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jueves, 17 de junio de 2010

Las bragas de la discordia

Como toca cambio de temporada, me he puesto a hacer limpieza de armarios y cajones, a ver si le hago sitio a unos pantalones a juego con chaquetita de verano que he fichado en la boutique de la esquina, que adelantan las rebajas y no quiero que me lo robe alguna lagarta por falta de espacio.

Pero la mala suerte ha querido que mi madre estuviera por el barrio y se pasara “a ver a los niños un ratito, que seguro que me invitas a un cafecito y así vemos un poco la telenovela después de comer”. Vamos, que ha echado el día en mi casa y sé que es porque tiene la suya plagadita de pintores, que no le dejan ver el culebrón sin opinar a placer mientras le dan a la brocha.

Total, que mientras ella se bebía a sorbitos su té con leche y picoteaba las pastas surtidas sobre mi edredón (no veas cómo me lo ha dejado de migas), yo le daba simultáneamente a la limpieza y a la sin-hueso…

— Pues tú verás, qué vida es esa, que tiene que dejarle a los niños los días pares y los impares le tocan a ella y….
— ¿Qué es eso???— salta mi madre con los ojos como pelotas de tenis.
— ¿El qué??
— ¡¡¡Eso!! ¡Eso que tienes en la mano!
— Ehh… unas bragas, mamá.
— ¿ESO son unas bragas???
— Ehhh…. Pues sí, unas braguitas…
— ¿BRAGUITAS? ¡Pero si parecen el toldo de la terraza!!!
— Bueno, mamá, es que no me ha dado tiempo a pasarme por LaPerla y gastarme 600 euros en un tanga de un centímetro cuadrado, ya ves tú…— le suelto indignada.
— Pero hija… supongo que esas serán “las de repuesto”, ¿no?
— Sí, sí, claro — digo yo sin inmutarme— estas son “las de emergencia”, por si se decidieran a tirar la bomba atómica sobre mi casa o si nos sepultara una riada de lodo y así no se me estropean las otras…
— A ver, enséñamelas, que no te creo nada.
— No.
— ¿No qué? ¿No me las quieres enseñar o no tienes otras?
— ¡Que no te las pienso enseñar, leches, que me dejes en paz!
— ¡Aparta pallá!— grita sin atender a razones y soltándome la taza de té en el regazo— que esto no puede ser cierto… veamos… otras tres bragas-toldo, dos normalitas de color blanco, una faja color carne con corchetes ahí abajo, otras dos con la goma destrozada y lo que parece ser… hmmm… ¿qué es esto?
— Un culotte, mamá.
— ¿¿¿Un culotte que llega casi a medio muslo??? ¿Y esto pa qué sirve?
— Es por si voy un día al gym...
— ¿Al gimnasio? ¿Tú, al gimnasio? ¡Si no sabes ni dónde está! Nada, no cuela. ¿Esto es todo lo que tienes?
— Eh… sí, eso es todo.
— ¡Qué vergüenza! ¿Pero qué dirá la gente cuando te vea?
— Hombre, mamá, tampoco es que yo vaya enseñándolas al primero que se me cruza… no es mi estilo, ya sabes…
— ¡Pero si estas bragas se te tienen que caer en mitad de la calle! ¡Si tienen la goma podrida!
— Qué va, si apenas tienen tres “puestas”…
— ¡Nos vamos de compras ahora mismo!. ¡Agarra a los niños y tira pa la puerta!
— ¡Sssusórdenes, mi sargento!

¿Os acordáis de mis pantalones a juego con su chaquetita de verano?
Pues se los acabo de ver a una rubia recauchutada que paseaba por la calle.
Por culpa de mi madre, me he dejado el presupuesto del próximo trimestre en bragas y sujetadores. Qué bien. Por fuera, me contentaré con un look trasnochado gracias a mis prendas de temporadas pasadas, pero por dentro… ¡ay por dentro!… llevo tangas de hilo dental, braguitas de encaje de bolillos y sujetadores con relleno de auténtico plumón de oca… soy la envidia de cualquier stripper.

Y todo gracias a mi madre, que si te pilla la VISA, tiene más peligro que Jesulín en un karaoke...

martes, 9 de marzo de 2010

La chica que soñaba con una pashmina y un bidón de gasolina...


