Hace seis meses, me llamó una compañera del colegio toda acongojada:— Maja, ¿sabes quién se ha muerto?
— No, ni idea.
— Pues Mikel, el de clase…
— ¿Mikel? ¿Qué Mikel?
— Sí, mujer, ¿te acuerdas de uno bajito, con gafas, que siempre salía elegido delegado de curso?
— Hmmm… ¿Mikel “el empollón”?
— Justo, ése.
— Ah, pues vaya. ¿Y de qué se ha muerto?
— Una caída tonta. Por lo visto, estaba regando las plantas de su madre y se ha resbalado en la terraza, con tan mala fortuna que se ha ido por encima de la barandilla.
— Joder… pero qué mala suerte, ¿no?
— Ya ves…
Unas semanas después, salía de una tienda acompañada por mi madre cuando me cruzo con la madre de “Mikel el empollón”. Me acerqué a la buena mujer y no sabía ni qué decirle:
— Ehhh, hola, yo soy Esthertxu, no sé si se acordará de mí… era compañera del cole de su hijo Mikel.
— ¡Ahhh, sí, me suena tu cara… ¿qué tal todo?
— Pues yo muy bien, y usted, ¿cómo está?
— Bien, bien, jodidilla, como todos, pero con resignación, qué le vamos a hacer.
— Ya, ya… son momentos duros, ¿verdad?
— Pues sí... pero, hija, no se puede hacer nada, si está todo el mundo igual…
— Ah, pues… bueno, ya nos veremos.
— Claro, claro, ¡hasta otro día!
Mi madre, alucinando, me dice:
— Pero niña, ¿de qué conoces tú a esa señora?
— Es la madre del chico aquel que te conté que se cayó del balcón a la calle, ¿te acuerdas?
— Uyyy, sí- dice mi madre- ya recuerdo… pues no se la veía muy apenada, ¿no?
— Ya, lo mismo he pensado yo… en fin, hay gente que logra superar estas cosas más rápidamente que otras.
Este sábado pasado, de marcha con las amigas, en plena calle de baretos, me quedo pegada al suelo, incapaz de moverme, porque entre toda la marabunta que llenaba la acera aparece, como rodeado de un halo misterioso, “él”: Mikel el empollón, como si fuera “el chico de la curva”, pero con mejor color.
Echo a correr, me abalanzo sobre él, aparto a todos sus amigos a empellones y, abrazándole como a un gusiluz, le grito en toda la oreja:
— ¡No sabes cómo me alegro de verteeeeeeeeeeee!!!!
— Ehhhh… ¿perdona??? Si yo creo que no nos veíamos desde COU, ¿no?- me pregunta intentando soltarse de mi abrazo y apartándome de sus amigos, que me miraban como si fuera la salida de turno.
— Síííí, pero se te echaba taaaaaanto de menos….
— A ver, a ver, ¿tú te llamabas…..?
— ¡Esthertxu! ¡Ayyy, te lo juro, hacía tiempo que no me emocionaba tanto de ver a alguien VIVO!!!
— Ahhhh…. No me digas más…. a ti también te dijeron que me había caído por el balcón, ¿no?
— Síííí,… ¿cómo lo sabes?- es que me pongo suspicaz hasta en los encuentros más emotivos…
— Pues porque es el tercer abrazo en lo que va de noche. Tengo la oreja que ni la siento. No te digo más que mis amigos se quieren comprar mi desodorante, a ver si es por eso por lo que se me echan encima las tías…
— Entonces…. ¿se ha muerto alguien o no se ha muerto nadie del colegio?
— Sí, debió de ser Mikel el de portería, pero no sé bien… no le pongo cara…
— Ah, pues perdona, ¿eh? Que me alegro mucho de que sigas vivo y eso…
— Nada, nada, pa eso estamos, para despejar dudas…
— Sí, bueno, pues hasta otra.
Luego me puse a repasar los acontecimientos y menuda vergüenza… abrazándome a un desconocido como si fuera su viuda, mis amigas por los suelos de la risa, mi “santo” cabreado porque me cuelgo del cuello del primero que pasa y mi madre escandalizada porque no me habían mandado una circular del colegio para explicar la muerte de “Mikel el portero”…
Las noticias que te llegan en plan “teléfono escacharrado” son la bomba…
¡No te fíes nunca!

