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martes, 22 de febrero de 2011

Confesiones de una narradora compulsiva


Pues me acaba de caer, como llovido del cielo (nunca mejor dicho, porque menuda la que está cayendo en la calle; he llegado a casa con los calcetos tan empapados que, si los abandono a su suerte sobre la calefacción, mañana tendré suficiente penicilina casera como para venderla al mayor; bueno sigo, que me enrollo cual persiana), decía que me han dado un premio que, dicho así, a bote pronto, pudiera parecer un bombón, pero resulta que viene envenenado (gracias, Fer, eres un encanto).

Y digo “envenenado” porque la condición sine qua non para recogerlo es contar siete cosas inéditas sobre tu persona.
Ahí me han dao.

Llevo un año largando por esta bocota todo lo que me brota y me alborota, así que ponte ahora a buscar (y encontrar, que esa es otra) algo inédito sobre tu persona, que lo dicen las bases del premio bien clarito, que me las he repasado a conciencia: “siete cosas personales sobre uno mismo”.

A ver, que digo yo que si son “personales”, serán “sobre uno mismo”, ¿no?
Redundancias a mí…

Y luego te lo arreglan diciendo que es algo voluntario, lo de contar tus siete secretillos.
Claro, claro.
“Voluntario”.
Bonito palabro

Tan voluntario como darle dos besos en la verruga a tía Eustaquia bajo la atenta mirada cejijunta de tu madre cuando ibas de visita los domingos.

Voluntario como darle a la monja el sobre del Domund bien llenito, mientras pasaba lista a las morosas, justo antes de poner un examen sorpresa de Matemáticas (qué casualidad, ahora que lo pienso, que siempre suspendieran las que se habían gastado el sobre en el donuts del recreo).

Vamos, los cojones voluntario…

En fin, como una es una bien-queda de narices, voy a ver qué araño a mi subconsciente…

Podría empezar contándoos que de pequeña me mordía las uñas.
Lo sé, lo sé. Es un detalle estúpido y desagradable que dice poco (o más bien nada) de mi persona. Pero ahí está.
Es mi realidad.
Me costó 16 años dejar de hacerlo. Y mira que intenté de todo, ¿eh? Pintarme las uñas de colores rabiosos, o con sabores apestosos, o cubrírmelas a lo Michael Jackson, con toneladas de tiritas y esparadrapos. Pero no hubo forma. Tuvo que llegarme la edad del pavo para caer en la cuenta de que no me iba a comer un colín con semejantes dedos.
Y lo dejé de un día para otro.
Radical que es una…
Igual que dejé el tabaco.
Que ahora que lo pienso (yo soy así, de arrebatos) podrían inventar una ley anti-come-uñas, que no veas el favor que le iban a hacer a más de una…

Sigo con otra confesión: Me da rabia la gente que va por la calle “caminando sin pisar raya”. Me parecen unos kamikazes urbanos.
Algunos, a su edad (porque este tipo de paranoias ataca especialmente a la gente de cierta edad), se ponen en plan Matrix, a sortear líneas imaginarias y a saltar adoquines impares a la vez que andan como “en diagonal”, para acabar aterrizando sobre mis juanetes.
Y aquí es donde llega mi secreto: confieso que más de una vez he hecho como que perdía el equilibrio y les he empujado con toda la intención. Como si no me hubiera dado cuenta de que estaban justo a mi lado, en plan “ups, uy, vaya, perdona, no te había visto, qué mala suerte que te he hecho pisar… ¿tres líneas continuas y un paralelepípedo romboidal con señal de peligro?”. Y la señora, al borde del llanto y mirándome como si sus pupilas pudieran acribillarme a balazos, dejando caer el pie que se le había quedado en el aire, tiene que volver veinte metros atrás, al punto de partida, porque son las reglas que se ha autoimpuesto y no hay más tu tía.
“Esa”- suelo pensar yo para mis adentros- “hoy, no llega a casa, fíjate lo que te digo”…

