
“Si Maruchi tiene un cesto con cuatro manzanas y viene su amiga Laurita y se come cinco, ¿cuántas manzanas le quedan a Maruchi?”
Respuesta acreditada y rápida de la criatura:
“Lo primero: Maruchi es tonta por dejarse comer la merienda. Lo segundo: a ver qué se ha comido Laurita si sólo había cuatro manzanas y afirma que se ha llevado cinco cosas a la boca … ¿no sería el cesto de Maruchi? Lo tercero: con amigas así, quién quiere enemigas.”
Bien.
Pues le han puesto un cero.
Tal y como nos informa en rotulador rojo la señorita Rottenmeier desde el lateral de la hoja de examen (con un estilo, por otro lado, claramente plagiado a mi niña-lumbreras):
“Lo primero: por no dar el resultado correcto. Lo segundo: por ir de listilla. Lo tercero: por copiar mal el enunciado del problema de la pizarra, donde se leía claramente que Maruchi tenía un cesto con seis manzanas.”
Pues chica, me ha parecido mucho más salada mi hija que la profesora y la he felicitado por su cero-patatero. Además, si ella vio “cuatro”, a ver qué pruebas aporta la otra para demostrar que ponía “seis”. Que eso está ya borrado y es la palabra de una contra la de la otra…
No me queda claro que a mi hija la estén preparando para la vida moderna.
Que he echado un vistazo a su libro de Matemáticas y está tan atrasado como lo estaba el mío. Siguen con las teorías de conjuntos, los productos cartesianos y las raíces cuadradas, cuando está de sobra demostrado que ese tipo de conocimientos no sirven para nada. ¡Pero si la he visto dibujar un ábaco y todo! Valientes pamplinas…
Lo que tendrían que enseñarles a nuestros niños es cómo recrear una buena simulación hipotecaria, darles unas nociones básicas de técnicas de refinanciación crediticia y, en la parte física, estiramientos elásticos de Euro al estilo “chicle de goma”.
Eso sí que les iba a ser útil, no me digas… ¿Alguien podría decirme si ha tenido que hacer una raíz cuadrada, por ejemplo, para comprar verdura en el mercado? ¿O para calcular por la cuenta-la-vieja si vas a llegar a fin de mes? ¿O lo habéis usado, quizá, para calibrar si el pescado que te han vendido es o no es un pezqueñín?
¡Que levante la mano si hay huevos!
Si ya lo sabía yo…








