La que he liado esta mañana con la lavadora…

Lo cierto es que la he puesto medio-dormida, porque desde la noche de los Oscars ando alelada, asustándome con cualquier ruido y echando pestes contra quien levante un poco la voz. Es la falta de sueño, que me tiene como inestable y con un carácter que da risa.

Pues bien, iba yo tan pichi, con el cesto lleno hasta la bandera, cuando mi madre, que tiene el don de la oportunidad, me ha llamado al móvil para preguntarme si le había devuelto la pashmina roja que me dejó para el Bautizo de hace dos findes, que la necesita para una Boda que tiene el que viene. Yo le he jurado por mis muertos y todos los santos crudos que sí, que se la di en una bolsa verde con asas azulonas, que guardaba para estos menesteres. Que lo estaba visualizando y todo, que vi cómo le temblaban los dedillos al ver que su pashmina volvía con su dueña. Que la buscara bien, que es que tiene la cabeza en mil sitios y a saber dónde la ha guardado, que a ver si me iba a dar la murga más veces con el monotema, que la conozco y no se contenta con la primera respuesta… Ya os digo que ando un tanto quisquillosa, no es nada personal contra mi madre.

Y en esas estaba yo, cuelga-descuelga-vuelve-a-colgar, cuando, en plena selección de programa “frío o caliente, qué coño, ponlo caliente que son casi todo bragas”, mi cerebro ha querido avisarme de que me estaba dejando algo importante pal final. En fin, he anulado esa parte de mi mente que me estaba haciendo la vida imposible y me he ido a ver a la Grisso con el primer cafelito de la mañana y un par de sobaos pasiegos que me traje de Santander hace un mes y hay que mojarlos bien para pasarlos.

Ya saciada, me he arreglado para ir a la oficina y, justo antes de salir, me he acordado de la lavadora. Bah, me he dicho a mí misma, ya colgaré las bragas a la vuelta. Y me he ido tan contenta, a ver si descanso en la oficina, que falta me hace…

Por la tarde quería morirme. Ha sido entrar por la puerta y mi hija, que es que está en una edad muy graciosa, me ha informado de lo genial, pero genial-genial, que le parecía que todos vistiéramos de su color favorito a partir de ahora. Como os lo cuento. Haceos cargo de que a los (casi) 7 años, ver a tu padre, a tu madre, a tu hermano y a ti misma completamente vestidos de rosa tiene que dar un placer que no veas. Yo, sin embargo, no entendía nada. Rosa??? Todo rosa??? Pero… todo, todoooo??? Sí, mami, todo-todito como mi Barbie-Rapunzel, a que mola???

Mi “santo” estaba que echaba chispas por los ojos. Que si esto no esperarás que me lo ponga, que si a ver si quieres que piensen que me he cambiado de acera, que si cómo se lo cuento a los amigos sin que me hagan canciones… Yo, toda mosca, porque estaba convencida de que sabía poner lavadoras, me pongo a repasar punto-por-punto mis quehaceres matutinos… Veamos: he cogido el cesto, he mirado por encima y he visto que eran casi todo sujetadores y calzoncillos, he abierto la puerta de la lavadora, he metido la ropa, he echado el Mimosín y las puntomatic y he puesto el programa hmmm…. templadito???

- Templadito???? Templaditooooo???- chilla mi “santo”. Pero no me has dicho cientos de veces que lo ponga siempre en frío???
- Ya, claro, pero es que tú no sabes seleccionar la ropa por colores y te insisto en lo de “en frío” para que no la líes…- le digo yo toda ofendida.
- Pero existe la modalidad “templadito”???-abunda él en la herida…
- Hmmm…. psé…. Ni te digo que sí ni te digo que no…- yo no me mojo que luego todo se sabe…
- Y, tanto que me insistes a mí, has seleccionado por colores???
- Hombre, la duda ofende!!!- le digo yo con los ojos desorbitados. Lo primero que he hecho, justo antes de descolgar el móvil…. O ha sido después de colgarle a mi madre???...
- Y qué quería tu madre a esas horas?
- Nada, tonterías, saber si le había devuelto su pashmina roja, que…se…la di….hace……..díííaaaaayyyyyyyy!!! Ayayayay!!!!
- Ya, la pashmina va a ser el trapo blancuzco ese que ha salido entre mis calcetines y que no sabíamos para qué servía, a que sí???
- Blancuzco??? Pero si era roja-rojísima!!!
- Sí, pero me temo que te ha salido generosa y les ha regalado su color al resto de las prendas.