Otro detalle que me viene a la cabeza: Mi hija es clavada a mí.
Pero calcada, calcadita.
Nada de “¡uyyy, si parece que se da un aire a su madre!”. No.
Podríamos decir que la oveja Dolly se daba un aire a su madre.
Mi hija es mi clon.
Y punto.
Por eso, cada vez que la veo mirarse y remirarse en el espejo y la escucho preguntarme: “¿a que estoy delgadita, mami?”, me entra la congoja y no sé bien cómo decirle que se va a pasar la vida a dieta como la menda y que sufrirá una seria e incomprensible adicción a los hidratos de carbono que la acompañará hasta la tumba.
Así que me limito a contestarle: “¡como un fideo, hija, eres un palo con patas!”
Y ella tan contenta.
Que digo yo que para qué le voy a dar la mala noticia tan pronto. Si ya lo irá viendo ella sobre la marcha, ¿no?

Cuarta confesión: En ocasiones, veo muertos…
…¡Que nooo!
Es que me venía al pelo. No me digáis que no habría sido un puntazo, ¿eh?
Al lío: no uso cremas de ningún tipo.
Ni en la cara, ni en el cuerpo, ni en las manos, ni nada de nada.
A ver, sí uso gel, champú, suavizante, colonia y pasta de dientes, se sobreentiende.
Pero nada más.
Y, como me da vergüenza reconocerlo, cada vez que me preguntan “¿tú qué crema de día usas?”, yo me la invento. Y lo mismo cuando hablo de sérums, contornos de ojos, bases alisadoras o hidratantes con efecto reafirmante y cuajaditas de oligoelementos.
Es todo una bola descomunal. Pero como leo mucho y me sé las revistas de memoria, pues tiro de hemeroteca mental y salvo la papeleta.
Cualquier día me pillan y me empapelan…

Quinta chorrada personal: bebo al día litro y medio de té negro.
Como mínimo.
Me da igual que sea con frutos del bosque, al caramelo, con aroma de naranja o trocitos de mandarina,… todo me vale.
He sustituido el café con leche (otra adicción cercenada de cuajo, lo mío es un filón) por esta infusión sin apenas calorías y estoy feliz. No me recuerda tanto al pitillo (dejé de fumar hace cuatro meses, he ahí la razón del cambio de bebida) y me ayuda con mi eterna dieta (no sé vivir comiendo lo que quiera, así que, aunque adelgace, me engaño para no dejarme llevar por la gula desmedida).

Mírala cara a cara que viene la sexta: odio la cerveza.
Es un sabor tan, pero tan asqueroso, que no entiendo cómo puede haber tanta gente dándole al botellín.
Ni bien fresquita, ni del tiempo, ni rubia, ni morena, ni en litrona, ni en lata… ¡es que no puedo!
Lo he intentado de todas las formas posibles: a palo seco, con bocata de por medio, acompañada de limón, de manzana o de casera… nada. Me parece un invento del demonio.
Digo yo que el primero que se echó una birra al coleto debía de estar pasándolas canutas en una isla desierta, con la lengua hecha un esparto y una mahou por única compañía, porque a mí hasta el pis se me haría más agradable al paladar en semejantes circunstancias extremas.

Por último, aunque no por ello menos personal, confieso que a veces tengo que ir a comulgar porque mi hija me controla y me mira de reojo, como si me llevara la cuenta del número de hostias (de las que se comen, no de las que te amoratan, ¿eh?) que he tragado ese mes.
Alguna vez me he saltado este paso y la muy ladina me viene con la preguntita: “¿tú qué pasa, que no has hecho la Comunión o es que has matado a alguien?”
Y ahí me tenéis a mí, disimulando, con un “sí, hija, si ya iba, es que estaba esperando a ver si se aligeraba la cola”.
Seré cobarde…

Bueno, ahora me toca darle el premio y pasarle la pelota (y el marrón) de los siete pecadillos veniales a dos blogueros de reconocido prestigio.

