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sábado, 16 de abril de 2011

Tempus fugit ("el tiempo vuela", para los de Ciencias puras)

Cada vez que alguien me dice que ocho años no son nada, me saco esta foto de la manga:


Conque nada, ¿eh?
Si ya me lo decía mi abuela cada vez que ella y sus amigas se desnudaban en la playa: ¡Gensanta, cómo se estropean los cuerpos!

Esta muchacha no ha aprendido nada de la tele, por mucho que salga en ella.
No se fija en que hay que darle vitaminas a la piel del “código de barras”, colágeno a los surcos nasogenianos y litros de crema a base de ácido hialurónico al contorno de ojos, ¡que la oxidación peletera es muy jodida!

Por no hablar de que ésta le llama “protección solar” a llevar visera en la piscina.
Vamos, que el tonito ese naranja-butano no se lo quita ni con friegas de aguarrás.
Lo lleva como tatuado en los poros. Perenne. He visto en Halloween calabazas bastante más pálidas…

Pobre mujer. Parece tal que una caricatura… Podrían contratarla como la vecina naranja de los Simpson y nadie pondría el grito en el cielo, porque es como un extraño híbrido entre Lisa Simpson, una actriz porno y el Grinch con sobredosis de rayos uva.

Y no sigo, que me crezco.
¡A lo que íbamos, tuerta, que se rifa un ojo!
El tiempo.
Cómo corre el jodío…
Ni que le persiguieran.

Apenas ayer mismo estaba criticando la elección de mi amiga Jacinta, que se echó un novio serio y aburrido, y hoy descubro que se separan “por el desgaste”, según palabras textuales del interfecto.

- ¿Por el desgaste? ¿Qué desgaste, si apenas llevaban cuatro años juntos?- le pregunto yo a Paqui sin terminar de creérmelo.
- Catorce, cielo. Llevaban catorce años juntos.
- ¡Andaandaanda, qué dirás! Si empezaron cuando tú estabas con su primo, el tarambana aquel que se metía de tó…
- Exacto. Rubén-el-rulas, año 1997. Ahí es nada… me siento como la pequeñaja de “las chicas de oro”: "Sicilia, 1927"…
- ¡No puede ser cierto!
- Te parece mucho tiempo, ¿no?
- ¡Lo que me parece es imposible!
- ¿Imposible que hayan pasado 14 años?
- ¡No! ¡Imposible que Jaci le haya aguantado 14 años! Yo no lo soporto ni 5 minutos… ¡es soporífero!
- Eso dice ella, que no le aguantaba desde el viaje de novios.
- ¿Y por qué no lo mandó a paseo entonces?
- Porque dice que una lo va dejando, lo va dejando… y se planta en las bodas de plata sin darse cuenta.

¿Cómo puede ser que me mire en el espejo y encuentre una cría adolescente, nerviosa porque ha quedado con fulanito a tomar un helado, y, de pronto, me agache a atarme un zapato y me quede en el sitio, sin capacidad alguna de retomar la vertical, encogida como una abuela de las de antes (las de ahora hacen tai-chi y no me valen para el ejemplo) y exclamando al viento “esto no me había pasado nunca, que alguien me ayude, que alguien me ayudeee”?

¿O que me note un poco de taquicardia y, “como no me había pasado nunca”, acabe en urgencias “no vaya a ser una angina de pecho”? Claro que quien dice angina de pecho, dice una trombosis selectiva con parálisis parcial del dedo meñique o un cáncer terminal de uñas. Como nunca me había pasado…

¿Y cuando te hablan de la hija de la vecina y tú preguntas “¿qué tendrá, ocho o nueve años?” y el de enfrente te contesta descojonado: “sí… ¡en cada rueda! ¿Pero no te estoy diciendo que se ha mudado a Alemania con el marido y los críos?”

Hay que ver cómo crece el hijo ajeno y qué lento va el propio…

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