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sábado, 26 de febrero de 2011

La princesa y el anillo


- Mami, ¿me compras ese anillo?
- ¿Anillo? ¿Dónde ves tú un anillo, criatura, si estamos en el súper?
- Ahí, justo detrás de esa señora.

Veo que la cajera, conteniendo la risa, se aparta un poco para dejarme ver qué esconde su chepa y… efectiviwonder. En el súper venden anillos.

Concretamente, de la marca Durex.

- Mira, cielo, es que eso no es un anillo, es… otra cosa- le digo a la niña sacando las lechugas de la cestita y colocándolas amorosamente sobre la cinta transportadora-asesina.
- Pues ahí pone “anillo vibrador”. Y yo lo quiero. Ninguno de los que tengo vibra, así que me lo podrías regalar por mi cumpleaños, ¿eh, mami?
- Pues no. Te digo que eso no es un anillo, aunque lo diga el rótulo- pa qué coño les enseñarán a leer, me pregunto yo, con lo bien que vivíamos cuando era analfabeta.
- Mamá. ¿Qué pone aquí?
- Ehhh… “mantequilla”, ¿por?
- ¿Y es mantequilla o es “otra cosa”?- me pregunta imitando mi voz y remarcando el “otra cosa” como si fuera una palabrota que se le ha escapado a su madre.
- ES mantequilla -recalco yo-, pero lo que tú pides, aunque se llame “anillo”, no es para adornarse los dedos, ¿estamos? Deja ya de hablar y saca las manzanas de la cesta, anda, que se supone que has venido a ayudarme…
- Y, si ese anillo no se pone en los dedos,… ¿dónde se pone entonces, mamá?

Estaba esperando este momentazo.
De hecho, ha sido terminar la maldita frase y darme cuenta al segundo de que esta pregunta iba a llegar.
“No es para adornarse los dedos”, “no es para adornarse los dedos” (léase con voz repipi y burlona). Si es que no se puede ser más desafortunada, leches…

- Bueno… pues no sé, porque nunca he tenido uno, pero ya nos enteraremos. A ver si aguantas calladita un minuto, ¿eh?, que tengo que pagar la compra y me despistas con las llevadas…
- ¡Pues cómpralo, si es muy baratito!
- ¡Que no lo compro, que eso no es para chicas, que es para chicos y calla ya la bocota!

A todo esto, la cola que acumula mi caja es la más larga del súper (¡oh, sorpresa!) y todo por la función gratuita que les estamos regalando la madre y la hija. Parecemos las “Pimpinela” del hipermercado. Me da la sensación de que nos van a empezar a echar monedas en cuanto paguemos la cuenta.

- Es imposible que sea para chicos. ¿No ves que el envoltorio es de color rosa?

Que viva la lógica multicolor.
La gente gira la cabeza de mi hija hacia mí, como esperando mi revés. Y yo ya no sé qué excusas darle a la chiquilla, así que opto por algo radical para finiquitar el asunto:

- Cariño: es un anillo que se ponen los hombres en el pene y no te lo puedo comprar porque tú no tienes pene. ¿Verdad que no tienes pene?

La abuelilla que estaba detrás de mi hija, se tapa los oídos y cierra los ojos, por si el palabro en cuestión le pudiera entrar por cualquier orificio corporal y le tocara tener que confesarse nada más salir del súper.

Un grupillo de chavales con sus litronas de cerveza empieza a descojonarse y a hacer gestos obscenos contra el muestrario de anillos vibradores.

Y la señora de las mechas, que ha aguantado estoicamente un cuarto de hora de cola para pagar un triste calabacín, abandona la hortaliza en la cesta, coge un envoltorio rosa de Durex y vuelve a su sitio.

Esto es un espectáculo.
Yo ni miro a mi hija, por si le veo ojillos espantados.
Pago a toda pastilla, agarro las bolsas y avanzo hacia la puerta.
Casi llego.
Ya “huelo” la calle, cuando escucho en lontananza:

- Mamiiii, esperaaaaaa, ¿y si le compramos uno a papáááá??????

Sólo añadiré que, por no oírla más, mi santo va a recibir el día del padre un anillo vibrador de parte de sus hijos. Y los niños están tan orgullosos de su regalito…

Verás qué gracia cuando le digan que se lo ponga.
A mí, que me registren…

viernes, 12 de marzo de 2010

Agradecimientos

Las hay con peor suerte que la mía.
Veamos la secuencia completa de los hechos:

1. La chavala recibe una proposición de matrimonio y el consabido anillo que la refrenda, con su príncipe hincando la rodilla en el suelo y todo...



2. La chavala, babeante, se lleva las manos a la boca porque no puede ni contener la emoción. Él continúa impertérrito con la rodilla en tierra..



3. La misma chavala, loca de contenta, sale al balcón buscando la luz ideal para fotografiar su pedrusco con el iphone que le trajeron los reyes y mandárselo a toda su agenda telefónica.



4. Superado este trámite, qué falta por hacer?
Pues agradecérselo al chaval, coño, que lleva meses ahorrando y se lo ha ganado, qué narices…



Y que esto te tenga que pasar delante de una legión de paparazzis… como diría el anuncio de la tarjeta de crédito, no tiene precio!!!

(Y sí, la chavala con menos luces que un barco pirata es Hilary Duff, para que no os volváis locos preguntándolo en los comentarios…)

¿Que esto le podría haber pasado a cualquiera?
Pues no, chata, no. A mí no me regalan anillacos de un millón de dólares, ni me da por agradecerlos en un balcón a plena luz del día de aquella manera... para qué engañarte...

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