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miércoles, 2 de noviembre de 2011
Nunca “hacerse un griego” logró un significado tan literal…
jueves, 10 de marzo de 2011
To drink or not to drink?

- Groucho Marx-
Estupendo.
Pues yo, lo mismo.
Me parece una justificación como otra cualquiera.
¿No hay gente que asegura beber para olvidar, socializar o perdonar?
¿Por qué no se va a poder tomar (que diría mi amiga Marilyn) para hacer más atractivo al personal? ¿Es que siempre tiene que tener uno la culpa? ¿No se puede pasar el marrón de vez en cuando al resto de los mortales?
Porque no me negaréis que, a veces, te encuentras con cada “cosa” en los bares, que o le das al drinking a saco o no hay por dónde cogerla… en fin, que me espeso y no llego a nada, ¿por dónde íbamos?… ¡Ah, sí! que este fin de semana me toca salir con mi pandilla de singles… Y, claro, llevo dos días haciendo hueco en el cuerpo para las docenas de cubatas que me esperan en fila sobre la barra de cualquier antro, porque esta gente (lo digo siempre y nadie ha sabido explicarme hasta la fecha la razón fisiológica) tiende a deshidratarse con mucha facilidad y no te deja ni respirar entre sorbos.
Que estás tú con tu cacique-cocalight (algún día explicaré mi teoría de las calorías positivas neutralizadas gracias a las calorías negativas de la cocalight, pero eso es otra historia) tan tranquila, recién apostada sobre el bafle, metiéndote al bolsillo las vueltas del sablazo, cuando viene tu amiga, la del eyeliner a lo Amy-Winehouse y la minifalda imposible, y te grita (tú dirás, si te has sentado sobre el altavoz):
- ¡Apuraaaaa que nos vamooooosssss!
- ¿Que os vais donde Puraaaaa? Pero… ¿ha venido Puraaaaa????
- ¡No, imbécil, que apures el cubataaaaa, que nos abrimooooosssss!
Y tú, incrédula total:
- ¿Adónde? ¿Al bañooooo-ooo-ooo?
- ¿Qué coño al baño? ¡Al Furiaaaaaa’ssssss!
“Joderjoderjoder, ya me han vuelto a adelantar los cactus estos”, piensas para ti misma mientras abres bien la bocota a ver si, ayudada por la gravedad, consigues pasar el cuarto de litro directamente al colon. Pero qué va. Lo único que logras (y, además, con probada solvencia) es dejarte la camisa, esa que te ha costado tres horas conjuntar con los zapatos, llenita de lamparones de ron. Total, como el ron casi no huele…
- Bien, bien, 12 euros que ya no se van a quedar sobre el bafle- sueltas por lo bajinis, mientras intentas taparte los corronchos con la bufanda anudada cuatro veces de forma estratégica. No se te nota nada. Anda y tira pa la calle…
- ¡Halaaaaa! ¡Mira cómo se ha puesto las tetas esa tíaaaaa! ¡Ven aquí que te sorbo el cubata de la camisaaaaaaa!- suelta el energúmeno beodo que hay siempre a las puertas de los locales de moda esperando a que el segurata les dé el visto bueno.
…Cagüen-tó-lo-cagable… el tío este fijo que me ha pillado porque está en plena fase de “celo etílico” y huele una gotita de moscatel a 50 kilómetros de distancia. Dita suerte la mía…
Y, entre hipidos y efluvios mil, llegamos al Furia’s, primo-hermano del Antro’s, y de ahí tiramos hacia el Birra’s, para terminar en el Kopón, precuela del Anarkía, donde se toma la secuela y la espuela.
Y mis amigas siempre con la misma cantinela:
ELLAS: ¡Bebe rapidito que se nos calienta el hielo!
YO: Sí, sí, líbrenos Dios de semejante tragedia…
ELLAS: ¡Y sácate unos chupitos, que esta camarera es muy lenta y tarda media vida en servir un güiscacho!
YO: Si es que ya sabéis que las contratan por guarras, no por aguilillas…
ELLAS: ¡Y pide mejor vaso grandote, que cae a plomo con mayor facilidad y no se te atora la nariz contra el cristal!
