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viernes, 21 de mayo de 2010

Todos los caminos conducen a Roma

Soy una cotilla. Lo sé. A todo le saco punta, todo lo investigo, lo miro, lo remiro, lo pongo en duda, lo comento, me lo explican, no lo entiendo, sigo investigando…. En fin, que soy una pesada.

Esta actitud me ha llevado al último descubrimiento: saber qué tipo de palabras escribe la gente en Google, o cualquier otro buscador, para acabar dando con sus huesos en mi blog. Y me he topado con cada cosa…

Os pongo unos ejemplos de lo que teclean mis lectores en la casilla del buscador de turno:

- “Caso bollería Martínez”: también conocido como “el caso de la magdalena asesina”, supongo yo… no entiendo cómo el buscador les manda a mi página, cuando lo que debería hacer es darles una lista de maestros horneros para que maten el hambre.
- “Señales que da el automóvil cuando le falta algo”: jomío, y que esto lo tengas que buscar en Google… estate tranquilo, que cuando eso suceda, el bicho te lo hará saber, ya lo verás. Que el coche no hablará, pero se le entiende todo-todito…
- “Si me paso el límite de descubierto me colocan en el veraz según las normas 2010”: ¿Mande??? ¿Qué coño es el “veraz”? ¿Alguien que me ilustre, por favor? A saber a qué normas 2010 se refiere esta persona. Pero, por adelantarte trabajo, te comento que, si te pasas el límite de descubierto, donde te colocan es en la lista de morosos y, probablemente, también en la de embargo-directo de tus bienes. No es por ser agorera, es sólo para que vayas haciendo números…
- “Fijándome en el patio de mi vecina”: Vaya, ya he dado con el salidillo de turno. No falla. Siempre hay un ocioso pervertido buscando carne fresca en el vecindario con los prismáticos en la mano. Y que tenga que acabar en mi blog…
- “Cómo pillar una peineta a un velo de novia”: Bufff… me juego algo a que ésta ha caído de plano sobre mi post “cutre-regalos de boda”… como se enganche el velo con la peineta modelo rata-atropellada, va a ir guapa-guapa…. Pobre… si lo llego a saber, no lo publico, porque va a ser el hazmerreír de la boda ¡y todo por mi culpa!
- “La señora que se cuela el dedo”: ¡Dios mío! ¡Esto puede ser tanto una guarrada como una tragedia! Aunque me inclino más por lo primero…
- “Si saboteo a alguien con una Webcam puedo ir preso”: Ya te digo. Puedes acabar preso, amoratao a leches, insultado, escupido y todo lo se te pase por la mente, so quinqui, ¡que eres un delincuente en potencia!
- “Tattoo proporción del hombre”: ¿Dónde dices que te quieres tatuar? ¿En plena “proporción”??? Pues ya sabes el chiste aquel del tatuaje con la leyenda “Recuerdo de Constantinopla”…
- “No puedo quitarme de la cabeza a la dependienta que me ofendió”: chica, habrá cosas peores, ¿no crees?. Yo no me quito de la cabeza el pago de la hipoteca, la letra del coche que me va a llegar la semana que viene, o las notas de mis hijos, pero que una dependienta te quite el sueño, no me parece de recibo. Son ganas de agobiarse. O que no tienes otras preocupaciones más reales y chungas, que todo puede ser…
- “Incesto madre hijo”: No me digas, no me digas… pero ¿qué tipo de salidos me leen?. ¿A ver si me van a meter en problemas los pervertidos estos? Oye, que mi blog es bien sanote, como mucho suelto un par de tacos, pero poco más, ¿eh? ¡A mí, que me registren!
- “Pelisporno.es”: si ya te sabes la dirección y todo, ¿para qué buscas? Escribe en la casillita de arriba todas las letras y le das al enter, mamarracho. Que hay que ser vago (a la par que pajillero) para andar buscando un link directo por no escribir delante 3 uves dobles…
- “Casadas con cornudos”: ¡Anda!, pues me has dado una idea para un relato… por ahora no tengo nada de eso, pero si te pasas en unos días, lo mismo te aclaro las dudillas…
- “Anuncios de enemas”: pues mira, de eso tampoco nos queda. ¿Y si escribes “farmacia” y pruebas allí?
- “Si me purgo el recto se me limpia”: ¡ay ay jajajaja ayayayayyy que me va a dar algo! Sijosí, si te purgas el recto, se te queda como la patena. Garantizado. Tengo que revisar bien lo que he escrito, porque no sé cómo el buscador me puede estar mandando a mí toda la porquería de la red…
- “Saltimbanki de Imaginarium se puede guardar bien?”: ¡y yo qué sé! Todo dependerá de que se deje meter en el armario, ¿no?. De todos modos, cómo son los de Imaginarium, ¿verdad? Yo entiendo que hay que buscar regalos didácticos para los peques, pero regalarles un señor vestido de payaso-fumao, me parece excesivo, por muy gracioso y entretenido que sea…. Con lo que debe comer ese hombre tras tanto bote…

Hay muchas más, pero no quiero aburriros. Me las guardo para otro momento.
¿Alguno se ha sentido identificado con las búsquedas, pillines?

jueves, 20 de mayo de 2010

Los hombres deben estar locos

¿Qué les pasa a los hombres con el “Just for Men”?
¿Se vuelven locos y se echan cantidades industriales? ¿No les coge bien el color porque confían en el tono de la foto sin percatarse de que, con tanta cana, no va a quedar igual? ¿Es un problema de vista, que les impide diferenciar el castaño-violín del rubio-apagado?

Algo tiene que haber. De lo contrario, a ver cómo te explicas que el bueno de Nicolas Cage haya dado por válido semejante estropicio capilar:

¡Uyyyy, Nick, qué natural te han dejadoooo! ¡No se te nota ná de ná! Vamos, como si hubieras nacido con una tremenda peluca rubia-panocha que te nace a media cabeza. ¡No se va a dar cuenta ni tu madre, guapo, más que guapo!

Creo que la edad genera inseguridades en los hombres. Eso, unido al síndrome de Peter Pan que les acompaña hasta la tumba, es un caldo de cultivo estupendo para este tipo de atrocidades. Llegada cierta edad, se pagan los implantes capilares “pelo de muñeca”, los dientes de mármol de Carrara y se dejan la barbita de cuatro días, porque George Michael dijo en su día que aquello era sexy y no se hable más. Salen a la calle y, en vez de piropos, les tiran fotos para colgarlas en Internet y convertirles en objeto de escarnio público sin ninguna compasión. Son carne de cañón.

No es el único caso. Tenemos, sin ir más lejos, a Michael Douglas y su cara-chicle, que mengua o se alarga a voluntad, según la edad de su pareja de turno. ¿Que ahora estoy con una 25 años menor? Pues nada, dale a la manivela parriba, que tengo que quitarme tres meses como sea. ¿Que ahora vuelvo con mi ex, que me saca 2 años? Pues me dejo crecer las arrugas a lo loco y así vamos a juego. De traca. Ya ni se esmera en ocultar las tiritas que cubren las cicatrices de su enésima cirugía.


Otros casos, sin embargo, me provocan lástima. Veo al pobre Mickey Rourke, con sus labios modelo “Carmen de Mairena” y me entran ganitas de llorar. Me duele la cara por simpatía, porque le tienen que tirar los puntos cosa mala.


Y esa naricita, tan pequeña, tan escondida entre esos dos mofletes recauchutados… Esos ojillos de petirrojo, tan estrechos y diminutos que sólo le permiten ver en Cinemascope. Ese pelo graso, que oscila entre dos tonos de caoba y tres de rubio-ceniza. Un esperpento. Un desatino. Una sombra de lo que fue.

¿No tienen estilista? ¿No tienen gusto? ¿No tienen espejos en casa? Qué coño, ¿no tienen madre que les impida salir a la calle de esa guisa? Y, encima, como siguen dándoles papeles protagonistas, de galanzotes talluditos que enamoran a veinteañeras sin escrúpulos, pues se llegan a creer tan bien el papel que lo trasladan a la vida real como si tal cosa. Pues no. No cuela. Puede que los efectos especiales consigan lo imposible, como hacernos creer que Harrison Ford es capaz de trepar una muralla de diez metros valiéndose únicamente de un cinturón a modo de cuerda o pilotar un zepelín sin las más mínimas nociones de la aeronáutica más básica, pero hacerle pasar por un cuarentón de buen ver a los (casi) 70 años que calza, es un despropósito. Un disparate de magnitud apocalíptica.

Casi tan grave como lo de Arturo Fernández y su séquito de admiradoras a sus (casi) 82 años. Insisto: no cuela. Por mucho rayo uva que te metas o tinte que te cubra. ¡Date tu sitio, quédate en el asilo, pellizcando el culo a las enfermeras tetonas y no nos hagas sonrojar de la vergüenza ajena, por Dios!

miércoles, 19 de mayo de 2010

No me seas ingenua, que ya no tienes edad...

Me estoy haciendo mayor. Lo noto en mi cuerpo, en mi ropa, en mi cara… pero donde más lo noto es en las conversaciones con mis amigas.

Todavía ayer (pero ayer, ¿eh?) hablábamos sin parar de tíos, trapos y cogorzas varias. Hoy, en cambio, nos pasa como al padre de Mafalda, que siempre que se mira al espejo se deprime, ya que el hombre se siente como un chaval cuando el puñetero cristal lo que le devuelve es el retrato de un auténtico viejales. Pues eso. Calcaditas.

