavo, placa o pieza metálica, del tipo que sea, incrustada “sin querer” en alguna parte de su anatomía?

¿No le parece extraño que sea siempre usted el que hace de pararrayos de su pueblo?

¿Cuántas veces más tiene que tocarle la china para hacerse cargo de que quizá (y sólo quizá) debería transitar por el campo cubierto por algún tipo de campana protectora si quiere seguir celebrando cumpleaños?

“Creo que estoy imantado”, insinúa el hombrecillo.
Nos ha jodido. Imantado no, tú eres el mismísimo IronMan!!!
A ver si van a ser los empastes de las muelas…

Dice que parece que su cuerpo se va acostumbrando a las descargas y que “las últimas ya no me afectan tanto como las primeras”. Hombre por favor… ¡si todavía le va a coger gustillo a la descarga!

Un momento, un momento… ¿será eso lo que le pasaba al señor que se ha dejado las babas en mi camisa? ¿Le habría partido un rayo en el semáforo anterior y por eso no daba pie con bola?
Tengo que darle un par de vueltas a esta conclusión…

Un bebé cae de un tercer piso y sobrevive gracias al pañal

¡Menudo susto! Da gracias que tus padres son unos guarros y llevaban dos días sin quitarte la mierda del culo, porque si no, no lo cuentas.

Si es que a veces nos pasamos con la higiene, que te lo digo yo…

Espera, espera, que no es eso… que el pañal se quedó enganchado en una verja que le permitió, al romperse parcialmente el dodotis, ir resbalando hasta el suelo a una velocidad suficiente para librarse del impacto.

Y yo pensando que se trataba de algún pañal-paracaídas que habían inventado…

Pide cita con una prostituta y le aparece su hija

Y yo me pregunto… en estos casos, ¿le haces precio o le cobras la mundial?

Tiene que ser tremendo… tanto que al pobre hombre le dio un jamacuco y acabó en el hospital con un ataque al corazón del que se recupera favorablemente, (añado yo) gracias a los “hábiles” cuidados de su hija, que no se separa de su cama… je, je… si no fuera un drama familiar, me hincharía a ponerles adjetivos, pero lo voy a dejar ahí por no ser (más) hiriente…

Muere golpeada por un excremento canino

¿Pero qué había comido el perro? ¿Piedras? ¿Barras de metal? ¿Un bate de béisbol?
Pues resulta que la cosa es más sencilla. Bueno, sencilla, sencillaaa… tampoco te creas...

Al dueño (un sueco cualquiera) no se le ocurrió otra cosa que irse a pasear al San Bernardo por la azotea de su edificio, que todos sabemos el frío que hace en Suecia y cómo resbala la acera.

El bicho (bien adiestrado, por cierto), sacó el muslamen por la barandilla y se puso a hacer sus necesidades, con tan mala fortuna que éstas se congelaron en plena caída y acabaron en la cabeza de una pobre anciana que pasaba por allí, ajena al funesto desenlace vital que la naturaleza le tenía preparado.

Los herederos han denunciado al dueño del can, que está estreñido desde entonces (el perro, no el dueño) del disgusto.

Puestos a elegir, prefiero que me caiga un rayo, jatetú…

sábado, 18 de septiembre de 2010

La Barbie-zorrón, el Ken-cabronazo y la Nancy-cornuda




Estoy hasta las amígdalas de escuchar casos y casos como este que os vengo a retratar:

El clásico tío que se liga a una incauta y, cuando ella se entera de que lleva casado dos décadas, le sale con lo de “es que mi matrimonio está roto, ya no tenemos nada en común, no nos queremos, pero seguimos juntos por los niños”.

Analicemos esta excusa sin igual.

- Sigues con tu mujer por los críos: que tienen 19 y 17 años y, claro, claro, no saben lo que es un divorcio. No lo han oído nunca y, como no conocen a nadie en esa situación, no les quieres crear un trauma a los angelitos...

- Tú no la quieres: pero oye, es que te lava y te plancha que no veas y total, pa salir y zumbarte a todo lo que se menee, no tienes pereza. Bien, bien, chaval. Si yo te entiendo, no sabes bien cómo te entiendo...

- El matrimonio está roto: pues tú debe ser que te empeñas en darle al Loctite día y noche, porque, si no recuerdo mal, te has ido con ella de vacaciones todos los Agostos de las últimas dos décadas (incluido el año en curso), en plan “Días de diversión con la Familia Corazón” y tan contento. Por cierto, lo de seguir durmiendo en la misma cama-rota, ¡tiene que dar un dolor de espalda de narices!

