
La suegra de mi amiga Chari celebra su cumpleaños por todo lo alto en fechas próximas.
Como Chari es un poco insegura, no se arriesga con el regalo e interroga directamente a la susodicha por si necesitara algo en especial o si tuviera algún caprichín por satisfacer y así ir “a tiro hecho”.
- Sí, quiero un hacha y una motosierra- le suelta sin pestañear la otra.
Chari, automáticamente, le pregunta:
- Pero… ¿tú estás bien, verdad?
- ¿Que si estoy bien? Pues de miedo, ¿no me ves?
- Ya, ya… pero… no oyes voces, ni nada parecido, ¿eh, eh?- insiste Chari.
- ¿Voces? ¿A qué te refieres?
- Pues ya sabes, voces de esas… de las que te dicen susurrando “mátala, mata a esaaa”… Porque sigues yendo al psicólogo los martes y te tomas tu pastillita todas las mañanas, ¿verdad?
- ¿Me estás llamando loca a la cara?- suelta la suegra indignada hasta el tuétano.
- Noooo, loca noooo… sólo digo que no sé si deberías andar con un hacha y una motosierra en el bolso como si tal cosa… no me lo tomes a mal, ¿eh?, pero entenderás que no es un complemento muy cómodo de llevar…
- ¡Que no los quiero para organizar una escabechina en El Corte Inglés, que los necesito para el campo!- grita la señora a todo lo que le dan las cuerdas vocales.
- ¿Para el campo? ¿Qué campo?
- ¡Pues para la casita de campo que nos hemos comprado, que tenemos que arreglar el jardín y no hay Dios que consiga podar el abeto que se nos cuela por la ventana de la cocina!
No veáis la que se ha organizado con el regalito de marras en la familia política de Chari. Ha sido la comidilla de todas las reuniones veraniegas.
Algunos se lo han tomado a la tremenda y han llegado a decir que la loca es mi pobre amiga, por insinuar que su suegra tiene alucinaciones y es más peligrosa que un tiroteo en un ascensor.
Otros, mucho más salados, han preguntado que a ver dónde se compran este tipo de artilugios, llegando a afirmar que tiene que haber alguna franquicia de esas, tipo “La Casa del Asesino”, que suministre semejantes armas de destrucción masiva.
El caso es que Chari no se habla con su marido desde entonces, porque él (se ve) se ha apuntado al primer grupo (el de los indignados con la nuera) y no piensa dirigirle la palabra a su “santa” hasta que le pida perdón a su madre.
Chari ha concluido que mejor así.
No discuten y hace lo que le da la gana.
Está feliz.
Con deciros que le ha comprado unos pendientes a la suegra… verás qué sorpresa cuando abra el paquetito y no vea el hacha por ninguna parte.
Otra bronca que le espera.
Como Chari es un poco insegura, no se arriesga con el regalo e interroga directamente a la susodicha por si necesitara algo en especial o si tuviera algún caprichín por satisfacer y así ir “a tiro hecho”.
- Sí, quiero un hacha y una motosierra- le suelta sin pestañear la otra.
Chari, automáticamente, le pregunta:
- Pero… ¿tú estás bien, verdad?
- ¿Que si estoy bien? Pues de miedo, ¿no me ves?
- Ya, ya… pero… no oyes voces, ni nada parecido, ¿eh, eh?- insiste Chari.
- ¿Voces? ¿A qué te refieres?
- Pues ya sabes, voces de esas… de las que te dicen susurrando “mátala, mata a esaaa”… Porque sigues yendo al psicólogo los martes y te tomas tu pastillita todas las mañanas, ¿verdad?
- ¿Me estás llamando loca a la cara?- suelta la suegra indignada hasta el tuétano.
- Noooo, loca noooo… sólo digo que no sé si deberías andar con un hacha y una motosierra en el bolso como si tal cosa… no me lo tomes a mal, ¿eh?, pero entenderás que no es un complemento muy cómodo de llevar…
- ¡Que no los quiero para organizar una escabechina en El Corte Inglés, que los necesito para el campo!- grita la señora a todo lo que le dan las cuerdas vocales.
- ¿Para el campo? ¿Qué campo?
- ¡Pues para la casita de campo que nos hemos comprado, que tenemos que arreglar el jardín y no hay Dios que consiga podar el abeto que se nos cuela por la ventana de la cocina!
No veáis la que se ha organizado con el regalito de marras en la familia política de Chari. Ha sido la comidilla de todas las reuniones veraniegas.
Algunos se lo han tomado a la tremenda y han llegado a decir que la loca es mi pobre amiga, por insinuar que su suegra tiene alucinaciones y es más peligrosa que un tiroteo en un ascensor.
Otros, mucho más salados, han preguntado que a ver dónde se compran este tipo de artilugios, llegando a afirmar que tiene que haber alguna franquicia de esas, tipo “La Casa del Asesino”, que suministre semejantes armas de destrucción masiva.
El caso es que Chari no se habla con su marido desde entonces, porque él (se ve) se ha apuntado al primer grupo (el de los indignados con la nuera) y no piensa dirigirle la palabra a su “santa” hasta que le pida perdón a su madre.
Chari ha concluido que mejor así.
No discuten y hace lo que le da la gana.
Está feliz.
Con deciros que le ha comprado unos pendientes a la suegra… verás qué sorpresa cuando abra el paquetito y no vea el hacha por ninguna parte.
Otra bronca que le espera.

