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martes, 26 de octubre de 2010

Noche de difuntos

Se acerca Halloween y yo me tiro de los pelos.

Una de esas tardes tontas de domingo en las que no sabes qué hacer, se me ocurrió decirles a los niños que por qué no decorábamos la casa con temas siniestros para celebrar el gran día.
En buena hora…

Yo pensaba que con hacerles un par de trajes de fantasma con las sábanas viejas que aún guardo de mi pisito de soltera, recortar unas tibias y peronés de papel y comprar una cajita de huesos de santo en mi pastelería favorita, tenía la fiesta organizada.
Pues se ve que no.

Según me comunica por escrito el “comité organizador de fiestas jalogüineras”, me falta lo siguiente:

- Unas calaveras de plástico para pegar por las paredes de casa
- Media docena de calabazas, de diversos tamaños, para crear caras espeluznantes con ellas
- Bombillas de bajo consumo (para introducir en dichas calabazas) y muchas velas
- Dos kilos de caramelos a granel, de colores, “a poder ser blanditos y variaditos” (no son para dar a los niños, sino para consumo propio)
- Spray-imitación de tela de araña: 6 botes
- Pintura de maquillaje blanca y raya de ojos negra
- Bola con grillete y una escoba “como la de Harry Potter”
- Disfraz completo de bruja: talla 7 años
- Verrugas de mentira: 1 bolsa
- CD con “música de cementerio” (estoy desconcertada con este punto: no sé a qué se refieren; no tenía ni idea de que los muertos organizaran guateques)
- Cartulina de color negro para hacer un ataúd: 50 hojas
- Huesos de goma
- Tijeras “que corten bien y no las de punta redondeada, que no sirven para vaciar una calabaza”, pegamento y mucho mucho pero mucho albal.

¿Pero qué negocio es éste?
¿Por qué nos dedicamos a importar costumbres caras y estrafalarias, pudiendo celebrar lo propio?

Yo recuerdo las fiestas de “Todos los Santos” de mi niñez como muy familiares, yendo de cementerios a poner flores y a rezarle al abuelo y demás parientes que ya no están y, con la excusa, pegarte unas jamadas de campeonato con los tíos y los primos. ¿Pero esto otro, a santo de qué?

¿Se trata de una broma?
¿Una excusa para los desmanes más vergonzosos?
¿Una americanización patológica en la que caemos encantados?
¿Otro sacaperras más?
¿Qué va a ser lo siguiente? ¿Celebrar el 4 de julio ondeando banderitas de barras y estrellas?

Mis hijos no tienen ni idea de esa celebración familiar que yo les cuento.
Para ellos es Halloween, que se lo han dicho en el cole (y eso que es un colegio religioso, toma castaña…) y no hay más tu tía. Punto en boca.

La mayor lleva días enseñándole al pequeño a decir “truco o trato” y el otro no comprende nada. Le sale siempre “susto o muerte” y, a renglón seguido, se pone como a aullar: “auuuuuu”. Cuando la niña se desespera, el otro le suelta: “tranquila, que eso es para cuando elijan susto”.
Y, claro, ella le grita con las manos en la cabeza: “¿estás tonto? ¿no ves que así no nos van a dar caramelos?” En una palabra: yo pago el atrezzo y ellos sacan el beneficio.

Creo que estamos perdiendo el Norte…

Eso sí: como me llamen los chavales a la puerta esa noche, me veo echándoles en el saco los yogures Activia y unas zanahorias, porque, a cuenta de mi dieta y para evitar las tentaciones, no hay nada dulce en casa.

A ver quién da el susto a quién…

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