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lunes, 5 de marzo de 2018

¡Pues que viva México!


Espera que me quite la corona de flores estilo Frida, que me aprieta las sienes...


Menuda nochecita mexicana... 
Salma-estoy-hasta-en-la-sopa-Hayek se apunta a todos los "movimientos" del sector (aunque yo la encuentro más estática que nunca, qué cosas), Guillermo del Toro dedica su premio a otros dos directores mexicanos que lo ganaron previamente (como si fueran los Tres Tenores) y Gael García-Bernal perpetra (qué dolor de tímpano) en directo y sin anestesia el tema principal de la película "Coco" (también de temática mexicana). Vamos, que la gala terminó siendo una reunión de Mariachis con subidón de tequila.

A todo esto, yo esperando el color negro en las vestimentas y qué va, qué va... 
Parece que el asuntillo "Time's Up" está semi-superado y han decidido que ya fue bastante con el revival de Bernarda Alba de los Globos de Oro, así que en esta ceremonia hubo orgía y desenfreno de color.
Las actrices se vistieron como las fichas del parchís y fueron la envidia del payasito ese que destiñe. Un claro ejemplo lo tenemos en estos 4 cubiletes:


La broma fácil sería afirmar que ninguna se come 20. No hay más que ver a Nicole, que no va vestida, sino en-ta-bli-lla-da. Ésa no mete en ese cuerpecillo ni el bigote-una-gamba.
Además, con esa pose jotera, este año se lleva el premio honorífico "Maruja Jarrón" como hay Dios...

Pero no caigamos en la obviedad. 
Yo las encuentro fantásticas. Con sus coloricos y sus complementos. Me hace gracia que todavía busquen su bolsito a juego con el modelazo, como yo cuando tengo una boda y me voy con el vestido metidito en una bolsa y aparezco por la sección de fiesta del Corte Inglés empeñada en dar con el tono exacto de magenta-tirando-a-butano del forro que asoma por las sisas. 
Y la clásica dependienta que te suelta lo de: "sabrá usté que en fiesta no admitimos cambios ni devoluciones". No lo voy a saber... ¿por qué te crees, resalá, que arrastro el conjunto por el que he pagado un carajal en esta cutrebolsa que me acompaña como si fuera la cicatriz de mi cesárea? ¿Para cagarla con el tono y encontrarme más tarde en mi casa, bajo la luz blanca de la cocina, llorando a lágrima viva porque el bolso y los zapatos se dan de leches a dos manos? No, maja, no... Se creerá ésta que la policía es tonta...

En fin, volvamos al cotarro.
Como os iba contando, Salma es la nueva Heidi Klum: omnipresente, omnipotente y onmisciente.
Todo lo que estrenan, inventan o proponen, zas, se lo pide. 
Bueno, le pasa hasta con la ropa: todo lo que encuentra, zas, se lo echa encima.
Ayer, sin ir más lejos, consiguió juntar en su menudo cuerpo dos lámparas de araña, un camión y medio de lentejuelas liláceas, dos ristras de diamantes, que ríete tú de las de chorizo-cantimpalo que traía mi madre (cuando las dietas no se habían inventado), y el equivalente a 5 kms de pasamanería de volantitos a juego con las lentejuelas (fijo que lo encontró en el Corte Inglés también, si no, ese tono es imposible de calcar).

Mírala.
Si es que no le queda ni un huequillo para un imprevisto. Va con todo el muestrario...
Al menos, la cara sigue siendo la suya y se la reconoce.

No como a Sandra Bullock, que está transmutando en Brooke Shields...


Con el agravante de compartir cirujano (y pómulos) con Nicole, lo que les obliga a parpadear alternativamente  de forma coordinada, para evitar marcas de expresión innecesarias. Que se lo ha enseñado su dermatólogo.

¿Ves? Una abre, la otra cierra y, al siguiente parpadeo, alternan. 
Y así, sucesivamente...

Fueron muy aplaudidos los looks de Jennifer Lawrence (con su melena leonina al viento y su Dior metalizado) y Margot Robbie (enfundada en un Chanel a medida, así cualquiera). Soberbias.


Aunque la imagen más repetida en las redes sociales fue la de la-Jenni, copita-verdejo en mano, brincando sobre el patio de butacas más feliz que una perdiz. No me digáis que no es la viva estampa de las cabritillas de Heidi... A mí me embelesa esa agilidad llevando semejante coraza talla 0.


