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miércoles, 2 de noviembre de 2011

Nunca “hacerse un griego” logró un significado tan literal…


En los tiempos que corren, con Grecia dando por saco todo lo que puede, la Merkel y el Sarkozy (dicho así, a lo pueblerino, con su artículo por delante y su canesú por detrás) en un eterno idilio enfermizo y el resto de Europa a verlas venir, se te quitan las ganas hasta de lo más sagrado.
Y no me refiero a comer…

- Estoy desesperada- me confesaba Carlota en un mar de hipidos y pucheros. Ahora, todos los tíos se empeñan en colártela por detrás y yo ya no sé qué excusa peregrina poner. ¡Es descorazonador! ¿Para qué demonios me hago la brasileña extrema, si ni siquiera me la ven? ¡Van directos a la puerta de emergencia, como si se les quemara el cazo en el fuego!
- Es que es probable que se les queme, cielo. Y te enchufan la manguera por donde pueden…
- Con lo fácil que era hace unos años… que te venía el típico gordito, bajito y con carita de bonachón y sabías a qué atenerte: misionero y punto. ¿Que lo que te encontrabas era el clásico cachitas con camiseta pegada? Bueno, pues tampoco estaba mal: un poquito de carretilla, la sillita o, en el peor de los casos, el consabido 69. ¡Pero sabías a qué atenerte, coño! ¡No como ahora, que casi sin saludarte, te ponen a lo perrito y dale que te arreo!
- Pero si el 69 ya no lo hace nadie, Carlota. ¿De cuándo me estás hablando? ¿De la pubertad?
- ¡Qué más dará! Lo que digo es que ahora, como todo Dios le da al porno cosa mala, si no llevas las uñas de porcelana, las extensiones capilares, los zapatos ortopédicos con plataforma, la cara pintada como una puerta, los bajos rasurados cual bebé y te dejas meter cosas por las bajantes, ¡no eres nadie! ¡Que te tachan de frígida, leches!
- Hombre, no será pa tanto, ¿no?
- Que sí, que sí. Que el mercado está como está. Los que quedan están “resabiaos” y no les vale cualquier cosilla. ¡Qué manía con atacar por la retaguardia! Y de algunos no lo dirías nunca, de verdad…
- Pues ponles las cosas claras desde el principio y así no te encontrarás en situaciones tan comprometidas…
- Claaaaro, claaaaro, eso se dice taaaan fácil… ¿y cómo me lo monto? ¿Le suelto al presentarme “muy buenas, soy Carlota, la que va de frente y no culo-en-pompa”? ¿O mejor, con el segundo cubata, le paso un plano detallado de mis zonas pudendas y le marco con una X la zona posterior con un aviso en fosforito, en plan “zona de alto voltaje, no pasar”? Que te crees tú que es tan sencillo vetar según qué prácticas arraigadas… ¡se las saben todas!
- Te noto estresada, Carlota. Tienes que relajarte un poco, mujer…
- ¿Relajarme? ¿Cuando no sé qué me van a meter a la que me despiste? Ahí te quisiera yo ver… ¡que como no estés en guardia, te pueden hacer una desgracia, te estoy diciendo! Si es que yo creo que no entiendes la gravedad del asunto…
- Es que creo que exageras. Tú en tu línea… ¡habrá de todo, mujer!
- Ya, ya. Por eso ayer, sin ir más lejos, quedé a tomar una copa con el hijo de la carnicera de mi madre, (¿te acuerdas que te conté que llevaba meses intentando liarnos diciendo que su hijo “es muy buen partido, serio, guapo y responsable”?) bien, pues no me había terminado aún el primer roncola cuando le veo hacer mil volatines para coger no-sé-qué que se le había caído al suelo. A continuación, voy al baño y, en un giro tonto de esos que pegas cuando te parece que alguien te llama pero no, descubro que el tío tiene los ojos pegados a mi culo y ni respira. Al principio, no le eché cuentas. Pensé: “bah, un hambriento más”. Pero cuando la cosa subió de nivel y se auto invitó a mi casa a tomar la última (es que él vive con su madre, toma partidazo), no me dio tiempo ni a llegar a la cocina. Me enganchó por detrás y, venga, a buscar tesoros donde yo sé que no hay nada reseñable.
- Joder. Pues sí que está mal el patio, sí…
- ¿No te lo estoy diciendo? Y te juro que éste tenía una cara del todo “normal”. Ni pinta de perver, ni ojos de loco enajenado, ni nada… Mi amiga Susana tiene una teoría al respecto: dice que todos lo hacen para ahorrarse el condón en tiempos de crisis.
- Valiente chorrada.
- Lo sé. Es más, cuando le dije que algo tendrán que decir al respecto las enfermedades de transmisión sexual, ya que ésas no entienden de crisis ni de burbujas financieras, la pobre se me echó a llorar desconsolada, porque algún cabronazo la había convencido de que ese tipo de enfermedades sólo se transmiten por vía vaginal. Y para cuando le he abierto los ojos, llevaba ya la pobre un carrerón “a pelo” que no veas… Si cuando te digo que ya no saben qué inventar para convencernos…
- ¿Y en qué acabó la historia con el hijo de la carnicera?
- Ah, pues le he encargado una rabadilla buenísima para mañana. Me ha dicho que me la trae él mismo a casa. No sé, parece majo…
- Ya. Y luego dirás que no estabas avisada, ¿eh?
- ¿A qué te refieres?
- Pues a que uno empieza llevando la rabadilla a domicilio y termina colocando un kilo de butifarra de regalo. ¡Que pareces tonta, niña!
- Hombre, así dicho…

Así dicho, así dicho… Si es lo que yo digo: que no es que los hombres sean muy listos, ¡es que a veces las del encefalograma plano somos nosotras!


martes, 11 de octubre de 2011

La rebelión de los bajos fondos

- Lo tengo decidido. Ahora sólo me falta convencer a mis padres y en unas semanas… ¡vida nueva!

