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sábado, 31 de julio de 2010

Conversaciones paterno-filiales (o "diálogo para besugos", como prefiráis)

- Me llamas al llegar, ¿eh?, que no se te pase.
- Pero papá, si os llamo siempre.
- Pues eso, que lo sigas haciendo…

- Cuidado con la carretera, que hay cada loco al volante…
- Mamá, ya sabes que yo soy muy prudente.
- Eso es lo que tú te crees…

- A ver si te da el sol, porque menuda cara de folio tienes…
- Es que yo trabajo, mamá.
- Anda, y yo, ¿qué te crees?
- Pero si te has pasado un mes en la playa y estamos en abril.
- Es que no veas cómo cansa el sol…

- ¿Y dices que estás a régimen? Pues suelta el pan, que así vas mal…
- Mamá, que el régimen sólo lo hago los meses impares.
- Pues deberías ampliarlo y meter los pares.

- ¿Eso les vas a dar de comer a los niños? Se te van a poner como bolas…
- ¡Pero si es fruta!
- Uffff con lo que engordan los plátanos…

- En mi época no había tantas cosas y éramos el doble de felices…
- ¿Te refieres a que os metíais ocho en un coche para cruzaros España y los niños se hacinaban en el suelo?
- De “hacinados” nada, que ibais bien cómodos.
- Pero es que ahora, te pilla la Guardia Civil y te hunde las vacaciones.
- Sabrán esos lo que es aprovechar el espacio… si van sólo dos personas en ese cochazo que se gastan…

- Ay, hija, si es que te pasas todo el día con la maquinita y ya no me cuentas nada…
- Es que el ordenador es imprescindible para mi trabajo, papá.
- Pues os deja una cara de gilipollas…

- ¿Has felicitado a tu primo Leoncio?
- No, mamá, porque no suelo llamar a todos mis primos-segundos. No ganaría suficiente para eso.
- Me da igual. Llámale, que se va a poner muy contento…

- ¿Que cómo hago el redondo? Pues muy fácil, pones la carne en la olla express y ya está.
- Pero antes harás más cosas, digo yo, ¿no?
- ¿Antes? Pues la compra.
- ¡Digo justo antes de meter la carne!
- Qué va, si la olla lo hace todo sola…

- Nooo, yo no he tocado nada. Debe ser la tele, que se ha vuelto tonta… ¿te importa pasar por casa y me la arreglas, que me empieza “Amar en tiempos revueltos”?
- Mamá, es que estoy preparando la comida de los niños.
- Pues que esperen, que es el último capítulo y la abuela nunca pide nada. Por una vez que no coman, no se los va a llevar el viento.

- Mira tu prima, qué mona va siempre. Y tú, hecha un cromo…
- Es que ella viene de la pelu y yo de la oficina.
- Cualquier día te echan, por llevar esas pintas al trabajo.

- Acompáñame al Banco, que quiero que me actualicen la libreta y la cajera siempre me lía… así se lo explicas tú todo, que yo estoy ya muy mayor.
- No tengas morro, que sé que vienes de tus clases de Pilates.
- Ya, pero eso no se lo decimos a la cajera y arreglao…

- Anda, sácame el dinero de la cartera, que me acabo de hacer las uñas…
- Mamá, que yo también me he hecho las uñas. Estaba al lado tuyo, ¿no te acuerdas?
- Ya, pero a ti no te importa que se te apegotonen, total, para cuidar niños no te hace falta la manicura.

- Te he comprado ya el regalo de cumpleaños, pero no te lo cuento porque es una sorpresa… ¿qué número de pie dices que tienes?
- El 37, ¿por?
- Porque espero que las alpargatas cedan un poco. No tenían un número más…
- Vale, ya me has cascao el regalo.
- Ay, hija, qué más dará, si lo ibas a ver en cuanto lo abrieras…

miércoles, 12 de mayo de 2010

Con estas manitas...

¡En qué lío me he metido!
Me dice la niña que les han mandado en el cole unas manualidades para hacer en casa y que necesitan la ayuda de los papás para que salgan bien. Yo, armada de toda mi paciencia, he agarrado la lista y me he propuesto hacer el mejor sistema solar que haya pisado ese colegio, que para eso sacaba sobresaliente en Ciencias Naturales y me sé los planetas al dedillo, gracias a las canciones de Enrique y Ana.

Todo parecía fácil y asequible, así que le dije a mi “santo” que no nos hacían falta sus manitas para nada. Que las chicas nos bastábamos solas. Error.