Pero no veáis las risas cuando vi pasar esto por la alfombra... casi me atraganto con las pipas.


Hay que ser cantamañanas, que diría mi abuela...
Parece la gallina Caponata al enviudar del conejo Pérez Gil...
Esta tal "St. Vincent" (qué pobre, que te pongan de nombre un apellido) pasa por ser una "artista y cantante" muy... "suya", digamos. 
Con una bolsa de basura, unas mallas recortadas y un penacho en lo alto, se ha hecho un diseño propio, que fue la envidia del respetable. Lo malo es que andaba torpe y casi se esmorra frente a Cristina Teva (quien por cierto, iba preciosa, como viene siendo habitual en sus retransmisiones). Fue el atuendo más morrocotudo de la noche. ¡Hizo que el tapizado de la insigne Frances McDormand pasara desapercibido en la sala y todo! Y mira que hablo de Frances, no de cualquiera. Que suele llevar unos pelajos al estilo Baronesa Thyssen y unos vestidos/trapos/faldomentos imposibles... 
Yo la adoro.


Fue la encargada del momento "piel de gallinica" de la noche, al obligar, durante su discurso de agradecimiento, a todas las féminas nominadas de la sala a ponerse en pie. Fueran de la categoría que fueran, señaló a todas esas directoras, actrices, escritoras, compositoras, fotógrafas o diseñadoras como "personas con ganas de contar cosas y necesidad de financiación", y pidió a todos los que quisieran contratarlas que las citaran en unos días en un despacho para firmar los papeles que fueran necesarios. Que no intentaran contratarlas en las fiestas posteriores a la gala, sino en una oficina y  una vez pasada la cogorza. Fue su única concesión a los diversos movimientos del gremio. A ella no le hace falta nada más. Ni unos tacones, ni un peinado estupendo ni (mucho menos) enseñar cacha.
¡Olé mi Frances!

Y luego tienes a Taraji, que, generosa como pocas, te muestra todo lo que tiene en stock...


O a Viola, que la noto un tanto desatada a medida que cumple años... (ya lo decía mi abuela, que a estas edades se hacen las mayores locuras).


O a Emma Stone, que claramente pasa de todo una vez se ha librado de estar nominada (es lo que yo llamo una "disfrutona de galas"):

Ella se plantó sus pantacas y un fajín para darle el toque de color, y venga, pa la fiesta que me piro.
Yo creo que ese atuendo lo puedo plagiar fácilmente con lo que tengo en mi armario. Tú fíjate. Y esta gente probándose 60 modelos de media por gala... (Ojocuidao, que lo dijeron en la tele, que no me invento el número, ¿eh?)

Zendaya se atrevió con un holgado y vaporoso vestido de Giambattista Valli que era todo un espectáculo. Aunque si tienes 21 años, tienes sólo la mitad del mérito...



Más me impresionó que Meryl se sumara a la moda del entreteto-al-aire que tanto se empeñan en mostrar en este tipo de eventos. ¡Y a ella le sienta como un guante!



También hay que tener en cuenta que existe Jane Fonda en nuestro planeta. 
En peligro de extinción, sí. Pero ahí la tienes. Parpadeando y todo...
¿Cómo puede alguien estar así a los 80 años? Vamos, yo ni a los 15...


Y esta otra de nombre impronunciable (Saoirse-no-sé-qué, es decir, la protagonista de la cinta "Ladybird"), ¿no os recuerda a un paquetito de jamón york? Tan rosita y palidita, tan rubita y con el pelo como lamido por una vaca y con esas lonchas arrastrando por detrás... Dan ganas de meterla entre pan y pan. 


Respecto a la gala, he de decir que este año ha sido un ni-fú-ni-fá importante.

Las bromas de Jimmy Kimmel han sido (prácticamente todas) políticamente correctas, salvo el clásico pique acidillo que se trae con Matt Damon y al que siempre recurre.

Comenzó con un vídeo de presentación al estilo No-Do, en blanco y negro, para conmemorar los 90 años de estos premios. Y anunció que aquél que diera el discurso (cronometrado) más corto, se llevaría como premio una moto acuática. El premio recayó en el ganador al mejor diseño de vestuario, Mark Bridges, que cerró la gala encaramado a su nueva Kawasaki (acompañado por Helen Mirren, que parecía una azafata de "El Precio Justo").


