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miércoles, 5 de mayo de 2010

Las singles y sus citas...

Bea, la amiga de mi vecina Maripaz, ha llegado al portal sofocada esta mañana, con las últimas noticias y sinsabores de sus amigas “las solteras de la escalera”, como les gusta llamarse. Como siempre en estos casos, Maripaz me llama y me invita a tomar un café con ellas, porque sabe que no tengo muchas ocasiones para salir y me encanta chafardear sobre las singles y sus desventuras.

La alegre Bea es una mujer de treintaypocos, de muy buen ver y un gusto refinado por los trapos. Es de las que piensan que el estado natural de la mujer es: soltera (of course), con un pisito de dos dormitorios (uno de ellos transformado en vestidor), varias citas escalonadas y repartidas entre el viernes y el sábado-noche y una cuenta corriente saneada, por aquello de no depender de que el tío que te toque sea o no un agarrao sin escrúpulos que aprovecha la cita para llenarse la barriga a tu costa. Que de esos, según me confiesa, hay muchos.

El viernes pasado, Bea tenía un plan. Pero no un plan cualquiera, no vayáis a menospreciar su cita. Éste era un planazo. ¡Qué coño: era el plan de su vida!. El padre de todos los planes. La cita con la que toda treintañera de buen ver sueña y rara vez logra: la llevaba a cenar un jugador de un equipo de fútbol de 1ª, al restaurante más de moda de la capital.
Y no, no era Guti, no seáis listillos.

Bea salió de casa eufórica. La cena prometía y el postre, ni te cuento. Tenía un coche esperándola en el portal. Con una botellita de champagne abierta en su interior y una cajita de bombones de marca (sí, qué pasa, también hay bombones de marca, no todo iba a ser “La campana de Elgorriaga”) esperando a ser catados.

Llegó al restaurante y la cosa empezó a desinflarse. El supuesto futbolista de 1ª división (así se presentaba en los anuncios de contactos, que esta parte me la había saltado) era más bien de 1ª regional. Era un pringao vestido de mil colores (no era Guti, pero él se creía Guti, no sé si me explico), con un peinado a lo Melendi y unas botas futuristas que no casaban con nada. Bea empezó a temerse lo de siempre: que le habían dado gato por liebre en algún desvío del camino. Con lo bien que se lo habían pintado los de la agencia de contactos… Bueno, ella no se desanimó, porque tiene más moral que el alcoyano, y se sentó a aquella mesa, con más miedo que vergüenza, dispuesta a lo que fuera.


El tío ya había pedido la comanda y empezaron a hablar.
No estaba mal del todo, me contaba, si le quitas la ortodoncia transparente (que él pensaba que no se notaba) y le pones un traje en condiciones. Esto a las singles, diría yo, les motiva, porque es como un reto: conseguir transformar a un Leonardo Dantés cualquiera en un Gerard Butler que quite el sentío.

Cuando llegaron al café, decidieron irse a su casa (la de él) a tomarse una copita.
Y mira tú por dónde que, llegado el momento de empezar el jaleo, el chaval le suelta lo siguiente:

- Verás, Bea, yo es que… soy virgen…
- ¿Cómo virgen?...- pregunta ella sospechosa. ¿Virgen en plan Madonna, que te sientes “like a virgin” o virgen en toda la extensión de la palabra, como un paso de Semana Santa?
- Virgen, virgen…. Vamos, lo que viene siendo sin estrenar- dice él cohibido.
- Vamos, hombre, no me jodas…. ¿Qué no te lo has hecho nunca? Pero… ¿en la vida?... ¿Ni siquiera una intentona que quedó en nada?
- Nada. Cero. No lo he hecho nunca…. Acompañado, quiero decir…
- Pero… ¿cuántos años tienes, criaturita?
- Treinta y ocho. El mes que viene, treinta y nueve.
- No me digas, no me digas, … por favoooorrrr…
- Sí, te lo digo. Es que quería que lo supieras, porque eso a las tías creo que os mola, ¿no?
- ¿Que nos mola? ¿Que nos mola ligar con un tío que se compró el libro pero no se ha leído ni el primer capítulo? ¿Tú crees que me mola tener que enseñarle a alguien dónde tengo mis cosas y para qué sirven? Porque… al menos, tendrás nociones, ¿no?- pregunta ella hiriente.
- Hombre, nociones sí tengo. He leído… he visto películas… y eso…
- ¿Y "eso"?
- Sí, lo de los preliminares, lo de avisar, lo de por detrás….
- ¿Lo de…??? Ay mi madre… pero de qué películas me estás hablando? ¿De una porno?
- Sí, claro. Ayer me vi tres seguidas, para estar al día…- el pobre hombre, ya no sabía ni dónde mirar.
- Vamos a ver si me centro… ¿nos ponemos al lío y vamos viendo cómo sale?- le pregunta ella a lo loco.
- Vale, tú me vas diciendo, ¿eh?

Pobre Bea. Dice que fue una noche para olvidar. Que la pobre no sacó nada en claro. Que él se puso nervioso y…. vamos, ya me entendéis, que no llegó ni a la primera base. ¡Qué bochorno!. Y encima le dijo que a ver si quedaban hoy de nuevo, que quería seguir practicando, que no hay como ensayar para conseguir lo que uno quiere.

Pero Bea dice que ella ya no está para enseñar a nadie. Que no tiene tiempo ni paciencia y que, si quiere aprender, que se compre un manual y todas las pelis porno que quiera, pero que ella no vuelve a hacer de cobaya.

Pobre infeliz… que a las tías les mola, dice. ¿Quién le habrá engañado?


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