Acudo a la tienda de manualidades que hay en el centro y ya empieza mi mosqueo. Resulta que las pelotitas de porexpán, imprescindibles para hacer los planetas, están agotadas. ¡Malditos padres cabrones, que se me han adelantado para que mi hija pase vergüenza con pelotillas hechas a base de papel higiénico cubierto con esparadrapo! Ni hablar. Me voy a un sitio de venta al por mayor que conozco y fijo que tienen.

Efectivamente. Tenían. El diámetro de cada bolita es diez veces superior al que pedían en el cole, pero eso da igual. Mi hija va a tener un sistema solar a escala 1:1 y no se hable más. Lo malo es que los planetas han de “colgar” de un aro de un metro de diámetro y, si seguimos con las proporciones, el nuestro tendrá que tener 10 metros. Pues nada. ¡Lo que haga falta!. A ver dónde encuentro cartón-pluma suficiente para semejante ruedo. Tengo claro que no me va a caber en el coche, pero ya me las apañaré para transportarlo al colegio. ¿No consiguió la mamá de Anita meter en su 4x4 un chalet de cartón de tres alturas, que parecía el de Ronaldo, cuando nos habían insistido en que no midiera más de 30 centímetros? Pues mi hija no va a ser menos.

Como estáis empezando a comprender, las competiciones entre padres están a la orden del día en el colegio de mis hijos. Con las manualidades se ve lo peor de cada progenitor. Recuerdo el día que el padre de Laurita (instigador de esta guerra sin sentido) se presentó, el muy sinvergüenza, con una pecera de cristal de 2x2x4 metros, de agua climatizada a 20 grados perennes y pececitos de diseño, traídos expresamente del Amazonas (o parecido, porque yo no los había visto en mi vida y mira que estoy viajada). Los demás nos quedamos de una pieza, porque llevábamos botes de mermelada con la tapa agujereada o cajas de metacrilato (que ya me costó encontrar una, no os vayáis a creer que es tan fácil) llenas de animalitos y algas de plástico. Ahí, empezó una batalla sin cuartel que todavía perdura. Y que sólo puede ir a peor.

Como cuando Luisito acampó durante tres días (con sus noches) en las puertas del colegio, porque tenía que ser el primero en presentar su robot autómata y autónomo, que comía y hacía sus necesidades sin que nadie le tuviera que acompañar al baño. Claro, como su padre es Ingeniero de Telecomunicaciones, se las sabe todas en lo que a cableados y chips se refiere. Y yo, que soy de Letras, con una Nancy forrada de albal y mi hija, haciendo el ventrílocuo a lo José Luis Moreno, con frases ensayadas tipo: “Hola, mí llamarme Robot XP3, venir de lejano planeta interestelar, querer ser tu amigo”. Manda cojones… Qué bochorno pasó la pobre cría y qué risotadas se echaba el padre de Luisito, que será todo lo Ingeniero que tú quieras, pero también un cabrón con pintas.

En fin, que me he puesto a colorear los planetas con las témperas y no tenía litros suficientes para el diámetro de tanta bola. Sal a comprar más pintura, coge también unos aros para Saturno, una bombilla que haga de Sol y unas circunferencias oscuras. ¿Para qué?, os preguntaréis.

Pues para los agujeros negros, que mi hija esta vez se lleva el sobresaliente como está mandado. Ya verás qué bonito cuando salga al rellano… bueno, mejor al portal, que en el ascensor tampoco me entra, a montar todos los planetas, con sus satélites, sus anillos y sus agujeros negros… va a ser la envidia de todo el colegio. A ver dónde lo ponen. Fijo que lo montan en el salón de actos, porque lo que es en el aula, lo veo difícil.

A ver si el padre de Luisito me vuelve a soltar lo de “chapucera”, que le pego un mandoble que se le va a olvidar toda la carrera de Teleco del golpe.

martes, 20 de abril de 2010

Que no me pase a mí, por favor, que no me pase a mí...

Lo que os voy a relatar no es una leyenda urbana. Ni un chiste. Ni siquiera una gracieta de esas que se cuentan entre amigos con dos copitas de más. Es un sucedido, real y tristemente verdadero, aunque ocultaré la identidad de la persona implicada por no cargarme su reputación en cuatro líneas, con lo que cuesta labrársela.

Érase una vez una novia enamorada hasta las trancas de su novio. Era tanto el amor que se profesaban, que decidieron conocer a las familias respectivas, para lo cual, organizaron un fin de semana rural en la casa de campo que tenía la familia del novio. Hasta aquí, todo iba bien: cochecito hasta el monte, los padres educadísimos, la casa una cucadita en lo alto de una cima, la novia radiante, el novio orgulloso de su novia, la cena de postín... entonces, llegó la noche.

