¡Ya estoy con vosotros!
Perdonad que os haya tenido abandonados tanto tiempo, pero es que se me pegaban las lentejas y tenía que atenderlas. Comprenderéis mi desasosiego…
Bueno, lo importante es que ya he vuelto.
Han sido unas vacaciones muy tranquilitas. Con sus paseos, su playita, su chubasquero y sus hidratos de carbono, que para eso he bordeado el coma hipoglucémico inducido por falta de carbohidratos durante los meses previos… Ahora me toca pagar las consecuencias de aquí a Navidad, para volver a comer con desconsuelo hasta Reyes y vuelta a empezar. ¿No hablan del ciclo de la vida en los libros de Ciencias? Pues en el libro de mi vida lo mismito: la dieta sin fin. Ahora te pones, ahora no, ahora te coses la boca, ahora tampoco, ahora te ensanchan las puertas o vuelves por tus fueros, ahora te vuelves a soltar la dentadura y tan ancha (literalmente)…
Y, así, mil veces… y otra, y una más. En fin, un no parar…
Aprovechando que el lunes comienzo mi plan diabólico (cómo no, siempre cae en lunes, qué cosas), he pensado empezar también el blog ese día. Así, a mi mala leche natural se sumará la demencia propia de la sobredosis de pollo y escarola que llevaré encima. Ese será el caldo de cultivo ideal para todas las fechorías que se me ocurran y que siempre traslado a este pobre blog que, sin tener culpa de nada, se “jama” lo peor de mi existencia.
De modo que bienvenidos (de nuevo) a esta humilde casa.
Pasad, sentaos, poneos cómodos y apagad las luces. No esperéis melaza ni peloteo. Mi retorcida mente está ansiosa por soltar los mil delirios que la carcomen desde Agosto, así que preparaos para lo peor…
¡¡¡Que empiece la fiesta!!!