La que habla es mi amiga Carlota.
Y digo que habla porque escupe por su boca todo lo que le llega al cerebro. Sin cribar. Ahora, que se le entienda es ya otro cantar…

- ¿Y qué es eso que te ha costado tanto decidir, cielo?- “paciencia”, pienso para mis adentros. Y agárrate los machos, que a saber por dónde te sale la rubia…
- Operarme. Esta mañana he tenido cita con el cirujano y me ha dado el presupuesto. Va a ser mi regalo de Reyes.
- Ya... tu regalo dices que va a ser… ehhh… ¿una nariz nueva? ¿Unas prótesis mamarias? ¿O tal vez unos implantes de glúteos? Aclárame esta duda, por favor, porque me va a tocar calmar a tu madre cuando lea tu carta de Reyes y me llame poniendo el grito en el cielo.
- Frío frío. Lo que quiero son unos nuevos labios vaginales.

Si me hubieseis visto por un agujerito, todavía os duraría la risa. Y eso que esto ocurrió hace dos días. Con sus noches. Yo todavía tengo pesadillas…

- Carlota, ¿de qué demonios estás hablando? ¿Te has vuelto a tragar todos los DVDs de “cambio radical” o qué?
- No. Lo que pasa es que tú estás demodé. Ahora, si estás en el mercado, esto es lo último.
- Sí. Lo último que nadie se haría, quieres decir.
- No. Lo último es operaciones de estética, es lo que te intento explicar.

Me parto.
Resulta que, según su cirujano de cabecera le comenta, se ha puesto de moda la cirugía de ahí-donde-te-digo. En los últimos 10 años, la demanda al parecer se ha quintuplicado (ahí es nada) y las mujeres recurren a ella aduciendo tanto cuestiones estéticas como de salud.

- Hombreee… ahí quería yo llegar. Párate un poquito, Carlota, que eso merece un análisis concienzudo. ¿Tú te crees lo que estás diciendo?
- ¿A qué parte te refieres?
- A la de la salud. Que te operes el tabique nasal por un supuesto ruidito nocturno que molesta a tu santo y no le deja dormir debido a tus mocos atorados, pase. Pero que se te vaya la vida (y la herencia) en operarte el clítoris y zonas adyacentes, no me digas que es comparable.
- ¿No crees que una labioplastia puede ser la solución a tus problemas médicos?
- Chica, yo no llamaría “enfermedad” o “problema médico” a enseñar demasiado cuando te atreves con un bikini brasileño o un tanga de leopardo. No sé si me explico… vamos, que si esto se arregla con la braga-faja de toda la vida, no puede ser muy grave, ¿no crees?

Es que, a este paso, todavía voy a tener que oír que debería cubrirlo la Seguridad Social.
De verdad que el mundo se ha vuelto loco.

- ¿Y qué vas a pedirte en la carta a los Reyes?- abundo yo en este absurdo sin igual, en vista de que Carlota no entra al trapo. ¿Una lipoescultura de pubis? ¿Un relleno del Monte de Venus, quizá? ¿O va a ser un estrechamiento vaginal con reconstrucción de himen, en plan 2x1?
- Noto cierto retintín en tus palabras.
- Es que tú dirás, chata…
- No. Yo lo que quiero es que sean simétricos. Y que no asomen. Vamos, como cuando era jovencita…
- Pero Carlota, si sólo tienes 37. No dramatices.
- ¡Pues quiero que me los recorten y me los dejen como nuevos, ¿estamos?! ¡Y déjame en paz con la murga, hombreya…!

Nada, nada. La dejaré en paz.
Que le hagan su carnicería inguinal y ya me contará a la vuelta.

Ahora mi duda es la siguiente: si a Maripaz le regalamos un Wonderbra especial-efecto-amigdalitis cuando se operó de “las lolas” (como ella las llama) y a Paqui le compramos unas Reebok cuando le detectaron pie cavo, ¿qué tendría que elegir para Carlota?
¿Unos leggins sensación-tattoo, de esos que se pegan tanto que acaban metiéndose hasta el bazo y no hay forma de sacarlos sin parecer una actriz porno en pleno rodaje?

Menudo dilema existencial…
¡Se aceptan sugerencias!


jueves, 14 de julio de 2011

¡Azumbawe!

- Mecachislamarsalada… me acaban de pasar el seguro del coche. Menudo siete en la libreta, en plenas rebajas de verano.

Mi vista no se aparta del ordenador. Por mucho que ponga, borre y vuelva a teclear la clave, no hay duda: es mi cuenta la que me saca la lengua desde la pantalla. Carlota, a mi lado, abre los ojos desconcertada.

