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lunes, 3 de octubre de 2011

¡Otro que se apunta!

- No me salen los números.
- ¿Cómo que no te salen los números?- Los ojos de mi madre se desbocan ante semejante afirmación. ¿Tanto colegio de pago para que ahora no sepas hacer la “o” con un canuto?
- No. No lo pillas. Digo que no me salen las cuentas.
- Pues lo que te digo. Anda, toma la calculadora, que tanto Internet os acaba secando la sesera…
- Que no, mamá. Que digo que se me disparan los invitados para la Comunión.

No os hacéis una idea.
Este curso, mi hija (la mayor) cumple 9 años y le toca celebrar su Primera Comunión.
En vista de que las madres de sus amiguitos ya tienen reservado el restaurante, elegido el atuendo y hecha la prueba del menú (demencial), me he propuesto elaborar una lista inicial (llamémosla “la completa”), sobre la que iré practicando las necesarias modificaciones hasta llegar a la que llamaré “la lista definitiva”, que espero me quepa en un post it.
Ilusa de mí…

- ¿Y si nos limitamos a invitar a los padres y hermanos de cada uno y santas-pascuas?- le propongo a mi madre “doña tú-apunta-a-todos-que-ya-habrá-tiempo-de-tachar”.
- Deja, deja. Tú apunta a todos, que ya habrá tiempo de tachar (¿lo ves? No falla…).
- Mamá, que te conozco. No apunto, porque a renglón seguido te pones a llamar por teléfono y el momento “tachón” nunca llega.
- No puedes dejar de invitar a tus tíos.
- Ya, mamá. Si la intención está muy bien. Y yo los quiero mucho. Pero es que son 10 por nuestro lado y otros 9 por el de mi santo. Además, ¿no quedará feo eso de decir a mis primos “vosotros no vengáis, que lo petáis”?
- Ah, no. Es que si invitas, invitas a todos. Con sus hijos, sus nietos o lo que se tercie. Esto es así, ya lo sabes. Se invita a lo que viene siendo “la familia nuclear” y los amigos que se fastidien.
- Bien, bien, pero a este ritmo creciente de invitados te aviso que le seguirá una disminución inversamente proporcional de calidad gastronómica. Que te quede clarito…
- ¿Eso qué quiere decir, hija? ¿Que nos vas a poner croquetas y pinchitos de chopped pork en el cocktail?
- Uy "cocktail", dice la otra… ¡un caldito, un segundo y tira millas! Y no pongo fruta de postre porque está mal visto y a la niña le puedo dar un disgusto similar al que tuve yo cuando vi llegar el brazo de gitano en mi Comunión. No me hagas recordarlo, que se me saltan las lágrimas…
- No creo que tengas queja de tu Comunión. ¡Si te vino hasta la tuna!

Habrase visto… ¡qué coño le importará a una niña la tuna, digo yo!
Si se lo digo a mi hija fijo que me sale con un “¿qué es eso de la tuna? ¿Un tipo de pescado? ¿Y no podrías traerme mejor a los Jonas?”
Angelito… si sólo sabe pedir y pedir…

Bueno, resumiendo: que me he puesto a anotar nombres, en plan… la tita Francisca, con sus cuatro hijos y sus contrarios, más sus nietos y sus novios…. hmmm…. hacen un total deeee…hmmmm…. esto tiene que estar mal, espera que me he dejado una llevada…ehhh… ¡¿ciento treinta y cuatro personas?!

¿Estamos locos o qué?
¡Me cago en la “familia nuclear” y todos sus complementos! ¡Si casi tengo que tirar de listín telefónico para conseguir las direcciones de todos ellos! En buena me he metido…

Es que ahora, con eso de que los mayores cada vez se conservan mejor y se hacen viejos sin que se les note, añadido a que los jóvenes parecen reproducirse como por esporas, me encuentro con familias que conservan entre sus filas a 4 generaciones (vivas, claro) que no veas cómo tragan… ¡a dos carrillos!