Hubo varias standing ovations durante la noche. Ya sabéis, esos momentos en que el público se pone en pie y da vidilla a la ceremonia. Los primeros, para sendas actrices nonagenarias: Eva Marie Saint, que presentó el premio a mejor vestuario a sus tiernos 93 años, y Rita Moreno, que se encargó de premiar a la mejor película de habla no inglesa. El resto de ovaciones fueron para un par de actuaciones musicales (lo único reseñable en el escenario), para Cristopher Walken y para el dúo formado por Jane Fonda y Helen Mirren (y a instancias de Meryl Streep, que saltó de su butaca como un resorte) quienes entregaron el premio al mejor actor a Gary-Churchill-Oldman. Qué grandes las dos, por cierto, carcajeándose ante el micro de ser "pelín" más jóvenes que el mismísimo Óscar (apenas unos meses, bromearon).

En la imagen, Gary Oldman y su mujer-melliza

El "in memoriam" de este año quizá mejor llamarlo "in olvidum", porque menudo peñazo, con una cancioncilla de Tom Petty de fondo y la sucesión de imágenes (cada año ponen el power point más rápido y ya no distingo si la ha palmado Roger Moore o Emma Chambers). Mira que una es sentida, pero no me puso ni los ojicos embotaos ni la pielecica tontorrona. Un rollo.

El final de la gala tuvo como protas (de nuevo) a Warren Beatty y Faye Dunaway, que la cagaron en la traca final del año pasado (os recuerdo mi post anterior) y fueron llamados a resarcirse del tremendo fallo en la entrega del premio a mejor película de este año. Estoy segura de que el pobre Warren se repetía interna y machaconamente "no decir Lalaland, no decir Lalaland"...
Y no lo dijo. 

La estatuilla fue a parar, sin mayores contratiempos (pobre Faye, que no dijo ni palote), a las manos de Guillermo del Toro, que subió con todo el elenco de "La forma del agua".


***Nota mental: mandar un email a la Academia para que no inviten nunca más a Jorge Javier y Paz Padilla a estos galardones, que bastante tenemos ya con lo nuestro y no veas el susto a esas horas de la noche. Esto no se hace.





lunes, 27 de febrero de 2017

El Expediente Warren (o cómo cagarla en la traca final)


Bueno, pues empecemos por el final, que hoy traigo un cuerpo jotero solo comparable a la carita-gilipollas del pobre Warren Beatty en el colofón apoteósico-festivalero de los Oscars de este año.

Menudo patinazo antológico.
Surrealista, a la par que injusto.
Bochornoso y alucinante a partes iguales.

Vamos, que a este no le quieren ya ni para anunciar tenaLadies... Y eso que la culpa no fue suya, que le dieron la tarjeta incorrecta, pero... tardaron demasiado en reaccionar y para cuando salió un paisa a arrancarles las estatuillas de las manos al productor, director y resto del elenco de "La la Land", éstos ya habían agradecido el premio a la mejor película hasta a la portera de su edificio.
Por orden y sin pisarse, además, no os penséis que les metieron prisa.

Y no quieras ver lo complicado que se me antoja, cuando ya has dado rienda suelta a todititas tus lágrimas, mocos y demás secreciones corporales, reabsorberlas de nuevo parriba y poner gesto de "ah, bueno, si a mí esto me importa tres pepinos; si el pisapapeles este me lo han dado cuando iba al baño pa que sujete la puerta..."

Fue el desconcierto padre. Máxime cuando (además) "La la Land" llevaba a esas alturas 6 premios acumulados, por los 2 que llevaba "Moonlight". Darle el premio a "mejor película" a esta última quedaba ridículo, por muy justiciero, racial  y reivindicativo que les pareciera en el momento de rotular la cartulina de la discordia. Pero así es Hollywood y, al parecer, hay que quererlo tal y como es.

Hasta ese preciso instante, la gala había transcurrido perfecta, ágil, divertida y con bastantes momentos emotivos, como debe ser una gala de este tipo. De hecho, podría decir sin miramientos que fue la gala que más me ha gustado en los últimos años y que el presentador, Jimmy Kimmel, ha sido todo un descubrimiento para mí.

Pero ay, majo, llegó Warren y mandó todo al carajo en 20 segundos.
Bueno, calla, que no fue Warren.... que el momento "mátame camión" se lo cedió amablemente a la sonriente Faye Dunaway, que, ajena al tejemaneje mental de su compadre, decidió cagarla alegremente pensando que, claramente, a Warren le estaba dando un ictus en pleno escenario. 