Anoche, hablando con una de mis mejores amigas, me soltó sin anestesia que su hermana era “una profesional liberada con muy mala suerte, porque no encontraba su target en la vida”. Vamos a ver, Elvira, que a tu hermana, a sus 43 años, la llaman “la solterona” sus propios padres, nada de “profesional liberada”, que eso suena muy bien en los anuncios de Indasec, pero en la vida normal, no cuela. ¿Y qué es eso del target, pienso yo para mis adentros?? ¿El famoso “donde pongo el ojo, pongo la bala”, de toda la vida de Dios?

- ¡Qué target ni qué target! – le suelto yo sin contemplaciones.- Tu hermana siempre ha sido una colgada, ¿con quién va a ligar, con otro colgado?
- Sí, la verdad es que siempre ha sido… diferente…
- ¿Diferente? ¡Venga ya!. Esto qué es, ¿un festival de eufemismos? Tu hermana es fea y rara y no se hable más. No liga ni aunque la embadurnes de Loctite.
- Hay que ver, con lo fashion que ella se ve… se pasa el día yendo al estilista y ni por esas… a ver si eso no es mala suerte…
- Es que, a lo mejor, donde debería ir es a un curandero…- yo, en mi línea. Que a mí no me las dan con queso. Pues no le he visto yo hacer cosas raras a su hermana…
- Que no, que no, que ha contratado un personal trainer y dice que la va a dejar como a la Bundchen- me contesta semi-indignada.
- Vamos, que va a salir a correr con un profesor de gimnasia en paro y se le va a arreglar la vida, ¿es eso?- dime tú quién se hace llamar “personal trainer”, más que alguien desesperado que ya no sabe de dónde sacar pasta y recurre a los incautos que se dejan cegar por una titulación en inglés que ni saben traducir.
- Que no, que no. Que éste era un ejecutivo de cuentas que decidió que lo suyo era el fitness y ha abierto su propio negocio de entrenamiento personal. Mi hermana es su primer cliente.
- Ya, ya…. Mira, Elvira, te lo voy a traducir, que tu inglés nunca ha sido muy bueno: el ejecutivo de cuentas lo que tenía era una tienda de chuches y, debido a la crisis y a la obsesión de los padres por la futura obesidad de sus niños, ha tenido que cerrar el chiringuito, porque ya no les daba salida ni a los chicles sin azúcar. Y como el hombre lo único que sabía hacer era correr, pues ha decidido camelarse a un par de incautos (como tu hermana), se los lleva a brincar por el parque y les saca 100 euros por kilómetro recorrido. ¿Lo pillas? Vamos, que a tu hermana la han vuelto a tangar
- No creo… se la lleva mañana de trekking por la sierra, así que parece que lo tiene muy bien montado. Además, dice mi hermana que hay química entre ellos. A ver si esta vez…
- ¡Acabáramos! ¡Tu hermana lo que quiere es ligarse al gimnasta, aunque sea pagándole un carajal!- empiezo a ver las cosas más claras…- ¿Y dices que hay química? Pues espero que la calentura sea mutua, porque si no, me veo a tu hermana hinchándose de nuevo a helados, como cuando la dejó el consultor aquel que la iba a convertir en una diva y lo que hizo fue comprar compulsivamente con su tarjeta de crédito y ponerse el piso de catálogo a su costa. ¿Te acuerdas?
- Nonono, no era consultor. Era un asesor de postín, pero la mala suerte quiso que el hombre se confundiera de tarjeta y cargara los muebles a la cuenta de mi hermana por error. Pero ya le pidió perdón, no te creas…
- Ahhh, que le pidió perdón… entonces ya me quedo más tranquila...- Empiezo a sospechar que la hermana no es la única rara de esa familia…- Y también le devolvería los muebles, ¿no?
- Uff, para qué, si a mi hermana no le cabían en el apartamento ni puestos de canto.
- Ya… lo que me temía…

martes, 18 de mayo de 2010

Morir de asco

No lo soporto. Es que no puedo con ello.

Cualquier día acabo en el calabozo por haber agredido a algún viejales, estoy segura, porque es algo superior a mí.

Iba yo tan campante por la calle, tralarí-tralará, estrenando mis nuevas botas de ante color arena-del-desierto, contenta como pocas veces y sonriendo como una chiquilla, cuando, de pronto, escucho a mi lado:

-Agggghhhhhrrrrbbbkzzkfffffffff…. Ploffffffffff

No puede ser. No es cierto.

Dime, por favor, que el abuelillo que tengo a mi vera no acaba de escupir un lapo verde de tres metros cuadrados a 2 centímetros escasos de mis botas.

Pues sí. Parece un pequeño lago de aguas estancadas, pero qué va, es un gargajo del tamaño de Pensilvania el que ha bordeado la puntera de mi bota izquierda. Se ha salvado por los pelos. Casi vomito. Todavía tengo el estómago revuelto, imagínate.

El señor, sin inmutarse, ha continuado su camino, con los restos del esputo colgando de su barbilla, mientras yo, incrédula perdida, gritaba algo parecido a “¡será cerdo el viejo!”. Te juro que si me llega a rozar mínimamente el zapato, me lo limpio en sus pantalones y le arreo dos mandobles con su propia cachava que, de la misma, me enchironan.

Y no es la primera vez que me pasa. ¡Ya me gustaría! No sé qué les inspirará mi cara, pero es verme a su lado y girarse hacia mí, sorbiéndose la garganta de forma ruidosa y echándome la flema a los pies, todo en uno e invariablemente. ¿Tendré pinta de escupidera?

Y ya ni te cuento cuando llega el veranillo y los ves como locos mirando a las jovencitas en tirantes, mientras se hurgan la nariz o se rascan el culo (igual me da) y vuelven a soltar el escupitajo sobre mis pies, porque llevan la cabeza girada hacia la tía buena y no se han dado ni cuenta de que la otra, es decir, yo, estaba a tiro de “pollo”.

Pobres peones, que tienen que aguantarlos alrededor de las obras, dando su opinión y echando “gallos” por la boca. No quiero ni imaginarme cómo se les quedará el mono después de un duro día de trabajo, cubierto de costras verdosas que sólo se quitan rascando con cuchilla, porque son tan consistentes que fraguan mejor que el hormigón.

¡Qué asco, de verdad! Y luego dicen de los jóvenes, que mean por las esquinas… ¡prefiero que la calle huela a orines que tener todo el calzado cubierto de mocos y salivazos con solera!


lunes, 17 de mayo de 2010

Las plantas y yo

No sé qué me pasa con las plantas, que se me mueren todas.

Yo las cuido con esmero. Las riego, las podo, les echo fertilizante, anti-pulgón… pero nada, oye, ellas a lo suyo. Se van quedando como mustias, arrugadillas y descoloridas para, finalmente, expirar y convertirse en otra pieza inanimada más de la decoración de mi casa.

He intentado de todo: cambiarlas de sitio, ponerles luz directa, luz indirecta, transplantarlas, cantarles, hacerles el boca-a-hoja… pero estoy convencida que aquí influyen otros temas, como mi mal karma o su mala fotosíntesis, no sabría decir… El tema es que el mes de Agosto es mortal para la vegetación de mi hogar. No se salva ni una. Ni siquiera las resistentes. Esas que han superado el duro invierno, sin una gota de luz y con apenas agua, que son tan duras que parece que lucirían en todo su esplendor incluso en pleno desierto de Arizona... pues ni esas. Todas se me quedan patidifusas.

He llegado a poner flores de plástico, para dar el pego cuando llegan las visitas, pero cantan demasiado, porque todo aquél que me conozca sabe de sobra que ese brillo en la mirada, esa savia alborotada, o esas hojas tan tiesas sólo pueden ser fruto del PVC más comercial. Y, claro, se ríen a mis espaldas. Así que he optado por obviarlas y dedicarme a otras cosas, como, por ejemplo, que no se me mustien los niños…

Pero, mira tú por dónde, que el domingo, al volver a casa, me encuentro en una esquinita perdida de la cocina lo siguiente:


¡Coño! ¡Una orquídea en mi cocina! ¡Y viva!
¿De dónde has salido tú, listilla? ¡Si yo no te tenía censada como parte integrante de esta familia!

Fui corriendo a buscar a mi “santo” a agradecerle el detalle y a decirle que no se gastara los cuartos en florecillas, cuando sabe de sobra que van a durar tres telediarios.
Él, sorprendido por semejante hallazgo, se empezó a reír, diciéndome que a ver qué me había fumado, que él no había sido, que eso sería tirar el dinero y que a ver si es que estaba perdiendo facultades. Yo no entendía nada.

- ¿No has sido tú?- le pregunté pasmada.
- ¿Yo? ¡Qué va! Si hace años que no te regalo plantas, porque acaban en el cubo de la basura.
- ¿Entonces? ¿Quién la ha traído?. ¡A ver si han sido los niños para reírse otra vez de mí y contar en el cole que esta vez la planta sólo ha durado 2 días!- suelto indignada.
- No creo. No les he visto sacar ni un euro de la hucha desde que la escondieron en el armario bajo llave, porque decían que la usábamos para dar las propinas al del pedido.
- ¡Alucino! ¡Que nos ha brotado una orquídea de la esquina, como si fuera lo más normal, cariño! ¡Que te juro que yo esa esquina la he limpiado a conciencia, no puede haber tanta mugre como para generar plantas de forma espontánea!
- A ver, que te estás perdiendo… eso va a ser la orquídea que nos regalaron tus padres cuando nació el niño- me dice convencido.
- ¡Pero que el chiquillo tiene ya cinco años!- le recuerdo yo asustada por este fenómeno paranormal.
- Ya, ya… pero la maceta la dejaste ahí, abandonada, y lo mismo ha resucitado…
- ¿Pero cómo va a ser eso? ¿Sin agua? ¿Sin cuidados? ¿Sin cariño alguno?
- A ver si es que las atosigas demasiado y por eso se te quedan espatarradas- me suelta a bocajarro.

