De pronto, a eso de las 11 de la mañana, todo se ha ido al garete.
Los diferenciales, en una especie de coreografía demencial, han empezado a bailar salsa dentro de la caja de luces y mi santo y yo asistíamos perplejos al auténtico “efecto discoteca-a domicilio“. Luces encendidas, luces apagadas. Diferencial arriba, diferencial abajo. Chispazo por aquí, chispazo por allá…
Yo le decía a mi "costilla":
- Dale al general, que seguro que se ha puesto tontorrón porque sabe que en breve nos vamos de vacaciones.
- Que no rula. Ya le he dado tres veces y vuelve a saltar.
- ¡Y qué manía con saltar! Si se supone que esa palanquita es algo estático. Nadie diría que esconde tanta alegría en su interior…
- Pues tú dirás qué hacemos. Hay que dejar el diferencial “peliagudo” bajado.
- ¿Y ese a qué afecta?
- A varias cosillas sin importancia…
- ¿Como por ejemplo…?
- La nevera, el microondas y la tele. Ah, y todos los enchufes. Pero tranquila, que la lavadora tiene su propio fusible, así que se puede seguir usando…
Cojonutis.
No podemos comer, cargar el móvil o entretener a los niños con maquinitas-varias. Pero podemos dedicar el día a la colada. No me digáis que no un planazo…
Así que, varias horas después de llenarnos la barriga gracias al telepizza y de llevarle los helados y congelados a mi madre para que alguien los aprovechara, mi mente ya no estaba para bromas. En la calle llovía a cántaros y los niños se habían ventilado las baterías de (en este orden) la Nintendo, el Ipod de su padre y la maquinita ochentera de recoger enfermos con una camilla, que guardaba con cariño en la mesilla y mis monstruitos habían debido de encontrar en una de sus muchas incursiones en busca del tesoro perdido.
- Cielo, o lo arreglas o lo arreglas. Pero yo ya no puedo más. Los niños empiezan a pedirme las pilas del vibrador para ponérselas al cuentacuentos. Y por ahí sí que no paso…
- Pues como no llamemos a un electricista de urgencia… déjame, a ver qué se me ocurre, porque el chispas nos puede pegar una “clavada” de escándalo…
- A mí que me claven lo que haga falta, mientras al final vea la luz…
- Ojito con lo que dices, que se te puede malinterpretar…
Y la luz se hizo.
Eso sí, a las 10 de la noche. Justo cuando mi santo aprovechó un descanso del diluvio universal para salir a la terraza y descubrir que “alguien” se había dejado enchufado (y abandonado a su suerte) el inflador automático de la colchoneta. Normal que saltara una y otra vez el diferencial. Lo raro es que no nos hiciera cortes de mangas entre bote y bote.
Ahora sólo nos queda descubrir a quién se le ocurrió jugarse el tipo dejando el cable pelao a la intemperie.


