Volvamos a la gala, que Jimmy me reclama...

Todo comenzó con una alfombra roja de las peores que se recuerdan en las crónicas de estos premios.
Peores, digo, porque yo no recuerdo atuendos más deficientes ni colores más desafortunados.
Para muestra, mil botones (aunque hago mención especial al "premio Maruja Jarrón" de este año, que recae en la primera señorita de este ramillete que os muestro):




















A esta última, por ejemplo, nadie le explicó que el disfraz de Frozen, además de trasnochado, necesita de una peluca blanca. Las rastas oscuras como que no consiguen el mismo toque...


Hubo tropezones incomprensibles, como el de Scarlett-Rockabilly-Johansson, a la que solo faltó la chupa de cuero para entrar de cabeza en los míticos T-birds al ritmo de "Greased Lighting".

Nadie entendió su tupé, sus gasillas al viento (que dejaban vislumbrar -oootra vez- la faja Vulkan de todos los saraos) y el cinturón-polipiel del Bershka que embutía sus encantos sin piedad.


El disfraz más logrado fue el de Menina de Janelle Monae, por la que (supongo) tuvieron que desalojar el Anfiteatro 3º para darle ubicación. Como hay Dios que hacen falta tres asientos contiguos para lograr que esas posaderas no queden encajadas sin remedio:

            

Y mis ojitos, de pronto, se achinaron sin control, porque una especie de Nanas gigante me complicó la visión de la alfombra fucsia (yo estoy en que era rosa-chillona más que roja, aunque nadie me secunde) y no supe discernir si se trataba de un enjambre de langostas rabiosas o si la abundancia capilar que asomaba sobre la cara de... ¿¿¿Halle Berry??? ( "sí, sí, casi seguro que es ella"- creí oírle a la del micrófono a pie de calle) me estaba atacando desde la pantalla.


No sé si se trata de una "oda a la espuma con difusor" o que le hacen un 3x1 en extensiones, pero telita con lo que llevaba sobre sus hombros... ¡el vestido era lo de menos! ¡A quién le importa!
Total, los ojos no vas a poder apartarlos de esos rizos hipnóticos...

Hasta que llegó Salma, cómo no, y con su finura, sutileza y gracia habituales consiguió que los ojos volvieran al sitio de siempre: su melonar arrejuntao. No falla esta chica. Se apelotona el temario 12 de cada 10 veces. Debe de respirar por el bolso, supongo yo...


¿Y qué me decís de la parejita "qué bien lo pasamos, qué alternativos somos"?
¿Era necesario bailar "el crusaíto" delante de la cámara?
Y sí: eso que os parece una corona de laurel escayolada es en realidad una trenza canosa puesta a modo de caperucho.
Todo un acierto, chiquilla.
Igual que el marío estrambótico que te has echado...


Aunque para maríos-croqueteros el señor Washington...
¡Dios de mi vida y de mis entretelas, con lo que ha sido este hombre!
Con esta nueva complexión Omaítica  puede quedar fetén de Rey Baltasar. Casi lo confundo de lejos con Bill Cosby... figúrate!


En fin, podría tirarme con el despelleje hasta las mil, pero voy a rematar la alfombra con Mel Gibson y su sobrina. Porque yo me niego a decirle "su señora" a esa cría que sonríe de medio lado al fotógrafo, como si la hubieran pillado zampando gominolas.


No. No es su hija. No insistáis.
Que ya lo pregunté yo al señor Google y quedé como una pazguata cuando me salieron 571.000 resultados con su nombre: Rosalinda. Acaba de dar a luz a su 9º hijo (9º de él, no de ella, cosa físicamente imposible salvo que hubiera empezado a parir tras la Comunión) y tiene 26 años (35 menos que su yogurín esposo).
Lo sé.
Sé que no hay que juzgar.
Que el amor es ciego y que quiénes somos nosotros y que bla bla bla...
Pero por favor, ¡que tiene 10 años menos que la primogénita de Mel! ¡Es demasiado joven incluso para sus propios hijos!

