- Hacerme las uñas por la noche y acabar con las sábanas marcadas en ellas. ¡Y eso que me quito horas de sueño esperando a que se sequen! Pero nada, oye. Se me queda tatuada hasta la "vainica" de la bajera.
- Ir a la pelu a hacerme "un completo" y que me pille la tormenta del año a medio camino de casa. Ya sabes, en ese punto de no-retorno en el que casi mejor seguir bajo la lluvia, ya que la opción es volver patrás y empezar de nuevo el largo camino de baldosas amarillas. Y como que no...
- Gastarme una pasta en las revistas de los miércoles y que cualquier "lista" se lea el Cuore por encima de mi hombro, ¡permitiéndose incluso opinar sobre el modeli hortera que luce Beyoncé en la sección de "las peor vestidas de la semana"! No, maja, no... vas al kiosko y te gastas los euros, como la menda. Pa gorronear, a casa de tu madre, bonita...
- Que me vendan un billete de avión sin asiento asignado (gracias, Ryanair. ¡Qué gran avance social el vuestro!) y me trague una cola de media hora de pie para que me metan en un autobusillo que consigue parecerse al desembarco de Normandía a pie de escalerilla. Y es que allí hubo pisotones, arañazos y mordiscos de la gente más variopinta para pillar ventanilla. Moraleja: no hagas cola; llévate mejor las Adidas. Está más que comprobado: los asientos de emergencia (ya sabéis, esos con el doble de espacio para tus posaderas y demás complementos corporales) los acaba ocupando Usain Bolt y su familia. No hay como correr cual gamo adelantando a los de los trolleys reventones. Qué arte...
- (Siguiendo con esta temática viajera) Pagar el suplemento de maleta (gracias de nuevo, Ryanair, por ayudarme a ajustar el presupuesto familiar de forma radical) y darme cuenta en mis propias carnes de que he sido la única pringada en pasar por caja, ya que resto del pasaje de cabina ha conseguido meter, cual caracol en época de muda, toda su casa y parte de la del vecino en un cómodo carrito de 30x50x20 que, por cierto, tengo que calentar entre mis muslos durante la hora y media de vuelo, ya que el compartimento superior está ocupado por los chalecos salvavidas de la tripulación, y, mira tú qué suerte, no ha aparecido el dueño cuando la azafata ha preguntado "de quién es este bulto, a ver de quién es, última vez que lo pregunto". Una auténtica pena que la operación bikini esté dando sus frutos y, de toda mi fila, los únicos muslos con perímetro compatible con semejante mamotreto fueran los míos. Si veis la cara de alivio del Demis Roussos que me habían puesto al lado...
Y a vosotros, ¿qué os enajena hasta decir "basta"?
Y a vosotros, ¿qué os enajena hasta decir "basta"?