- No tenéis nada en común: ya, ya, salvo una cosita sin importancia, llamada “sociedad de gananciales”, que no veas cómo maneja el cotarro en estos casos.

¿Conclusión?

Pues lo dicho: siempre hay un Ken cabronazo, liado con una Barbie zorrón, que tras enterarse del matrimonio vigente del maromo, sigue como si nada en espera de “que arreglen los papeles”, convirtiéndose así en un putón de manual y exponiendo a la parienta legal al bochorno de los cuernos más hirientes y a los hijos a las mofas más injustas.

A ver si ahora viene Mattel y actualiza un poco el kit, incluyendo al menos en la caja la coletilla de “La pobre Nancy se vende por separado”. Que ya les vale…


jueves, 16 de septiembre de 2010

Las reclamaciones, al señor Jack Daniel's, por favor.



Llevo dos días (con sus noches) con un dolor lacerante en el costado izquierdo, provocado por la risa. ¡No sabes tú qué risa!

A la pobre Paqui la llama un antiguo colega de la Uni, con el que se llevaba muy bien por aquel entonces pero del que no sabe nada-nadita desde hace años, quien le sugiere que se pongan a fabricar niños porque…

- …No sé si recordarás que, el 20 de octubre de 1995, nos dijimos el uno al otro que, si a los 35 no habíamos encontrado a la persona correcta, tendríamos un niño juntos y así no nos quedaríamos solos en el mundo, ¿lo recuerdas?
-Hmmm…. nooo, no lo recuerdo (los cojones, si me lo ha confesado a mí más de una vez, pasada de copas)
- Pues firmamos un papelito y todo. Aquí lo tengo y dice textualmente que…espera que lo busco…


“Yo, Paqui Montejo, juro podd mis mueddtos que si a los 35 no me he comido un rosco, tenddré un churumbo con Ramón (el compi de práctica jurídica, podd si esto lo leo de vieja y no me acuerdo). Fin del mensaje. Firmen aquí abajo ambos interesados. Hip-hip hurra.”


-Ehhh ehhh…. yo es que ya he cumplido los 36, así que eso ha prescrito…
-¡¡¡Anda, pues entonces hay que darse prisa, o nos vamos a quedar con hijo único y eso no puede ser!!!

Paqui le colgó el teléfono, pero el tío siguió insistiendo y la llama un par de veces por semana preguntándole si ya está en sus días fértiles, que no le gustaría que se le pasara el momento, que ya no son años y bla, bla, bla.

De verdad que estas cosas sólo le pueden pasar a ella.

Que te llame la farmacéutica reclamándote los 50 euros que acumulas en tu cuenta del mes, tiene un pase. Pero que te llame un tío reclamándole el hijo que le prometiste una noche de farra en los noventa, es de juzgado de guardia.

Y ahí la tenéis, muerta de miedo por si el hombre este la demanda, le envía un sicario o vaya usted a saber. Porque si algo tiene claro es que ella firmó en la línea de puntos de la servilleta del bar. Y, como bien nos enseñaron en la carrera de Derecho: el que lo firma, lo paga. No hay más-tu-tía.

- ¿Y qué le ofrezco yo a cambio? ¿Dinero? ¡Si estoy sin un clavel!
- Céntrate, Paqui- le digo yo exasperada por tanta tontería- que ese papelujo no tiene ninguna validez legal.
- ¡Pero si dice que lo tiene guardado desde hace quince años, con sus manchas de aceite y todo! ¿Cómo no va a valer semejante incunable?
- Tú no le cojas el teléfono más y verás cómo se aburre y va a por otra que le firmara la “entrega inmediata de su casa y demás pertenencias si en el plazo de 20 años la luna no era habitable”. Olvídate de él y no le des más vueltas, por Dios.
- ¡Que no sabes cómo es! ¡Que está convencido de que le debo un hijo!
- Pues a mí me debes el regalo de cumpleaños de Carlota de los últimos dos lustros y no te he notado angustiada por ello…

Es lo que tiene el alcohol. Que nos pone en las situaciones más ridículas.
Si esto hubiera quedado en el olvido, para que nos echáramos unas risas tras la menopausia, pues bien. Pero que te pille en pleno fervor ovárico, es mala pata.