- ¿El seguro del coche?- me pregunta con cara de asombro.
- Sí. Y eso que lo puse “a terceros”, que lo de “a todo riesgo”, como su nombre indica, es un auténtico peligro para la integridad familiar.
- ¡Pero si ya nadie paga el seguro!- afirma con ojos de “serás pringada… otra vez”.
- ¿Qué es eso de que nadie paga el seguro? Hasta donde yo sé (que suele ser bien poco, pero bueno), el seguro del coche es obligatorio. No hay más tu tía: se paga sin rechistar y punto en boca.
- Tú estás loca… ¿no tienes tele, o qué?
- Sí. Tengo tele. Y suerte que la compré antes de este sopapo en la cuenta, de lo contrario, tendría que poner a los niños a hacer el juego de los espejos en la terraza para pillar el reflejo de la del vecino en mis cristales. Cosa que llegué a plantearme cuando palmó la tele de-toda-la-vida, no te creas…
- Pues si ves los anuncios de seguros, entenderás por qué no hay que pagar la prima. Siempre hay alguien que te la mejora- me suelta Carlota de carrerilla, como si estuviera protagonizando un anuncio de la cuenta naranja.
- ¿Cómo dices?
- Pues lo que oyes. Si la poli te pide los papeles, tú le explicas que estás renegociando con varias compañías y que no se ponen de acuerdo entre ellas.
- ¿Que le diga al guardia civil de turno que se me rifan las empresas aseguradoras y que no me quieren cobrar hasta tener claro si me lo regalan por mi cara bonita o si, incluso, me pagan dinero por irme con ellos? ¿Es eso lo que propones?
- Es lo que yo hago. Ya llevo 3 años sin apoquinar. Como los de Fénix Directo me siguen mandando e-mails mejorando a la competencia por unos centimillos, no acabamos de cerrar el contrato…
- ¿Y cuela cuando te piden la documentación?
- Supongo…
- ¿Supones? Vamos a ver, ¿te han multado o no te han multado por ir con el seguro caducado?
- No. Lo cierto es que, en estos últimos años, ni me han parado, ahora que lo preguntas…
- Menuda asesora estás tú hecha.

Pues ya me ha dejado con la mosca detrás de la oreja…

A ver si alguien me lo explica: ¿cómo puede ser que TODAS las compañías de seguros prometan en su publicidad abaratarte la póliza que les traigas? Vamos, que te podrías pasar la vida entera presentando ofertas de la competencia un euro (por poner) más baratas, en espera de que te la mejoren. Eso sí, sin llegar nunca a renovar, propiamente dicho.

Que si esto fuera real, podría convertirse en una auténtica profesión, ¿eh?
Ya me estoy imaginando al clásico patán de discoteca, acodado en la barra, intentando ligar con una rubia que, a la pregunta de “¿y tú a qué te dedicas?”, reciba como contestación del machoman un “pues verás, chati, yo es que soy solicitante-crónico de primas-gangas”…

Porque, en pura teoría, podrías tirarte así in aeternum, hasta alcanzar una suma ridícula, ¿no? En plan: “uyyy, no, no me diga, señor líneadirecta, que me va a cobrar 6 céntimos anuales por mi seguro a todo riesgo. Si los de balumba me la dejan a 5 céntimos, los de mapfre a 4 y me ha dicho un pajarito que, si se la llevo a los del erizo, me la saco regalada y encima me dan una báscula de cocina y un albornoz, hombreporfavor, ¿usted se cree que me chupo el dedo?”

Y así, hasta el infinito y más allá…

domingo, 8 de mayo de 2011

Pelillos a la mar

- Mira, toca toca- me dice Carlota levantando la pierna como si fuera la Paulova a punto de espatarrarse en plena “Muerte del cisne“…
- ¿Qué quieres que te toque, so loca?
- Las piernas, qué va a ser. Me estoy haciendo la depilación láser y estoy entusiasmada. Mira qué tersura, qué suavidad, qué piel de terciopelo…¡Y eso que hace ya un mes de la última sesión!

Yo la miro, la remiro, toco como con miedo todos esos pelos rabiosos por salir a la luz del sol, con sus cañones a flor de piel y los poros oscurecidos por lo que, a ojos vista, es un vello pantojil de no te menees y le suelto tan contenta:

- Uyyyy, pues te está quedando de miedo, ¿eh?
- ¿A que sí?- me dice al borde del delirio.
- Sísisí, ¿ y cuántas sesiones dices que llevas?
- Ocho. Una cada dos meses, aproximadamente.
- Ya, ya… vamos, que llevas casi año y medio dedicada en cuerpo y alma al despelleje, ¿no?
- En realidad, casi dos años, porque en verano no puedo hacérmela, ya que te prohíben tomar el sol.
- Dos años… y te faltarán lo menos… ehhh...
- Nada, una sesión más y acabo.
- ¿Acabas?¿Quieres decir que ya te has hartado y vas a abandonar?
- Nooo. Digo que con una sesión más, lo damos por erradicado.
- ¿El qué? ¿El dinero?
- ¡No, so mema, el vello!
- Aaahhh puesss…¡qué bien! Me alegro por ti. Nada, nada, a disfrutarlo…

Cualquiera le dice que raspa más que una cama de velcro.
¿Qué engaño es este?
¿Por qué todas aquellas que me cuentan sus éxitos con el diodo o la alejandrita acaban reconociendo que lo del láser “definitivo” es cualquier cosa menos “definitivo”?
A ver, so melona: si tienes claro que no es cierto lo que te venden, ¿por qué te lo haces?
¿Por qué pagas las cantidades ingentes que te piden por ello?
¿Por qué juras y perjuras que ya no sabes lo que es pasarte la Gillette, si llevas dos años dándole a la cuchilla cada vez que te toca sesión de espada láser?

Menudo invento del tebeo este de la depilación permanente.
Luego vas y te lees el contrato que te hacen firmar y, ahí, en la letra pequeña, a pie de página y más perdida que un pedo en un jacuzzi, aparece la frasecita de marras: “no se garantiza la desaparición total del vello y, en cualquier caso, se hace constar que multitud de estudios avalan la teoría de que el pelo tiene un ciclo vital de 7 años, tras los cuales, vuelve a brotar”.

Estupendo.
Me paso dos años dándole al cuerpo con el aparatito, revisándome las pantorrillas y axilas como si se me fuera la vida en ello, voy a la playa con las ingles en carne viva, me excuso ante la gente que mira con espanto mis trenzas de espiga en los muslos con un “es que me toca láser la semana que viene y no puedo quitármelo por mis propios medios”, pago la intemerata y media por un tratamiento supuestamente indoloro que me hace llorar en silencio… y todo esto para conseguir vivir tranquila un máximo de… ¿cinco años?