De todo esto, he sacado una moraleja: las plantas, lo que tienen es muy mala savia. Cuanto menos las mires y menos esmero pongas en su cuidado, más se crecen. Ni se os ocurra perder el tiempo con ellas. Dejadlas a su aire y, si tienen interés, ya se buscarán la forma de sobrevivir.

¡Al enemigo, ni agua! He dicho…

domingo, 16 de mayo de 2010

A vueltas con la prima Maruja


¿Os acordáis del post en el que os hablaba de mi prima Maruja, aquella con un gran don de gentes a la que sólo le faltaba hablar?

Bien, pues ha venido de visita (sin avisar, claro). Ha dejado el pueblo unos días (Cornalejos del Monte, por si no lo recordáis), asqueada de las vecinas chafarderas y el párroco metomentodo que, dice, no le dejan vivir en paz y armonía y se ha aposentado en mi casa, con cuatro maletas y la jaula del periquito. No sé qué demonios habrá metido en las maletas. Supongo que el alpiste del pájaro y poco más, porque mi prima no es que se preocupe mucho por la ropa, por decirlo suavemente. Lo de las cuatro maletas me tiene un tanto “mosca”, si os soy sincera. Me huele a temporada larga de vacaciones y en casa no es que nos sobre el espacio exactamente…

Se ha puesto a sacar de las dos primeras maletas ristras y ristras de chorizos y morcillas, como si viniera a pasar la guerra… pero la de los cien años o así, ¿eh?. Entre tanto colesterol, me ha parecido ver un par de lomos embuchados y dos o tres latas de sardinillas. Un tupper de callos con todos sus sacramentos y otro de algo parecido a garbanzos con costilla, pero no he querido preguntar, porque se ha puesto a guardarlo todo cual posesa en los cajones de la mesilla, como si no la hubiésemos visto. Espero que se lo coma rapidito, porque si no, va a oler la habitación a lo que yo te diga… ¿Habrá pasado hambre en casa alguna vez, me pregunto yo? ¿Y dónde lo mete? Porque tampoco es que le sobren tantos kilos… qué cosas…

Después de vaciar el contenido de todas sus bolsas, nos la hemos llevado de paseo por el centro. He tenido que explicarles a los niños que mi prima es muy expresiva. Que se entusiasma fácilmente y te lo hace saber. Así que, si la ven dando gritos o soltando palabrotas, ni la escuchen. Pero ha sido imposible. Porque, nada más llegar al centro, se ha puesto como loca a saludar a todos los viandantes, como una borrachita cualquiera, levantando la mano a lo “princesa Letizia” y gritando a todo pulmón: “taluegooo, majeteeeeesss”. Los niños la miraban y la imitaban, saludando efusivamente a quisqui. Les he tenido que contar que, en los pueblos, todo el mundo se saluda y que por eso, la prima Maruja tiene esa costumbre, pero que ellos no tenían por qué abrazar al de la ONCE o dar dos besos al quiosquero. Se han llevado un disgusto que no veas…

Del centro hemos ido al cine. En buena hora. A mi “santo” no se le ha ocurrido mejor cosa que invitarnos a todos a ver una película en 3D porque, dice, en los pueblos no tienen de eso y Maruja iba a disfrutar un montón. Ya te digo. Casi nos echan por culpa de los gritos y las risotadas de mi prima. Se ha pasado la película alzando los brazos, intentando coger cosas que pasaban a su lado y levantándose cuando creía que algo le iba a dar en todo el ojo. Y los niños, otra vez, haciéndose los graciosos, copiando todos los movimientos de la prima. Porque es mucho más divertido que estarse sentaditos y calladitos, como les dice mamá. Volaban las palomitas, las gominolas han acabado en el cardado de alguna señora y el vaso de coca-cola se ha vaciado enterito sobre mi bolso. Tengo la cartera cubierta de churretes de líquido marrón que no hay forma de sacar con nada. Menuda odisea.

La cena en casa no ha estado mal. La prima Maruja ha decidido que “compartir es vivir” y ha sacado los garbanzos de la cómoda, con lo que me ha ahorrado preparar cena para cinco. Los niños han protestado, porque eso de cenar garbanzos con costilla no mola a su edad, pero han claudicado al escuchar las amenazas de Maruja si no se los comían. Qué efectividad. Estoy por contratarla de niñera-Rottermeier, porque no tiene precio asustando a la chavalería. Han dejado el plato reluciente, al grito de “si no saco al periquito de la jaula y veréis cómo os deja el culo a picotazos”. Ni han chistado…

Por la noche, con los niños ya acostados y más tranquilos, nos hemos sentado a charlar con ella y nos ha confesado la verdadera razón de su huída del pueblo. Resulta que el párroco ha empezado a “tirarle los trastos” y Maruja ya no sabe cómo darle largas. Dice que la llama todos los días y la invita a tomar café en la sacristía. Y que la gota que ha colmado el vaso ha sido una invitación a pasar con él un fin de semana en una casa que tiene la parroquia en lo alto del monte para, según él, practicar unos ejercicios espirituales que le van a dejar el alma como nueva.

Maruja se teme que lo que el párroco quiere dejarle como nuevo es más bien el agujero de ozono. Así que, por no faltarle al respeto, ha preferido coger el portante y escapar del pueblo unos días a ver si al cura se le pasa el sofocón y se busca otro objetivo.

“Que se tire a la maestra, que lo está deseando”, nos dice Maruja ofendida mientras le suena el móvil insistentemente. “Míralo, es él”, nos comenta mostrando la pantalla iluminada del teléfono. “Ya estará nerviosito perdío porque se le ha escapado la gallina del gallinero. Pues no pienso contestar, ea, que se la menee la del estanco, que de algo le tiene que servir el Parkinson”.

Ya os digo que mi prima no es muy sutil…

sábado, 15 de mayo de 2010

Entrar por la Puerta Grande y otras cosillas sin importancia...



¡Ele mi niño!
Eso sí que es una entrada apoteósica.
El chatarrero, eufórico perdido porque, vaya usted a saber, lo mismo había cobrado la pedrea de Navidad o el reintegro del Euromillón, irrumpió en el club de alterne pistola en mano. Ordenó que cerraran el local, con las empleadas y los clientes presentes en ese momento en el interior, exigiendo a la camarera que empezara a ponerle copas a todo el mundo, bajo el lema de "Soy el jefe y esta noche manda mi polla".

Por espacio de dos horas, nadie pudo entrar ni salir del local. Acto seguido, destrozó la caja registradora y se apoderó de unos 100 euros. Su aventura concluyó cuando una de las víctimas pudo avisar desde dentro a la Guardia Civil, que acudió al rescate.

Eso sí que es entrar a lo grande y no lo de la Reina de Inglaterra arrastrando su capa de armiño por los pasillos del Parlamento.

Ahora, el detenido, (un chatarrero vecino de Benalúa de Guadix) ha sido condenado por la Audiencia provincial de Granada a cuatro años de cárcel por la comisión de un delito de detención ilegal y otro de robo con intimidación. Además, deberá pagar una multa por un tercer delito de daños, según la sentencia. Hay que tener mala-baba, señor juez. Con lo salada que le quedó la entrada y la de artículos que ha originado.



No sé cómo alguien puede redactar semejante noticia y no ahogarse de la risa en el intento. Que la vaca iba provocando al burro, me cuentas... que iba con todo al aire, con las ubres apuntando al animal y pidiendo guerrita...ya, ya... entonces la vaca se tenía merecido el acoso sexual, ¿verdad?. Increíble... ¡si la culpa es de su vaca-madre, que la vestía como una pilingui! De locos...


¡Es que me muero!!! Vamos a ver, hija mía: te tiras 17 años beneficiándote a tu marido ¿y no te enteras de que lo que te está metiendo entre las piernas es un pene de escayola??? ¿Y pretendes explicarlo diciendo que tú lo que creías es que aquello era un micropene o que estaba un poco deformado? ¡Lo que tenía que estar es frío de cojones! Literalmente.

De verdad te lo digo: algunas viven engañadas porque quieren vivir engañadas. Otra cosa es impensable.

viernes, 14 de mayo de 2010

No me toques la gaita, que me conozco...


Tenemos un gaitero dando por saco todos los días frente al portal. Le ha debido quitar el puesto al del acordeón, que llevaba en ese mismo sitio los últimos 18 meses. A lo mejor es su primo y le ha cedido el puesto mientras el otro está de vacaciones, para que nadie se lo quite, yo qué sé…

El caso es que el hombrecillo se ha apostado bajo nuestra ventana y echa el día soplando incansablemente, desde las 9 de la mañana hasta, mínimo, las 9 de la noche, que es cuando recoge sus bártulos, se echa las monedas al bolsillo y vuelve a su casa a dar la murga a su parienta, supongo…

Mira, ahora mismo son las diez menos cuarto de la noche y todavía me parece oírle. Como hoy no ha llovido, ha decidido hacer horas extras, que está la calle muy animada… Es infatigable. Es que encima no da tregua ni un minuto. ¡No va ni a hacer pis, ni a beber agua, ni a comer, ni a nada! Ni siquiera deja pasar unos segundos entre canción y canción, lo interpreta todo seguidito y es imposible diferenciar una de otra. ¡Qué letanía! Es un sonido cargante, hiriente, monótono y lacerante, que te araña el tímpano como el maullido de un gato en celo.