Y aquí me tenéis. Vestida de rosa, revisándome las oportunidades de El Corte Inglés, a ver si encuentro una pashmina roja para comprársela a mi madre y ocultarla disimuladamente entre sus macetas e insistirle en que tenga cuidado con el perro, que le esconde las cosas en los lugares más insospechados.

Soy o no soy una desgraciada???

sábado, 27 de febrero de 2010

Mi madre es programadora....casi...

- Y bien, mamá, qué tal te ha ido tu primera clase de informática?
- Pues genial. Ya me estoy convirtiendo en toda una experta!
- Hmmm no me digas!!! Sólo en un día???
- Sí,sí… Me ha dicho el profe que se ve que yo, de jovencilla, mecanografiaba muy bien…
- Anda! Y eso?
- Dice que tengo soltura con los dedos y que he sido la más rápida en encontrar la tecla para los espacios entre palabras.
- Ya, ya… y qué habéis aprendido hoy exactamente?
- Ah, pues a encender con el botón gordote ese de la caja de abajo.
- Importante, sí.
- Y a agrandar y empequeñecer los cuadrados esos…
- Empequeñecer cuadrados?
- Sí, hija, ya sabes, el cuadrado ese por donde navegas…
- Ahhh, que habéis aprendido a minimizar ventanas!!!
- Eso,eso, minimizar, empequeñecer, ventanas cuadradas, eso, qué más dará…
- Vale. Da igual. Y el procesador de textos? Os ha enseñado a utilizarlo?
- No, que dice que lo de programar es para cursos superiores, que se lo ha preguntado la Puri.
- Procesar, mamá, no programar.
- Es lo mismo. Que no lo hemos dado, te digo!
- Vale, vale, no pasa nada. No es TAN importante…
- Y hemos aprendido a usar el ratón. Lo mueves y gira una flechita en la pantalla de poner el nombre.
- Y cuando dices “la pantalla de poner el nombre” te refieres a…
- Pues a la que tiene un rectángulo donde escribes lo que quieres encontrar. Hija, que pareces tonta!
- Google, mamá, creo que estabas haciendo búsquedas en Google.
- Eso, “gúgol”. Y me han dicho que me tienes que apuntar al “fisbu” porque están todas las del grupo pasándose recetas para la thermomix y, si tardo más, voy a llegar sólo a las recetas de postres!!! Se mandan hasta las fotos con los ingredientes!!!
- A eso no sé si quiero ayudarte…
- No seas vaga, que a la Conchita la ha apuntado su hija sin rechistar.
- Vale, mamá, te abriré una cuenta de correo y te daré de alta en Facebook.
- Nononono, no me cambies el correo que luego el cartero se me vuelve loco. A mí me pones mi nombre, que si no, tu padre no me encuentra…
- Pero si mi padre no tiene ni ordenador!!!
- Ya, pero lo vamos a usar a medias y le voy a apuntar también a lo de la thermomix.
-Te lo agradecerá. Seguro.
- Y que me pongas también el antibiótico ese del que hablan todos.
- (…)
- Pa los virus!!! No me entiendes o estás espesa?
- Tranquila, mamá, que de esos virus no se muere nadie…

Me partiría de la risa si no fuera un auténtico drama familiar…


jueves, 25 de febrero de 2010

Las mujeres-pulpo

(Ya verás la de tíos que entran hoy al post pensando que voy a escribir sobre lo que no es…)

A ver, yo llamo mujer-pulpo a todas aquellas señoras, con apariencia de “chicas”, que tienen 2 ó 3 hijos, llevan la manicura francesa perfecta, el pelo sin raíces y perfectamente alisado, el cinturón conjuntado con el tirante del sujetador, pesan no más de 50 kilos, lucen un bronceado homogéneo-perenne y unas gafas Prada que se levantan para leer su agenda Gucci, en la que anotan con su pluma Montblanc: “día 28 de febrero, fiesta del 6º cumpleaños de Borjita en el Palace-comprar regalo de unos 150 €. No más, que dice su madre que tiene de todo”.