Pues tampoco.
Porque, por lo visto, los pelos van apareciendo cuando quieren.
Vaya, que son rebeldes porque el mundo les ha hecho así.

Unos te vuelven a salir a los tres años, otros a los cuatro, y así aleatoriamente…
En una palabra: un timo.
Pero, oye, Carlota está como loca.
Convencidita perdida de que su piel se ha convertido en alabastro y que el esfuerzo lo vale con creces.

- Y encima, me han hecho gratis los dedos gordos y el monte de Venus-me dice en bajito, como si fuera pecado mortal tener pelos en los pulgares.
- ¡Anda! Nunca me había fijado en que tuvieras vello en las manos, qué cosas…
- ¿Estás tonta? ¡En los dedos gordos de los pies!
- Ahhhh, claro claro… (¿como los hobbits? ¿pero qué invento es este?) bueno, te dejo, que tengo que ir a recoger a los niños al cole,, ¿eh? ¡Hasta mañana!

Cualquiera le pregunta dónde está el monte peludo ese.
Yo es que con la geografía, reconozco que soy bastante nula…


jueves, 10 de febrero de 2011

Madre no hay más que una... a Dios gracias...


¿Recordais cuando os hablé de la madre de Carlota?
¿Y de cuando la susodicha (o sea, Carlota) se echó novio?

Bien, pues ya no lo tiene.
Y su madre quiere matar a alguien por haberle estropeado el plan vital que tenía organizado para toda la familia a expensas del maromo.

Pacorro, un buen día, cogió el portante y decidió abandonarlo todo: casa, trabajo, coche, novia, periquito… Se mudó de ciudad con la excusa de necesitar aires nuevos y no hemos vuelto a saber de él. Lo mismo se lo ha llevado el viento, como a María Sarmiento…

Algunos, en la cuadrilla, bautizaron este acto espontáneo del muchacho como “el cruce de cables de Pacorro” (también conocido como “la ventolera del Paco”).

Otros, como Carlota, lo justifican diciendo que “Paco lo que está buscando es su identidad”.

Su madre, simplemente, lo califica como “la gran cagada de mi exyerno”.
Si cuando el refrán dice que todo depende del color del cristal con que se mire…
Y (os lo digo yo) el cristal de doña Juana como hay Dios que está tintado…

Carlota ya ni siente ni padece.
Es la segunda relación que se le va al garete en un año. Una, por perfecta. La otra, por indocumentada. El caso es no acertar...

Pero lo peor no es su situación sentimental.

Lo peor es que su madre le obliga a mantener la ficción del noviazgo ante sus amistades, porque “si no a ver qué se van a pensar, que eres una fresca que no se contenta con nada, a tus años”…

Le tiene terminantemente prohibido revelar el abandono de Francisco Simancas (nombre real del huidizo Pacorro) bajo pena de excomunión, desheredación y exilio forzoso bajo el puente del tren. Yo ya se lo he dicho: preferiría vivir como un mendigo, bajo las vías, que con esa arpía que dice llamarse “tu madre”. Pero Carlota es sumisa, conformista y obediente. Y abandonar "la secta" se le hace un mundo.

- Búscate un piso y mándala a la mierda- le insisto yo, que cuando me pongo, soy bastante más bruja que doña Juana.
- Imposible. No lo superaría.
- ¿Quién? ¿Tú o tu madre?
- Ella. No sabría qué excusa darles a sus amistades...
- Pues que les den a todos. Tienes que vivir tu vida y no permitir que te mangoneen más, Carlota.
- Pero si es que, cuando por fin encuentro el coraje para lanzarme a la vida, llega siempre mi madre y me quita la venda de los ojos. Cuando le dejé caer que iba a empezar a buscarme un pisito, empezó a contarme la de casos que conoce de mujeres solas que han acabado violadas en los ascensores o atracadas en el portal o secuestradas en su propia casa. Y,claro, se me quitan las ganas de golpe. Para mi madre, los hombres son unos terroristas en potencia y sólo se les aplacan los instintos cuando les pones una alianza en el dedo. Por eso, en mi familia, está prohibido emanciparse hasta que salgas de casa vestida de blanco.
- Si ya lo sé, Carlota, si la conozco de sobra. Pero es que esto empieza ya a ser enfermizo. No sólo es imposible que se te acerque nadie bajo pena de ser golpeado hasta la muerte por tu madre y su bolso tamaño XL, ¡es que encima tu autoestima está por los suelos! ¡Sal de esa casa y vive la vida!
- Que no, que no puedo hacerle eso. Que les ha dicho a todos que estamos poniendo ya la fecha de boda.
- ¿Estamos? ¿De quién hablas?
- De Pacorro y de mí, de quién va a ser. Justo ayer recibimos la invitación para la boda de mi primo, mira tú...
- ¿Y qué vas a hacer?
- Pedirle a Satur que me acompañe y se haga pasar por un tal Pacorro. Total, nadie le conoce, salvo mis padres...

Mi pobre Satur...
Con lo metepatas que es, esa boda acabará mal, lo estoy viendo venir...
Aunque, bien pensado, si se le "cae" de la boca que él no se llama Pacorro y que le han pagado por ponerse un traje y hacer de acompañante, lo mismo se acaba esta tragicomedia y Carlota puede empezar a vivir.