Como es de suponer, al hombre le ha llovido ya de todo: huevos, agua, tomates… pero él ni palidece. Como si la cosa no fuera con él. Sigue inflando y desinflando sus carrillos al ritmo frenético que imponen sus dedos sobre la gaita. Me entran ganas de agarrar todas las guías de Escocia que tengo por casa y tirárselas a la cabeza, a ver si lo pilla y se va de viaje a ver a sus ancestros. Como no soy violenta, no lo hago. Pero ojalá la del tercero, que tiene muy mala leche, escuche mis plegarias y se le ocurra hacer lo mismo para evitarme el papelón.

Y mira que a mí me encanta la música, ¿eh?. Pero en su justa medida. Si, al menos, el gaitero parara a hacer sus necesidades, variara de repertorio o versionara alguna cancioncilla conocida, pues ni tan mal… pero qué va, lo que toca no suena ni a música, es sólo ruido callejero perpetrado sin ninguna destreza. Pa mí que está aprendiendo, porque las notas suben y bajan descoordinadas y sin ninguna armonía. Es que acuesto a los niños y me llaman a gritos desde su cuarto para decirme “mami, dile a ese señor que pare, que no me puedo dormir y me van a entrar pesadillas”. Cuando hasta los niños se dan cuenta, es que algo estás haciendo mal, ¿no?

Estoy por bajar a la calle y, disimuladamente, pincharle el fuelle con una agujita, para que tenga que llevar su instrumento a reparar y podamos ver la tele a volumen normal un par de días. ¡Qué fijación le ha entrado con mi barrio! ¿Es que no hay más calles en esta ciudad, que siempre me tiene que tocar a mí aguantar el folklore popular, con la de gente que estará deseando que le den la serenata bajo su ventana?

Sé que es peor que te toque delante una obra del Ayuntamiento. Pero es que las obras, aunque parezcan eternas, siempre tienen fecha de caducidad. ¡Este tío no!. Voy a llamar a la SGAE para que tome cartas en el asunto. A ver la cara que se le queda al gaitero cuando le digan que “son 50.00 euros, chaval, y como sigas, te lo duplicamos”.

Os mantendré informados.

jueves, 13 de mayo de 2010

¡No se libra ni el tato!

¡Alucino con los famosos y sus matrimonios modélicos que resultan ser una farsa de tomo y lomo!

El último en apuntarse al carro de las infidelidades conyugales es el ultracatólico (ja!), apostólico y romano Mel Gibson, al que lo de liarse durante sus tres últimos años de matrimonio con una rusa y hacerle el correspondiente bombo no le ha parecido suficiente y ha optado por "recornear" a la rusa con una actriz porno, mientras aquélla estaba embarazada de la 8ª criatura (se dice pronto) del actor. Esto es un no parar. Debe de tener un come-come y un pica-pica en salva sea la parte, que no se lo quita ni con Hemoal.

Tras el escándalo de Sandra Bullock y su marido el cachas-tatuado-arregla-coches, quien le puso una cornamenta a la altura de la de los renos de Papá Noël a la vez que gritaba al viento frases ridículas como la de "cuando miro a mi mujer, a veces, pierdo el sentido" (y los calzoncillos, añado yo), pensaba que estaba todo visto. Todavía tenía en mi retina las imágenes de Tiger Woods saliendo de una clínica de desintoxicación sexual y contando ante cientos de micrófonos lo malísimo que había sido con su familia. Que esa es otra: se tiran a toda la población femenina de Las Vegas y alrededores y resulta que no hay que ser mal pensados, sino que hay que tenerles mucha lastimita porque son enfermos.

Mira, majo, enferma es como se ha quedado tu señora, arrastrando a dos críos de menos de tres años por el mundo, de Suecia a Los Ángeles y vuelta pa Suecia, que la pobre ya no coge peso ni aunque la hinchen a botillos y bocatas de morcilla de Burgos rebozada. Enferma es la pinta que tenía tu santa madre cada vez que los reporteros la acechaban en las puertas de su casa, preguntándole si toda tu vida habías sido un pilingui de manual. Enfermo es como deberías haberte quedado tú tras el enésimo polvo, por culpa de una gonorrea mal curada.

Pero, como venga alguien más a intentar convencerme de que éstos son unos enfermos o simples adictos, como tantos otros, voy y le parto la cara. Adicto es el porrero, el que le da a la coca a la desesperada, el heroinómano carcelario, quién te digo yo... Amy Winehouse, por ejemplo. Pero que hagas encaje de bolillos con tu agenda de Ministro para encontrar un huequillo cada día pa tirarte con nocturnidad y alevosía a las múltiples guarrillas que se te han cruzado en el ascensor, en el parking o entre los hoyos del campo de golf, eso no es de adictos: eso es de cerdos, cabrones y desalmados sin corazón.

Y ya, por rematar, el último grito en cornamentas lo luce la callada (a la par que simple) Patricia-noherotounplatoenmivida-Rato. Los cuernos, en su casa, los acumulan por partida doble: los que trae papá de la plaza de toros y los que le ponen a mamá cuando se va a la pelu a hacerse las mechas en tres tonos de rubio. ¡Toma castaña! Espartaco-el-Santo lleva beneficiándose a una fea (porque, las cosas como son: es fea con ensañamiento) desde hace meses (años, según algunas lenguas viperinas del periodismo patrio) y el tío no pierde la sonrisa. Al contrario que la sufrida esposa, que parece un ánima vagabunda que no come caliente desde hace semanas. Si le soplas, se la lleva la brisa, porque se ha quedado como el espíritu de Nicole Kidman.

Hay veces que comprendo tanto a Lorena Bobbit...


miércoles, 12 de mayo de 2010

Con estas manitas...

¡En qué lío me he metido!
Me dice la niña que les han mandado en el cole unas manualidades para hacer en casa y que necesitan la ayuda de los papás para que salgan bien. Yo, armada de toda mi paciencia, he agarrado la lista y me he propuesto hacer el mejor sistema solar que haya pisado ese colegio, que para eso sacaba sobresaliente en Ciencias Naturales y me sé los planetas al dedillo, gracias a las canciones de Enrique y Ana.

Todo parecía fácil y asequible, así que le dije a mi “santo” que no nos hacían falta sus manitas para nada. Que las chicas nos bastábamos solas. Error.

Acudo a la tienda de manualidades que hay en el centro y ya empieza mi mosqueo. Resulta que las pelotitas de porexpán, imprescindibles para hacer los planetas, están agotadas. ¡Malditos padres cabrones, que se me han adelantado para que mi hija pase vergüenza con pelotillas hechas a base de papel higiénico cubierto con esparadrapo! Ni hablar. Me voy a un sitio de venta al por mayor que conozco y fijo que tienen.

Efectivamente. Tenían. El diámetro de cada bolita es diez veces superior al que pedían en el cole, pero eso da igual. Mi hija va a tener un sistema solar a escala 1:1 y no se hable más. Lo malo es que los planetas han de “colgar” de un aro de un metro de diámetro y, si seguimos con las proporciones, el nuestro tendrá que tener 10 metros. Pues nada. ¡Lo que haga falta!. A ver dónde encuentro cartón-pluma suficiente para semejante ruedo. Tengo claro que no me va a caber en el coche, pero ya me las apañaré para transportarlo al colegio. ¿No consiguió la mamá de Anita meter en su 4x4 un chalet de cartón de tres alturas, que parecía el de Ronaldo, cuando nos habían insistido en que no midiera más de 30 centímetros? Pues mi hija no va a ser menos.

Como estáis empezando a comprender, las competiciones entre padres están a la orden del día en el colegio de mis hijos. Con las manualidades se ve lo peor de cada progenitor. Recuerdo el día que el padre de Laurita (instigador de esta guerra sin sentido) se presentó, el muy sinvergüenza, con una pecera de cristal de 2x2x4 metros, de agua climatizada a 20 grados perennes y pececitos de diseño, traídos expresamente del Amazonas (o parecido, porque yo no los había visto en mi vida y mira que estoy viajada). Los demás nos quedamos de una pieza, porque llevábamos botes de mermelada con la tapa agujereada o cajas de metacrilato (que ya me costó encontrar una, no os vayáis a creer que es tan fácil) llenas de animalitos y algas de plástico. Ahí, empezó una batalla sin cuartel que todavía perdura. Y que sólo puede ir a peor.

Como cuando Luisito acampó durante tres días (con sus noches) en las puertas del colegio, porque tenía que ser el primero en presentar su robot autómata y autónomo, que comía y hacía sus necesidades sin que nadie le tuviera que acompañar al baño. Claro, como su padre es Ingeniero de Telecomunicaciones, se las sabe todas en lo que a cableados y chips se refiere. Y yo, que soy de Letras, con una Nancy forrada de albal y mi hija, haciendo el ventrílocuo a lo José Luis Moreno, con frases ensayadas tipo: “Hola, mí llamarme Robot XP3, venir de lejano planeta interestelar, querer ser tu amigo”. Manda cojones… Qué bochorno pasó la pobre cría y qué risotadas se echaba el padre de Luisito, que será todo lo Ingeniero que tú quieras, pero también un cabrón con pintas.

En fin, que me he puesto a colorear los planetas con las témperas y no tenía litros suficientes para el diámetro de tanta bola. Sal a comprar más pintura, coge también unos aros para Saturno, una bombilla que haga de Sol y unas circunferencias oscuras. ¿Para qué?, os preguntaréis.

Pues para los agujeros negros, que mi hija esta vez se lleva el sobresaliente como está mandado. Ya verás qué bonito cuando salga al rellano… bueno, mejor al portal, que en el ascensor tampoco me entra, a montar todos los planetas, con sus satélites, sus anillos y sus agujeros negros… va a ser la envidia de todo el colegio. A ver dónde lo ponen. Fijo que lo montan en el salón de actos, porque lo que es en el aula, lo veo difícil.