De entre los estilismos correctos (ninguno brillante, ya me adelanto), creo que me quedo con:



¡Y para de contar!
Ni Isabelle-soylamásChicporquesoyFrancesa- Hupert, ni Nicole-Bichopalo-Kidman, ni Jessica-lopetodebuenorra-Biel, ni Charlize-semecaenlasOrejasconestosPendientacos-Theron, ni mucho menos Alicia-sí,soyNaranjaQuépasa-Vikander. ¡Que no y que no!

Que este año no ha venido Cate Blanchet y todo se ha desmoronado.
Hasta he echado de menos a Heidi Klum haciéndose la interesante por la entrada... ¡fíjate si estaba mal el asunto! He tenido que ir a buscarla a las fiestas posteriores para saciar mi curiosidad...


Respecto a la gala en sí, os diré que me ha parecido soberbia.
La pena es que esta 89ª edición pasará a la historia como la gala de "la cagada de Warren".
Sin embargo, el presentador ha estado fantástico, con un monólogo reivindicativo sin ser ácido, gracioso sin ser faltón y un discurso que mezclaba magistralmente el humor con la protesta inteligente.
Me ha entristecido que "La la Land", pese a ser la ganadora de la noche, no haya quedado como auténtica triunfadora, ya que las expectativas eran inabarcables (sí, ya siento ser de ese 3% que adora "La la Land", matadme 😉) y la eterna lucha por los derechos civiles de la comunidad afroamericana (algunos incluso llevaban en sus trajes un lazo azul reivindicativo) ha opacado muchos de los galardones.

A la pobre Meryl Streep le habrán tenido que acabar poniendo un cojincillo en la butaca, tanto levantarse y volverse a sentar. Es lo que tiene ser tan "sobrevalorada" y que tus compañeros, orgullosos de tu trabajo, te lo recuerden insistentemente. Ha tenido que saludar al teatro varias veces, que le reconocía en pie su carrera y protestaba así a las duras palabras de su nuevo presidente.



Otro que no ha dejado al Dolby Theatre sentarse ha sido Justin Timberlake, que con su número inicial se ha cascao una discoteca cuajadita de VIPs que ríete tú de Pachá Ibiza en pleno agosto, a pesar de no haber estado al nivel vocal que se le supone.

Sobre los nominados han caído (gracias a pequeños paracaídas que iban soltando en momentos señalados) chuches, galletas y donuts. El niño de "Lion" se ha hecho un rey León con el presentador de la gala, Viola Davis ha soltado un discurso tan emotivo como ensayado y podemos concluir que  los actores, por fin, han conseguido aprender a no aplaudir los "In Memoriam" para no ofender a los familiares de muertos menos notorios (aunque por lo visto, les recuerdan que no deben aplaudir en el intermedio previo).

Momento gracioso de la noche: cuando un autobús turístico de esos que recorren Los Ángeles y las casas de los famosos ha sido llevado al interior del teatro, ante la mirada atónita de sus ocupantes, que no dejaban de filmar  machaconamente con sus móviles.



Y esa frase brillante de Jimmy Kimmel resumiendo de un plumazo los Oscars de 2017: el año en que los blancos salvaron el jazz y los negros la N.A.S.A.


lunes, 29 de febrero de 2016

Y al séptimo día, Di Caprio descansó...


Qué bien viene el Génesis cuando una quiere sonar apocalíptica…   
Y es que lo de anoche fue así: Apocalíptico.

Ese momento cumbre, con DiCaprio embuchado en su smoking y haciendo cierta esa frase (una vez más) de “cuanto más feo salgas y más bodrio sea la peli, más te darán el Oscar”, no lo cambio yo ni por un finde en Marina D’Or…

Fue un auténtico MOMENTAZO: con los consabidos pelos como escarpias, las lágrimas desbocadas y la piel urticante al ver a este hombretón subir a por su premio. Que ya le tocaba, hombre-por-dios-y-por-la-virgen-santísima… El auditorio puesto en pie y él soltando su preparadísimo discurso ecológico-medioambiental-corre-apaga-el-horno-que-el-mundo-se-acaba. Vamos, lo que viene siendo Hollywood en estado puro.

Pero empecemos por donde se debe: por el principio.

Caían unos 40 grados sobre la alfombra roja. Sin piedad.
Los más elegantes vestían smokings de terciopelo y sudaban como bellacos (pobre Eddie Redmayne, que reconoció en la entrevista previa que le sudaban hasta las pecas… y mira tú si tiene pecas, el chaval). Normal. Te vistes para una gala en Siberia y llegas acelerado a Los Ángeles en pleno siroco, ¿qué esperas?

