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miércoles, 2 de noviembre de 2011
Nunca “hacerse un griego” logró un significado tan literal…
martes, 11 de octubre de 2011
La rebelión de los bajos fondos
jueves, 14 de julio de 2011
¡Azumbawe!
domingo, 8 de mayo de 2011
Pelillos a la mar
jueves, 10 de febrero de 2011
Madre no hay más que una... a Dios gracias...

¿Y de cuando la susodicha (o sea, Carlota) se echó novio?
Bien, pues ya no lo tiene.
Y su madre quiere matar a alguien por haberle estropeado el plan vital que tenía organizado para toda la familia a expensas del maromo.
Pacorro, un buen día, cogió el portante y decidió abandonarlo todo: casa, trabajo, coche, novia, periquito… Se mudó de ciudad con la excusa de necesitar aires nuevos y no hemos vuelto a saber de él. Lo mismo se lo ha llevado el viento, como a María Sarmiento…
Algunos, en la cuadrilla, bautizaron este acto espontáneo del muchacho como “el cruce de cables de Pacorro” (también conocido como “la ventolera del Paco”).
Otros, como Carlota, lo justifican diciendo que “Paco lo que está buscando es su identidad”.
Su madre, simplemente, lo califica como “la gran cagada de mi exyerno”.
Si cuando el refrán dice que todo depende del color del cristal con que se mire…
Y (os lo digo yo) el cristal de doña Juana como hay Dios que está tintado…
Carlota ya ni siente ni padece.
Es la segunda relación que se le va al garete en un año. Una, por perfecta. La otra, por indocumentada. El caso es no acertar...
Pero lo peor no es su situación sentimental.
Lo peor es que su madre le obliga a mantener la ficción del noviazgo ante sus amistades, porque “si no a ver qué se van a pensar, que eres una fresca que no se contenta con nada, a tus años”…
Le tiene terminantemente prohibido revelar el abandono de Francisco Simancas (nombre real del huidizo Pacorro) bajo pena de excomunión, desheredación y exilio forzoso bajo el puente del tren. Yo ya se lo he dicho: preferiría vivir como un mendigo, bajo las vías, que con esa arpía que dice llamarse “tu madre”. Pero Carlota es sumisa, conformista y obediente. Y abandonar "la secta" se le hace un mundo.
- Búscate un piso y mándala a la mierda- le insisto yo, que cuando me pongo, soy bastante más bruja que doña Juana.
- Imposible. No lo superaría.
- ¿Quién? ¿Tú o tu madre?
- Ella. No sabría qué excusa darles a sus amistades...
- Pues que les den a todos. Tienes que vivir tu vida y no permitir que te mangoneen más, Carlota.
- Pero si es que, cuando por fin encuentro el coraje para lanzarme a la vida, llega siempre mi madre y me quita la venda de los ojos. Cuando le dejé caer que iba a empezar a buscarme un pisito, empezó a contarme la de casos que conoce de mujeres solas que han acabado violadas en los ascensores o atracadas en el portal o secuestradas en su propia casa. Y,claro, se me quitan las ganas de golpe. Para mi madre, los hombres son unos terroristas en potencia y sólo se les aplacan los instintos cuando les pones una alianza en el dedo. Por eso, en mi familia, está prohibido emanciparse hasta que salgas de casa vestida de blanco.
- Si ya lo sé, Carlota, si la conozco de sobra. Pero es que esto empieza ya a ser enfermizo. No sólo es imposible que se te acerque nadie bajo pena de ser golpeado hasta la muerte por tu madre y su bolso tamaño XL, ¡es que encima tu autoestima está por los suelos! ¡Sal de esa casa y vive la vida!
- Que no, que no puedo hacerle eso. Que les ha dicho a todos que estamos poniendo ya la fecha de boda.
- ¿Estamos? ¿De quién hablas?
- De Pacorro y de mí, de quién va a ser. Justo ayer recibimos la invitación para la boda de mi primo, mira tú...
- ¿Y qué vas a hacer?
- Pedirle a Satur que me acompañe y se haga pasar por un tal Pacorro. Total, nadie le conoce, salvo mis padres...
Mi pobre Satur...
Con lo metepatas que es, esa boda acabará mal, lo estoy viendo venir...
Aunque, bien pensado, si se le "cae" de la boca que él no se llama Pacorro y que le han pagado por ponerse un traje y hacer de acompañante, lo mismo se acaba esta tragicomedia y Carlota puede empezar a vivir.