Me va a salir un pico la dichosa Comunión...

- Y que no se te olvide invitar a don Pacorro, ¿eh?- me salta mi madre con el dedito “avisador” estirado hacia mi cara.
- ¿Don Pacorro? ¿Y ese quién es? ¿El novio de alguna prima segunda?
- ¿Tú estás tonta o es que se te han fundido los plomos con el presupuesto? ¡Don Pacorro! ¡El cura que te dio a ti la Comunión!
- Mamá, Don Pacorro tiene que estar criando malvas desde hace tiempo… Si me dio la Comunión hace la friolera de 28 años y ya entonces su cara se confundía con el retablo de la Basílica. ¿No ves que es imposible?
- Bueno, pues yo te digo que sigue vivo, que lo he visto por la parroquia y no veas qué bien anda. ¿No ves que los curas se cuidan mucho y se alimentan mejor? ¡Esos viven hasta los 100 años!
- Sí, pues entonces mejor que no venga a esta Comunión, porque lo mismo la palma al día siguiente por indigestión de Findus.
- Déjate de chorradas y apunta los que te digo…

Bien. Hemos llegado a ciento cincuenta y cinco invitados gracias a mi madre y su “lista de impepinables”, que sumada a la de “familia nuclear” y a la “completa por antonomasia”, han conseguido llenar tres hojas Excel.

Y todavía me dice:
- No cierres la lista, que seguro que de aquí a mañana se me ocurren unos cuantos más.

Dios… ¿No habrá Comuniones exprés, como las bodas en Las Vegas, para que me fugue con mi niña sin dar tres cuartos al pregonero?

Ojo, que no es ninguna chorrada lo que digo, que el billete a Nevada de los 4 me saldría “tirado”, en comparación con esta bacanal. Pena que luego nadie le convalide a la chavala los 3 años de catequesis que lleva a sus espaldas. Y con lo bien que declama el Credo a tres voces, sería una lástima desaprovechar tanto esfuerzo y dedicación…

Menos mal que estoy a dieta, porque lo de apretarme el cinturón me habría supuesto un ataque de hipoglucemia brutal hace unas semanas.

Y en esas estamos…


miércoles, 21 de abril de 2010

El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos...

Un cinéfilo de pro reconocería esta frase entre un millón. Se la dice Ilsa a Rick en una secuencia de Casablanca.

Pero tranquilos, que no pretendo haceros un test de cine, ni sacaros los colores. Tampoco hablaré de amores imposibles, ni de playboys anti-lujuria, ni de lo bien que queda la piel cuando la toma es en blanco y negro. Hoy quiero hablar de frases. Frases para el momento (se supone) más romántico en la vida de una pareja: el día de su boda.

¿Qué se le dice a los novios tras darse el esperado "sí, quiero"?
Todos vamos con la misma cantinela: que si enhorabuena, que si felicidades, que si no sabes cómo me alegro, que si tenéis los ojillos brillantes y la carita radiante... Las cursiladas de siempre.

Algunos, intentando superar al resto de invitados y queriendo justificar su invitación tardía, salen con aquello de "ojalá seáis tan felices como lo fui yo en mi tercer matrimonio". He llegado a oír a una señora diciéndole a la novia: "haz lo que sea, pero que te ingresen a ti su nómina, que ahora todo es muy bonito, pero ya verás cuando se la empiece a gastar en vino". La novia, como estaba en una nube, ni se enteraba de lo que le decían y sólo sonreía y agradecía los parabienes, sin registrarlos ni cribarlos previamente en su cerebro.

Bueno. Estas frases tampoco es que sean tan importantes. Han de decirse, porque es lo que manda la tradición. No hay boda que se precie sin los consabidos pisotones a la salida de la Iglesia/Juzgado por conseguir besar a los novios, patearle el vestido a la novia y colgarse del velo como Tarzán de su liana favorita. El problema viene después, cuando los grupos que se crean (invariablemente) comienzan con sus rivalidades. Me explico:

En toda boda hay un mínimo de 6 grupos (si la boda es muy concurrida, pueden llegar a formarse hasta 10 subgrupos). Todos ellos se componen de gente que no necesariamente se conoce, pero que enseguida se identifica como "del grupo". Y matan por ello. Si estuviéramos hablando de una boda romana, esta gente te echaría a los leones por pertenecer al grupo contrario. Sin titubear.