Así que Paqui, recurriendo al ingenio más sagaz, en la siguiente llamada, le soltó al pedigüeño:

- Verás, Ramón, es que tengo hecha una ligadura de trompas y no va a poder ser…
- ¡Ah!, pues nada…
- Claro, hombre, nada de nad….
- ¡Nos fertilizamos, que tengo algo ahorrado y me llega!
- Que no, que no puede ser. Que… ehhh… después… pillé una enfermedad cuasi-mortal y me tuvieron que practicar… ehhh… una histerectomía y…
- ¿Una qué???
- Que me vaciaron, Ramón, que no hay posibilidad de que ahí anide nada. Créeme.
- Bueno, yo hubiera preferido niños propios. Pero si hay que adoptar, pues adoptamos. ¿Qué tal una chinita?
- A ver, Ramón, tú, en realidad, ¿qué es lo que estás buscando? ¿Un niño o lo que viene siendo una familia completa, con su perro y todo?

Lo han arreglado con el teléfono de un psiquiatra buenísimo que Paqui conoce y que promete dejarle como nuevo.

Ojito con lo que prometáis, no os vaya a suponer un sofoco de aquí a un tiempo…


martes, 14 de septiembre de 2010

¡Pues yo así no sé hablar!


Me dice una compañera de trabajo nada más llegar a la oficina: “Uyyy, la camisa que llevas no te favorece nada. Mucho mejor si combinas esos jeans con un blazer oscuro y una t-shirt tie dye, que están súper on”.

La madre que la parió.
¿Qué se te ha colado en la boca, jamía?
¿El Vogue ilustrado edición “especial tendencias”?
¿No sabes decir “pantalón vaquero con americana y camiseta”?

Porque… es eso, ¿no?

¿A que me ha insultado la muy arpía y yo ni me he enterado?
Esto me pasa por ir de “lila” por la vida.

Entro en una tienda pidiendo unas bermuditas para la niña y me dicen que no tienen.
Miro de reojo los expositores y veo media docena de ellas en distintos colores.
Le pregunto a la dependienta (estupefacta):

- Y esas de ahí? ¿Las tienes reservadas o qué?
- Es que me has pedido bermudas y eso no son bermudas.
- ¡Anda la osa! ¿Y qué son, entonces? (a todo esto, mi hija miraba de una a otra, como en el Open de Australia, más perdida que yo, si cabe, y mordiéndose el labio inferior, seguro que pensando… “pa qué vendré con mi madre, si no se entera de la Misa-la-media”…)
- Eso son shorts.
- ¿Shorts? Pero eso será en yankilandia, ¿no? Aquí, son bermudas, de toda la vida de Dios.
- No, no. Son shorts, créeme. Los bermudas ya ni se fabrican…

Acabáramos.
Han dejado de fabricar multitud de prendas y yo en la inopia.

Ya no cosen americanas (tendrás que comprarte un blazer), ni pantalones pirata (aunque esto me parece una suerte… pero bueno, no tienes más que recurrir a los capri), ni de safari (ahora son cargo) y mucho menos chaquetas (sólo les quedan cardigans).

Y yo que pensaba que los vaqueros no morirían nunca... ¡Madre mía, qué equivocada estaba! Los jeans han acabado con su reinado, igual que el trench se ha comido a las gabardinas de siempre. No busques nada de mezclilla, dril o tactopiel. Ahora todo es denim, cotton o linen.

Y si entramos en el apartado “zapatos”, la cosa empeora por momentos.

Te ofrecen sin pestañear mules (yo siempre contesto “tu madre”, por si acaso), stilettos, francesitas (pobres bailarinas, andandarán), cuñas (y yo llamándolas “alpargatas”, como una auténtica pazguata), peep toes y demás términos malsonantes. Con deciros que ya ni practico deporte porque me han dicho que lo que tengo que pedir en el Decathlon son “tennis” para los pinreles. ¡Con lo negada que soy yo con la raqueta! ¿Por qué tiraría a la basura mis viejas deportivas, que me valían para cualquier actividad y no sólo para competir contra Federer?

¿Soy yo o la gente se ha vuelto muy fina?
¿Todos se compran de pronto la Cosmopolitan y el Elle, en lugar del Expansión y el Marca?
Pues así está la cosa, señores.
Vayan actualizando sus armarios si no quieren que les llamen viejos carcas.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Verás qué sorpresa...


La suegra de mi amiga Chari celebra su cumpleaños por todo lo alto en fechas próximas.

Como Chari es un poco insegura, no se arriesga con el regalo e interroga directamente a la susodicha por si necesitara algo en especial o si tuviera algún caprichín por satisfacer y así ir “a tiro hecho”.

- Sí, quiero un hacha y una motosierra- le suelta sin pestañear la otra.