Tengo que hablar con Satur urgentemente...
martes, 2 de noviembre de 2010
Cayendo en lo de siempre
-Chico Marx-
Pues efectivamente.
Creedme a mí: soy mucho más de fiar que los ojos de según qué personas…
Personas como, por ejemplo, mi amiga Carlota, que se presenta en mi oficina andando como John Wayne tras bajarse del caballo después de 3 días a pleno sol y sin crema anti-rozaduras, con sus pantobillos (forma rápida y discreta de denominar a la masa cárnica informe que une de forma inmisericorde la pantorrilla a los tobillos) convertidos en un tubo enorme de goma que, por lo que cuenta, es la envidia de su urbanización y parte de la de al lado.
Lo que mi amiga lleva (arrastra, más bien) entre el metatarso plantar y el fémur se llama “bota Hunter”, pero ella lo pronuncia con acento de Wisconsin y suena parecido a “jánterbú”.
No doy crédito a este dislate visual.
Porque Carlota no es bajita. Mide su buen metro setenta y cinco.
Pero os juro que, vista desde mi mesa, pareciera adoptada por David el Gnomo y su familia.
¡Qué efecto óptico más desgraciado y abyecto! Juraría que el reborde de la bota le roza la ingle… además, tienen que olerle los pies (y los tobillos, rodillas y demás zonas medianeras) a requesón casero… Si lleva eso puesto desde primera hora de la mañana, con los 22 grados Celsius que tenemos en la oficina, ¡tú me contarás!
Pero si esto ya nos lo enseñaban nuestras madres desde la cuna: “zapato de goma, sudor que te asoma”. ¿Quién dijo que la moda fuera práctica? ¡Nadie en su sano juicio, hombreporfavorrrr! Te venden la moto de que lo lleva la familia real inglesa, Sienna Miller o Kate Moss y todas caemos cual pichonas…
Pero hay que saber leer entre líneas… a nada que te fijes un poco en las fotos de las revistas, ¿dónde llevan este tipo de calzado?
¡Pues en el campo, mujer-de-Dios!
¡En pleno barrizal!
O en festivales de pantaca-cagao de esos, tipo Woodstock, pero en moderno… Vamos, lo que viene siendo “pal campo” (que no el “country”, que eso es otra cosa, no confundirse…)
Tú pregúntale a cualquier aldeano qué lleva para ordeñar las vacas cuando llueve a mares… ¡botacas de gomaca!
Eso sí, la goma de estas botas (qué tendrá, me pregunto) debe rondar los 50 € el metro zurcido, o así…
Ayyyyy si esto no es ser fashion-victim, que baje Dios y lo vea…
A lo que iba, que Carlota viene a verme para invitar a la pandilla a su casa de la sierra, para pasar un finde “de chicas” y olvidarnos de las preocupaciones mundanas.
Genial.
Pues pongamos fecha…
- En noviembre y diciembre, imposible, que se han pedido la casa mis cuñados y no está disponible- me empieza diciendo con su agendita en la mano.
- Bien, pues miremos a ver si en enero…
- ¡Tampoco!- me dice rapidito. Empieza la temporada de esquí y va toda la familia. No nos dejarían tranquilas…
- ¿Y cuándo dices que acaba la temporada de esquí?- pregunto toda ignorante.
- Allá por Abril, con suerte…
- Ya, pero este año la semana santa cae muy tarde, así que en Abril va a estar complicado…
- Pues veamos Mayo… hmmmm… ahhh, que es la Comunión de mi prima y la celebran allí, no puede ser…
- ¿Junio, quizás?
- Hmmm… vete mejor a Julio, que hay bodas y aniversarios pendientes y suelen celebrarlos en Junio.
- ¿Julio? Si la mitad de la cuadrilla está de vacaciones en Julio y la otra mitad en Agosto…- le recuerdo a la ociosa de Carlota, que vive en la inopia en lo que a calendario laboral se refiere…
- Pues sólo nos queda Septiembre, porque mis cuñados se la han pedido de nuevo en noviembre y diciembre del año que viene…- me dice toda impertinente.
- Pues lo veo fatal, con el comienzo del curso escolar, la vuelta al curro y demás historias…
- ¡Vale! ¡Haber empezado diciendo que no quieres ir y así acabábamos antes!