El primer grupo lo forman "Los amigos de la novia". Suele estar compuesto por mujeres, aunque siempre se cuela algún gay, despistado, o listillo a la caza de amigas-de-la-novia.
Por tanto, el segundo grupo serán "Los amigos del novio". Tíos, en su mayoría. De la edad del novio, en su mayoría. Y un viejales borrachuzo, en clara minoría, que les arenga en la competición de gritos a los novios. Suele ser un tío lejano del novio que no encuentra ubicación y prefiere arrimarse a la "chavalería".
El tercer grupo lo forma "La familia de la novia", claramente enfrentado al cuarto grupo: "La familia del novio". Aquí es donde se esconde la gente-bien. Nada de personajes alcoholizados, con la corbata ladeada y los zapatos perdidos por alguna esquina. No. Estos son los del traje de Canali, la pamela (si la boda es de día) y los bolsitos cuajados de kleenex. Incluimos en este grupo a los padres, hermanos, abuelos, tíos y primos de los respectivos novios. Y al cura, si es una boda religiosa, que siempre se apunta al papeo.
Al quinto grupo podríamos denominarlo "A mí me invitaron por compromiso". ¿Componentes? Compañeros de trabajo de ambas partes, jefes de los padres de los novios y directores de Bancos variados. Los Notarios también se encuadran en este grupo.
Y, por fin, el sexto grupo. El más chungo de ubicar en las mesas, porque son los apestados de las bodas: "Los que se zumbaron a los novios". Entiéndase por "zumbar" cualquier acto considerado pecaminoso por los mayores de 50 años, incluyendo relaciones de más de 8 años que quedaron en nada con alguno de los contrayentes. Papelón el de esta gente. No sé para qué van ni por qué les invitan. Tienen su mérito, por acudir y pagar el regalo. Así que les doy su grupo.

Entonces llega la competición de frases. Estos grupos no se mezclan. Así que tienen sus propias consignas. Las familias del novio y de la novia nunca soltarán aquello de "que se besen". Es más, en cuanto un miembro del grupo de "los amigos del novio" empiece a despepitarse con la frasecita, comenzarán a mirarse unos a otros en plan... "uyyy, qué soeeezzz". Y nunca responderán a la provocación. Ya vamos 1-0, para los amigos del novio.
Sin embargo, las amigas de la novia se sentirán ofendidas por no haber sido las primeras en hacer besarse a los novios. Y abundarán con lo de "encima de la mesa" tan pronto como la novia se levante abochornada y le plante el beso al novio sonriente. 1-1. Vale.
Ahí es donde entra el borrachuzo, que empieza con lo de "con lengua, con lengua" y su grupo, el de los amigos del novio, crecidos por la salida del beodo, levantarán sus servilletas al aire al son de "el polvo de esta noche, ya no es ilegal, el polvo de esta noche, ya no es ilegal, la la la laaaa la la la, ya no es ilegaaalll". 3-1.
Las amigas, que son más finas en estas cosas, comienzan con "que se besen los padrinos", con variantes, como el conocido "que se besen los consuegros". 3-3.

Y cuando está todo tan liado y hay tales gritos que eres incapaz de discernir si se está besando la abuela con el cura o la cuñada con la pamela, se escucha una vocecita femenina desde la mesa de "los que se zumbaron a los novios" que exclama: "Que enseñe el tatuaje, que enseñe el tatuaje".

Silencio absoluto. Todas las cabezas giradas hacia el novio, que mira a la novia y pone cara de "a mí que me registren". No aletean ni las moscas. 10-0 para la mesa de los despechados. Sí señor. Menuda goleada...



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