Y con ese calorzuco que os comento en la sobaca, me aparece Whoopi Goldberg vestida a lo Fiona de Shrek en la versión de Spike-Lee. ¡Qué desatino!
La miro y me sudan las corvas.
Con la de vestidos que he visto color pastel y con aberturas imposibles, ¿llega mi amiga Whoopi y se me planta las rastas de lana y la batamanta de los domingos? ¡Ojo, que encima presentaba premio! Menudo personaje…

Como digo, mucho vestido empolvado (me encanta esta palabra, “empolvado”, y al supuesto estilista de la tele más todavía, porque 3 de cada 4 palabras que soltaba eran “empolvado por aquí-empolvado por allá-em-pol-osssea-va-do”; a saber si éste se refiere a lo mismo que yo…) y colores poco vistos hasta ahora, como los verdes y amarillos.

La tan trillada moda “entreteto” tuvo su máximo exponente en Olivia Wilde, con su “oda a la cinta de doble cara”. Porque como hay Dios que ese escote no se sostiene si no es con 2 yardas de cinta-carrocero… ¡Ríete tú de la capacidad de resistencia del suspensorio de mi tío Ambrosio!

Y cuando una ya piensa que lo tiene todo visto y que nadie puede hacer más el ridículo que el nominado a mejor vestuario Paco Delgado y sus botones coralinos (que yo solo pensaba pamí: “que no lo gane, por favor, que no lo gane, ¡no vayamos a tener que mandarle al escenario a  recogerlo! Que en la alfombra se puede llegar a dudar de si el primo obeso del Profesor Bacterio ha pasado por allí a ver cómo estaba el ambientazo, pero una vez estás en el escenario y tu nombre brilla en la pantalla luminosa, ¡ya no hay escapatoria!”)...
...aparecen las primas de Yoko Ono dando el cante jondo.  Dime tú si no…
Atención que dice la primera que lo suyo era un homenaje a David Bowie.
Ya, ya, claro...
Y lo mío es una gripe mal curada y no por ello me planto la funda brocada del silloncito de mi abuela.
Que digo yo que en algún sitio estará el límite, ¿no?

Comienza la retransmisión de la abc y nada más abrir plano me topo con los pezones de la presentadora. Vaya. Qué simpáticos. No pierden ripio... 
¿Pero no decían que hacía tanto calor en el Dolby Theatre? Entre el nudo-buñuguero que lleva sobre las clavículas, la tripa tirante-marca-ombligo, los pliegues-reventones de las caderas y las largas a todo trapo, de verdad que no sé dónde mirar. ¿No tenían de tu talla, chatina? Verás tú esta noche pa arrancarte la cremallera tatuada de la espalda...
  
Todo eran risas, hasta que "esto" cruzó la pantalla:
Yo lo mato...
¿Fofito Jared? ¿Eres tú, salao, más que salao?
Es que no tiene desperdicio. El traje, el ribete, el clavelito al cuello, las babuchas de andar por casa... le compro esto a mi chico y no se lo pone ni en carnaval. Y este tío se pasea por las teles de medio mundo haciendo la señal de "soy el más" con los deditos parriba.
No se lo digáis, por si está en plena terapia de algo, pero pamí que ha tocado fondo...
El año que viene ya sólo puede ir a mejor. Una vez se acostumbre a la medicación y tal...

Y lejos de él, pero en su mismo universo paralelo, "esto":



Lo de los americanos y su obsesión por convertir en cualquier trapo el paracaídas que se te quedó viejo roza la tragedia.

Aunque para tragedia de verdad la no-presencia de los Brangelinos.
Me temo lo peor... Echo de menos las clavículas y la cacha asomando de Angie, o saber en qué punto de largura se ha dejado la barba el bueno de Brad. Los malpensantes dirán que algo huele a podrido en JoliePittlandia. A mí su ausencia simplemente me genera tristeza. Deja este acto un poco huérfano. Como sin brillo... Fíjate que incluso dejan sueltos a los niños por la alfombra sin temor a que Angelina se los lleve pa su casa...
 

Por cierto, este crío (Jacob Tremblay) a mí me da susto. Me recuerda a un muñeco-arlequín que tenía mi hermana de pequeña (¿a quién se le ocurre, mamá?), que nos miraba amenazante desde la cama y nos obligaba a taparnos la cabeza con las sábanas. Tenía una sonrisilla burlona que presagiaba lo peor. Justo como este niño.
Luego que no me digan sus padres que no les avisé...