A ver si el padre de Luisito me vuelve a soltar lo de “chapucera”, que le pego un mandoble que se le va a olvidar toda la carrera de Teleco del golpe.

martes, 11 de mayo de 2010

Superchachiguay

Conversación entre dos quinceañeras, cuajadas de pulseritas Pandora y cachivaches cuelga-móviles, con onda mechada-pepera sujeta sobre la frente a base de doble ración de laca extrafuerte:

PIJA PANDORA: ¡Jo, tía, qué fuerte me parece lo de la entrada de El Canto del Loco!
LA RUBICHI: Ya te digo. Es súper chungo.
PIJA PANDORA: Tía, te juro por mis planchas Ghd que me la pienso comprar, aunque cueste más cara que mi Ipod Nano. Me ha dicho mi vecino que me presta la pasta y que ya me dirá qué le debo a cambio…
LA RUBICHI: Pues a ver si te llega para comprármela a mí también, que Borja me iba a llevar por nuestro aniversario y ahora resulta que sus colegas se lo llevan al palco del Bernabéu y se ha olvidado que me lo había prometido… claro, como se pone mazo celoso cuando le digo lo bueno que está Dani, el del Canto…
PIJA PANDORA: ¿Pero cuánto lleváis ya?
LA RUBICHI: Casi cuatro semanas.
PIJA PANDORA: ¡Qué fuerrrte! Yo nunca paso de los cinco días… es que los tíos son todos iguales. En cuanto meten, ya están mirando a las siguientes tetas operadas que se les crucen por delante…
LA RUBICHI: Ya, tía, pero es que en cinco días, ¿ya les dejas meter?
PIJA PANDORA: Hombre, claro, ¿tú cuánto esperas?
LA RUBICHI: Ppsé, ni flower, unos… siete días, por lo menos… Es que si no, te toman por una guarrilla cualquiera…
PIJA PANDORA: Yo es que soy incapaz de aguantar siete días, tía. Me duran más las uñas de porcelana que los tíos…
LA RUBICHI: Jo tía, es que es verdad: te duran menos que la batería de mi Nokia.
PIJA PANDORA: Ya te digo, Rodrigo. Por cierto, ¿no te ibas a pillar un iPhone?
LA RUBICHI: Sssí, tía, pero mis viejos ahora me saltan con que si cateo más de cinco no me lo compran. ¿Cómo lo ves?
PIJA PANDORA: ¡¡¡Hala, es hipermegafuerte! ¿Serán cabrones? ¿Y cuántas te han quedado?
LA RUBICHI: Seis. Pero el de gimnasia me ha dicho que si me esfuerzo haciendo el pino sin sujetador, me aprueba.
PIJA PANDORA:¿Y qué vas a hacer?
LA RUBICHI: Pues quitármelo, está claro. Yo, por mi Iphone, lo que sea, tía.
PIJA PANDORA: Tentiendo, tentiendo.
LA RUBICHI: Pues el Borja no piensa igual. Dice que ya ahorrará él, vendiendo su sudadera de La Martina o su raqueta de pádel en Ebay, pero que como se entere que le he enseñado las tetas sin querer al de gimnasia, me deja.
PIJA PANDORA: Joderrr, cómo son los tíos. Si total, no le vas a dejar que te las toque ni nada. Es tope celoso, ¿no?
LA RUBICHI: Ya, tía, pero… ¿a que es un amor?
PIJA PANDORA: Buah… si total, te va a dejar igualmente… O sssea, antes o después, quiero decir. En cambio, el iPhone sí que es chachi, te lo digo yo, que ya no tengo problemas de cobertura y me dura la batería mogollón de horas con el Spotify a toda caña…
LA RUBICHI: ¡Guay que te cagas! Tengo unas ganas de pillarlo…
PIJA PANDORA: Pues ya puedes practicar el pino-puente, tía, porque me parece tope raro que te apruebe sólo por enseñarle las tetas. A Maripi, la gorda, le dijo que no la aprobaba ni aunque se la chupara. Cómo es el pavo, ¿verdad?
LA RUBICHI: Ya, ya me lo insinuó si quería un sobresaliente, pero yo no voy a pillar nota. Con el aprobado me vale. Que luego Borjita se entera y se pone mazo celoso y no hay quien le aguante… las tetas y punto.
PIJA PANDORA: Todo sea por el iPhone, tía, que lo merece.
LA RUBICHI: Ssoes, ssoes… yo, por mi iPhone, MA-TO.

lunes, 10 de mayo de 2010

Si yo sólo quería lavarme el pelo...

El viernes pasado entré en Sephora a comprarme un champú, aprovechando una tarjeta-descuento del 20% que me habían metido en el buzón.

Mi intención era pillar uno a boleo, echarlo a la cesta y pagar a toda leche, sin pasar por la sección de maquillaje, que me conozco y soy capaz de probarme en la misma mano 6 tipos de bases con sus correspondientes polvos translúcidos. Además, siempre ando loca a esas horas de la mañana y no tengo tiempo para nada. Pero no, se ve que eso era antes. Ahora, es imposible. No sé si por la crisis, que obliga a colocar toda la mercancía al primer pardillo que se te cruza, o porque a las dependientas les dan un cursito de atención pormenorizada al cliente, o porque, casualidades de la vida, (me suele pasar) me ha tocado a mí la dependienta más aventajada del local, que no se contenta con el consabido “no, gracias”… el caso es que se me acerca una con cara de “pregúntame a mí, que me lo sé todo” y me dice: “¿qué buscaba?”. Yo le digo:” ah, no, nada, un champú, pero ya sé dónde…”. No me dejó ni terminar la frase, porque quería mostrarme sus dotes de doctorada en lociones capilares.

- ¿De qué tipo?- me pregunta.
- Ah, pues no sé, me da igual, uno normal. Vamos, económico.
- Nonono, de “igual” nada. La elección del tipo de champú es lo más importante- me dice casi ofendida.
- Ya. Y… ¿de qué depende?- me voy a hacer la tonta, porque como vaya de listilla, no acabo.
- Pues del tipo de cuero cabelludo que usted tenga, por supuesto- me suelta la resabiá aquella.
- Yo es que el cuero cabelludo lo tengo como todo el mundo, un poco graso arriba, un tanto seco abajo y respecto a su ubicación, pues eso, bajo el pelo…- se creía ésta que yo era tonta….
- Veamos. Dice usted que lo tiene graso, seco y... desnutrido, por lo que veo. Hmmm…. ¿caspa?- me pregunta mirándome con ojos saltones.
- ¿Que si me llamo "caspa"?-yo alucinando.
- No, no, que si tiene usted caspa. Ya sabe, esas escamas de piel muerta que solemos encontrarnos sobre los hombros…
- ¡A ver, que ya sé lo que es la caspa y no, no tengo de eso!. ¿Me da ya un champú cualquiera?- yo, insistente, que me van a dar las uvas…
- ¿Se lo lava usted a diario?- pregunta la cotilla…
- Hombre, todo lo que puedo, pero no a diario, porque me han dicho que eso envicia al pelo y no se debe hacer…
- Eso es una falacia. El pelo no sufre ni se envicia por ser lavado a diario. Siempre que se use un champú específico y bla bla bla…
- Vale. Resumiendo: tengo el pelo graso en la raíz, seco en las puntas, desnutrido, sin caspa, me lo lavo día sí-día no, ¿algo más?
- Bien, le puedo dar ya su diagnóstico.
- ¿????
- Le recomiendo este nuevo champú con liposomas al aceite de jojoba, junto con un sérum reparador y una mascarilla al aguacate enano revitalizante, que le va a dejar la cabellera nutrida y radiante.
- ¿Mande? ¡Pero si yo sólo quería un champú!
- Y, de paso, ¿qué le parece esta crema efecto lifting y antiarrugas a juego con este contorno de ojos de karité?- ella ni me escucha. Sólo se oye a sí misma.
- ¿Y a usted qué le parece este puño reafirmante que deja el ojo a la virulé?- le suelto yo indignada-de-la-vida.
- Bueno, bueno, no se lo lleve si no quiere, pero le advierto que esas líneas de expresión se le van a convertir en surcos abisales a las primeras de cambio.
- ¡A la mierda!- le solté sin contemplaciones. Y me largué al Carrefour a por un champú de oferta que me ha dejado el pelo lisito, suave y brillante. ¡Que se joda la petarda!. Ah, y me pienso seguir lavando el pelo los días impares. Pues no soy yo nadie llevando la contraria…

domingo, 9 de mayo de 2010

Ver para creer...



Casi me da un pasmo cuando leí en el periódico la noticia que hoy os traigo al blog. Le saqué una cutre-foto y todo, del repelús que me dio…

Una señora de 72 años anuncia a bombo y platillo que se ha enamorado como una cría de su nieto, de 26 primaveras. No contentos con semejante depravación, han decidido regalarse un bebé, gracias a un vientre de alquiler, ya que sienten que va a ser “la guinda” del pastel este que es su amor sin prejuicios.

Mira, bonita, tú lo que eres es una degenerada sin entrañas. Y tú, chaval, tienes unas tragaderas portentosas. En algunos países, este proceder sería incluso ilegal. No te digo más. Ella, por pervertir de forma incestuosa a un joven que no debe tener dos dedos de frente. Él, por corromper a una pobre anciana que no sabe ni lo que dice.

