
No confundirlos.
Que no son lo mismo ni de lejos.
Dice mi vecina Maripaz que está convencida de que los hombres que valen para una cosa son nulos para la otra.
Resumiéndolo en Román paladino: que el que te sirve como padre fiel, que proveerá a tus hijos de las viandas y el cobijo necesarios, jamás te sorprenderá con noches orgiásticas de lujuria y desenfreno ni con prácticas libidinosas plenamente satisfactorias. Vamos, lo que viene siendo un moñas de manual, por sensiblero y familiar.
Pero ay, amigas, aquél otro que te provoque calores inoportunos con un simple pestañeo o te “resuelva” el clásico calentón del sábado-noche (de ahí lo del mercado resolutivo), ése, no podrá escuchar las palabras “hijos” o “familia” sin autodestruirse en cinco segundos.
Toma máxima.
No, si Maripaz, cuando se pone a pontificar, no tiene parangón...
Ella jura y perjura que no busca hombres del primer tipo, sino del segundo.
- Vamos, el pimpampum de toda la vida- me aclara al ver mis ojillos desubicados.
Pero es acabar de decir semejante frase y pasar a preguntarme: ¿tú crees que me llamará, el muy patán?
- Chica, a ver si te aclaras- le suelo decir yo toda sabihonda- porque si me estás diciendo que has visto las estrellas con el tío este, siguiendo tu razonamiento de los mercados sexuales, lo suyo sería que no le volvieras a ver el pelo, ¿no? ¿… o es que me he perdido en la demostración matemática de tu teoría?
- Ya, ya, pero eso es la pura teoría, como bien dices. Luego vengo yo con la parte práctica y me convierto en la excepción que confirma la regla. Vamos, que la cago, la recago y la vuelvo a recagar.
- Ya, ya te entiendo… es lo de siempre: “Consejos vendo que para mí no tengo”.
- Sí, hija, sí. Porque lo del “aquí te pillo, aquí te mato” está de fábula. Pero como te “resuelvan” bien el sábado, es inevitable querer más. Chica, con lo que cuesta encontrar uno que sepa de lo que habla… Por cada experto de estos, me como media docena de “los otros”. Es frustrante…
Y cada vez que surge esta conversación (y estamos hablando de un mínimo de dos veces al mes, tratándose de Maripaz), me alegro de no estar en el mercado.
Que una ya está hecha a sus manías y a su rutina.
A mí, tanto jolgorio y frenesí sensorial como que me abruma.
Que no son lo mismo ni de lejos.
Dice mi vecina Maripaz que está convencida de que los hombres que valen para una cosa son nulos para la otra.
Resumiéndolo en Román paladino: que el que te sirve como padre fiel, que proveerá a tus hijos de las viandas y el cobijo necesarios, jamás te sorprenderá con noches orgiásticas de lujuria y desenfreno ni con prácticas libidinosas plenamente satisfactorias. Vamos, lo que viene siendo un moñas de manual, por sensiblero y familiar.
Pero ay, amigas, aquél otro que te provoque calores inoportunos con un simple pestañeo o te “resuelva” el clásico calentón del sábado-noche (de ahí lo del mercado resolutivo), ése, no podrá escuchar las palabras “hijos” o “familia” sin autodestruirse en cinco segundos.
Toma máxima.
No, si Maripaz, cuando se pone a pontificar, no tiene parangón...
Ella jura y perjura que no busca hombres del primer tipo, sino del segundo.
- Vamos, el pimpampum de toda la vida- me aclara al ver mis ojillos desubicados.
Pero es acabar de decir semejante frase y pasar a preguntarme: ¿tú crees que me llamará, el muy patán?
- Chica, a ver si te aclaras- le suelo decir yo toda sabihonda- porque si me estás diciendo que has visto las estrellas con el tío este, siguiendo tu razonamiento de los mercados sexuales, lo suyo sería que no le volvieras a ver el pelo, ¿no? ¿… o es que me he perdido en la demostración matemática de tu teoría?
- Ya, ya, pero eso es la pura teoría, como bien dices. Luego vengo yo con la parte práctica y me convierto en la excepción que confirma la regla. Vamos, que la cago, la recago y la vuelvo a recagar.
- Ya, ya te entiendo… es lo de siempre: “Consejos vendo que para mí no tengo”.
- Sí, hija, sí. Porque lo del “aquí te pillo, aquí te mato” está de fábula. Pero como te “resuelvan” bien el sábado, es inevitable querer más. Chica, con lo que cuesta encontrar uno que sepa de lo que habla… Por cada experto de estos, me como media docena de “los otros”. Es frustrante…
Y cada vez que surge esta conversación (y estamos hablando de un mínimo de dos veces al mes, tratándose de Maripaz), me alegro de no estar en el mercado.
Que una ya está hecha a sus manías y a su rutina.
A mí, tanto jolgorio y frenesí sensorial como que me abruma.
Tiene que ser agotador...





