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miércoles, 6 de octubre de 2010

¡Agua va!


"Él puede parecer un idiota y actuar como un idiota, pero no se deje usted engañar, es realmente un idiota."
-Groucho Marx-




Contrastado: el ser humano es medio gilipollas.

A ver, si no, cómo me explicas que nos gastemos la intemerata es cosas inútiles o fraudulentas y, oye, ¡tan contentos, que encima nos ha salido tirado de precio!






Vamos a ver, hermanos, ¿nos la dan siempre con queso o es que somos carne de cañón?

Que está muy bien que birles una botellita cilíndrica de estas en el restaurante (mi caso), porque no veas lo bien que te cuadra para la puertecita de la nevera y lo que vas a fardar en la próxima cena de la cuadrilla, que la rellenes con agüita del grifo y la sirvas bien fresquita a tus amistades, en lugar del botellón de plástico con la etiqueta medio arrancada de costumbre. Pero que esto lo haga la embotelladora y te cobre cuatro euros por ello, no me digas que no tiene guasa.

Los portavoces de la marca llevan días diciendo que ellos no mentían en sus promesas publicitarias. Es decir, que la localidad noruega de Iveland se sirve del agua del deshielo de un glaciar para abastecer a toda su población y ellos, simplemente, aprovechan el derroche.

Eso es tener clase, no me digas… estos noruegos son la repanocha. Tienen como diez años de baja maternal, cobran un sueldo mínimo interprofesional del triple que el españolito de a pie y encima les sirven agua de lujo directamente a sus hogares, ya sea para lavarse los dientes, usar el bidé o fregar los cacharros…

Yo he bebido aguas estancadas o con sabor a pis (directamente) en según qué regiones españolas que no habrían pasado el visto bueno de las autoridades sanitarias más beodas. Si les llega a dar por embotellarla, tendrían que hervirte el agua en el propio restaurante y ante tus ojos, porque si no, fíate y no corras…

Pero mira, en Noruega beben agua de 4 euros los 0,8 litros (más cara en los restaurantes, por supuesto) y ni lo agradecen. Ni en la ruta del bacalao he visto yo el líquido elemento a semejantes precios…

Y eso pasa con una marca de prestigio, que utiliza un nombre elegante y una imagen cuidada.
Ponte ahora a elucubrar de dónde sacan, por ejemplo, el Solán de Cabras. Con ese nombre, cualquiera sabe…

Tengo una amiga que dice que ahora se siente pueblerina total:

- ¿Cómo me han podido engañar? ¡Si podría jurar que a mí me sabía distinta a todas las demás!
- Es que sabía distinta, cielo- le digo yo-. Sabía a grifo... noruego, eso sí.
- ¿Pero por qué siempre caigo en estas chuminadas?
- No sé… pero a ver si gracias a esto ves la luz y te quitas las 7 power balance que llevas en las muñecas… total, pa lo que te sirven…
- Nonono, eso todavía no está demostrado. El mes pasado sólo me caí tres veces por las escaleras de la oficina. No sé si es algo psicológico, pero a mí me funciona…
- Lo que hace que funcione es que por fin os han puesto barandilla en la escalera, Mari, que te aprovechas y lo llevas todo a tu terreno…
- Pues será, pero el caso es que yo he disminuido mi siniestralidad, así que ahí se quedan.

Con estos planteamientos de vida, lo de pagar el agua a precio de barril de Brent es casi anecdótico.

Cualquier día nos enteramos que las bolitas de caviar son pelotillas del ombligo de algún guarro y nos echamos las manos a la cabeza.

Vivir para ver y ver para creer…

miércoles, 21 de julio de 2010

Be water, my friend...


Estoy hasta la curcusilla de beber agua.

La gente no se pone de acuerdo en la cantidad a ingerir, pero he llegado a oír que el mínimo son 3 litros al día… ¿Dónde vas, so loco? ¿Se supone que voy a adelgazar metiéndome 3 litros (hasta yo, siendo de letras, sé que esto son 3 kilos) de lo que sea? ¿No sería mejor evitar los excesos y chupetear unos hielos para que la cosa se quede en “unos gramitos de nada”?