¡Qué cachonda!…se pone a invitar, luego no tiene días… ¿y la culpa es mía?
Es como si yo os invito a mi casa en las Bahamas y …
Ahhh, no, esperad, ¡que no tengo casa en las Bahamas!
¡Uy, qué tontaaaaa!
Pa mí que está cabreada por el recocimiento podal...
En fin, un caso…
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Postdata aclaratoria: no es que se me haya pasado publicar nada durante el día de ayer, por mucho que juréis que “ésta viene a publicar día sí-día no”; ni es cierto que me lo hubiera tomado festivo después de tanta calabaza revenida… es que una es muy original y ha decidido publicar todos los días pares del año. Siendo ayer día 1, y recordando un poco las Matemáticas de primaria, notaréis rapidito que no aplicaba… Sin más.
jueves, 29 de julio de 2010
¡Carlota tiene novio!

Se ha comprado la pamela y la mantilla (“ya escogeré entre las dos llegado el momento”) en las liquidaciones de Julio, para meterle presión a su hija y que el “futuro yerno” vea que las relaciones, en esa casa, se las toman muy en serio.
El tema es que Carlota siempre ha estado muy controlada por su familia.
Su madre no le dejaba volver más tarde de las diez y media (había que acompañarla, por si algún listo le tocaba el culo de camino a casa) y era de la opinión de que “las que se van con el novio de vacaciones son unas frescas”.
Ahora, en cambio, llegada esa edad en la que doña Juana considera que el reloj biológico de su hija va atrasado, todo son prisas.
Les compra los billetes a un destino romántico con los ahorros generados por el plan de pensiones de su marido y afirma sin contemplaciones “¡¡¡es que me he vuelto una modernaaa!!!”.
Seguro, modernísima…
- Por eso obliga a su hija a organizar una comida en casa con la nueva “adquisición”, porque tiene que pasar el visto bueno familiar y, si no, puerta.
- Por eso le insinúa a Carlota que “lo normal en estos casos es que el novio llegue con una planta o unos bombones bajo el brazo”, no vaya a ser que quede como un cochero a las primeras de cambio y sea incapaz de remontar la imagen generada.
- Por eso ha dispuesto la mesa, como si fuera un convite en el Palacio Real, según dicta el protocolo más rancio, con el yerno a su derecha y la hija a la derecha de su padre, separados por unos prudentes cuatro metros que evitarán cualquier salida de tono del maromo.
- Por eso ha escrito en el cartelito colocado junto al plato del susodicho “Don Francisco Simancas” y no “Pacorro” (como todos le llamamos), ya que Don Francisco sí tiene empaque y lo de Pacorro le suena a nombre de mascota de la EXPO.
- Por eso ha sacado la mantelería de hilo y la cubertería de plata que le regalaron en su boda (allá por el Cretácico) y ha hecho bordar las iniciales de ambos apellidos (el de Carlota y el de Pacorro) en una docena de servilletas, “para que se vaya haciendo una idea de lo que esperamos de él”.
- Por eso ha contratado una señora (con su cofia y todo), que les sirva el consomé y el pavo relleno con toda la pompa y el boato que la ocasión requiere, como si fuera “lo más normal en esta casa, que siempre hemos sido de familia-bien”.
Vamos, una moderna de manual…
viernes, 25 de junio de 2010
¡La madre que la parió!

Le da igual que tenga o no tenga novio: su hija ha de pasar por el altar (lo del juzgado ni lo contempla) y tiene que ser cuanto antes, porque “tú no es que tengas el arroz pasado, hija, es que otras se han hecho una paella a tu costa, sinsorga, mira que te lo tengo dicho, que a esta edad sólo te quedan los rebotados y los soplagaitas, pero tú a tu aire, como si la cosa no fuera contigo, como si los maridos los regalaran en la tómbola.”
Es destructiva e hiriente y mi amiga, cada vez que me invita a comer a su casa (sí, a sus 35 sigue viviendo con sus padres), no sabe ni dónde mirar.
— Díselo tú, que a mí no me hace ni caso- me suelta su madre entre las lentejas y el pollo rebozado. Yo me suelo quedar callada, porque sé que Carlota pasa mucho de estos temas y siempre me han dicho que las disputas familiares hay que solventarlas en casa. Mejor no me meto.
— Mamá, que no tengo novio, que tendré que conocer bien a alguien antes de tomar semejante decisión, digo yo, ¿no?- le dice su hija sin caer en la cuenta de que esta frase ya se la he oído yo una docena de veces.