He de reconocer que lo he hecho por sorteo entre mis favoritos, porque dos (¿sólo dos?) es muy poco y me cuesta un mundo decidirme, así que he escogido 25 finalistas (que se dice pronto), he escrito su nombre en otros tantos papelitos y la mano inocente de mi hija ha hecho el resto, sacando estos dos nombres:

- Odry, con su blog “Historias luceras
- Alber, con su “Me tenía que pasar a mí

¡Suerte a los premiados!
A ver ahora qué contáis sobre vosotros.
Ya sabéis: cuanto más bochornoso, más nos gusta…

¡No os cortéis y sed hirientes!

12 comentarios:

:( dijo...

Lo de la comunión supervisada, buenísimo... que siempre sale más fácil comulgar que explicar qué pecados te impiden hacerlo...

Fer dijo...

Caramba, caramba... Pues menos mal que te daba corte, eh ??. Cuando te pones... te pones... te has explayado a base de bien... je je je. Todos tus fans te conocemos un poquito más y a mi me encantas... No cambies guapetona !!!

Un besote y disfruta del premio ;)

Heimdall dijo...

Ja,ja,ja :) Menuda confesión :)

Odalis dijo...

Que verguencilla me estoy dando ahora a mi misma....
Yo q soy doña potingues, uso crema para todo..
No comulgo,ni me confieso...
............................................
Una cosa, no te perdono que invadas la estabilidad emocional de los adictos a no pisar la raya... jajajajajajaja...... este es tu mejor "defecto" ... que risa me he echado mas a gusto !!.
( pense que igual esta semana nos salías con algo de Pe en la Red carpet con el sacaleches de Loui Buitton )

Babunita dijo...

Mamy dice que tienes toda la razón con respecto a la cerveza, ella odia hasta el olor... anda que cuando la gente queda para los cortos y llegas tu y te saludan y besan con esea pestecilla cervecera ¡¡¡da un asquito!!!

Alber dijo...

Dioss, me ha tocado otra vez!! Señor que estás en los cielos, porque me has elegido a mi!! Lo se, soy el señalado por tu dedaco (como en política)...pero como me han pasado tantas cosas en mi desgraciada vida, seguro que algo sacaré. Buen post Esthertxu, pero lo de la cerveza me ha matao...con lo rica que está (soy sibarita de este mundo cervecero, no me pillarás harto de botellines de Mahou, no. Yo soy de cerveza belga de abadía con su dedo de espuma cremosa, a 8 grados de temperatura, etc, etc...)

Anónimo dijo...

me ha gustado mucho tu confesion, es muy sincera,

ODRY dijo...

Nena y yo que estaba tan feliz por que me habían dado un premio, a ver ahora como me pongo a tú altura, por que gracia y estilo no te faltan jodia, en fin a ver que sale, que seguro que viniendo de mi no será bueno, ja ja ja.

Un besazo

pseudosocióloga dijo...

Lo de los premios es peor que la gripe, allá donde vas, zas, premio que te crio.Pero me encantan las definiciones de uno mismo que hace el personal.
Lo de no pisar raya me pareció genial cuando vi a Jack Nicholson en "Mejor imposible" y es que yo casi rozo ese tipo de caracter obsesivo-compulsivo.
A mí la cerveza no me gusta, como mucho con limón y en verano para que se me quite el hambre.
Voy a leer a los nominados que no les conozco.
Un saludín.

Jauroles dijo...

Enhorabuena por el premio, ah! y por ese añito de blog!

Besos.

Kobal dijo...

Felicidades por el premio y aunque ya te vamos conociendo siempre viene bien saber algo mas de quien leemos.

cirugia plastica dijo...

me ha gustado mucho tu confesion, es muy sincera,
felicitaciones por tu blog
saludos desde argentina

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