Como manda la tradición más rancia, cada uno se alojaba en una habitación, por aquello del "qué dirán" y por no dar un disgusto a los padres, que eran un tanto antiguos. Se despidieron con un beso y a dormir, que mañana será otro día.

A eso de las 2 de la madrugada, la novia se despierta en un baño de sudor. Las tripas le suenan como el rugido de un tigre apaleado y los retortijones son tan fuertes que casi no puede ni tenerse en pie. Ella intenta encender la luz, pero en esas casonas de pueblo, la luz igual que viene, se va.

Vale, no hay luz. No pasa nada. No te pongas nerviosa. Abre la puerta sin hacer ruido, coge el pasillo todo recto y vete hacia el baño, que está justo al fondo y no tiene pérdida posible.

Ella echa a andar encorvada, toqueteando todas las puertas a su paso, hasta que llega a la del fondo. En ese momento, nota el retortijón más fuerte que ha sentido en su vida. Ay Dios, a que me cago encima, piensa la novia al borde de las lágrimas. Aprieta, aprieta, que ya llegas... Abre la puerta, corre a la taza, se sienta como puede a la vez que empieza a notar que su tripa se desinfla y su esfínter se vacía.... bufff, por un pelo. Me he librado por un pelo. Un momentito.... espera... un... momentitoooo.... ¿qué tengo debajo????? Aquí hay pelo, piel y lo que parecen ser.... ¿unas piernas? ¿Me he sentado encima de alguien?

Entonces escucha lo que ninguna novia casadera quiere escuchar jamás en su vida:

- Tranquila, bonita, que te has cagado en tu suegro, pero no pasa nada, no te preocupes que esto lo limpiamos en un momentito y no se entera nadie, dame un minuto para que me duche al menos...

La pobre sólo quiere llorar. Se limpia como puede, sale del baño y corre hacia su habitación, abandonando el orgullo y la dignidad en la taza del váter, para hacer la maleta y escapar de esa casa aprovechando el anonimato que brinda la noche.

Nunca más quiso saber del novio, de los suegros, ni de la casita en el campo. Han pasado los años y todavía le cuesta relatar la historia sin romper en llanto.
Qué cagada, Dios mío, qué cagada... literalmente...

sábado, 10 de abril de 2010

Padres cabrones

El título lo dice todo.

Hay padres que no merecen otro calificativo.

Pero, como a veces las palabras no bastan, basaré mi afirmación en una serie de ejemplos gráficos, que siempre se fijan mejor en el subconsciente:





Ojito a la cara de la chiquilla, que no entiende nada. ¿A qué mente retorcida se le ocurre llevar a la chavalería a una despedida de soltera-guarra? Espérate a que empiece la mujer a trabajarse el siguiente ”miembro”, el oscurito que aparece al lado, y ya verás, ya… La tipa, toda sudorosa, dándolo todo, sin disimulo ninguno… fijo que en su casa no se esfuerza tanto. Se van a poner los niños a sacar fotos con el móvil para enseñársela a los compañeritos en el colegio y te van a hacer cantares, ¡pervertida!.


¡Qué fuerte! ¡No se ha salvado ni el pollo! Con las marcas que deja en la pared la cinta aislante… ¡el crío va a acabar desollado al arrancársela de la piel!. ¿Cómo se puede uno llamar a sí mismo “padre” cuando lo que eres es un delincuente de marca mayor?

De este tipo hay varios casos:


Y la madre descojonada en una esquina mientras ve a su bebé pasándolo como el culo y temiéndose lo peor… somos una raza cruel, como diría la madre de Bridget Jones.¡Pero si es que el niño planea mejor que una avioneta! ¡Lo tiran a 3 metros de altura sin paracaídas ni nada! ¡Parece un frisbee humano!

Y no te digo nada cuando llega carnaval y las maldades paternas afloran cual champiñones al sol que más calienta… es entonces cuando se ve lo peor de cada uno.
Porque hay que ser malvado y perverso para vestir así a un menor:


Y la niña contando en la escuela que se iba a vestir de Ariel, la sirenita… será más bien la porno-sirenita, porque tú dirás, ¡semejantes melones no los calza ni la mismísima Pamela Anderson! Y el chaval menos mal que todavía no tiene conciencia, porque le han dicho que va de Espinete y en realidad va de punky-gay.

Luego tenemos el apartado “ven chaval, que te voy a pegar tal susto que de esta te ahorras el estirón”. Ejemplos variados:




Tela-telita con el álbum familiar de este tipo de familias. Debe ser una especie de “pasaje del terror infantil”.

¿Vuestros padres, en qué modelo encajan? ¿En el perverso? ¿En el cruel? ¿En el terrorífico? ¿O, más bien, en el de “comodones”?

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