— ¡Qué conocer bien ni qué niño muerto!… pa conocerse ya está el matrimonio. Tú cásate y luego os contáis todo. ¡Pero como sigas esperando, te van a conocer demasiado y así no pescas a nadie!
— Joer, mamá, qué obtusa eres… luego llegan los divorcios y los malos ratos. Hoy en día, hay que estar muy seguro para casarse. Pues no he visto yo cientos de parejas-diez que acaban firmando el convenio regulador antes de que se les caduque la garantía del móvil…
— Eso son pamplinas. Lo que pasa es que la gente joven ya no aguanta nada. Como el novio aquel que tenías, que te duró un suspiro.
— Mamá, que mi ex estaba saliendo ya con otra cuando me dejó. Que llevaban casi dos años juntos. Que aquello no fue falta de aguante, sino de respeto. ¡A ver si te enteras de una vez!
— Bah, lo que te cuento: por una chorrada, mandáis la relación a la porra. La de años y oportunidades que has perdido por tiquismiquis…
— Que no fue una chorrada, doña Juana, que de verdad que llevaba meses poniéndole los cuernos a Carlota…- insisto yo contra mis principios (no sé quedarme callada, científicamente comprobado).
— ¡Los cuernos, los cuernos… cosas peores habrá… eso se habla y se arregla, que no es pa tanto!. Peor sería que te zurrara…
— Mamá… ¿que no es para tanto que te pongan unos tubos que seas la envidia de cualquier Miura? ¿Me quieres decir que tú se los pasarías a papá si te los pusiera? ¿Es eso?
— Pues lo mismo ya me los ha puesto y ni me he enterado, yo qué sé, qué más dará, tengo mil cosas más importantes de que ocuparme...- El padre de Carlota ni nos mira, sigue sorbiendo el caldito de las lentejas con la mirada perdida. Pa mí que se hace el longuis…- En un matrimonio hay muchas más cosas, hija mía, pero es que los jóvenes vivís en la luna y os pensáis que vais a tener las carnes prietas y la cintura de avispa hasta la vejez y, de eso, ¡nada!- la señora sigue erre que erre- ¡Mejor que aprendáis las cosas prontito, que luego no ganáis para disgustos! Sal a la calle, engancha a uno y te lo traes, que ya verás cómo le convencemos entre todos…
— Sí, seguro… ni loca, vamos…- Carlota se la está ganando, lo veo venir…
— Pues si no te casas, ya estás buscando piso, que no te voy a cocinar y lavar la ropa hasta los cincuenta años, que bastante tengo con tu padre…
— Pero mamá, si te pago todos mis gastos cada mes. Si yo trabajo y me basto sola. Si sigo viviendo con vosotros porque cada vez que digo que me quiero emancipar te me echas a llorar…
— ¿Me vas a salir otra vez con lo de vivir sola, como la tía Angustias, que fue toda su vida la solterona de la familia? ¿Qué quieres, hundirme? ¿Que ya no pueda ni llamar a las amigas de la vergüenza? ¿Cómo le explico yo a todo el mundo que mi hija se ha ido a un pisito sin marido? ¿No ves que vas a parecer una fresca, viviendo en un picadero, como si fueras la querida de alguno? ¡Una mujer sale de su casa para irse a la casa de su marido y no me vayas de moderna que sabes de sobra que no me va!
— Hala, acaba las lentejas rapidito, que esto no hay quien lo aguante- me dice Carlota por lo bajinis- ha entrado en “modo indignado” y ya no sabe salir de ahí. Date prisa, que como empiece con lo de los hijos, vamos aviadas…
— ¿Y mis nietos? ¿No piensas darme nietos o qué?- llora doña Juana con los mocos en caída libre y sin disimulo alguno a estas alturas de conversación- ¿Voy a ser la única de todas mis amigas que no tenga un nietito que pasear todas las tardes por el parque?
— La hemos jodido. Ya es igual, puedes comer tranquila, porque no nos va a dejar salir de casa hasta que se le pase la congoja. No te atragantes, que va pa largo- me anticipa Carlota para que no me cree expectativas falsas.
Bien, pues la comida vino a durar lo que Ben Hur, es decir, unas tres horas y media sin contar los anuncios.
Ya le he dicho a mi amiga que a la siguiente invito yo, pero en un restaurante. Con tal de no aguantar a su madre, pago lo que haga falta.
