Tengo una amiga (llamémosla “Eufrasia”) en estado de shock post-traumático por culpa de su (ya, por fin) exnovio, quien le ha puesto unos cuernos que ríete tú de los de Bambi-ya-adulto-en-el- papel-del-Rey-del-Bosque.La pobre Eufrasia no hacía más que llorar y llorar, porque no entendía la razón del abandono. Hasta que Paqui, práctica como es, le enseñó un par de fotos sacadas en flagrante delito, donde la “razón” quedaba expuesta a todo color a la sombra de un castaño que han plantado frente a la casa del susodicho.
El mamarracho, a plena luz del día, sobeteaba a placer a una rubia con minifalda, que lo daba todo sin reparar en la colgada que, armada con su Nikon último modelo, les fotografiaba cual paparazzo a la caza del bikini de doña Letizia. Paqui permanecía apostada tras el macetero del portal del infiel, retratando sin pudor una lengua de medio metro que buscaba con denuedo algo que tragar, deshidratada como estaba (supongo yo) por el calor de la tarde. De película.
Lo peor del caso es que Eufrasia todavía dudaba de lo que sus ojos le mostraban. Nos llegó a preguntar si estábamos seguras de que ése era su novio, porque no le recordaba ella semejante apéndice extralargo y juguetón. Si te digo yo que el amor es ciego…
La foto, para mayor padecimiento de mi pobre amiga, estaba fechada: miércoles, 2 de junio de 2010. Se da la circunstancia de que a ella la habían abandonado el lunes, 2 de julio del mismo año, esto es: un mes después de las labores de introspección bucal del energúmeno y la rubichi. Con el agravante de que el listo le había asegurado que “no hay terceras personas de ninguna de las formas, no te hagas pajas mentales, Eufrasia”.
Claro que no las había. El tercero en esta ecuación brillaba por su ausencia desde hacía semanas. A esas alturas del cuento, sólo estaban el iluminado y la minifaldera. Eufrasia había sido borrada del mapa hacía tiempo, así que el desgraciado no mentía. Aunque, claro, Eufrasia no lo veía igual que nosotras.
Así que aquí nos tenéis, a Paqui y a la menda, acompañando a Eufrasia a comer a un restaurante que hay al lado del portal del descastado, para hacernos las encontradizas e intentar pillarle con la fresca y que pase un mal rato. Si os digo que Eufrasia es tonta, me quedo corta. Pero que nosotras hayamos claudicado con semejante planazo, tampoco es que nos deje en muy buen lugar en lo que a inteligencia supina se refiere…
En fin, que llegado el segundo plato, apareció el tío acompañado. Pero (agárrate la faja, que vienen curvas…) ¡por una pelirroja!. Eufrasia se hizo la sueca y las que tuvimos que pasar el papelón de nuestras vidas fuimos Paqui y yo misma, que estábamos sentadas de cara a la pareja (no sabe nada mi Eufrasia en lo que a colocación se refiere) y tuvimos que sortear las miradas asesinas del libertino como pudimos. Creo que todavía me dura el estrabismo de tanto mover los ojos hacia la pared, como si fuera una biroja de pro. Paqui venga a darme patadas y el tío dudando si soltarle la mano a la peliteñida o si montárselo sobre el mantel para dejárselo claro a la concurrencia.
Pasado el postre, nos levantamos y tiramos pa la puerta a todo lo que nos daban las piernas, menos Eufrasia que, mira tú por dónde, se quedó rezagada y estancada a la altura de la mesa en cuestión.
Con todo su cuajo, giró la vista hacia el dúo dinámico (no os imagináis cómo se movían para darse cucharadas de fabada el uno al otro) y le soltó a la del pelo coloreado: “ve comprándote una Nikon, que te va a faltar carrete para completar la colección de cromos del chaval. Buenas tardes y que aproveche.”
¡Esa es mi niña! Nos ha hecho pasar una vergüenza que ni cuando nos pillaron con el disco de “Mola mazo” en el bolso, pero al menos ha servido para algo (lo del restaurante, no lo del disco, aclaro, que se lo acabé regalando a mi sobrina para que lo llevara al cole y le hiciera pasar bochorno a mi hermana): le ha servido para convencerse y pasar página.
Así que ya sabéis: no hay mejor inversión que una cámara con buen zoom y una amiga fiel que sepa manejarla. Comprobado.