
- Groucho Marx-
Estupendo.
Pues yo, lo mismo.
Me parece una justificación como otra cualquiera.
¿No hay gente que asegura beber para olvidar, socializar o perdonar?
¿Por qué no se va a poder tomar (que diría mi amiga Marilyn) para hacer más atractivo al personal? ¿Es que siempre tiene que tener uno la culpa? ¿No se puede pasar el marrón de vez en cuando al resto de los mortales?
Porque no me negaréis que, a veces, te encuentras con cada “cosa” en los bares, que o le das al drinking a saco o no hay por dónde cogerla… en fin, que me espeso y no llego a nada, ¿por dónde íbamos?… ¡Ah, sí! que este fin de semana me toca salir con mi pandilla de singles… Y, claro, llevo dos días haciendo hueco en el cuerpo para las docenas de cubatas que me esperan en fila sobre la barra de cualquier antro, porque esta gente (lo digo siempre y nadie ha sabido explicarme hasta la fecha la razón fisiológica) tiende a deshidratarse con mucha facilidad y no te deja ni respirar entre sorbos.
Que estás tú con tu cacique-cocalight (algún día explicaré mi teoría de las calorías positivas neutralizadas gracias a las calorías negativas de la cocalight, pero eso es otra historia) tan tranquila, recién apostada sobre el bafle, metiéndote al bolsillo las vueltas del sablazo, cuando viene tu amiga, la del eyeliner a lo Amy-Winehouse y la minifalda imposible, y te grita (tú dirás, si te has sentado sobre el altavoz):
- ¡Apuraaaaa que nos vamooooosssss!
- ¿Que os vais donde Puraaaaa? Pero… ¿ha venido Puraaaaa????
- ¡No, imbécil, que apures el cubataaaaa, que nos abrimooooosssss!
Y tú, incrédula total:
- ¿Adónde? ¿Al bañooooo-ooo-ooo?
- ¿Qué coño al baño? ¡Al Furiaaaaaa’ssssss!
“Joderjoderjoder, ya me han vuelto a adelantar los cactus estos”, piensas para ti misma mientras abres bien la bocota a ver si, ayudada por la gravedad, consigues pasar el cuarto de litro directamente al colon. Pero qué va. Lo único que logras (y, además, con probada solvencia) es dejarte la camisa, esa que te ha costado tres horas conjuntar con los zapatos, llenita de lamparones de ron. Total, como el ron casi no huele…
- Bien, bien, 12 euros que ya no se van a quedar sobre el bafle- sueltas por lo bajinis, mientras intentas taparte los corronchos con la bufanda anudada cuatro veces de forma estratégica. No se te nota nada. Anda y tira pa la calle…
- ¡Halaaaaa! ¡Mira cómo se ha puesto las tetas esa tíaaaaa! ¡Ven aquí que te sorbo el cubata de la camisaaaaaaa!- suelta el energúmeno beodo que hay siempre a las puertas de los locales de moda esperando a que el segurata les dé el visto bueno.
…Cagüen-tó-lo-cagable… el tío este fijo que me ha pillado porque está en plena fase de “celo etílico” y huele una gotita de moscatel a 50 kilómetros de distancia. Dita suerte la mía…
Y, entre hipidos y efluvios mil, llegamos al Furia’s, primo-hermano del Antro’s, y de ahí tiramos hacia el Birra’s, para terminar en el Kopón, precuela del Anarkía, donde se toma la secuela y la espuela.
Y mis amigas siempre con la misma cantinela:
ELLAS: ¡Bebe rapidito que se nos calienta el hielo!
YO: Sí, sí, líbrenos Dios de semejante tragedia…
ELLAS: ¡Y sácate unos chupitos, que esta camarera es muy lenta y tarda media vida en servir un güiscacho!
YO: Si es que ya sabéis que las contratan por guarras, no por aguilillas…
ELLAS: ¡Y pide mejor vaso grandote, que cae a plomo con mayor facilidad y no se te atora la nariz contra el cristal!
YO: Ya, ya… ¡Y no te olvides la toalla cuando vayas a la playa!
Oh oh shala la, ye ye ye yeeee.