Como si no tuviera ya bastante con la mía…
martes, 16 de marzo de 2010
Corazón partío
y me dispongo a escucharla atentamente, mientras le pongo el sobre de azúcar y el de sacarina pegaditos a la taza. Que elija ella, que no quiero que llore más de la cuenta porque sólo le he puesto la sacarina, que está muy susceptible.En estos casos, siempre preguntamos la razón del abandono. Como si nos importara. ¿Acaso le pregunté al inicio de la relación por qué empezaban? Entonces, ¿por qué le pregunto por qué la acaban? Incomprensible, pero así es. Así somos.
En fin, esa maldita pregunta sólo lleva a excusas peregrinas, tales como “porque dice que me huelen los pies” o “porque se me ha escapado un pedito practicando sexo oral”… pamplinas. Te ha dejado porque no te quiere, porque se ha aburrido o porque tiene otra en la recámara. O por las tres a la vez, cosa harto habitual. Es simple. No lo hagas más difícil ni le creas las explicaciones. Asume lo que hay y pasa página.
Pero no. Nosotras no pasamos página tan fácilmente como ellos. Y menos cuando el calzonazos de turno te cuenta la milonga esa de “es que me tengo que encontrar a mí mismo”. ¡Venga yaaa!!! ¡Cómprate un plano y una brújula y vuélvete a perder, desgraciado!
O te suelta que “últimamente nos estábamos alejando”. Ya. ¿Quién dices que se alejaba de quién? Porque yo estaba aquí, paradita, sin mover un dedo. A ver si el que corría como un gamo eras tú, so listo, que no te he visto correr en 4 años de relación y, de pronto, te has comprado unas Nike y has dicho “pies para qué os quiero”.
A mi prima Maruja, un “generoso” le dijo una vez que “ella se merecía alguien mejor”. Es genial cuando el susodicho te quiere tanto que sólo te desea lo mejor. Qué detalle.
- Es de agradecer, ¿no crees?- me preguntaba la tonta de Maruja.
- Síííííí, es que él se sentía un mierda y concluyó que una pedazo-de-tía como tú no podía perder el tiempo con un pringao como él… ¡¡¡fijo!!!- ironizaba yo.
- ¡Pero si me dijo que estaba seguro de que se acabaría arrepintiendo de la decisión, pero que era lo mejor para mí! – insistía Maruja.
A ver, cuando un tío está cómodo, no te deja así porque sí. ¡Es que ni aunque te cargues su colección de Ferraris en miniatura! Un tío con el sexo asegurado y la fase de carantoñas-melosas superada, sólo te deja porque ya tiene otra esperando. No le busquemos tres pies al gato. Él te lo negará mil veces, pero verás la de llamadas de supuestos amigos que recibes a la semana escasa, contándote que le han visto con fulanita o menganita haciéndose arrumacos, ya lo verás, ya…
Vuelvo con Carlota, que me pierdo.
Resulta que su ex le ha dicho que “es todo tan perfecto que me asusta”.
Tócate un pie. Esto sí que no lo había oído yo nunca. Al menos, el chaval ha sido original.
Analicemos palabra por palabra:
- Todo es perfecto. Pues bien, ¿no? ¿Sería mejor que todo fuera un caos, un despropósito, una cagada? No, ¿verdad que no? Esto me lleva a lo siguiente: ¿A qué se refiere con “perfecto”?
- Perfecto en plan…“uyyyy, qué bien, si me has ordenado los calcetines por colores!” o en plan …”cariño, qué bien, ya tenemos la hipoteca pagada. perfecto. tenemos el coche a falta de una letra. perfecto. sólo nos faltan los niños. p-e-r-f-e-c-t-o?????!!!!!?????
- La perfección me asusta. Bueno, vale, te asusta, que puede pasar, no digo yo que no, pero si lo hablamos, quizá le pierdas el miedo a lo que sea que te asuste, ¿no? Que a mí me dan pánico las cucarachas y cuando hay que pisarlas bien que te subes a una silla para que yo supere el trauma.
Vaya, que la excusa no era tan original como pudiera parecer en un principio.
Carlota no sabe bien cómo interpretarlo. Ella estaba tan tranquila, poniéndole la comida al gato, cuando su ex ha entrado por la puerta con el bombazo. Se ha quedado tan bloqueada, que ahora no se acuerda si le ha dado alpiste al gato y whiskas gourmet al canario.