Aparece en escena Rachel McAdams de verde-que-te-quiero-verde.
Como la pille mi madre por banda, le regala la vaporetta... 

Y detrás de ella, casi sin avisar, llega ELLA.
Cate Blanchett-la-divina, en el tono de moda.

Vale que quizá el vestido es pelín repolludo y no lo vería igual en cualquier otra, pero es que esta mujer se puede permitir lo que le salga de la peineta. Le queda como un guante y destila elegancia por los cuatro costados. 
En la tele se han pasado un cuarto de hora criticándola. Panda de envidiosos...
Aunque también han puesto a la Vikander de vuelta y media. Y a mí me ha encantado en su Louis Vuitton amarillo.

Claro que también han alabado a Rooney Mara con su etéreo Givenchy y yo en cambio no sé por dónde cogerla... Yo la veo más robótica que nunca y le daría sin dudar el premio "Alegría de la Huerta" de esta edición. Mi madre la apodaría "la vinagres" sin dudar.
Lo de esta chiquita es un jijiji y un jajaja constante... ¡es un cascabel!


Sin embargo, lo que me queda claro este año y sin que sirva de precedente (espero), es que mis queridas Kate & Reese han sido las Pili-y-Mili de la ceremonia.

No, no y no.
¡Pero si eso que lleva miKate es lo que yo uso en casa para los residuos orgánicos!
¿A que con esas poses les pega de fondo un "Si vas a Calatayuuuuddd, pregunta por la Doloreeeesss..."?

Y Sofía Vergara, más de lo de siempre.
Y Charlize Theron de rojo-moqueta, que sí, que estará muy buena y todo lo que tú me digas, pero que a mí me deja más fría que una varita Pescanova.

Lady Gaga me aparece con un pseudo-mono-vestido-pantalón blanco nuclear diseñado "por un amigo mío".
Ya verás.
Mañana saldrá publicado que se lo cosió Valentino o el mismísimo Versace redivivo. Como esta llama "amigos" a cualquier cosa...

Iba a comentar que le han dado el tinte desde media frente y que la otra media está paralizada, no tanto por el botox como por el miedo a ser también cubierta de rabioso amarillo-pollo.
Pero no.
Hoy, la dejo estar.
Porque su actuación durante la gala me ha vuelto a hacer llorar.
Lo sé, lo sé... no sirvo de referencia. Pero he visto sorberse los mocos sin disimulo a Kate Winslet y ya he caído en barrena.
Interpretó uno de los temas nominados: "Till it happens to you". Y la presentó el mismísimo Joe Biden (sí, sí, el vicepresidente) que está defendiendo una campaña contra los abusos sexuales en los campus universitarios estadounidenses. Esta canción refleja justo eso, lo que sufrirá 1 de cada 5 jóvenes norteamericanas durante su etapa universitaria. "Hasta que no te pase a ti, no sabrás cómo me siento", grita Gaga de forma desgarrada sentada a un piano de cola blanco. Y la rodea de pronto un grupo numeroso de mujeres que han sido víctimas de agresiones sexuales y que son las protagonistas del documental que recoge esta banda sonora.
El Dolby Theatre en pie. La peña llorando a lágrima viva.
Por mí, que se acabe ya esto, porque yo me quito el sombrero ante esta mujer.
No sólo ha estado fantástica. Es que ha salvado la gala, que hasta ese momento discurría gris y repleta de chistes sobre negros a los que no les dejan hacer cosas de blancos.
Que esa es otra: menos mal que la polémica sobre la ausencia de afroamericanos entre los nominados principales ha llegado a tiempo. De lo contrario, no se me ocurre sobre qué demonios habría escrito su monólogo Chris Rock.

Por cierto, a los de la tele les ha encantado el presentador.
Yo ya aviso que a mí no.
Ni palote.
Yo quiero que vuelva Neil Patrick Harris o Hugh Jackman bailando y cantando en su número inicial. O incluso la ácida De Generes con sus ataques humorísticos. 
Este tipo se ha limitado a hilar broma tras broma machacona con un único tema central: que los negros que se quejan lo hacen porque no curran.  Allá se las compongan.

