
No sé para qué, pero a mi abuelo (93 años lo contemplan) le hemos regalado un móvil por su cumpleaños. Una idea estupenda, gentileza de mi madre, faltaría más. ¿Qué será lo siguiente que se le ocurra? ¿Un Ipod con la discografía completa de Machín? ¿Una televisión de leds que sólo sintonice Intereconomía? Cualquiera sabe…
— Uno de esos baratitos con los numeracos bien grandes, sin cámara ni ná- dice mi madre como quitándole importancia.
— Pero mamá, si es que ya todos vienen con cámara. A ver si nos va a costar un ojo-la-cara por buscar el único modelo mundial que no la lleve. Si es que….
— ¡Ese mismo!- dice ella señalando un patatoncio de segunda mano de unos 3 kilos de peso sin contar la batería.
— Mamá, que el abuelo no va a poder cargar con ese peso sobre sus hombros más de 3 segundos. Que ya no son edades para ponerse cachas…
— ¡Que te digo que ése, que luego no lo encuentra entre tanto trasto como tiene!
— ¿Y si le compramos uno más pequeño y se lo atamos con una cadenita al cuello, como la de las gafas?
— ¡Calla ya y compra el que te digo!
Pues vale. Dicho y hecho. Patatoncio pal abuelo.
El pobre, cada vez que le llamas, entre quitarse el sonotone y colocar ese ladrillo sobre su oreja, se tira (fácilmente) dos minutos. Total, pa ná, porque es más fácil intuirle que escucharle.
— ¿Digaaaaa?- pregunta como si los demás estuviésemos tan sordos como él.
— ¡Abuelo, habla más bajo que vas a despertar a todo el pueblo!
— ¿Quién, quién eeeeesssss???
— Soy tu nietaaaaaaa
— ¿Teresaaaaa??? ¿Qué Teresaaa??
— ¡Noooo, tu nietaaaaaaaa!!!
— ¿Mi nieta???? ¿Cuál de ellas???
— La mayor, abuelo, ¡¡¡tu nieta mayor!!!
— ¿Que hace calor??? ¡Pues será ahí, donde usted me llama, porque aquí está diluviando!- encima me da el parte, yo es que no puedo con la vida…
— ¡Abuelo, que soy tu nieta mayor, que felicidades por tu cumpleaños!- a ver si vamos cerrando temas, que no tengo el día para echarlo al teléfono…- ¿Qué tal la abuelaaa???
— ¿Que se la pela??? ¡Oiga usted, váyase a insultar a su madre!
Y me ha colgado. ¡Mi abuelo me ha colgado el teléfono!
— Mamá, que el abuelo, cada vez que le llamo, me cuelga el móvil. Yo creo que no se entera de quién le llama. ¿A ti te pasa lo mismo?
— No. Acabo de hablar con él y tan normal.
— Ah, pues dime qué tal. ¿Va todo bien? ¿Le ha llamado mucha gente para felicitarle?
— Sí, sí… le ha llamado una tal Teresa que vive en algún sitio de playa, por lo que me ha dicho… ¡ah! y que estaba a todo llover en el pueblo. Hmmm… también le ha debido llamar algún pervertido, así que a ver si la próxima vez que vayas de visita le bloqueas las llamadas de este tipo de gente, que ya sabes cómo se solivianta…
— Ssstupendo, sstupendo…
Ahora resulta que tengo que bloquearle al abuelo mi propio número.
Un éxito el regalo. Si ya decía yo que era mejor comprarle una boina a rosca…
— Y, por cierto- añade mi madre- que has sido la única nieta que no le ha llamado por su cumpleaños. Que te la tiene guardada, que lo sepas…
Ahora mucho mejor. Ya sólo me queda el “pequeño detalle” de explicarle a la cara y sin complejos que yo era el pervertido.
Vamos, que podéis jurar que en breve seré la desheredada oficial de la familia.
— Uno de esos baratitos con los numeracos bien grandes, sin cámara ni ná- dice mi madre como quitándole importancia.
— Pero mamá, si es que ya todos vienen con cámara. A ver si nos va a costar un ojo-la-cara por buscar el único modelo mundial que no la lleve. Si es que….
— ¡Ese mismo!- dice ella señalando un patatoncio de segunda mano de unos 3 kilos de peso sin contar la batería.
— Mamá, que el abuelo no va a poder cargar con ese peso sobre sus hombros más de 3 segundos. Que ya no son edades para ponerse cachas…
— ¡Que te digo que ése, que luego no lo encuentra entre tanto trasto como tiene!
— ¿Y si le compramos uno más pequeño y se lo atamos con una cadenita al cuello, como la de las gafas?
— ¡Calla ya y compra el que te digo!
Pues vale. Dicho y hecho. Patatoncio pal abuelo.
El pobre, cada vez que le llamas, entre quitarse el sonotone y colocar ese ladrillo sobre su oreja, se tira (fácilmente) dos minutos. Total, pa ná, porque es más fácil intuirle que escucharle.
— ¿Digaaaaa?- pregunta como si los demás estuviésemos tan sordos como él.
— ¡Abuelo, habla más bajo que vas a despertar a todo el pueblo!
— ¿Quién, quién eeeeesssss???
— Soy tu nietaaaaaaa
— ¿Teresaaaaa??? ¿Qué Teresaaa??
— ¡Noooo, tu nietaaaaaaaa!!!
— ¿Mi nieta???? ¿Cuál de ellas???
— La mayor, abuelo, ¡¡¡tu nieta mayor!!!
— ¿Que hace calor??? ¡Pues será ahí, donde usted me llama, porque aquí está diluviando!- encima me da el parte, yo es que no puedo con la vida…
— ¡Abuelo, que soy tu nieta mayor, que felicidades por tu cumpleaños!- a ver si vamos cerrando temas, que no tengo el día para echarlo al teléfono…- ¿Qué tal la abuelaaa???
— ¿Que se la pela??? ¡Oiga usted, váyase a insultar a su madre!
Y me ha colgado. ¡Mi abuelo me ha colgado el teléfono!
— Mamá, que el abuelo, cada vez que le llamo, me cuelga el móvil. Yo creo que no se entera de quién le llama. ¿A ti te pasa lo mismo?
— No. Acabo de hablar con él y tan normal.
— Ah, pues dime qué tal. ¿Va todo bien? ¿Le ha llamado mucha gente para felicitarle?
— Sí, sí… le ha llamado una tal Teresa que vive en algún sitio de playa, por lo que me ha dicho… ¡ah! y que estaba a todo llover en el pueblo. Hmmm… también le ha debido llamar algún pervertido, así que a ver si la próxima vez que vayas de visita le bloqueas las llamadas de este tipo de gente, que ya sabes cómo se solivianta…
— Ssstupendo, sstupendo…
Ahora resulta que tengo que bloquearle al abuelo mi propio número.
Un éxito el regalo. Si ya decía yo que era mejor comprarle una boina a rosca…
— Y, por cierto- añade mi madre- que has sido la única nieta que no le ha llamado por su cumpleaños. Que te la tiene guardada, que lo sepas…
Ahora mucho mejor. Ya sólo me queda el “pequeño detalle” de explicarle a la cara y sin complejos que yo era el pervertido.
Vamos, que podéis jurar que en breve seré la desheredada oficial de la familia.