
¿No os encontráis a veces canturreando una melodía que no sabéis de dónde demonios ha salido? ¿O silbando una tonadilla tonta y machacona difícil de borrar una vez que empiezas?
A mí me pasa muy a menudo. Ayer, mientras cuadraba las cuentas familiares en un Excel (todo lo arreglo, cuadro y/o completo con una hoja Excel, soy un caso) me sorprendí a mí misma tarareando “Ajax Pino, los podeeeres del pi-no”. A ver, a ver…¿Qué es esto?
¿La última de Lady Gaga?
¿Alguna melodía clásica de los Little Einsteins que mi mente absurda ha versionado a su antojo?
¿La nueva canción del verano, cortesía de Georgie Dann?
A mí me pasa muy a menudo. Ayer, mientras cuadraba las cuentas familiares en un Excel (todo lo arreglo, cuadro y/o completo con una hoja Excel, soy un caso) me sorprendí a mí misma tarareando “Ajax Pino, los podeeeres del pi-no”. A ver, a ver…¿Qué es esto?
¿La última de Lady Gaga?
¿Alguna melodía clásica de los Little Einsteins que mi mente absurda ha versionado a su antojo?
¿La nueva canción del verano, cortesía de Georgie Dann?
¿Madonna y su obsesión por reinventarse?
Pues no. Es una cuña publicitaria que se ha debido quedar grabada en mi subconsciente desde mi niñez, porque se la he empezado a cantar a mi madre y ella la ha completado sin inmutarse. ¡Qué cosas!
He puesto a repasar a mi mollera y, al calor de esta, han salido varias:
— “Saboreando, saboreando, tomate frito Starlux”. ¡Toma ya! ¡Soy incapaz de recordar ni un solo tema de la carrera de Derecho y, sin embargo, te canto a cuatro voces cualquier cortinilla publicitaria de los ochenta! Digo yo que, de jovencita, debí hartarme a rabos de pasa, porque si no, no le encuentro ningún sentido a este desparrame de retentiva.
Sigo pensando y ¿qué creéis que sale a relucir?
— “Es otro producto Legrain, Paaríííís”… Dios mío, esto debí oírlo en alguna vida anterior. Si me está sonando a antiguo hasta en mi cabeza. Tiene que ser un anuncio del siglo XIX, porque oigo hasta la agujita del tocadiscos sobre la melodía…
— “Un poco de pasta basta. GIOOOOORRR”. ¡Coño! Mira, esto es de ahora. Fijo que lo han sacado al hilo de la Gürtel o la Malaya y no hace 25 años como me estaba pareciendo. El tal “GIOR” debe ser algún político o juez corrupto, con ese nombre…
— “Disfruta la fruta, Juver sin azúcar, disfruuutaaaa”. Y veo, sin querer, a unas Mamachichos estupendas, vestidas a lo Carmen Miranda, moviendo las caderas con frutas de mil colores colgándoles del tanga. ¿Lo habré soñado? No puede ser cierto…
— “Somos los conguitos… y estamos requetebién, qué buenos son los conguitos, rellenos de cacahué”. Esta canción, tal y como está el patio, sería políticamente incorrecta hoy día, así que deduzco que debe ser de la época del apartheid o por ahí… pilla Obama al publicista y lo manda a Guantánamo, fíjate lo que te cuento…
— “Tenemos chica nueva en la oficina. Se llaaaama Farala y es divina”: he aquí el origen de lo fashion, lo divine y lo chic. Claro que, si pienso en la tal “Farala”, con esas ondas al viento al más puro estilo “Carmina Ordóñez antes de sus experiencias con los ansiolíticos”, se me va el glamour por los suelos.
— “Vacaciones Santillana, vacaciones Sannn-tiii-llaaa-naaa”: fijo, unas vacaciones cojonudas eran estas… todo el día dándole a la caligrafía, a las sumas con llevadas y a las tablas de multiplicar machaconas. Una gloria. Y luego dicen que los niños de hoy en día salen más preparados… ¡pero si yo me pasaba los 12 meses del año dándole a los conjuntos y a los productos cartesianos! ¡Que no, hombre, que no!
