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miércoles, 22 de septiembre de 2010

Adicto a las papelerías



¿Se puede ser adicto a las papelerías?

Sacadme de esta duda que me corroe, por favor, porque tenemos la casa que parece una cueva de “cuadernícolas”.

A mi “santo” sólo le divierte visitar librerías y cada vez que va, vuelve con un par de moleskines, tres o cuatro rotuladores de diversos grosores y media docena de cuadernos de dibujo “por si me da por hacer algo con ellos”.

Yo siempre le digo lo mismo:

- ¿Y no te gustaría más entrar en Gucci y venirte pa casa con una docena de bolsos “por si a mí me da por hacer algo con ellos”?

Porque eso sí que sería útil y vistoso.
A ver cómo fardo yo con un taco de folios bajo el brazo.
Valiente mierda.

El caso es que no sé qué tiene la celulosa, que le vuelve loco.
Yo le llevo a la tienda, en plan “terapia de choque”, e intento que salgamos con las manos vacías. Pero es imposible.

“¿Compramos una goma de Milán, aunque sólo sea eso?”, me suele preguntar.
Y yo, ahí, dura, en mi sitio, sin claudicar: “No, cariño, una goma no. Que ya tengo treinta y cuatro en el cajón del escritorio y no sé cómo darles salida.”

Él me suele mirar desesperado, sin entender nada, porque… ¿cómo va a salir de allí sin comprar ni un triste archivador?

- A ver, mira bien, que seguro que hay algo que necesitemos- me dice al borde del “delirium tremens papelístico”.
- No, no necesitamos nada.
- Pero si los niños acaban de empezar el cole, seguro que queda algo pendiente de la lista que les dieron…
- Nada. Cero. Todo adquirido y entregado a la profesora. No insistas.
- ¡No puede ser!- suelta desesperado.
- Venga, date otro voltio por la zona de post-its y te espero en la puerta. Tú tranquilo, ¿eh?- le digo yo para que no hiperventile frente a las carpetas de Hannah Montana.
- Entonces, ¿por qué me has dejado entrar, eh, por qué?
- Estoy ahí mismo, ¿vale? (yo me hago la sorda), si ves que los pies no te llevan a la puerta, hazme un gesto y vengo a ayudarte. Hala, cielo, que esto tienes que conseguirlo tú solito. Venga, ánimo, que tú puedes…
- Nooooooo- grita mientras agarra una pintura acuarelable color magenta y corre hacia la caja- ¡pago esto y nos vamos!

Bueno.
Al menos sólo ha sido un lápiz y no toda la caja de Alpino (las hay de 48 colores, palabrita, que tengo una en casa).

Suerte que no estábamos en la zona cara, porque llega a arramplar con las plumas edición limitada, y la cosa se habría puesto fea.

No sé si este tipo de metadona está sirviendo de mucho.
Voy a tener que inventarme otro método menos agresivo…

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