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jueves, 10 de marzo de 2011

To drink or not to drink?



Bebo para hacer interesantes a las demás personas.
- Groucho Marx-


Estupendo.
Pues yo, lo mismo.

Me parece una justificación como otra cualquiera.
¿No hay gente que asegura beber para olvidar, socializar o perdonar?
¿Por qué no se va a poder tomar (que diría mi amiga Marilyn) para hacer más atractivo al personal? ¿Es que siempre tiene que tener uno la culpa? ¿No se puede pasar el marrón de vez en cuando al resto de los mortales?

Porque no me negaréis que, a veces, te encuentras con cada “cosa” en los bares, que o le das al drinking a saco o no hay por dónde cogerla… en fin, que me espeso y no llego a nada, ¿por dónde íbamos?… ¡Ah, sí! que este fin de semana me toca salir con mi pandilla de singles… Y, claro, llevo dos días haciendo hueco en el cuerpo para las docenas de cubatas que me esperan en fila sobre la barra de cualquier antro, porque esta gente (lo digo siempre y nadie ha sabido explicarme hasta la fecha la razón fisiológica) tiende a deshidratarse con mucha facilidad y no te deja ni respirar entre sorbos.

Que estás tú con tu cacique-cocalight (algún día explicaré mi teoría de las calorías positivas neutralizadas gracias a las calorías negativas de la cocalight, pero eso es otra historia) tan tranquila, recién apostada sobre el bafle, metiéndote al bolsillo las vueltas del sablazo, cuando viene tu amiga, la del eyeliner a lo Amy-Winehouse y la minifalda imposible, y te grita (tú dirás, si te has sentado sobre el altavoz):

- ¡Apuraaaaa que nos vamooooosssss!
- ¿Que os vais donde Puraaaaa? Pero… ¿ha venido Puraaaaa????
- ¡No, imbécil, que apures el cubataaaaa, que nos abrimooooosssss!

Y tú, incrédula total:

- ¿Adónde? ¿Al bañooooo-ooo-ooo?
- ¿Qué coño al baño? ¡Al Furiaaaaaa’ssssss!

“Joderjoderjoder, ya me han vuelto a adelantar los cactus estos”, piensas para ti misma mientras abres bien la bocota a ver si, ayudada por la gravedad, consigues pasar el cuarto de litro directamente al colon. Pero qué va. Lo único que logras (y, además, con probada solvencia) es dejarte la camisa, esa que te ha costado tres horas conjuntar con los zapatos, llenita de lamparones de ron. Total, como el ron casi no huele…

- Bien, bien, 12 euros que ya no se van a quedar sobre el bafle- sueltas por lo bajinis, mientras intentas taparte los corronchos con la bufanda anudada cuatro veces de forma estratégica. No se te nota nada. Anda y tira pa la calle…
- ¡Halaaaaa! ¡Mira cómo se ha puesto las tetas esa tíaaaaa! ¡Ven aquí que te sorbo el cubata de la camisaaaaaaa!- suelta el energúmeno beodo que hay siempre a las puertas de los locales de moda esperando a que el segurata les dé el visto bueno.

…Cagüen-tó-lo-cagable… el tío este fijo que me ha pillado porque está en plena fase de “celo etílico” y huele una gotita de moscatel a 50 kilómetros de distancia. Dita suerte la mía…

Y, entre hipidos y efluvios mil, llegamos al Furia’s, primo-hermano del Antro’s, y de ahí tiramos hacia el Birra’s, para terminar en el Kopón, precuela del Anarkía, donde se toma la secuela y la espuela.

Y mis amigas siempre con la misma cantinela:

ELLAS: ¡Bebe rapidito que se nos calienta el hielo!
YO: Sí, sí, líbrenos Dios de semejante tragedia…
ELLAS: ¡Y sácate unos chupitos, que esta camarera es muy lenta y tarda media vida en servir un güiscacho!
YO: Si es que ya sabéis que las contratan por guarras, no por aguilillas…
ELLAS: ¡Y pide mejor vaso grandote, que cae a plomo con mayor facilidad y no se te atora la nariz contra el cristal!
YO: Ya, ya… ¡Y no te olvides la toalla cuando vayas a la playa!

Oh oh shala la, ye ye ye yeeee.



lunes, 14 de junio de 2010

"Garruleando" por el mundo

Tres semanas cruzando excels con las amigas para cerrar una fecha en el calendario que a todas nos viniera fetén.

Dos horas pintándome como una puerta sin pintura especial para exteriores y peinándome inútilmente unos bucles infinitos que caerán irremisiblemente en cuanto salga por el portal de mi casa.

Tres días buscando un trapito que echarme al cuerpo, porque tenía el armario lleno de “nada que ponerme” y todo me hacía culibaja y paticorta.

Cinco días concretando con la canguro la tarifa “especial fin de semana” que me iba a meter por quedarse con los niños y, de paso, hacer noche en mi casa, para que yo pueda llegar a las mil sin mala conciencia y los niños desayunen a una hora prudencial.

¿Y va y se nos presenta Yoli al bar de copas con un peto vaquero, el pelito fosco y la cara de recién levantada como si tal cosa? No, no y no. No se puede hacer el gañán de esa forma y no pagar las consecuencias.

Joder, que he reservado mesa en el local más in de la ciudad para las 4 amigas y nos van a mirar como al “cuarteto de la muerte” por culpa de la dejada de “la Yoli”, porque como hay Dios que, desde este momento, Yoli pasa a ser “la Yoli” por mis santos cojones, mira tú.

Y ella tan contenta. Que si “qué cómoda y fresquita me siento”, que si “de haberlo sabido, me lo compro antes, total, pa lo que me ha costado”, que si “no sé cómo podéis andar con esos zancos, con lo bien que se va con unas alpargatas planitas”… ¡pero si va hecha una borona! ¡No nos va a dejar entrar el segurata, porque la Yoli tiene toda la pinta de llevar escondidas las gallinas y un par de cerdos dentro del peto vaquero!

Al final, entramos al local escondiéndola entre nosotras y disfrazándola un poco con la pashmina de Paqui, aunque el de la puerta me da que se hizo el ciego, porque en aquel restaurante, la “Yoli-a-lo-payés” cantaba más que las deportivas del anuncio de Devorolor.

Llegado el momento “copas”, nos fuimos al Antro’s a continuar con la fiesta. Pero mira tú por dónde que a la Yoli se le desató la vejiguilla y tuvo que correr al baño a hacer sus necesidades.

Al volver, toda ella era una mancha colorada. Resulta que, al comprar su ganga-del-Carrefour, no se había dado cuenta de lo que supone entrar a un baño público con un peto vaquero: que hay que desnudarse entera para cumplir con la madre naturaleza.

Pues ahí la veis, con el petito colgando de las rodillas, el culo en pompa y…. sí, imaginaos… sin camiseta ni sujetador, porque hacía como calor y luego “se suda toda”, como ella dice. Bien. Pues tuvo la mala fortuna de ir a dar con un baño sin pestillo. Estando en plena faena, le entró un tío desorientado que, al encontrársela de esa guisa, abrió los ojos como limones y le preguntó “a ver si quería tema”, porque la notaba como “pidiendo guerrita”.

No me digáis que no tiene guasa que, de cuatro amigas, la única que consiguiera ligar esa noche fuera la Yoli con su “look campesino dispuesto en tres minutos de reloj”.

¡Si me lo cuentan, no me lo creo!

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