Sólo pido a Dios que ese embarazo no llegue a término, porque no quiero ni imaginarme el careto del chaval cuando crezca y le intenten hacer ver que su familia es de lo más “normal”. Que si sus padres se querían, que si su nacimiento fue fruto de un amor desbocado, que si los convencionalismos ya no están de moda, que si el incesto es una cosa muy antigua y no hay que echarle cuentas, y tal y cual…

¿Qué se le pasa a alguien por la cabeza para liarse la manta a la cabeza de esta forma y ponerse el mundo por montera? ¿La peña no piensa? ¿No criba? ¿No calibra las consecuencias de sus actos? ¿Es que todo vale? ¿Soy la única que no lo ve claro?

Algunos me dicen que, si esto le pasara a la Duquesa de Alba, todos cantarían las bondades del amor tardío, del renacer de una octogenaria gracias a los prolijos cuidados de un hombretón de buen ver. Pero es que el caso no es ni parecido: ¡que esta otra señora se ha liado con su nieto, al que saca casi cinco décadas! ¡Y encima pretende cargar con un bombo! ¡Que la señá Duquesa, aunque se lo ha buscado treinta años menor, al menos no tiene que preocuparse por la consanguinidad o por cambiar pañales! Bueno, esto último sí, pero sólo los suyos…

¿Soy yo la “corta de miras”, la única que cree que el mundo se ha vuelto loco?

A este paso, me veo a la Obregón haciéndole ojitos a su sobrino de 15 años y gritándole al mundo que quiere ir a por la parejita. ¿No es obsceno, indecente, inmoral, sucio y escabroso?


sábado, 8 de mayo de 2010

Soy un búho


Puñeteros ronquidos. No puedo ni con las pestañas. Mi “santo”, cada vez que tenemos festolina y le da a la birra, se pone en modo “oso” y no me deja dormir. Es que no falla.

He probado con todo: tapones de silicona, bolitas de papel bien metiditas en las orejas, unos cascos con música suavecita… nada sirve. Oigo sus gruñidos de fondo y no me concentro ni en la música, ni en dormir, ni en las ovejitas que saltan como cabritillas sobre las vallas blancas, ni en nada…

Nuestras conversaciones, a esas horas intempestivas, suelen ser más o menos así:

- Tchk, tchk, (chasqueando la lengua), sssshhhhh,…- digo yo con los ojos como platos.
- Hmpffffeinnnnnn???- él sigue soñando sin bajar el ritmo del ronquido, no sé cómo lo consigue.
- Que se te ha vuelto a relajar el paladar, gírate a ver si lo paras- suelto optimista…
- Qkqkquééé???- sigue soñando, ni se cosca de lo que pasa.
- ¡Que te gires, leñes, que no hay quien duerma!- grito poniendo mi mejor voz de enfado para que salga de su sopor.
- Hmmmmbreporfavorrr nnnmnnommetoquesloscojonessss…- creo que sigue dormido, pero no me queda del todo claro…
- Es que estabas hablando sólo y roncando a mil decibelios- le cuento para que esté al día.
- Tú también roncas, maja- me suelta a degüello y sin abrir los ojos.
- ¿Que yo ronco??- indignada me hallo.- ¡Yo no ronco!.
- No, qué va…
- ¡Si acaso, respiro fuerte, que te quede claro!- es de sobra conocido que las tías no roncamos, sólo respiramos con nocturnidad y picardía, ¡qué pasa!
- Lo que tú digas, chata, pero suena a ronquido.
- ¡Eso es por culpa de la sinusitis!- parece mentira que a estas alturas no sepa que suelo tener la nariz taponada.
- Ya… sinusitis… crónica, ¿no?- me pregunta con malicia.
- ¿Hay de otro tipo, o qué?- si él va de listo, yo no voy a ser menos.
- Anda, duérmete, que me vas a acabar desvelando del todo…
- Ya, claro, como que es tan fácil dormirse a tu lado…- el tío se ha girado y ha vuelto a caer en coma profundo en menos de 3 segundos.

He llegado a pensar en arrastrarle al sofá sin que se entere, empaquetadito en la funda nórdica, pero nunca encuentro la fuerza y el valor suficientes para hacerlo. Me da como penita… También he probado con otras técnicas, como ponerle tres almohadas bajo la cabeza. Pero nada. En mitad de la noche, disimuladamente, las saca y las tira al suelo. Yo, por no levantarme (se me enfrían los pies y entonces sí que me destemplo y me desvelo, todo en uno) lo dejo estar.

Le compré las tiritas nasales de esas que anuncian y se me ofendió. Dijo que él no se ponía eso en la nariz, que no era una nadadora de sincronizada y que encima le tiraba de las fosas una barbaridad y no se concentraba en dormir. Claro, así evitan el ronquido: ¡evitando el sueño!

En fin, visto lo visto, mejor me aclimato y me resigno, porque no le veo solución. La vida en pareja tiene estas cosas: unos días, le adoras. Otros, le ahogarías con la almohada.

viernes, 7 de mayo de 2010

¡Qué ven mis ojos!

Llevo varios días dudando si dedicarle a esta imagen un post o si intentar borrarla de mi caché mental de una pedrada.


Varios blogs se han hecho eco de ella y hay opiniones para todos los gustos.

No es un efecto óptico, ni una jugarreta de la perspectiva, ni siquiera una ironía del PhotoShop. Es verídica y está sacada en una Iglesia de Warr Acres, Ohio, donde los creyentes acuden en masa a ver este portento sin salir de su asombro.




El autor de tan… imponente (?¡!?) crucifijo asegura que no es lo que parece. Que en esa posición, Jesucristo estaba a su máximo esfuerzo, dándolo todo, vaya. Con tal distensión ventral, que todo él era como un abdominal eterno. Ya.

¿Y yo que me mantengo en que eso no cuela? Siempre igual, diréis, esta tía es una incrédula. ¿Qué quieres que le haga, si lo miro y lo remiro y lo veo todo tieso? Si es que le veo carita de “tomad (y bebed) todos de él, … que tengo pa aburrir”.

Estos atributos del Cristo de Ohio, como ya lo han bautizado, han levantado suspicacias y tal escándalo entre los fieles de la Iglesia de San Carlos Borromeo, donde se ubica, que muchos de ellos, indignados hasta decir basta, han abandonado la parroquia horrorizados por esta “sexualización del Señor”, según cuentan.

El párroco y el autor, sin embargo, no se apean de la burra y afirman sin contemplaciones que “eso” no es lo que parece. Que el que vea un cimbrel es que tiene la mente sucia. O que no ha visitado un gimnasio en su vida, que todo puede ser. Que eso son unos abdominales como un piano y que no lo piensan quitar de donde está.

Vale. Pues no lo quites. Pero que te quede clarito: eso es un pene erecto inmenso, te pongas como te pongas, o lo mires desde donde lo mires. Y, encima, totalmente desproporcionado con respecto a las piernitas que le has puesto. Vamos, que eso no se le sujeta (te lo digo en confianza), porque vulnera todas las leyes de la física. Que la figura mide tres metros y el “tema” ocupa medio metro, que lo he calculado con el escalímetro y todo. A ver dónde has visto tú semejante portento de la naturaleza. Si parece un anuncio de Viagra, no me jodas… Pillan así a Cristo los romanos y le hincan otro clavo ahí donde te digo, para que no se le descuelgue…

Ya verás la de feligresas que empiezan a acudir en peregrinación y la de viejitas que retoman el hábito de rezar el rosario… ¡Yo, más bien, rezaría por que no se convierta en el antro de moda para las despedidas de solteras!
Y una última recomendación: ¡ojito con los abdominales, chicas, porque os pueden dejar preñadas con ellos!

Ahora comprendo a María Magdalena, que de “tontita” tenía bien poco…

jueves, 6 de mayo de 2010

Oriundas de Criticon Valley

Las señoras esas que se reúnen los martes alrededor de una taza de café, cuando creen que nadie las escucha, son la mar de graciosas. Si te pides un cortado en la mesa de al lado y te llevas una novelita para disimular, tienes la diversión garantizada durante, al menos, un par de horas.

Yo lo hago cuando puedo y me encanta apuntarme las frasecillas que sueltan sin avisar, porque no tienen desperdicio. Critican todo lo que se menee, a la vez que se toquetean las alhajas o se pasan la mano sobre el cardado a lo “señorita Pepis”, con perlas de este tipo:

- ¿Maruja? Está fatal. Su hijo se ha quedado en paro y la vaga de su nuera se niega a trabajar excusándose en que ella se dedica a sus cuatro hijos. Así que le han pedido dinero para pagar el colegio de los nietos y está que trina. Dice que ya no puede ni venir a tomarse el café con nosotras, porque se le apunta la gorrona de la nuera y no es plan. ¿Qué te parece? Hay que ver, qué mala suerte ha tenido con la nuera, ¿verdad? Con lo majo que es el hijo, tan guapo, tan trabajador… ¡y ahora parado!. Seguro que lo han echado porque la mujer le hacía llegar tarde al trabajo. Con lo bien que habría estado ese chico con mi hija, ¿no crees?
- Los jóvenes de ahora no tienen respeto por nada. Se visten como pordioseros y se magrean en la calle delante de todo San Pito Pato. Y la culpa la tienen “ellas”, ¿eh?, que son las que se les echan al cuello. Menos mal que mi nieta es muy formal y no anda metida en nada ilegal, ni bebe, ni fuma, ni va con hombres. No como la nieta de la Antonia, que va de obediente, cuando todos en el barrio sabemos que tiene un novio con muy malas pintas, ¡que la sube a su moto sin pedir permiso a los padres!
- ¿Visteis el modelito de Ambrosia en la boda de su nieta? ¡Dios mío, si parecía un cromo! ¿Quién la habrá engañado? Y yo que pensaba que había adelgazado… pero ya vi que no, qué va, ocupaba todo el banco de la Iglesia ella solita. La pobre… está tirando el dinero con ese endocrino, te lo digo yo.
- ¿No soléis ver a José Mota en la tele? A mí ya no me hace tanta gracia. Reconozco que yo soy más de Los Morancos. ¡Cada vez que veo al mariquita haciendo de Omaíta, me muero de la risa! Cómo ha cambiado la tele, ¿eh? Sólo echan porquería. Venga a sacar besos con lengua y escenas de “seso”. Si no fuera por “Amar en tiempos revueltos”, ni la encendía…
- Chica, ando buscando un vestido para un Bautizo y no encuentro nada. Han cerrado la boutique a la que siempre iba y la modista que tenía ni me coge el teléfono. ¡Me niego a entrar a una de esas tiendas modernas que venden ropa repetida en todos los colores! Al final, te encuentras con señoras vestidas igual que tú. Bueno, como te pasó a ti en la boda de tu nieto, ¿verdad? ¡Qué espanto! ¡Me pasa a mí y me da un vahído!
- La nieta de Paca, la de la frutería, ha venido de Londres con un bombo. Nadie sabe cómo ha sido, pero el caso es que no tiene marido, ¡ni novio conocido!. Pobre criaturita… a ver cómo se cría sin un padre… si ya se lo dije yo: “Paca, tu nieta se va a Londres para que no la vigiléis y poder hacer lo que le venga en gana. No la dejéis”. Pero Paca insistía en que la niña ya tenía treinta años y no se dejaba mangonear por los padres… por los padres no, pero por un hombre sí, ¿eh?. Menuda deshonra para la familia…

Lo que os digo. ¡Divertidísimas! Me cuesta un triunfo no soltar risotadas a su lado.

Me río, sobre todo, porque no es a mí a quien despellejan. De lo contrario, sería difícil que no me levantara a cantarles las cuarenta, claro. Pero como no soy yo el objeto de su inquina, pues eso, que me resbala.

Tienen que tener una amargura por dentro, alimentada a base de años y años de veneno lenguaraz, que no se la quitan ni con lejía. ¿A que todos conocéis a alguna?


miércoles, 5 de mayo de 2010

Las singles y sus citas...

Bea, la amiga de mi vecina Maripaz, ha llegado al portal sofocada esta mañana, con las últimas noticias y sinsabores de sus amigas “las solteras de la escalera”, como les gusta llamarse. Como siempre en estos casos, Maripaz me llama y me invita a tomar un café con ellas, porque sabe que no tengo muchas ocasiones para salir y me encanta chafardear sobre las singles y sus desventuras.

La alegre Bea es una mujer de treintaypocos, de muy buen ver y un gusto refinado por los trapos. Es de las que piensan que el estado natural de la mujer es: soltera (of course), con un pisito de dos dormitorios (uno de ellos transformado en vestidor), varias citas escalonadas y repartidas entre el viernes y el sábado-noche y una cuenta corriente saneada, por aquello de no depender de que el tío que te toque sea o no un agarrao sin escrúpulos que aprovecha la cita para llenarse la barriga a tu costa. Que de esos, según me confiesa, hay muchos.

El viernes pasado, Bea tenía un plan. Pero no un plan cualquiera, no vayáis a menospreciar su cita. Éste era un planazo. ¡Qué coño: era el plan de su vida!. El padre de todos los planes. La cita con la que toda treintañera de buen ver sueña y rara vez logra: la llevaba a cenar un jugador de un equipo de fútbol de 1ª, al restaurante más de moda de la capital.
Y no, no era Guti, no seáis listillos.

Bea salió de casa eufórica. La cena prometía y el postre, ni te cuento. Tenía un coche esperándola en el portal. Con una botellita de champagne abierta en su interior y una cajita de bombones de marca (sí, qué pasa, también hay bombones de marca, no todo iba a ser “La campana de Elgorriaga”) esperando a ser catados.

Llegó al restaurante y la cosa empezó a desinflarse. El supuesto futbolista de 1ª división (así se presentaba en los anuncios de contactos, que esta parte me la había saltado) era más bien de 1ª regional. Era un pringao vestido de mil colores (no era Guti, pero él se creía Guti, no sé si me explico), con un peinado a lo Melendi y unas botas futuristas que no casaban con nada. Bea empezó a temerse lo de siempre: que le habían dado gato por liebre en algún desvío del camino. Con lo bien que se lo habían pintado los de la agencia de contactos… Bueno, ella no se desanimó, porque tiene más moral que el alcoyano, y se sentó a aquella mesa, con más miedo que vergüenza, dispuesta a lo que fuera.


El tío ya había pedido la comanda y empezaron a hablar.
No estaba mal del todo, me contaba, si le quitas la ortodoncia transparente (que él pensaba que no se notaba) y le pones un traje en condiciones. Esto a las singles, diría yo, les motiva, porque es como un reto: conseguir transformar a un Leonardo Dantés cualquiera en un Gerard Butler que quite el sentío.

Cuando llegaron al café, decidieron irse a su casa (la de él) a tomarse una copita.
Y mira tú por dónde que, llegado el momento de empezar el jaleo, el chaval le suelta lo siguiente:

- Verás, Bea, yo es que… soy virgen…
- ¿Cómo virgen?...- pregunta ella sospechosa. ¿Virgen en plan Madonna, que te sientes “like a virgin” o virgen en toda la extensión de la palabra, como un paso de Semana Santa?
- Virgen, virgen…. Vamos, lo que viene siendo sin estrenar- dice él cohibido.
- Vamos, hombre, no me jodas…. ¿Qué no te lo has hecho nunca? Pero… ¿en la vida?... ¿Ni siquiera una intentona que quedó en nada?
- Nada. Cero. No lo he hecho nunca…. Acompañado, quiero decir…
- Pero… ¿cuántos años tienes, criaturita?
- Treinta y ocho. El mes que viene, treinta y nueve.
- No me digas, no me digas, … por favoooorrrr…
- Sí, te lo digo. Es que quería que lo supieras, porque eso a las tías creo que os mola, ¿no?
- ¿Que nos mola? ¿Que nos mola ligar con un tío que se compró el libro pero no se ha leído ni el primer capítulo? ¿Tú crees que me mola tener que enseñarle a alguien dónde tengo mis cosas y para qué sirven? Porque… al menos, tendrás nociones, ¿no?- pregunta ella hiriente.
- Hombre, nociones sí tengo. He leído… he visto películas… y eso…
- ¿Y "eso"?
- Sí, lo de los preliminares, lo de avisar, lo de por detrás….
- ¿Lo de…??? Ay mi madre… pero de qué películas me estás hablando? ¿De una porno?
- Sí, claro. Ayer me vi tres seguidas, para estar al día…- el pobre hombre, ya no sabía ni dónde mirar.
- Vamos a ver si me centro… ¿nos ponemos al lío y vamos viendo cómo sale?- le pregunta ella a lo loco.
- Vale, tú me vas diciendo, ¿eh?

Pobre Bea. Dice que fue una noche para olvidar. Que la pobre no sacó nada en claro. Que él se puso nervioso y…. vamos, ya me entendéis, que no llegó ni a la primera base. ¡Qué bochorno!. Y encima le dijo que a ver si quedaban hoy de nuevo, que quería seguir practicando, que no hay como ensayar para conseguir lo que uno quiere.

Pero Bea dice que ella ya no está para enseñar a nadie. Que no tiene tiempo ni paciencia y que, si quiere aprender, que se compre un manual y todas las pelis porno que quiera, pero que ella no vuelve a hacer de cobaya.

Pobre infeliz… que a las tías les mola, dice. ¿Quién le habrá engañado?


martes, 4 de mayo de 2010

Brutal honestidad

Estoy un poco harta de los “sinceros radicales”.
Me refiero a ese tipo de gente que te llama de todo en plena jeta porque, según dicen, no les gusta ser hipócritas ni falsos y la verdad hay que llevarla siempre por bandera.

Pues, mira, no. A mí no me hace falta tanta realidad a bocajarro, porque soy sensible y me llevo unos disgustos gratuitos que no me sirven para nada. Que me conozco. Que no sé separar el “polvo de la paja” y me lo tomo todo muy a pecho. No me digas que he engordado, cuando sabes que estoy a dieta rigurosa de por vida por la retención de líquidos, ni te pongas irónicamente (y a carcajadas) a cerrar puertas para evitarme la corriente cuando te comento que “engordo del aire que respiro”.

A mí dime las cosas con cariño, con respeto y, por qué no, con falsedad cuando la ocasión lo requiera, que para ver brutalidad ya tengo el telediario de las 9 cada día, con el Ribagorda narrándome al detalle las casquerías del mundo.

Pero hay gente que no lo entiende. Se ponen, en plan Risto Mejide, a decir verdades de las que duelen y las intentan hacer más llevaderas con un “si te lo digo por tu bien”. Pues no. Por mi bien, no. A mí no me hace ningún bien oírte decir que visto como el culo o que mi último corte de pelo parece hecho a mordiscos. Miénteme un poquito, hombre, que no te cuesta nada, yo me acuesto más tranquila y a ti no te va a dar la urticaria por una mentira piadosa. Que eso no lo contempla como pecado ni la mismísima Iglesia. No me seas borde, que no eres House diciendo lo primero que se le viene a la cabeza. Piensa un poco a ver cómo lo arreglas e inténtalo de nuevo. No me digas que no sabes mentir, que te he visto yo echar cada órdago a la grande jugando al mus, con dos cochinos ases por toda mano, que la gente ni se lo creería...