Lo bueno es que han aprendido (por fin) que el "in memoriam" hay que emitirlo sin los aplausos de fondo. Que sigue quedando muy feo eso de "muertos de clase A y muertos de clase B". Esta vez ha sido respetuoso y sobrio, tan solo acompañado por un tío a la guitarra cantando el "Black Bird" de los Beatles.

Por cierto, la carita (por llamarla de alguna manera) de Stallone al no ganar el premio (que ha recaído en Mark Rylance por su magistral papel en "El puente de los espías") ha sido todo un poema. Ese rictus no lo salva ni el hialurónico. Chascazo total. (Verás el drama en mi casa cuando se lo cuente a uno que yo me sé, que le reza a Rocky todas las noches...).
Encima, su señora me lo ha vestido todito de oscuro y, claro, o lo plantas sobre un glaciar o ni lo ves...

Mad-incomprensible-Max se ha llevado la mayor parte de los Óscars técnicos (y otros no tan técnicos, pero bueno) y deja a Soberbio-Iñárritu recoger su premio a mejor director (por "El renacido") y explayarse a gusto en el escenario. Dios... ¡este hombre no se calla ni con la orquesta tocando sobre su voz a todo volumen para que se largue! ¡Qué "pedintenso" (mezcla perfecta entre pedante e intenso)!

Como he dicho antes, el "momentazo Di Caprio" fue emotivo (la gente se puso en pie, no sé si para estirar las piernas o porque así contaminan menos, que se lo ha dicho Leonardo), pero más lo fue el primer Óscar de Ennio Morricone a sus 87 primaveras y tras 6 nominaciones. 
Me parece increíble que no lo hubiera logrado antes con semejante carrerón.

En resumen, la gala me deja estos pensamientos para seguir dándole al cebollo:

- ¿No hay nadie que pueda convencer a Fofito Leto de que contrate un estilista?
- ¿Acabó Kate con los stocks de bolsas orgánicas de 30 litros de los supermercados de la zona?
- ¿Cómo puede ganar "mejor película" una que se ha comido los mocos en todas las categorías salvo la de "guión original"? ¿No es como que gane Miss Mundo la que lleve la mejor pedicura?
- ¿Chris Rock era lo mejor a lo que podía aspirar la Academia? ¿En serio?
- En una escala entre 99 y 100, ¿cuánto les pitaron los oídos a Will Smith y Jada Pinkett con las incesantes pullas lanzadas sobre sus personas por boicotear la ceremonia? ¿Les quedó claro, como dijo el presentador, que "el hecho de que no haya negros en las categorías principales es tan injusto como lo es que Will Smith cobrara 20 millones de dólares por Wild Wild West"? Nada que añadir, señoría.
- ¿Alguien puede convencer a Leonardo que llevar el pelo como si te lo hubiera relamío el oso-que-te-parió te hace cara-pepona? ¿Alguna rubia en la sala que le haga entrar en razón? Gracias.
- ¿Cuántas personas hicieron falta para atarle el smoking al susodicho Leonardo sin parecer envasado al vacío? Que menudo logro, por otro lado, máxime teniendo en cuenta que, con la moda esta de los "fofisanos", estaba empezando a tomar hechuras de Doña Croqueta...
- ¿Esta moda de los trajes caribeños o, como yo lo llamo, "locura en merengue y malvavisco" que les ha dado por llevar a la mitad de los actores afroamericanos, se va a acabar pronto? Porque de lo contrario, ¡Jesús, llévame pronto!



- Y por último (ya pensabas que te librabas, ¿eh, maja?): Heidi Klum. De nuevo. La plasta oficial. La que no sabes qué pinta en este sarao. La que se lo echa todo encima y sonríe a cámara como suplicando un papelito. Haciendo suya la moda del entreteto (oootra vez) y abusando de gasillas malvas y floripondios innecesarios. Posando al estilo: "A ver, señora: ¿qué le pongo? ¿Cuarto y mitad de chopped pork?"
De verdad, por favor te lo pido, Heidi, en nombre de todo el sindicato de actores y de la propia Academia: ¡déjanos en paz! ¡No vuelvas! ¿No ves que nos desconciertas con tus apariciones inexplicables? ¡A la próxima, vas a Iker Jiménez!
Avisadita estás... 
Y ya de paso, quítate esa manga ochentera que no te pega ni con cola con el resto del atuendo que te has perpetrado... Consejo que te llevas gratis.
De nada...


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