Chari, automáticamente, le pregunta:

- Pero… ¿tú estás bien, verdad?
- ¿Que si estoy bien? Pues de miedo, ¿no me ves?
- Ya, ya… pero… no oyes voces, ni nada parecido, ¿eh, eh?- insiste Chari.
- ¿Voces? ¿A qué te refieres?
- Pues ya sabes, voces de esas… de las que te dicen susurrando “mátala, mata a esaaa”… Porque sigues yendo al psicólogo los martes y te tomas tu pastillita todas las mañanas, ¿verdad?
- ¿Me estás llamando loca a la cara?- suelta la suegra indignada hasta el tuétano.
- Noooo, loca noooo… sólo digo que no sé si deberías andar con un hacha y una motosierra en el bolso como si tal cosa… no me lo tomes a mal, ¿eh?, pero entenderás que no es un complemento muy cómodo de llevar…
- ¡Que no los quiero para organizar una escabechina en El Corte Inglés, que los necesito para el campo!- grita la señora a todo lo que le dan las cuerdas vocales.
- ¿Para el campo? ¿Qué campo?
- ¡Pues para la casita de campo que nos hemos comprado, que tenemos que arreglar el jardín y no hay Dios que consiga podar el abeto que se nos cuela por la ventana de la cocina!

No veáis la que se ha organizado con el regalito de marras en la familia política de Chari. Ha sido la comidilla de todas las reuniones veraniegas.

Algunos se lo han tomado a la tremenda y han llegado a decir que la loca es mi pobre amiga, por insinuar que su suegra tiene alucinaciones y es más peligrosa que un tiroteo en un ascensor.

Otros, mucho más salados, han preguntado que a ver dónde se compran este tipo de artilugios, llegando a afirmar que tiene que haber alguna franquicia de esas, tipo “La Casa del Asesino”, que suministre semejantes armas de destrucción masiva.

El caso es que Chari no se habla con su marido desde entonces, porque él (se ve) se ha apuntado al primer grupo (el de los indignados con la nuera) y no piensa dirigirle la palabra a su “santa” hasta que le pida perdón a su madre.

Chari ha concluido que mejor así.
No discuten y hace lo que le da la gana.
Está feliz.
Con deciros que le ha comprado unos pendientes a la suegra… verás qué sorpresa cuando abra el paquetito y no vea el hacha por ninguna parte.

Otra bronca que le espera.


viernes, 10 de septiembre de 2010

Díselo en Román Paladino


Me he pasado el verano razonando con los niños.

Con eso de que no hay que pegarles, gritarles ni reñirles, me siento medio boba, porque me pongo en situaciones ridículas que mi madre se habría ventilado "zapatilla en mano" y yo, en cambio, las complico a base de negociaciones infructuosas que me dejan agotada y con una frustración de tres pares de narices.

El ejemplo más claro: cómo sacar a un niño de la piscina, haciéndole ver que pasarse tres horas y media en el agua no puede ser bueno para ningún ser vivo no-branquial y que es la hora de comer.

Ahí os quiero ver, morenos míos.

Una empieza suavecito:

- Mira, cariño, que ya es muy tarde, tienes los labios morados y el pellejo arrugao como el papel pinocho, vete saliendo del agua que está el puré de verduritas en la mesa, ¿vale, cielo?
- ¡Ni hablar!- me suelta el monstruito.
- A ver, corazón, que creo que no me has oído bien. Que digo que salgas ya del agua, que se enfría la comida y te vas a poner malo de tanto bucear…
- ¡Que no salgo, que no tengo hambre y estoy muy a gustito!
- Es la hora de comer y la piscina va a seguir ahí por la tarde, así que descansa ahora un poco y vente que…
- ¡He dicho que no y me voy a lo profundo, píllame si puedes!

Me cago en los manguitos de los güitos… en buena hora se los compramos, con lo bien que nos venía el pánico acuático que tenía el chaval al principio del verano…

Total, que acabas chillando cual verdulera y amenazando con castigarle a todo de por vida, porque no te apetece un rábano volverte a mojar para arrastrarle hasta el bordillo en plena pataleta.