Tengo que hablar con Satur urgentemente...

martes, 2 de noviembre de 2010

Cayendo en lo de siempre

“¿A quién va a usted a creer? ¿A mí, o a sus propios ojos?”
-Chico Marx-



Pues efectivamente.
Creedme a mí: soy mucho más de fiar que los ojos de según qué personas…

Personas como, por ejemplo, mi amiga Carlota, que se presenta en mi oficina andando como John Wayne tras bajarse del caballo después de 3 días a pleno sol y sin crema anti-rozaduras, con sus pantobillos (forma rápida y discreta de denominar a la masa cárnica informe que une de forma inmisericorde la pantorrilla a los tobillos) convertidos en un tubo enorme de goma que, por lo que cuenta, es la envidia de su urbanización y parte de la de al lado.

Lo que mi amiga lleva (arrastra, más bien) entre el metatarso plantar y el fémur se llama “bota Hunter”, pero ella lo pronuncia con acento de Wisconsin y suena parecido a “jánterbú”.

No doy crédito a este dislate visual.


Porque Carlota no es bajita. Mide su buen metro setenta y cinco.
Pero os juro que, vista desde mi mesa, pareciera adoptada por David el Gnomo y su familia.
¡Qué efecto óptico más desgraciado y abyecto! Juraría que el reborde de la bota le roza la ingle… además, tienen que olerle los pies (y los tobillos, rodillas y demás zonas medianeras) a requesón casero… Si lleva eso puesto desde primera hora de la mañana, con los 22 grados Celsius que tenemos en la oficina, ¡tú me contarás!

Pero si esto ya nos lo enseñaban nuestras madres desde la cuna: “zapato de goma, sudor que te asoma”. ¿Quién dijo que la moda fuera práctica? ¡Nadie en su sano juicio, hombreporfavorrrr! Te venden la moto de que lo lleva la familia real inglesa, Sienna Miller o Kate Moss y todas caemos cual pichonas…

Pero hay que saber leer entre líneas… a nada que te fijes un poco en las fotos de las revistas, ¿dónde llevan este tipo de calzado?
¡Pues en el campo, mujer-de-Dios!
¡En pleno barrizal!
O en festivales de pantaca-cagao de esos, tipo Woodstock, pero en moderno… Vamos, lo que viene siendo “pal campo” (que no el “country”, que eso es otra cosa, no confundirse…)

Tú pregúntale a cualquier aldeano qué lleva para ordeñar las vacas cuando llueve a mares… ¡botacas de gomaca!

Eso sí, la goma de estas botas (qué tendrá, me pregunto) debe rondar los 50 € el metro zurcido, o así…

Ayyyyy si esto no es ser fashion-victim, que baje Dios y lo vea…

A lo que iba, que Carlota viene a verme para invitar a la pandilla a su casa de la sierra, para pasar un finde “de chicas” y olvidarnos de las preocupaciones mundanas.
Genial.
Pues pongamos fecha…

- En noviembre y diciembre, imposible, que se han pedido la casa mis cuñados y no está disponible- me empieza diciendo con su agendita en la mano.
- Bien, pues miremos a ver si en enero…
- ¡Tampoco!- me dice rapidito. Empieza la temporada de esquí y va toda la familia. No nos dejarían tranquilas…
- ¿Y cuándo dices que acaba la temporada de esquí?- pregunto toda ignorante.
- Allá por Abril, con suerte…
- Ya, pero este año la semana santa cae muy tarde, así que en Abril va a estar complicado…
- Pues veamos Mayo… hmmmm… ahhh, que es la Comunión de mi prima y la celebran allí, no puede ser…
- ¿Junio, quizás?
- Hmmm… vete mejor a Julio, que hay bodas y aniversarios pendientes y suelen celebrarlos en Junio.
- ¿Julio? Si la mitad de la cuadrilla está de vacaciones en Julio y la otra mitad en Agosto…- le recuerdo a la ociosa de Carlota, que vive en la inopia en lo que a calendario laboral se refiere…
- Pues sólo nos queda Septiembre, porque mis cuñados se la han pedido de nuevo en noviembre y diciembre del año que viene…- me dice toda impertinente.
- Pues lo veo fatal, con el comienzo del curso escolar, la vuelta al curro y demás historias…
- ¡Vale! ¡Haber empezado diciendo que no quieres ir y así acabábamos antes!


¡Qué cachonda!…se pone a invitar, luego no tiene días… ¿y la culpa es mía?
Es como si yo os invito a mi casa en las Bahamas y …
Ahhh, no, esperad, ¡que no tengo casa en las Bahamas!
¡Uy, qué tontaaaaa!

Pa mí que está cabreada por el recocimiento podal...
En fin, un caso…


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Postdata aclaratoria: no es que se me haya pasado publicar nada durante el día de ayer, por mucho que juréis que “ésta viene a publicar día sí-día no”; ni es cierto que me lo hubiera tomado festivo después de tanta calabaza revenida… es que una es muy original y ha decidido publicar todos los días pares del año. Siendo ayer día 1, y recordando un poco las Matemáticas de primaria, notaréis rapidito que no aplicaba… Sin más.


jueves, 29 de julio de 2010

¡Carlota tiene novio!


Y su madre no da crédito.

Se ha comprado la pamela y la mantilla (“ya escogeré entre las dos llegado el momento”) en las liquidaciones de Julio, para meterle presión a su hija y que el “futuro yerno” vea que las relaciones, en esa casa, se las toman muy en serio.

El tema es que Carlota siempre ha estado muy controlada por su familia.

Su madre no le dejaba volver más tarde de las diez y media (había que acompañarla, por si algún listo le tocaba el culo de camino a casa) y era de la opinión de que “las que se van con el novio de vacaciones son unas frescas”.

Ahora, en cambio, llegada esa edad en la que doña Juana considera que el reloj biológico de su hija va atrasado, todo son prisas.

Les compra los billetes a un destino romántico con los ahorros generados por el plan de pensiones de su marido y afirma sin contemplaciones “¡¡¡es que me he vuelto una modernaaa!!!”.