En fin… todo esto a qué viene, os preguntaréis.
Pues viene a cuento porque el mandanga de mi primo ha decidido seguir esta nueva terapia de sinceridad extrema, alentado por su nuevo psicólogo, y se ha dedicado a mandarnos mails a toda su agenda con frases de este calibre:

- Susana tiene las tetas operadas, aunque no lo sepáis, y le han dejado un canalillo tan ancho que ahora se guarda en él el billetero, el pintalabios y las llaves, por eso no lleva bolso desde hace un mes. Aunque os haya dicho que tiene tendinitis y por eso no carga con él, la realidad es que no le hace falta. ¿Verdad, Susi?
- A Pedro en el colegio le llamaban “pichacorta”, ¿verdad, Pedrillo?. Por eso nunca se ducha en el gimnasio, no porque sea propenso a coger hongos, como os cuenta.
- ¿Os acordáis de las hermanas Pérez, aquellas que iban de pías y no se dejaban ni sobar el culo porque se reservaban para el matrimonio? Pues Jose y yo nos las zumbamos a las tres. ¡Qué noche épica fue aquella, eh, Jose??!
- El sábado pasado, Mari nos contó que se había ligado a un tío bueno y todas babeabais con la descripción, ¿verdad? Pero… ¿a que no os contó que el tío le dejó 100 euros en la mesilla al irse y “si te he visto, no me acuerdo”? Cuéntalo, Mari, que te va a servir de desahogo. ¡Cuéntanoslo, mujer!

Como veis, éste no entiende de filtros ni de compasiones…


lunes, 3 de mayo de 2010

Operación Burka...


No me mires, ni me tosas,
tu mirada me alborota.
Tengo tres meses escasos
y agua en todos los vasos.

Ni vinillo, ni anisete,
nada es light, aunque promete.
Se acabó la tocineta,
butifarra o la panceta.

Sólo le doy al tomate,
¡estoy loca de remate!
De esta me pongo el bikini,
aunque me atragante a kiwi.

Paso de los bichos-palo,
¡iros todas al carajo!
Mi cuerpo pide bocata,
y le arreo otra insalata.

Lo camuflo como puedo,
pero mezclo con denuedo
verduras con cebolletas
y mil manzanas reinetas.

Esto no es vida, lo juro,
¿quién me ha echado este conjuro?
Que si dieta, que si metas,
que si cómete unas peras…

¿Que adelgazas sin motivo?
Pues qué suerte, amigo mío.
Porque a mí me falta tiempo
y no veo el fin del cuento…




domingo, 2 de mayo de 2010

¿Se puede ser más cateta?

Oído el martes, a las 20:00 horas, mientras volvía a casa en autobús junto a un hombrecillo que chillaba por el móvil .

- ¿Diga?... ¡¡¡Hombreee, Pascualaaa, cuánto tiempooo!!! ¿Qué es de tu vida?
- (…)
- ¿Y el Ambrosio, sigue parao?
- (…)
- ¡No me digas! ¡Que se la ha pegao con el coche! Iría a cojón sacao, como si lo viera…
- (…)
- En tas maneras, en tas maneras… no faltaba más… mira que le gusta peer en botija al tío… ¡no se apea de la borriquilla ni aunque le obliguen!
- (…)
- Que no te dé enfado, en contá que lo lleves al taller, aviso al dueño, que es amigo mío, no te dés gusto, mujer…
- (…)
- Pues ya le puedes decir al Ambrosio que ponga los dientes en un vasar, que hay que ser un árbol del desmayo para hacer de galgo empinao a su edad, que parece un saco de mies
- (…)
- Ni ná ni ná… eso me lo guardo yo pa entre mi pellejo y no se entera nadie. Pero te aviso que tu marido es carne de tresillo.
- (…)
- Hala, vete a contar los frailes tranquilita, que eso me viene como manotá a la tonta
- (…)
- Abur, abur, hasta más ver…

El hombrecillo se levantó y, girando la cabeza hacia mi persona, preguntó:

- Me permite salir, señorita, que me apeo en la próxima parada?
- Sí, sí, no faltaba más- le dije yo todavía en estado de shock.
- Muy agradecido. Buenas tardes.

Vamos a ver… si el hombre hablaba perfectamente nuestro idioma (más que perfectamente, yo diría que parecía un erudito de la Real Academia), ¿qué tipo de dialecto extraño era el que utilizaba por el móvil?

Pues nada, a San Google que se lo pregunto en cuanto llegue a casa.

Escribo “árbol del desmayo”: poco espabilado. “Saco de mies”: persona lenta por culpa del sobrepeso. “Carne de tresillo”: Vago. “Peer en botija”: llamar la atención. “Poner los dientes en un vasar”: reprimirse. “Irse a contar los frailes”: hacer recados. “Venir como manotá a la tonta”: perfecto. “Ni ná, ni ná”: no. “Pa entre mi pellejo”: para mí mismo. “A cojón sacao”: a gran velocidad. “Galgo empinao”: goloso. “En contá que”: en cuanto. “En tas maneras”: por supuesto. “No dar gusto”: causar rabia. “Abur”: adiós.

Descubro estupefacta que este hombre estaba usando “regionalismos”. En concreto, de Ciudad Real. ¡Toma ya! Esto es bilingüismo y no lo que enseñan en el colegio Británico. Y yo tachándole de catetón… ¡La cateta era yo!


sábado, 1 de mayo de 2010

La divina proporción y los inventos del tebeo...


Mientras Colón descubría América, en 1492, (doy el año para los de la LOGSE) un hombre llamado Leonardo da Vinci dibujaba en Milán lo que hoy todos conocemos como “El Hombre de Vitruvio”.

El propósito de Leonardo no era otro que mostrar al mundo la proporción del cuerpo humano, representando para ello una figura masculina desnuda, en dos posiciones sobreimpresas de brazos y piernas, e inscrita en un círculo y un cuadrado. Para ello, se basó en varios textos de Marco Vitruvio, un arquitecto de la antigua Roma, de ahí el nombre de la obra de Leonardo.

Con este estudio, el señor da Vinci consiguió las siguientes relaciones:

- que una palma equivale al ancho de cuatro dedos: tú dirás, mi palma va del índice al meñique, que, bien contados, son 4 dedos. Mucho, mucho no se despeinó, ¿eh, Leonardito?
- un pie equivale al ancho de cuatro palmas: pues será el tuyo, majo, que calzas un 58, porque el mío no llega ni a dos palmas, que me he descalzado y todo para comprobarlo.
- un antebrazo equivale al ancho de seis palmas: pues estamos en las mismas. O yo soy bracicorta, o lo tuyo es un serio problema de chimpanceísmo.
- o que la altura de un hombre se consigue con la suma de cuatro antebrazos o también midiendo su envergadura, es decir, la longitud de sus brazos extendidos: Esto no lo compruebo, que si me pongo a estirar los brazos no puedo sujetar la cinta métrica.

Bien. Todo parece indicar que lo que tenía da Vinci era una obsesión por la simetría y las proporciones exactas de la pera. Todo lo tenía medido, calculado y catado. A ver, que yo no pretendo levantar falsos testimonios sobre este buen hombre, pero… ¿no os parece que tanto dibujo sobre tíos en bolas (ideales de belleza para él), que si ahora te hago un musculito con todo lujo de detalle y ahora te planto un culito respingón que va a medir exactamente la distancia entre tu apéndice y tu bazo, es un tanto gay?

¡Joé, que la única tía que pintó fue a la fea de la Gioconda y todavía no queda claro que fuera un tío disfrazado o un travelo! Con menos indicios han llamado homosexual al mismísimo Sherlock Holmes.

No sé si el hombre se “comería” algo, porque guapo, lo que se dice guapo, pues no, no lo era. En absoluto. Era más bien feíto. Pero eso sí: listo de cojones. Tengo un compañero que dice que inventó mil cosas que todavía se utilizan… hmmm… ya, ya. Mil, ¿eh?. Pues dime una. Ilústrame. Yo es que soy así, tocapelotas por naturaleza.

- ¡El tornillo cónico!- me dice sin dudar.
- Buenooo, el tornillo cónico… la de cosas que te podría contar de él…
- Y… ¡el submarino!- (ahí quería yo llegar… que ya se lo he oído a varios)
- Sísísí- le digo yo- el submarino amarillo de los Beatles, ¿verdad?
- ¡Que no, joder, que el submarino es un invento de Leonardo!- él ofuscado.
- Uy, y yo que pensaba que el submarino lo había inventado un tal Cosme García Sáenz… quien, además, lo patentó y todo. Mira que no fijarse los de la oficina de patentes que Leonardo ya lo había registrado siglos antes…
- ¡No me vengas con pijadas!. ¡Leonardo ya había dibujado algo parecido a un submarino en el siglo XVI, que lo he visto yo!
- Ya, ya… entonces a mi hija la sacarán en los libros de Historia como la inventora de las casas voladoras, porque lleva años hinchándose a dibujarlas entre las nubes, subidas a un árbol, o volando entre los pájaros. ¿Es así?
- Hmmm…. no. Ya lo dudo.- me dice con pesar.
- Lo que me temía…

En pocas palabras: Leonardo hizo de todo, pero tampoco nos pasemos. ¿Que fue un adelantado a su tiempo? Sin duda. ¿Que dibujaba de vicio? Está claro. ¿Que tenía una imaginación calenturienta? A las pruebas me remito.

Pero no le asignes el invento del plastiquillo del pan Bimbo o de los post-it amarillos, porque quedarás como un panoli. He llegado a leer que inventó los electrodomésticos de cocina, con su pirólisis y todo… Claro, claro. Y el iPhone y la TDT y la minipimer… todo pa Leonardo, di que sí.


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