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sábado, 30 de octubre de 2010

Abrirse en canal

De menos a más: hay gente torpe, muy torpe, garrula, garrulísima, inútil, desahuciada y ya, por último, está la gama “al estilo Paqui”.

Dice mi amiga que anda liadilla con un tío, pero que no quiere que nadie se entere, entre otras cosas, porque no le gusta que le pregunten y porque él no tiene “la casa ordenada” todavía… a saber a qué se refiere, si es que el hombre es un guarro inmundo o si es que no le ha comentado a su pareja que se ha buscado repuesto a sus espaldas. Puede ser cualquier cosa. Viniendo de Paqui, me lo creo todo…

Pero lo que no es de recibo es que, en las horas vacuas de la noche, esas en las que uno ya no tiene fuerzas ni para pensar, al tun-tun y sin motivo aparente, te dé por actualizar tu estado civil en Facebook y publiques al aire: “Paqui Montejo tiene una relación con Gorka Limotxo”. Con un corazoncito rojo centelleante (para más inri), que la máquina te añade de forma romántica y altruista al ladito del nombre de los enamorados.

“Vale”- pensarás tú para tus adentros- “no pasa nada, porque todos sabemos de sobra que Gorka Limotxo tiene que ser un mote. Nadie puede llamarse así en la vida real. Dudo que alguien dé con su verdadera personalidad”.

Bien, bien, pero eso es simplemente lo que tú piensas.
Porque el nuevo chorbo de mi amiga se llama en realidad Gorka Limoko, y le hemos llamado desde siempre Gorka Limotxo, por el evidente vicio público que se gasta por el tintorro. Deducirás, por tanto, que a nadie en su sano juicio le ha quedado la más mínima duda de que estos dos están liados.

Y más aún si pinchas sobre el nombre del susodicho y le ves el careto (en primerísimo plano) cubierto de piercings, escarificaciones y tatuajes monocromáticos. Te juro que no hay pérdida en cuanto a su identificación. Vamos, que en caso de defunción, éste sería el típico caso en el que pueden ahorrarse hasta la autopsia.

Llegados a este punto, agarro el móvil a las 12 de la noche y llamo a Paqui con el leitmotiv “tienes menos vista que un pez por el culo”:

- Paqui, hija, a quién se le ocurre… mira que te lo tengo dicho, que estas ansias exhibicionistas que te dan con las redes sociales van a acabar con tu reputación…
- ¿Y yo qué sabía que la maquinita lo iba a contar a todo chichi-birichi?
- Pero si sabes que se publica TODO. Lo que no quieres que se sepa, no lo pongas, cohone… que pareces tonta.
- Pues yo no he autorizado al bicho este para pregonarlo, así que me da que es denunciable.
- Y a mí me da que se va a liar la mundial como Gorka no “limpie” su casa en condiciones antes de llegar al curro a las 9 de la mañana…
- Vale, pues esto lo arreglo yo de un plumazo, verás…
- Miedo me das… espera, que voy pa tu casa. ¡No hagas nada hasta que llegue!

Ilusa de mí…
Nada más abrirme la puerta, la noto sofocada.
Corro hacia su portátil y, ahí, negro sobre blanco, aparece lo que, a partir de este momento, se conocerá para los restos como “la cagada del año”:



Mi pobre Paqui metepatas…
Abierta al mundo en canal, para que la destripen a placer…

Dice que se muda de ciudad. Que no puede salir de casa, ni ir al trabajo, ni comprar el pan donde siempre… vamos, que el Facebook le ha destrozado la vida...

Pues anda que la de Gorka no se habrá visto trastocada también, sobre todo ahora que sabemos que lleva relleno en la entrepierna...

Quién le mandaría ponerse a explicar su vida y milagros a las masas…


sábado, 27 de marzo de 2010

¡Dichosas redes sociales!



Ya no soy yo.
Soy otra.
Una desconocida cualquiera que va por el mundo haciendo cosas raras.
Como os lo cuento:

Voy por la calle catalogando todo por etiquetas. Veo una faldita de nueva temporada en ZARA y pienso… “Me gusta”. Miro un poco más allá y me encuentro otra con el color de moda y pienso de la anterior… “Ya no me gusta”.

Saco una foto de mis hijos y, directamente, les corto las cabezas (en la foto, ¡no seáis burros!) para poder postearlas en el álbum de mi perfil sin temor a que me entrullen con la ley del menor en la mano.

Voy a la pelu y me fijo especialmente en la sección de “permanentes”, para sacar una foto a escondidas con el móvil a la señora con el pelo liláceo y colgarla en el grupo ese de “señoras con el pelo azul”. Hago lo mismo cuando llueve y salen todas con la bolsa del Carrefour en la cabeza para que no se les baje la intensidad del tinte caoba.

Me pongo a hacer una tortilla de patatas y saco fotos del paso-a-paso para colgarlas en mi blog bajo el título de “Así se hace una tortilla de patatas”. Tengo el móvil llenito de churretones de aceite, porque esto mismo lo repito cada vez que cocino algo, sea una chorrada (como una ensalada de tomate) o algo complicado (mis galletas de mantequilla, por ejemplo).

Si, en plena comida, alguien suelta algo gracioso, le amenazo con aquello de “cuidadín, que esto lo llevo yo al blog como está mandado, ¿eh?”. Así me he cargado ya varias conversaciones, porque la gente odia que le plagien y prefiere quedarse calladita.

Tengo “titulitis”. Una amiga me cuenta, por ejemplo, que se le ha escapado el periquito, que se lo ha comido el gato y que tiene una depresión de caballo y yo me pongo instintivamente a titular su drama: “Devorado por un siamés sin escrúpulos”. O mejor: “Gato que salta, periquito que te levanta”.

Me manda el Banco el estado de mis cuentas y, sin querer, lo “comparto” con mis 385 amigos del Facebook. Pensarán… “¿esta imbécil se ha gastado 3500 euros en un ataúd con wifi?” Pues sí, qué pasa, espero seguir posteando desde el otro barrio, pues no tengo yo vicio ni nada...

Me llama mi prima pidiéndome el teléfono de un psicoanalista, porque lo está pasando fatal y necesita ayuda profesional y yo la mando directamente a mi “muro” para que entre todos le alegremos el día y le demos soluciones “reales” a su problema. Asunto arreglado. Y mi prima, tan contenta.

Me paso la vida regando coliflores, arando campos y comprando gallinas y cerdos. Mando regalos extraños a mis amigos, como un boniato con lazo o un tractor color rosa. Con lo que yo he sido, madre mía, ahora sólo quiero recibir materiales para terminar mi establo, que me falta un puto clavo y no hay Dios que me lo mande. Por cierto, tengo exceso de tablones de madera y de herraduras de caballo. De eso no me mandéis más.

Me invitan a multitud de eventos y me da la sensación de que me paso el día de farra, cuando lo cierto es que estoy en mi salón, con mi taza de café y el portátil-enano bajo mis dedos. Ya no tengo vida social. Sólo tengo red social.

Si no estás en mi lista de “agregados”, no eres mi amigo. Así que ni me hables. Lo que me quieras decir, me lo comentas por el Face. Estoy harta de recibir llamadas de gente preguntándome cómo me va la cosa. ¿Que cómo me va? Pues te conectas, me solicitas amistad y ahí tienes el histórico de mi vida de los últimos 2 años, ¡ea! Con sus fotos y todo. No me hagas perder el tiempo, que tengo que hacer un test para saber “qué dibujo animado de los 80 me retrata”, coño ya!

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