Seguro, modernísima

- Por eso obliga a su hija a organizar una comida en casa con la nueva “adquisición”, porque tiene que pasar el visto bueno familiar y, si no, puerta.

- Por eso le insinúa a Carlota que “lo normal en estos casos es que el novio llegue con una planta o unos bombones bajo el brazo”, no vaya a ser que quede como un cochero a las primeras de cambio y sea incapaz de remontar la imagen generada.

- Por eso ha dispuesto la mesa, como si fuera un convite en el Palacio Real, según dicta el protocolo más rancio, con el yerno a su derecha y la hija a la derecha de su padre, separados por unos prudentes cuatro metros que evitarán cualquier salida de tono del maromo.

- Por eso ha escrito en el cartelito colocado junto al plato del susodicho “Don Francisco Simancas” y no “Pacorro” (como todos le llamamos), ya que Don Francisco sí tiene empaque y lo de Pacorro le suena a nombre de mascota de la EXPO.

- Por eso ha sacado la mantelería de hilo y la cubertería de plata que le regalaron en su boda (allá por el Cretácico) y ha hecho bordar las iniciales de ambos apellidos (el de Carlota y el de Pacorro) en una docena de servilletas, “para que se vaya haciendo una idea de lo que esperamos de él”.

- Por eso ha contratado una señora (con su cofia y todo), que les sirva el consomé y el pavo relleno con toda la pompa y el boato que la ocasión requiere, como si fuera “lo más normal en esta casa, que siempre hemos sido de familia-bien”.

Vamos, una moderna de manual…


viernes, 25 de junio de 2010

¡La madre que la parió!


La madre de Carlota está empecinada en que mi amiga se case como sea.

Le da igual que tenga o no tenga novio: su hija ha de pasar por el altar (lo del juzgado ni lo contempla) y tiene que ser cuanto antes, porque “tú no es que tengas el arroz pasado, hija, es que otras se han hecho una paella a tu costa, sinsorga, mira que te lo tengo dicho, que a esta edad sólo te quedan los rebotados y los soplagaitas, pero tú a tu aire, como si la cosa no fuera contigo, como si los maridos los regalaran en la tómbola.”

Es destructiva e hiriente y mi amiga, cada vez que me invita a comer a su casa (sí, a sus 35 sigue viviendo con sus padres), no sabe ni dónde mirar.

Díselo tú, que a mí no me hace ni caso- me suelta su madre entre las lentejas y el pollo rebozado. Yo me suelo quedar callada, porque sé que Carlota pasa mucho de estos temas y siempre me han dicho que las disputas familiares hay que solventarlas en casa. Mejor no me meto.
Mamá, que no tengo novio, que tendré que conocer bien a alguien antes de tomar semejante decisión, digo yo, ¿no?- le dice su hija sin caer en la cuenta de que esta frase ya se la he oído yo una docena de veces.
¡Qué conocer bien ni qué niño muerto!… pa conocerse ya está el matrimonio. Tú cásate y luego os contáis todo. ¡Pero como sigas esperando, te van a conocer demasiado y así no pescas a nadie!
Joer, mamá, qué obtusa eres… luego llegan los divorcios y los malos ratos. Hoy en día, hay que estar muy seguro para casarse. Pues no he visto yo cientos de parejas-diez que acaban firmando el convenio regulador antes de que se les caduque la garantía del móvil
Eso son pamplinas. Lo que pasa es que la gente joven ya no aguanta nada. Como el novio aquel que tenías, que te duró un suspiro.
Mamá, que mi ex estaba saliendo ya con otra cuando me dejó. Que llevaban casi dos años juntos. Que aquello no fue falta de aguante, sino de respeto. ¡A ver si te enteras de una vez!
Bah, lo que te cuento: por una chorrada, mandáis la relación a la porra. La de años y oportunidades que has perdido por tiquismiquis
Que no fue una chorrada, doña Juana, que de verdad que llevaba meses poniéndole los cuernos a Carlota…- insisto yo contra mis principios (no sé quedarme callada, científicamente comprobado).
¡Los cuernos, los cuernos… cosas peores habrá… eso se habla y se arregla, que no es pa tanto!. Peor sería que te zurrara…
Mamá… ¿que no es para tanto que te pongan unos tubos que seas la envidia de cualquier Miura? ¿Me quieres decir que tú se los pasarías a papá si te los pusiera? ¿Es eso?
Pues lo mismo ya me los ha puesto y ni me he enterado, yo qué sé, qué más dará, tengo mil cosas más importantes de que ocuparme...- El padre de Carlota ni nos mira, sigue sorbiendo el caldito de las lentejas con la mirada perdida. Pa mí que se hace el longuis…- En un matrimonio hay muchas más cosas, hija mía, pero es que los jóvenes vivís en la luna y os pensáis que vais a tener las carnes prietas y la cintura de avispa hasta la vejez y, de eso, ¡nada!- la señora sigue erre que erre- ¡Mejor que aprendáis las cosas prontito, que luego no ganáis para disgustos! Sal a la calle, engancha a uno y te lo traes, que ya verás cómo le convencemos entre todos
Sí, seguro… ni loca, vamos…- Carlota se la está ganando, lo veo venir…
Pues si no te casas, ya estás buscando piso, que no te voy a cocinar y lavar la ropa hasta los cincuenta años, que bastante tengo con tu padre
Pero mamá, si te pago todos mis gastos cada mes. Si yo trabajo y me basto sola. Si sigo viviendo con vosotros porque cada vez que digo que me quiero emancipar te me echas a llorar
¿Me vas a salir otra vez con lo de vivir sola, como la tía Angustias, que fue toda su vida la solterona de la familia? ¿Qué quieres, hundirme? ¿Que ya no pueda ni llamar a las amigas de la vergüenza? ¿Cómo le explico yo a todo el mundo que mi hija se ha ido a un pisito sin marido? ¿No ves que vas a parecer una fresca, viviendo en un picadero, como si fueras la querida de alguno? ¡Una mujer sale de su casa para irse a la casa de su marido y no me vayas de moderna que sabes de sobra que no me va!
Hala, acaba las lentejas rapidito, que esto no hay quien lo aguante- me dice Carlota por lo bajinis- ha entrado en “modo indignado” y ya no sabe salir de ahí. Date prisa, que como empiece con lo de los hijos, vamos aviadas
¿Y mis nietos? ¿No piensas darme nietos o qué?- llora doña Juana con los mocos en caída libre y sin disimulo alguno a estas alturas de conversación- ¿Voy a ser la única de todas mis amigas que no tenga un nietito que pasear todas las tardes por el parque?
La hemos jodido. Ya es igual, puedes comer tranquila, porque no nos va a dejar salir de casa hasta que se le pase la congoja. No te atragantes, que va pa largo- me anticipa Carlota para que no me cree expectativas falsas.