YO: Ya, ya… ¡Y no te olvides la toalla cuando vayas a la playa!
Oh oh shala la, ye ye ye yeeee.
martes, 27 de julio de 2010
Ligoteo frustrado

EL GUAPO: Hmmm… tú dirás, trabajo aquí…
MI VECINA MARIPAZ: ¡Ah, vaya, no me había dado cuenta!
EL GUAPO: Pues sólo hay que fijarse en el uniforme. ¿Tú crees que suelo ir así por la calle, con una camisita estampada de manga corta y una placa de El Corte Inglés clavada en el pecho?
MI VECINA MARIPAZ: Ehhh, no, supongo que no…
EL GUAPO: ¿Necesitas que te eche una mano?
MI VECINA MARIPAZ: No lo sabes tú bien…
Este tipo de bochornos son el pan nuestro de cada día entre las singles de mi pandilla.
Tío potable que ven, rifa que se monta.
Las veo cacarear y es como si tuviera delante a las gallinas sorteándose al gallo: ¡¡¡Mío, mío, que no, que es míoooooo!!!
Yo me quedo apartada, contemplando a la manada en celo a dentellada limpia por el macho alfa. Es muy divertido. E instructivo, no os penséis.
MI VECINA MARIPAZ: ¿Te apetece tomar una copita en mi casa?
EL MACHO ALFA: Estooo… no, deja, que mañana madrugo.
SU AMIGA BEA: Si quieres te acerco yo a casa, que tengo el coche en la puerta.
EL MACHO ALFA: No hace falta, si me encanta ir andando…
LA QUE UNA VEZ HIZO UN CASTING Y SE CREE TOPMODEL: Pues yo te puedo acompañar dando un paseo, que vivo cerca de tu casa.
EL MACHO ALFA: Uyyy, no. Hoy duermo en casa de mis padres, así que voy en sentido contrario al tuyo.
EL AMIGO GAY DE MARIPAZ: Chicas, ¿nos vamos a otro antro, que aquí no hay tíos decentes?
EL MACHO ¿¿ALFA??: Vale, te acompaño si quieres, guapísimo…
Así que están desencantadas con el género masculino.
Dicen que el que te sale agraciado, es un soberbio de cuidado. El divertido, suele acabar siendo bipolar. El tímido, se arruga en según qué situaciones. Y el charlatán, pues eso, que mucho lirili y poco larala…
Como están convencidas de que los hombres están más despistados que ellas y que por eso no se lanzan, han decidido dejárselo claro de la forma más “visual” posible y se han hecho unas camisetas con las que esperan triunfar a lo Nadal: es decir, comiéndoselo todo.
Yo ya las he avisado: cuando os pongáis ese atuendo, no contéis conmigo, que no quiero tener que llevar el Cucal en el bolso para tomarme un triste cubata.
Panda de lobas hambrientas…
miércoles, 5 de mayo de 2010
Las singles y sus citas...
La alegre Bea es una mujer de treintaypocos, de muy buen ver y un gusto refinado por los trapos. Es de las que piensan que el estado natural de la mujer es: soltera (of course), con un pisito de dos dormitorios (uno de ellos transformado en vestidor), varias citas escalonadas y repartidas entre el viernes y el sábado-noche y una cuenta corriente saneada, por aquello de no depender de que el tío que te toque sea o no un agarrao sin escrúpulos que aprovecha la cita para llenarse la barriga a tu costa. Que de esos, según me confiesa, hay muchos.
El viernes pasado, Bea tenía un plan. Pero no un plan cualquiera, no vayáis a menospreciar su cita. Éste era un planazo. ¡Qué coño: era el plan de su vida!. El padre de todos los planes. La cita con la que toda treintañera de buen ver sueña y rara vez logra: la llevaba a cenar un jugador de un equipo de fútbol de 1ª, al restaurante más de moda de la capital.
Y no, no era Guti, no seáis listillos.