Tres litros… ¡qué barbaridad! Si al menos fueran de vino, o coca-cola… pero el agua, con lo sosa que es, ¡no me motiva en absoluto!

Yo me pongo a pensar y a darle a la calculadora: 3 litros, por 30 días al mes, por los 12 meses del año, más los bisiestos y demás fiestas de guardar… vamos, que me tengo que empapuzar unos 1.095 litros al año. Bien, bien. Con razón no me ata ni un pantalón… el año que viene, por estas fechas, podré decir que he bebido una tonelada de agua insípida y tan contenta. Me van a hacer cantares…

La culpa de mi incredulidad la tiene mi abuela, que nunca ha confiado en la macroeconomía ni en las ciencias alternativas (porque esto tiene que ser “medicina alternativa” por mis muertos, ya me dirás quién se bebe el Ebro por gusto, más que el que no tiene otra “alternativa”).

- Niña, ¿por qué arrastras a todas partes la botella de Solán de Cabras? –me suele preguntar sospechosa
- Es para adelgazar, abuela.
- Ahhh, ¿que adelgazas cargando peso? Pues no sé yo, no sé yo… mira cómo están las mulas de la Rosita, que ya ni le caben en la cuadra…
- Que no, abuela, que me lo bebo y así elimino todo lo malo.
- Y lo bueno, hija, y lo bueno… si te he visto ya tres botellas pasando por el gaznate… tienes que tener la tripa como el estanque-la-Antonia…
- Es la moda, abuela, no eres nadie si no vas con la litrona de agua bajo el brazo.
- Seréis tontas las modernas de hoy en día… os dicen que cualquier cosa adelgaza y os lo creéis como borregas… te mandaba yo a podar hierba y a recoger la paja y ya ibas a ver cómo te bajaba el culo…
- Ya, abuela, pero eso no tiene nada de “glamuroso”.
- Pues anda que el pandero que te gastas es muy “glamuroso”…

¡Qué manía con que hay que bebérselo todo!
Menos mal que mi problema no es la retención de líquidos, porque de lo contrario, iba a ser más fácil saltarme que rodearme. Ahora bien, estoy por llevarme el retrete portátil colgado del hombro (tendrá que ser del derecho, porque el izquierdo está ocupado por el bolso y el bidón de H2O). Es que hay veces que tengo serias dudas sobre si llegaré o no llegaré a tiempo…

Pobres riñones míos… más que hidratados, creo que los tengo inundados.

Si por lo menos notara que tanto líquido en el estómago me quita el hambre… pero qué va, ¡si yo creo que me lo potencia y todo! Es tan escurridiza (el agua) que debe culebrear entre las células y demás tejidos, hasta acabar depositándose en el dedo gordo del pie. Y venga, a rellenar el hueco que ha dejado con hidratos y grasas… pa que luego digan que el 50% del cuerpo es agua… seguro… ¡El mío no!

Me da que todo esto es un mito… o un timo auspiciado por las embotelladoras, ya que estamos… ¿Para qué existe la sed, si no? Con lo lista que es la naturaleza, por Dios, que nos ha puesto la “alarma” de serie… ¿Que te estás quedando seco por momentos? Nada, nada, para eso está tu cabeza, que te grita: “sedddd, tienes sedddd, haz algooo” y vas tú, tan pancha, y te cascas una cerveza bien fresquita, que te calma como por dentro y todos tan contentos.

Pues ya la hemos liado.
Ahora van y me dicen que si tienes esa sensación, es que algo estás haciendo mal.
Vamos, que no hay que darle opción al cuerpo a quejarse de la sequía.
Entonces, ¿para qué existe la sed? ¿Otra creación inútil, tipo el apéndice y las amígdalas?
¿Pero nadie ve que me estoy diluyendo de dentro hacia afuera? ¿Que tengo el hígado que parece un canto rodao?

¡Que se me va a empezar a ver como borrosa por culpa de tanta agua, leches!

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