- Lo tengo decidido. Ahora sólo me falta convencer a mis padres y en unas semanas… ¡vida nueva!
La que habla es mi amiga Carlota.
Y digo que habla porque escupe por su boca todo lo que le llega al cerebro. Sin cribar. Ahora, que se le entienda es ya otro cantar…
- ¿Y qué es eso que te ha costado tanto decidir, cielo?- “paciencia”, pienso para mis adentros. Y agárrate los machos, que a saber por dónde te sale la rubia…
- Operarme. Esta mañana he tenido cita con el cirujano y me ha dado el presupuesto. Va a ser mi regalo de Reyes.
- Ya... tu regalo dices que va a ser… ehhh… ¿una nariz nueva? ¿Unas prótesis mamarias? ¿O tal vez unos implantes de glúteos? Aclárame esta duda, por favor, porque me va a tocar calmar a tu madre cuando lea tu carta de Reyes y me llame poniendo el grito en el cielo.
- Frío frío. Lo que quiero son unos nuevos labios vaginales.
Si me hubieseis visto por un agujerito, todavía os duraría la risa. Y eso que esto ocurrió hace dos días. Con sus noches. Yo todavía tengo pesadillas…
- Carlota, ¿de qué demonios estás hablando? ¿Te has vuelto a tragar todos los DVDs de “cambio radical” o qué?
- No. Lo que pasa es que tú estás demodé. Ahora, si estás en el mercado, esto es lo último.
- Sí. Lo último que nadie se haría, quieres decir.
- No. Lo último es operaciones de estética, es lo que te intento explicar.
Me parto.
Resulta que, según su cirujano de cabecera le comenta, se ha puesto de moda la cirugía de ahí-donde-te-digo. En los últimos 10 años, la demanda al parecer se ha quintuplicado (ahí es nada) y las mujeres recurren a ella aduciendo tanto cuestiones estéticas como de salud.
- Hombreee… ahí quería yo llegar. Párate un poquito, Carlota, que eso merece un análisis concienzudo. ¿Tú te crees lo que estás diciendo?
- ¿A qué parte te refieres?
- A la de la salud. Que te operes el tabique nasal por un supuesto ruidito nocturno que molesta a tu santo y no le deja dormir debido a tus mocos atorados, pase. Pero que se te vaya la vida (y la herencia) en operarte el clítoris y zonas adyacentes, no me digas que es comparable.
- ¿No crees que una labioplastia puede ser la solución a tus problemas médicos?
- Chica, yo no llamaría “enfermedad” o “problema médico” a enseñar demasiado cuando te atreves con un bikini brasileño o un tanga de leopardo. No sé si me explico… vamos, que si esto se arregla con la braga-faja de toda la vida, no puede ser muy grave, ¿no crees?
Es que, a este paso, todavía voy a tener que oír que debería cubrirlo la Seguridad Social.
De verdad que el mundo se ha vuelto loco.
- ¿Y qué vas a pedirte en la carta a los Reyes?- abundo yo en este absurdo sin igual, en vista de que Carlota no entra al trapo. ¿Una lipoescultura de pubis? ¿Un relleno del Monte de Venus, quizá? ¿O va a ser un estrechamiento vaginal con reconstrucción de himen, en plan 2x1?
- Noto cierto retintín en tus palabras.
- Es que tú dirás, chata…
- No. Yo lo que quiero es que sean simétricos. Y que no asomen. Vamos, como cuando era jovencita…
- Pero Carlota, si sólo tienes 37. No dramatices.
- ¡Pues quiero que me los recorten y me los dejen como nuevos, ¿estamos?! ¡Y déjame en paz con la murga, hombreya…!
Nada, nada. La dejaré en paz.
Que le hagan su carnicería inguinal y ya me contará a la vuelta.
Ahora mi duda es la siguiente: si a Maripaz le regalamos un Wonderbra especial-efecto-amigdalitis cuando se operó de “las lolas” (como ella las llama) y a Paqui le compramos unas Reebok cuando le detectaron pie cavo, ¿qué tendría que elegir para Carlota?
¿Unos leggins sensación-tattoo, de esos que se pegan tanto que acaban metiéndose hasta el bazo y no hay forma de sacarlos sin parecer una actriz porno en pleno rodaje?
Menudo dilema existencial…
¡Se aceptan sugerencias!