Tendría que haber aprendido de la señora de la playa. Aquella que os conté que se montaba en plena arena el menú de ocho platos con sus entrantes en perfecto maridaje, al estilo Arguiñano:

-¡Niñaaaaaaaaaaaaaaa, que salgas del aguaaaaaaaaa!!!
-¡Maíta, déjame en paaaazzzzz, que me despistas y se me escapa el churro de cauchooo!!!
- ¡Que salgas del agua, que no tas tomao el postreeeeeeee!!!
- ¡Que no quiero postreeeeeeeeee!!!
- ¡Que salgas te digo, que te doy dos collejas!!! ¡Te tengo el yugú preparaooo!
- ¡Si no hay del sabor que me gustaaaaaaaaa!!!
- ¡Imposible!!! Hay…. de fresa, limón, plátano, natural-con-y-sin-asssúcar, coco, muesli, chocolate, ciruela, frutas del bosque y de melocotón!!!
- ¿Ves? ¡No tienes del que yo quiero, así que no salgo!!!
- ¿Y de cuál quieres tú, empaná?
- Hmmm…. ¡de macedoniaaaaaaaaa!!!
- ¡Pues te jodes, que también tengo!!! ¡Sal ahora mismo o te pongo las orejas colorás!!!

Que viva el Román Paladino.
Di que sí.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Me duele el alma solo de mirarte...


Vamos, hombre, no me digas… ¿no hay más sitios donde colocar la garrota?

¿Te la tienes que incrustar (prácticamente) entre el colon y el recto, para que no se te olvide al acabarte el café?

Que sí, que sí, que ya sé que la parienta se pone hecha una fiera cada vez que te dejas algo olvidado en el bar, pero este método… ¿no es más doloroso que aguantar la chaparrada de tu “santa”, por muy acalorada que se ponga?

La moda esta que se gastan los abuelos me parece insalubre, qué queréis que os diga.

No es el único caso que me he encontrado, pero sí el único documentado. Hasta la fecha, no había tenido los arrestos (ni la tecnología adecuada) para agarrar el móvil y sacarles fotos cada vez que me los cruzo con un paraguas colgado de la nuca, la boina bien metida en la bragueta o una cachava incrustada en el ojete.

Ya digo que hasta hoy, que no he podido resistirme.

Le he visto ahí, tan solo, tan callado, tan a gusto sobre su bastón picudo, que me he dicho… dale, dale al botón, que ahora mismo ni te ve. Está en la gloria. Pasando de sillas altas (estaban vacías, a su lado), que no veas lo que cuesta encaramarse a ellas sin dejarse la dentadura postiza en la barra, para tener que descolgarse después sin ayuda de soga ni piolet.

Dios mío, qué dolor. Y encima el hombre se apoyaba hacia atrás, como si la garrota tuviera respaldo. Ha tenido la previsión y el buen ojo de calzarla bien contra el baldosín. Se ve que tiene ya el gesto más que aprendido, porque el palo ese no se le ha movido ni un milímetro. Qué arte. Qué postura. Qué dominio de la física más compleja.

Me hacen a mí poner el trasero en un milímetro cuadrado de madera y monto la de San Quintín. Acabaría en el suelo, despatarrada, dolorida y con el pantalón hecho jirones. Por no hablar de la incontinencia de por vida que esto te puede ocasionar.

Pero él no. Se ha terminado la consumición como si tal cosa. Ha pagado a la dueña (que nunca sabrá, dada su posición tras el mostrador, que estaba hablando con el auténtico pincho-moruno-humano) y ha desincrustado el cayado de salva sea su parte sin soltar un “ay” ni poner un mal gesto. Ha tirado hacia la puerta con un andar de lo más garboso, (nada de recién-bajado-del-caballo, como podría uno imaginarse) y ha salido a la calle tan contento.

Con razón sólo veo anuncios de indasec en la tele…


lunes, 6 de septiembre de 2010

Estoy de vuelta... de todo...

Pues lo dicho.
Que he vuelto.

Me faltan manos, piernas y cerebro para ponerme al día, no sólo con las montañas de papeles acumuladas encima de mi ordenata (se ve que lo de dejar los recados en la mesa ya no se estila, hay que acumularlos en precario equilibrio sobre el teclado, para hacer notar la urgencia del asunto), sino con todos los requisitos colegiales de mis hijos. Que son pequeños y pudiera parecer que no precisan de grandes cosas, pero una agarra la lista del colegio para acudir el primer día con lo imprescindible y no acaba nunca. Me parece que este mes nos va a tocar atiborrarnos de bocatas de chopped-pork, porque me voy a gastar el presupuesto familiar en lápices, gomas, sacapuntas, libros de texto, carpetas "especiales" (no pueden ser las de cartoncillo de toda la vida, mira tú) y demás parafernalia estudiantil.

Así que dadme un poco de tiempo, que ya me pongo a despotricar de todo lo despotricable en cuanto coloque a los churumbeles y me dejen dos minutos libres para darle al teclado.

Que no se vaya nadie, que vuelvo enseguida, ¿eh?


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