Bea salió de casa eufórica. La cena prometía y el postre, ni te cuento. Tenía un coche esperándola en el portal. Con una botellita de champagne abierta en su interior y una cajita de bombones de marca (sí, qué pasa, también hay bombones de marca, no todo iba a ser “La campana de Elgorriaga”) esperando a ser catados.
Llegó al restaurante y la cosa empezó a desinflarse. El supuesto futbolista de 1ª división (así se presentaba en los anuncios de contactos, que esta parte me la había saltado) era más bien de 1ª regional. Era un pringao vestido de mil colores (no era Guti, pero él se creía Guti, no sé si me explico), con un peinado a lo Melendi y unas botas futuristas que no casaban con nada. Bea empezó a temerse lo de siempre: que le habían dado gato por liebre en algún desvío del camino. Con lo bien que se lo habían pintado los de la agencia de contactos… Bueno, ella no se desanimó, porque tiene más moral que el alcoyano, y se sentó a aquella mesa, con más miedo que vergüenza, dispuesta a lo que fuera.
El tío ya había pedido la comanda y empezaron a hablar.
No estaba mal del todo, me contaba, si le quitas la ortodoncia transparente (que él pensaba que no se notaba) y le pones un traje en condiciones. Esto a las singles, diría yo, les motiva, porque es como un reto: conseguir transformar a un Leonardo Dantés cualquiera en un Gerard Butler que quite el sentío.
Cuando llegaron al café, decidieron irse a su casa (la de él) a tomarse una copita.
Y mira tú por dónde que, llegado el momento de empezar el jaleo, el chaval le suelta lo siguiente:
- Verás, Bea, yo es que… soy virgen…
- ¿Cómo virgen?...- pregunta ella sospechosa. ¿Virgen en plan Madonna, que te sientes “like a virgin” o virgen en toda la extensión de la palabra, como un paso de Semana Santa?
- Virgen, virgen…. Vamos, lo que viene siendo sin estrenar- dice él cohibido.
- Vamos, hombre, no me jodas…. ¿Qué no te lo has hecho nunca? Pero… ¿en la vida?... ¿Ni siquiera una intentona que quedó en nada?
- Nada. Cero. No lo he hecho nunca…. Acompañado, quiero decir…
- Pero… ¿cuántos años tienes, criaturita?
- Treinta y ocho. El mes que viene, treinta y nueve.
- No me digas, no me digas, … por favoooorrrr…
- Sí, te lo digo. Es que quería que lo supieras, porque eso a las tías creo que os mola, ¿no?
- ¿Que nos mola? ¿Que nos mola ligar con un tío que se compró el libro pero no se ha leído ni el primer capítulo? ¿Tú crees que me mola tener que enseñarle a alguien dónde tengo mis cosas y para qué sirven? Porque… al menos, tendrás nociones, ¿no?- pregunta ella hiriente.
- Hombre, nociones sí tengo. He leído… he visto películas… y eso…
- ¿Y "eso"?
- Sí, lo de los preliminares, lo de avisar, lo de por detrás….
- ¿Lo de…??? Ay mi madre… pero de qué películas me estás hablando? ¿De una porno?
- Sí, claro. Ayer me vi tres seguidas, para estar al día…- el pobre hombre, ya no sabía ni dónde mirar.
- Vamos a ver si me centro… ¿nos ponemos al lío y vamos viendo cómo sale?- le pregunta ella a lo loco.
- Vale, tú me vas diciendo, ¿eh?
Pobre Bea. Dice que fue una noche para olvidar. Que la pobre no sacó nada en claro. Que él se puso nervioso y…. vamos, ya me entendéis, que no llegó ni a la primera base. ¡Qué bochorno!. Y encima le dijo que a ver si quedaban hoy de nuevo, que quería seguir practicando, que no hay como ensayar para conseguir lo que uno quiere.
Pero Bea dice que ella ya no está para enseñar a nadie. Que no tiene tiempo ni paciencia y que, si quiere aprender, que se compre un manual y todas las pelis porno que quiera, pero que ella no vuelve a hacer de cobaya.
Pobre infeliz… que a las tías les mola, dice. ¿Quién le habrá engañado?

