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martes, 16 de marzo de 2010

Corazón partío

A mi amiga Carlota la ha dejado el novio. Yo la siento en el sofá, la rodeo de kleenex y le pongo el cafelito con leche (soy así, no puedo pensar si no es con un café delante) y me dispongo a escucharla atentamente, mientras le pongo el sobre de azúcar y el de sacarina pegaditos a la taza. Que elija ella, que no quiero que llore más de la cuenta porque sólo le he puesto la sacarina, que está muy susceptible.

En estos casos, siempre preguntamos la razón del abandono. Como si nos importara. ¿Acaso le pregunté al inicio de la relación por qué empezaban? Entonces, ¿por qué le pregunto por qué la acaban? Incomprensible, pero así es. Así somos.

En fin, esa maldita pregunta sólo lleva a excusas peregrinas, tales como “porque dice que me huelen los pies” o “porque se me ha escapado un pedito practicando sexo oral”… pamplinas. Te ha dejado porque no te quiere, porque se ha aburrido o porque tiene otra en la recámara. O por las tres a la vez, cosa harto habitual. Es simple. No lo hagas más difícil ni le creas las explicaciones. Asume lo que hay y pasa página.

Pero no. Nosotras no pasamos página tan fácilmente como ellos. Y menos cuando el calzonazos de turno te cuenta la milonga esa de “es que me tengo que encontrar a mí mismo”. ¡Venga yaaa!!! ¡Cómprate un plano y una brújula y vuélvete a perder, desgraciado!

O te suelta que “últimamente nos estábamos alejando”. Ya. ¿Quién dices que se alejaba de quién? Porque yo estaba aquí, paradita, sin mover un dedo. A ver si el que corría como un gamo eras tú, so listo, que no te he visto correr en 4 años de relación y, de pronto, te has comprado unas Nike y has dicho “pies para qué os quiero”.

A mi prima Maruja, un “generoso” le dijo una vez que “ella se merecía alguien mejor”. Es genial cuando el susodicho te quiere tanto que sólo te desea lo mejor. Qué detalle.

- Es de agradecer, ¿no crees?- me preguntaba la tonta de Maruja.
- Síííííí, es que él se sentía un mierda y concluyó que una pedazo-de-tía como tú no podía perder el tiempo con un pringao como él… ¡¡¡fijo!!!- ironizaba yo.
- ¡Pero si me dijo que estaba seguro de que se acabaría arrepintiendo de la decisión, pero que era lo mejor para mí! – insistía Maruja.

A ver, cuando un tío está cómodo, no te deja así porque sí. ¡Es que ni aunque te cargues su colección de Ferraris en miniatura! Un tío con el sexo asegurado y la fase de carantoñas-melosas superada, sólo te deja porque ya tiene otra esperando. No le busquemos tres pies al gato. Él te lo negará mil veces, pero verás la de llamadas de supuestos amigos que recibes a la semana escasa, contándote que le han visto con fulanita o menganita haciéndose arrumacos, ya lo verás, ya…

Vuelvo con Carlota, que me pierdo.
Resulta que su ex le ha dicho que “es todo tan perfecto que me asusta”.
Tócate un pie. Esto sí que no lo había oído yo nunca. Al menos, el chaval ha sido original.
Analicemos palabra por palabra:

- Todo es perfecto. Pues bien, ¿no? ¿Sería mejor que todo fuera un caos, un despropósito, una cagada? No, ¿verdad que no? Esto me lleva a lo siguiente: ¿A qué se refiere con “perfecto”?
- Perfecto en plan…“uyyyy, qué bien, si me has ordenado los calcetines por colores!” o en plan …”cariño, qué bien, ya tenemos la hipoteca pagada. perfecto. tenemos el coche a falta de una letra. perfecto. sólo nos faltan los niños. p-e-r-f-e-c-t-o?????!!!!!?????
- La perfección me asusta. Bueno, vale, te asusta, que puede pasar, no digo yo que no, pero si lo hablamos, quizá le pierdas el miedo a lo que sea que te asuste, ¿no? Que a mí me dan pánico las cucarachas y cuando hay que pisarlas bien que te subes a una silla para que yo supere el trauma.

Vaya, que la excusa no era tan original como pudiera parecer en un principio.
Carlota no sabe bien cómo interpretarlo. Ella estaba tan tranquila, poniéndole la comida al gato, cuando su ex ha entrado por la puerta con el bombazo. Se ha quedado tan bloqueada, que ahora no se acuerda si le ha dado alpiste al gato y whiskas gourmet al canario.

- ¿Lo ves?- me dice- ¿ves cómo no soy perfecta?
- A ver, Carlota, que él no hablaba de ti. Que hablaba de vuestra relación.
- ¡Pero si no era perfecta ni de lejos! ¡Si todavía tenía sin ordenarle los zapatos por temporada!

A ver si el chaval va a tener razón por una vez en la vida…

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