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jueves, 22 de septiembre de 2011

Sin fondo

- Me duele al estirar el brazo- me dice mi hermana con la carita desencajada.
- ¿Fuiste ayer al gimnasio?
- Claro. Como todos los miércoles.
- Pues eso son agujetas.
- No. Es dolor muscular, simplemente.
- Agujetas.
- Que no. Que es dolor muscular. Por el esfuerzo.
- Yo a eso le llamo agujetas.
- No. Las agujetas son pinchazos y yo no tengo más que dolor.
- A ver, si te has esforzado haciendo deporte y al día siguiente te tira o duele esa zona, ¿me quieres tú decir que no tienes agujetas?- la respuesta me parece obvia, pero vete tú a saber por dónde me sale esta ahora…
- Exactamente. No las tengo. Es sólo dolor muscular, insisto. Las agujetas ocurren cuando has sobrepasado tus límites y el cuerpo te lo hace pagar con pinchazos brutales. Está claro que tú nunca las has tenido, porque sabrías la diferencia.

¡Qué cabrona!
Creo que me estaba llamando vaga a la cara, pero como lo dice como sonriente, pues el insulto pasa desapercibido, pero yo, que la conozco como si la hubiera parido (son muchos años juntas ya), sé que se está riendo por dentro.

- Bueno, es que yo no puedo esforzarme tanto. Ya sabes que tengo las pulsaciones disparadas…- ¡Toma castaña! A ver cómo me rebate eso la muy bruja. Con mis coronarias hemos topado…
- Eso es otra falacia.
- ¿Falacia? ¿Quieres decir que miento?- mis ojos no pueden abrirse más sin exponerse a acabar rebotando en el parquet.
- Más o menos. Tú tienes las pulsaciones normales, sólo que no tienes fondo porque no haces deporte. Es la pescadilla que se muerde la cola: cuanto menos deporte haces, peor forma física tienes y así sucesivamente. Pero tus pulsaciones son del todo normales. ¿Cuántas pulsaciones sueles tener en reposo?
- Ehhhh… unas ochenta- suelto al tuntún, colocando sobre la muñeca los dedos índice y corazón como si me las estuviera tomando sobre la marcha…
- Estás dentro de los parámetros normales. Lo tuyo es cuento-chino.

Pues me ha descuajeringado en treinta segundos el discurso que llevo soltando toda una vida. Menuda aguafiestas…

Como no me creo nada, acudo rauda y veloz a San Google y le consulto sobre “lo mío”.
Escribo en el buscador: “con cuántas pulsaciones te vas al otro barrio” y descubro, en un foro de cardiopatía isquémica, que mi hermana no mentía. Que las pulsaciones, si oscilan en reposo entre 60 y 80, son del todo normales. Hasta que no sobrepasas esa cifra, no entras en la zona aeróbica, que alcanza hasta las 150 pulsaciones por minuto.

150.
¡Qué salvajada!
¡Mi pobre corazón tendría que latir de dos en dos para que le diera tiempo a meter tantas en un minuto! No quiero seguir leyendo, porque estoy rompiendo a sudar sólo de imaginarme en esa tesitura. Pero es inevitable, se me van los ojillos y descubro que hay otra zona (que yo calificaría de “la zona oscura”), llamada anaeróbica, que se inicia cuando tu pulso llega a las 150 pulsaciones y termina en el denominado “colapso”.

¿El colapso?
¿Y eso qué es?
¿Que te entre una hambruna que no te abandone hasta Navidad?
¿Que la sudada te provoque un ahogamiento momentáneo?
¿O será algo parecido a mi reacción a los anuncios de KH-7? Porque no sé a vosotros, pero a mí me ponen cardíaca…

En fin, que no me ha quedado claro si puedo seguir diciendo a quien quiera escucharme que mi afección cardíaca me impide ir a clases de Pilates o si tengo que cambiar de hermana para que no me deje en evidencia. Porque anda que no he repetido yo veces lo de que mi único “fondo” era el de armario… ¡Y tan contenta que me quedaba cuando el personal asentía comprensivo ante mi apabullante razonamiento!

¡Pues ya me ha jodido el invento la loro de mi hermana!
Ten familia pa esto…


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