— “Eko eko ekoooooo”: ya, un lumbreras es lo que tú eres. Resulta que tienes un bote de una bebida intragable a base de achicoria y cereales y, como esperas que se ponga más de moda que el mismísimo café-con-leche de toda la vida, plantas a una tía a gritar el nombre del producto en pleno acantilado. Por lo de Eko-Eco y su parecido fonético, claro. Muy bien traído, chaval, bien visto… Así has triunfado, como un campeón. Casa a la que voy, Eko que me ponen. Un éxito tu campaña.
No sigo por no aburriros, porque tengo la cabeza más llena que el pavo de Navidad.
Ha sido tirar del hilo y sacar la madeja completa. La de recovecos cerebrales que me deben quedar para guardar las chorradas más estupendas. Continuará…
Pues no. Es una cuña publicitaria que se ha debido quedar grabada en mi subconsciente desde mi niñez, porque se la he empezado a cantar a mi madre y ella la ha completado sin inmutarse. ¡Qué cosas!
He puesto a repasar a mi mollera y, al calor de esta, han salido varias:
— “Saboreando, saboreando, tomate frito Starlux”. ¡Toma ya! ¡Soy incapaz de recordar ni un solo tema de la carrera de Derecho y, sin embargo, te canto a cuatro voces cualquier cortinilla publicitaria de los ochenta! Digo yo que, de jovencita, debí hartarme a rabos de pasa, porque si no, no le encuentro ningún sentido a este desparrame de retentiva.
Sigo pensando y ¿qué creéis que sale a relucir?
— “Es otro producto Legrain, Paaríííís”… Dios mío, esto debí oírlo en alguna vida anterior. Si me está sonando a antiguo hasta en mi cabeza. Tiene que ser un anuncio del siglo XIX, porque oigo hasta la agujita del tocadiscos sobre la melodía…
— “Un poco de pasta basta. GIOOOOORRR”. ¡Coño! Mira, esto es de ahora. Fijo que lo han sacado al hilo de la Gürtel o la Malaya y no hace 25 años como me estaba pareciendo. El tal “GIOR” debe ser algún político o juez corrupto, con ese nombre…
— “Disfruta la fruta, Juver sin azúcar, disfruuutaaaa”. Y veo, sin querer, a unas Mamachichos estupendas, vestidas a lo Carmen Miranda, moviendo las caderas con frutas de mil colores colgándoles del tanga. ¿Lo habré soñado? No puede ser cierto…
— “Somos los conguitos… y estamos requetebién, qué buenos son los conguitos, rellenos de cacahué”. Esta canción, tal y como está el patio, sería políticamente incorrecta hoy día, así que deduzco que debe ser de la época del apartheid o por ahí… pilla Obama al publicista y lo manda a Guantánamo, fíjate lo que te cuento…
— “Tenemos chica nueva en la oficina. Se llaaaama Farala y es divina”: he aquí el origen de lo fashion, lo divine y lo chic. Claro que, si pienso en la tal “Farala”, con esas ondas al viento al más puro estilo “Carmina Ordóñez antes de sus experiencias con los ansiolíticos”, se me va el glamour por los suelos.
— “Vacaciones Santillana, vacaciones Sannn-tiii-llaaa-naaa”: fijo, unas vacaciones cojonudas eran estas… todo el día dándole a la caligrafía, a las sumas con llevadas y a las tablas de multiplicar machaconas. Una gloria. Y luego dicen que los niños de hoy en día salen más preparados… ¡pero si yo me pasaba los 12 meses del año dándole a los conjuntos y a los productos cartesianos! ¡Que no, hombre, que no!
— “Eko eko ekoooooo”: ya, un lumbreras es lo que tú eres. Resulta que tienes un bote de una bebida intragable a base de achicoria y cereales y, como esperas que se ponga más de moda que el mismísimo café-con-leche de toda la vida, plantas a una tía a gritar el nombre del producto en pleno acantilado. Por lo de Eko-Eco y su parecido fonético, claro. Muy bien traído, chaval, bien visto… Así has triunfado, como un campeón. Casa a la que voy, Eko que me ponen. Un éxito tu campaña.
No sigo por no aburriros, porque tengo la cabeza más llena que el pavo de Navidad.
Ha sido tirar del hilo y sacar la madeja completa. La de recovecos cerebrales que me deben quedar para guardar las chorradas más estupendas. Continuará…