Bien, pues la comida vino a durar lo que Ben Hur, es decir, unas tres horas y media sin contar los anuncios.

Ya le he dicho a mi amiga que a la siguiente invito yo, pero en un restaurante. Con tal de no aguantar a su madre, pago lo que haga falta.

Como si no tuviera ya bastante con la mía…

martes, 16 de marzo de 2010

Corazón partío

A mi amiga Carlota la ha dejado el novio. Yo la siento en el sofá, la rodeo de kleenex y le pongo el cafelito con leche (soy así, no puedo pensar si no es con un café delante) y me dispongo a escucharla atentamente, mientras le pongo el sobre de azúcar y el de sacarina pegaditos a la taza. Que elija ella, que no quiero que llore más de la cuenta porque sólo le he puesto la sacarina, que está muy susceptible.

En estos casos, siempre preguntamos la razón del abandono. Como si nos importara. ¿Acaso le pregunté al inicio de la relación por qué empezaban? Entonces, ¿por qué le pregunto por qué la acaban? Incomprensible, pero así es. Así somos.

En fin, esa maldita pregunta sólo lleva a excusas peregrinas, tales como “porque dice que me huelen los pies” o “porque se me ha escapado un pedito practicando sexo oral”… pamplinas. Te ha dejado porque no te quiere, porque se ha aburrido o porque tiene otra en la recámara. O por las tres a la vez, cosa harto habitual. Es simple. No lo hagas más difícil ni le creas las explicaciones. Asume lo que hay y pasa página.

Pero no. Nosotras no pasamos página tan fácilmente como ellos. Y menos cuando el calzonazos de turno te cuenta la milonga esa de “es que me tengo que encontrar a mí mismo”. ¡Venga yaaa!!! ¡Cómprate un plano y una brújula y vuélvete a perder, desgraciado!

O te suelta que “últimamente nos estábamos alejando”. Ya. ¿Quién dices que se alejaba de quién? Porque yo estaba aquí, paradita, sin mover un dedo. A ver si el que corría como un gamo eras tú, so listo, que no te he visto correr en 4 años de relación y, de pronto, te has comprado unas Nike y has dicho “pies para qué os quiero”.

A mi prima Maruja, un “generoso” le dijo una vez que “ella se merecía alguien mejor”. Es genial cuando el susodicho te quiere tanto que sólo te desea lo mejor. Qué detalle.

- Es de agradecer, ¿no crees?- me preguntaba la tonta de Maruja.
- Síííííí, es que él se sentía un mierda y concluyó que una pedazo-de-tía como tú no podía perder el tiempo con un pringao como él… ¡¡¡fijo!!!- ironizaba yo.
- ¡Pero si me dijo que estaba seguro de que se acabaría arrepintiendo de la decisión, pero que era lo mejor para mí! – insistía Maruja.

A ver, cuando un tío está cómodo, no te deja así porque sí. ¡Es que ni aunque te cargues su colección de Ferraris en miniatura! Un tío con el sexo asegurado y la fase de carantoñas-melosas superada, sólo te deja porque ya tiene otra esperando. No le busquemos tres pies al gato. Él te lo negará mil veces, pero verás la de llamadas de supuestos amigos que recibes a la semana escasa, contándote que le han visto con fulanita o menganita haciéndose arrumacos, ya lo verás, ya…

Vuelvo con Carlota, que me pierdo.
Resulta que su ex le ha dicho que “es todo tan perfecto que me asusta”.
Tócate un pie. Esto sí que no lo había oído yo nunca. Al menos, el chaval ha sido original.
Analicemos palabra por palabra:

- Todo es perfecto. Pues bien, ¿no? ¿Sería mejor que todo fuera un caos, un despropósito, una cagada? No, ¿verdad que no? Esto me lleva a lo siguiente: ¿A qué se refiere con “perfecto”?
- Perfecto en plan…“uyyyy, qué bien, si me has ordenado los calcetines por colores!” o en plan …”cariño, qué bien, ya tenemos la hipoteca pagada. perfecto. tenemos el coche a falta de una letra. perfecto. sólo nos faltan los niños. p-e-r-f-e-c-t-o?????!!!!!?????
- La perfección me asusta. Bueno, vale, te asusta, que puede pasar, no digo yo que no, pero si lo hablamos, quizá le pierdas el miedo a lo que sea que te asuste, ¿no? Que a mí me dan pánico las cucarachas y cuando hay que pisarlas bien que te subes a una silla para que yo supere el trauma.