Y son mujeres-pulpo porque tienen que tener por narices 8 brazos para que el día les dé para: levantarse, despertar a la nanny para que despierte a los 3 monstruitos, insistirle en que les dé el desayuno de zumo recién exprimido + leche + galletas enriquecidas con Omega3 + tostadas con aceite de oliva virgen de 1ª presión en frío, mientras ellas se duchan con gel de Bulgari edición limitada, fiscalizar que la nanny les vista con la última moda de Baby Dior, montarles en el Mercedes 4x4, llevarles al colegio trilingüe, ir a la pelu, tomar el brunch con las mamis de los compañeritos del colegio trilingüe, llamar al Sánchez Romero para que les manden el pedido al chalet, quedar a almorzar (no comen, sólo almuerzan), ir de shopping por la milla de Oro, llamar al móvil a la nanny para recordarle que tiene que recoger a los niños de las extraescolares porque una tarjeta de crédito rebelde les impide moverse de Chanel, volver al chalet con el 4x4 cargado de bolsas que Ambrosio (o así) descarga amablemente en cuanto aparcan, dar un beso a los niños, que para entonces ya estarán cenados y bañados y mandarlos a la cama mientras ellas “se relajan” con una copita de vino blanco y ropa “cómoda” esperando a que llegue su marido, que para más INRI estará buenorro-que-te-cagas.

Se las identifica rápido por el tipo de conversaciones que mantienen entre ellas en la puerta del colegio, en plan:

LA RUBIA: Pues hoy una madre me ha dicho que si nos juntamos todas y hacemos una fiesta de cumpleaños comunitaria, que si una fiesta por niño es una locura de regalos y tal… tú cómo lo ves?
LA AMIGA 1: Uyyy, comunitariaaa???...pero… eso es como muy “normal”, no???
LA RUBIA: Pues sí, eso he pensado yo…
LA AMIGA 1: Y qué pretende? Que invitemos a todos los niños, incluso a los becados???
LA RUBIA: Eso parece, qué despropósito…
LA AMIGA 1: Y luego vendrán con lo de organizarlo en el club social de su urba o así, no???
LA RUBIA: calla, calla… pobre Pocholo, luego se me deprime todo y se niega a hacer los deberes…
LA AMIGA 1: bahh, nada, tú como si oyes llover…
LA RUBIA: Ssssomismo pienso hacer…

O tipo:

LA RUBIA: y este finde, qué plan tenéis?
LA AMIGA 2: ay, chica, pues nos vamos a Baqueira con los críos.
LA RUBIA: anda!!! Qué casualidad, lo mismo coincidimos en el hotel!!!
LA AMIGA 2: nononono, esta vez nos hemos cogido apartamento de 5 habitaciones a pie de pista, que la semana pasada tuvimos que poner a la nanny a dormir con el pequeño porque tenían overbooking de reservas… no veas qué engorro…
LA RUBIA: y los niños ya te hacen “paralelos”?
LA AMIGA 2: Ni idea, porque van con la nanny y el monitor privado y nosotros a nuestro aire, que si no sufren ellos y sufrimos nosotros. Así es mucho más cómodo…
LA RUBIA: claroquessssí… almorzamos en el restaurante de arriba?
LA AMIGA 2: perfecto, allí nos vemos.
LA RUBIA: Taentonceeessssss….

Todavía no les he visto los 8 brazos, pero deben tenerlos en algún sitio. Aunque a lo mejor lo que tienen es simplemente 8 VISAs ORO y un cuajo que no veas… etetúasaberrrr…

Yo me miro a mí misma, con un zapato de cada color, toda sudada porque a la vez que vestía a los niños miraba con un ojo que no se saliera la leche en el microondas, corriendo a todas partes porque no llego, desesperada cuando les he conseguido atar la bufanda y el abrigo y el pequeño me salta, ya en la puerta, “…mamááááá, cacaaaaaa” y yo echo a volar hacia el baño mientras le digo a la mayor… “vete llamando al ascensor que esto me lo ventilo yo en 30 segundos”, mientras ella me mira con cara de…“sí, ya, seguro”… y volviendo a subir desde el portal porque uno se ha dejado los deberes en casa… y disculpándome en la oficina por volver a llegar tarde… y odiándome por no poder recogerles del colegio porque salgo dos horas después que ellos de trabajar y resulta que “a Maritxu la recoge su madre, fíjate qué raro, mami”… y organizando cosas para el fin de semana que luego se quedan en nada porque uno de mis hijos se ha “puesto” mocos y fiebre de repente el viernes a última hora … y cruzándome de calle cada vez que me topo con la peluquera porque me da vergüenza decirle de nuevo que “el jueves me paso sin falta” mientras ella fija sus pupilas en mis canas al viento y asiente descreída…

Pero, claro, yo es que sólo tengo dos brazos….





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