Y a fin de mes, otra.
Con estas, ya suman cinco bodorrios en la temporada primavera-verano. Y espérate, que aún me queda otra segura para la de otoño-invierno. Todavía hay tiempo de que caigan en el buzón un par de invitaciones más de aquí a entonces y así, ya, reventamos la cartilla-ahorro con todas las de la ley (me río yo del nombre este que le han puesto; ahorrarán ellos, porque lo que es yo…).
Tengo que decirlo, o no sería yo misma: casarse, en las actuales condiciones socio-económicas, me parece poco solidario. Casi delictivo, si me apuras. Hace falta tener poca vista para obligar al personal a semejante dispendio. Que no estamos hablando de perderte una juerga con los colegas a cambio de regalar algo a los novios. Lo que ahora se rifa es la mensualidad del colegio o que tus niños se atiborren a fritos-trans (de la sección de ultracongelados, una ganga) porque no te llega ni para pescadilla.
Que esa es otra: lo de hacer un regalito apañado “por cumplir” pasó a mejor gloria.
Ahora, transferencia que te crió y si no, no vengas. Y qué vergüenza como les ingreses una birria y luego te venga la madre del novio por las mesas, cacareando que el menú ha costado un carajal. Te dan ganas de meterte bajo la mesa, porque jurarías que la señora ha orientado el ojo que esconde bajo la pamela directamente hacia ti (y en la mesa estáis doce, tócate el membrillo).
Por no mencionar lo de que te pidan prestados a los niños.
Yo es que escucho las palabras “paje”, “arras” o “coronita de flores” y desfibrilo sin conocimiento de causa. ¡Qué movidón! Traje de príncipe de Beckelar o vestidito-repolludo, zapatitos de pitiminí, peluquería y arreglo floral se adhieren a la cuenta familiar como lapas a su roca favorita. Con el agravante de que nadie lo considera como un “pago a cuenta” del regalo. Que te dan ganas de soltarle a la de la pamela, delante de todos los comensales: “que sí, que sí, la cena un carajal, pero ¿qué me cuentas de los trajes de muselina artesanal y los Manolos que calzan los niños de las arras, eh? ¿Porque no pensarás que esas bailarinas de raso natural son de la sección de oportunidades del Carrefour, verdad?”
Nos ha jodido.
“Pa chulo-chulo, mi pirulo“, que diría aquél… Que yo te habré hecho una transferencia de risión, pero tú me has hecho un siete en el bolsillo de llorar.
Y ya, cuando una boda alcanza un valor incalculable es cuando se celebra en la otra punta de España.
Como la de mi prima Silvia, que le dio por festejarla en Tenerife, en plena semana del carnaval.
- ¿Pero tu prima no era de Santander?- me preguntaba mi santo.
- Del mismo Sardinero, sí.
- Ah, entonces... ¿es el novio el que es canario?- seguía él.
- Ah, entonces... ¿es el novio el que es canario?- seguía él.
- Hmmm... no... que yo sepa, es de Albacete.
- Pues podría haberla montado en Venecia o en Río de Janeiro, ya puestos a disfrazarse- recuerdo que me decía emocionado.
- Claro, claro. Y así los billetes nos habrían salido por diez mil euros. Y el hotel por otro tanto. Y a eso, súmale las comidas, el regalo y el modelito. Vamos, un no parar de disfrutar…
- Menos mal que los niños se han quedado con mis padres esta vez- me insistía él.
- Ehh…. ya, pero recuerda que si alguien te pregunta, los tenemos aislados por las paperas, ¿vale?
- ¿A mis padres?
- No, tonto, a los niños. Que los querían para el cortejo y me he tenido que inventar algo para ahorrarme dos mil euros del ala. ¿O crees que a alguien le puede gustar que le abra la comitiva un par de monstruitos deformados por una enfermedad altamente contagiosa? Que conozco a mi prima y no les iba a quitar ojo por si se le acercaban al novio a menos de 500 metros durante el convite… Como dicen que produce esterilidad, me pareció mejor opción que unas simples (a la par que humildes) anginas…
A mí me van a pillar en un renuncio.¡Ja!
Pues buena soy yo, que para cuando la novia va, yo ya me he recorrido el pasillo tres veces.
Y, por cierto, a ver si me pegan ya el estirón los críos de una vez y empiezan a quedar ridículos envueltos en plumetis y encajes.