Vaya, que la excusa no era tan original como pudiera parecer en un principio.
Carlota no sabe bien cómo interpretarlo. Ella estaba tan tranquila, poniéndole la comida al gato, cuando su ex ha entrado por la puerta con el bombazo. Se ha quedado tan bloqueada, que ahora no se acuerda si le ha dado alpiste al gato y whiskas gourmet al canario.

- ¿Lo ves?- me dice- ¿ves cómo no soy perfecta?
- A ver, Carlota, que él no hablaba de ti. Que hablaba de vuestra relación.
- ¡Pero si no era perfecta ni de lejos! ¡Si todavía tenía sin ordenarle los zapatos por temporada!

A ver si el chaval va a tener razón por una vez en la vida…

miércoles, 3 de marzo de 2010

Comidas-cena...

¿Nunca os ha pasado eso de quedar a tomar algo y volver a las 4 de la mañana, a cuatro patas y cantando el Soy minero a voz en grito?

Uno va con toda su buena intención a tomar “un aperitivito y pa casa” y se encuentra que, de pronto, es el día siguiente, la cabeza te atrona y no das con la caja de ibuprofeno que “había dejado aquí mismito el otro día, pero se la ha debido de comer alguien”.

Mi amiga Carlota es experta en estas lides. Te engaña con lo del “pintxo-pote (no hace falta explicar mucho en qué consiste, pero, por si acaso, diré que por 1€ te dan una caña y un pintxo) y acabas haciendo un “pota los pintxos” en toda regla. No falla.

Porque, tras los pintxos, hay que comer, claro. Te metes 2 platos más postre, bien regados con txakolí, y alguien, desde el fondo de la mesa, así, a lo “anónimo”, grita emocionado: ¡¡¡ahora, unos patxaranes, nooo???!!!

Hala, patxaranes pa todos. Como está mandado. Y empieza la fiesta.
Que si cántate esa que te sale tan bien, que si ahora todos a coro, que si déjale a Mikel que se sabe una buenísima, que si ahora te hago la segunda voz… un despiporre. Casi como el Orfeón Donostiarra, pero con gargajos en la garganta.

Tú ya te sientes que ni en tu propia casa. Dándolo todo. Con tu micro imaginario, pegándoselo a Carlota a la boca para que te haga el dúo. En plan Las Grecas-total. Y la peña aplaudiendo a rabiar, porque hace ya tiempo que no veían nada igual. Es que ni Celine Dion es capaz de alcanzar el grado de implicación que tienes tú a estas alturas del cuento.

Al rato, llega la calma. No te queda repertorio. Entonces, otra alma inconsciente, suelta lo de: “Venga, que esta gente tendrá que chapar el local, vámonos a tomar la espuela al Fistros!!!” Y allá que vas tú, con Carlota toda perjudicada colgando del bracete.

En el Fistros, a esa hora, están los jubilatas tomando café. Pero a ti te da igual, porque consideras que a esa gente hay que animarla, que bastante han currao ya en su vida y, bien pertrechada con tu orujito de hierbas, te lanzas directa al de la boina, que hay que alegrarle la tarde.

El pobre hombre sólo acierta a susurrar… “juventudesta…” y se larga, como cabizbajo, con los colegas y las fichas del dominó a otra parte. Bueno. No pasa nada. El local pa nosotros.

Entonces empieza lo chungo. Xabi, que hasta entonces estaba calladito, decide que “basta de mariconadas” y que “vamos a pedirnos ya los cubatas, que el orujo este me está dando ardor”. Pues cubatas para todos, no se hable más. Yo insisto: “pónmelo cortito, hip, que si no me sabe a colonia” y Carlota opta por un “gin tonic, con poca tonic, hip hip”. Y así, uno tras otro…

Pero Xabi, enfermizo él, no consigue superar el ardor estomacal que le han producido los orujos, así que propone… “un kebab pa empapar???” Pues un kebab.
No veas lo que chorrea esa cosa si te la comes con una sola mano. Porque en la otra llevas el cigarrito y el cubata-cortito. Así que oigo a Carlota chillar… “halaaaaa, toa la pechera llena de tomateeeee”. Yo la miro y no, no veo el tomate por ningún lado. Se lo hago notar: “oye, mira, Carlota, estate tranquila, que tienes la pechuga limpia-limpia. No te preocupes.” Ella, risueña que es, se empieza a descojonar viva, mirándome con condescendencia y me contesta: “que no soy yooooo, so bobaaaa, hip, que es tu pechugaaaa la de los lamparonessss!!!”. Efectivamente. Es la mía. Bah, qué más da. Total, no me ve nadie…

Acabado el kebab, Carlota remata: “Tomamos la espuelísima en el Bigotes???”
Sííííí, contestamos todos, como los payasos de la tele. Y pallá que tiramos como podemos.

A partir de ese momento, los recuerdos se me mezclan un poco. No sé si fue en el Bigotes donde bailamos la lambada en grupos de tres o si, por el contrario, lo de la lambada fue en el Arturo’s y lo que bailamos en el Bigotes entonces fueron los pajaritos-versión-Aserejé.

Tampoco podría jurar si la vuelta a casa la hice andando por donde siempre, o si volví en taxi por acompañar a Carlota a casa y de ahí me pillé el bus hasta la parada del tranvía que me debió dejar a la altura del Bigotes otra vez. No recuerdo bien. Me quiere sonar, pero lo tengo como perdido en la memoria…

Y aquí es cuando me despierto. En casa (a Dios gracias), con una bota puesta y la otra tirada bajo la cama. Con una camisa llena de manchas como rojizas, la lengua de trapo de tanto cantar y fumar y el móvil pegado a la cara, del que sale una vocecilla, que parece la de mi amiga Carlota, que entona… Acherejé-dejé-dejé-dejemesemiunova-chachi-guararaní

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