- ¿Lo ves?- me dice- ¿ves cómo no soy perfecta?
- A ver, Carlota, que él no hablaba de ti. Que hablaba de vuestra relación.
- ¡Pero si no era perfecta ni de lejos! ¡Si todavía tenía sin ordenarle los zapatos por temporada!
A ver si el chaval va a tener razón por una vez en la vida…
miércoles, 3 de marzo de 2010
Comidas-cena...
Uno va con toda su buena intención a tomar “un aperitivito y pa casa” y se encuentra que, de pronto, es el día siguiente, la cabeza te atrona y no das con la caja de ibuprofeno que “había dejado aquí mismito el otro día, pero se la ha debido de comer alguien”.
Mi amiga Carlota es experta en estas lides. Te engaña con lo del “pintxo-pote”
(no hace falta explicar mucho en qué consiste, pero, por si acaso, diré que por 1€ te dan una caña y un pintxo) y acabas haciendo un “pota los pintxos” en toda regla. No falla.Porque, tras los pintxos, hay que comer, claro. Te metes 2 platos más postre, bien regados con txakolí, y alguien, desde el fondo de la mesa, así, a lo “anónimo”, grita emocionado: ¡¡¡ahora, unos patxaranes, nooo???!!!
Hala, patxaranes pa todos. Como está mandado. Y empieza la fiesta.
Que si cántate esa que te sale tan bien, que si ahora todos a coro, que si déjale a Mikel que se sabe una buenísima, que si ahora te hago la segunda voz… un despiporre. Casi como el Orfeón Donostiarra, pero con gargajos en la garganta.
Tú ya te sientes que ni en tu propia casa. Dándolo todo. Con tu micro imaginario, pegándoselo a Carlota a la boca para que te haga el dúo. En plan Las Grecas-total. Y la peña aplaudiendo a rabiar, porque hace ya tiempo que no veían nada igual. Es que ni Celine Dion es capaz de alcanzar el grado de implicación que tienes tú a estas alturas del cuento.
Al rato, llega la calma. No te queda repertorio. Entonces, otra alma inconsciente, suelta lo de: “Venga, que esta gente tendrá que chapar el local, vámonos a tomar la espuela al Fistros!!!” Y allá que vas tú, con Carlota toda perjudicada colgando del bracete.
En el Fistros, a esa hora, están los jubilatas tomando café. Pero a ti te da igual, porque consideras que a esa gente hay que animarla, que bastante han currao ya en su vida y, bien pertrechada con tu orujito de hierbas, te lanzas directa al de la boina, que hay que alegrarle la tarde.
El pobre hombre sólo acierta a susurrar… “juventudesta…” y se larga, como cabizbajo, con los colegas y las fichas del dominó a otra parte. Bueno. No pasa nada. El local pa nosotros.
Entonces empieza lo chungo. Xabi, que hasta entonces estaba calladito, decide que “basta de mariconadas” y que “vamos a pedirnos ya los cubatas, que el orujo este me está dando ardor”. Pues cubatas para todos, no se hable más. Yo insisto: “pónmelo cortito, hip, que si no me sabe a colonia” y Carlota opta por un “gin tonic, con poca tonic, hip hip”. Y así, uno tras otro…
Pero Xabi, enfermizo él, no consigue superar el ardor estomacal que le han producido los orujos, así que propone… “un kebab pa empapar???” Pues un kebab.
Acabado el kebab, Carlota remata: “Tomamos la espuelísima en el Bigotes???”
Sííííí, contestamos todos, como los payasos de la tele. Y pallá que tiramos como podemos.
Tampoco podría jurar si la vuelta a casa la hice andando por donde siempre, o si volví en taxi por acompañar a Carlota a casa y de ahí me pillé el bus hasta la parada del tranvía que me debió dejar a la altura del Bigotes otra vez. No recuerdo bien. Me quiere sonar, pero lo tengo como perdido en la memoria…
Y aquí es cuando me despierto. En casa (a Dios gracias), con una bota puesta y la otra tirada bajo la cama. Con una camisa llena de manchas como rojizas, la lengua de trapo de tanto cantar y fumar y el móvil pegado a la cara, del que sale una vocecilla, que parece la de mi amiga Carlota, que entona… Acherejé-dejé-dejé-dejemesemiunova-chachi-guararaní…





