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viernes, 30 de abril de 2010

No me claves el dedito, que te lo corto...


En la cola de una tienda de ropa, esperando a que la señora de delante devolviera 8 prendas y la dependienta le hiciera el abono correspondiente:

- Oiga, (me increpa la de atrás, clavándome el dedo índice en el hombro con todas sus fuerzas) es esta la cola para pagar?
- Sí, sí, aquí mismito es…- no, si te parece estoy aquí, parada cual pasmarote, viendo las moscas pasar por puro placer.
- Oiga, (me vuelve a clavar el dedito en la clavícula con mala leche) sabe usted si esta faldita es de la nueva colección o si es de esas que anuncian rebajadas en el cartel de ofertas?- me pregunta mostrándome una falda-pantalón de esas que ya ni se fabrican. De la nueva colección, me dice, yo es que me troncho… De dónde la habrá sacado, madre mía. Eso no se lo ponen, fíjate lo que te digo, ni las monjas del colegio de mis hijos. Y, esta tía, ¿me ha visto cara de dependienta o qué? ¡Si voy con abrigo, llevo 3 prendas en la mano y le acabo de decir que está en la cola de caja!
- Ni idea, señora, es que yo no trabajo aquí- le contesto con mala gana. Tengo el hombro dolorido de tanto dedito agresor.
- Ahhh, pues perdona, ¿eh?- me giro de nuevo y vuelvo a mi posición de “espera”. La de delante no encuentra la tarjeta con la que pagó su compra hace días y es imprescindible para que le hagan el abono, como le insiste la cajera. Paciencia.
- Oigaaa- vuelve a la carga la de la falda-pantalón, golpeándome con el dedo en pleno cuello- le importaría dejarme pagar a mí primero, que tengo muchísima prisa y sólo llevo una faldita?
- Es que tengo el coche en doble fila y me da miedo que me lo lleve la grúa- ahí, mintiendo a saco, que ya estoy harta de las jetas que pretenden colarse sólo porque les has respondido a dos preguntas y por eso ya eres tonta. La próxima vez, me hago la sueca.
- Ssssshhh… hmmmm… pfffé, seguro, el coche,…. en doble fila… en zona peatonal…- escucho cómo sisea la señora, indignada porque no le he dejado colarse. Yo sigo calladita. Ni me inmuto. Hago como que no la oigo, pero ella no para.- Si sólo llevaba una falda….. ya ves tú…. lo que le costaba….. juventudesta….me van a cerrar el Bingo… Oigaaa- vuelve a lanzar su dedo asesino contra mí, pero ya me las sé todas en lo que a caraduras se refiere y me adelanto a su movimiento, apartándome en el último segundo y dejando que la señora cargue toda la inercia de su cuerpo sobre… el aire- nooooooooo…..

Menudo leñazo se ha metido la señora. Ha caído de bruces, sobre el dedo estirado y no se ha dado contra el mostrador de puritito milagro. Toda la cola ha corrido a auxiliarla, pero justo en ese momento he oído a la cajera decir “el siguiente, por favor” y me he acercado a pagar mi compra. La señora, que se ha dado cuenta desde el suelo, sólo chillaba:

- ¡¡¡Cóbreme a mí, cóbreme a mí, que me cierran el Bingoooooooo!!!

La cajera no podía creérselo. La del suelo, berreando y sangrando por la nariz, los de la cola huyendo despavoridos porque la binguera les daba con el dedo sin control y yo, pagando sin inmutarme, como si fuera la insensible de la tienda. Si hubieran visto los moratones con los que he amanecido esta mañana por culpa del dedito homicida de la señora, no me habrían considerado un ser sin entrañas.

Odio que me toquen sin consentimiento. La gente enseguida se encariña y te sobetea a placer, pero yo debo ser de una pasta especial: insociable y desconfiada. Siempre mantengo una prudente distancia de seguridad en las aglomeraciones, colas y demás reuniones indeseables. ¿Por qué algunos se empeñan en toquetearte, clavarte cualquier extremidad o hablarte echándote el aliento? ¿No les han enseñado a no atosigar a sus congéneres? Mi madre se ha pasado la vida machacándome la cabeza con lo de “no molestes a la señora, no corras entre las mesas de la gente, no agites la toalla con arena encima de la cabeza de ese señor”. Y yo, si algo soy, es obediente.

¿Por qué tengo que aguantar las manías ajenas cuando cuido las mías hasta la extenuación por no molestar? ¿Es tanto pedir que los demás me paguen con la misma monedita?

jueves, 29 de abril de 2010

No molesten: Estamos reunidos.

Viernes, 13:30 de la tarde. La oficina está a punto de cerrar y los teléfonos arden por tanta llamada de última hora. Parece que se acerca el fin del mundo y todo el mundo quiere dejar las cosas bien atadas, ¡qué agobio!

Oigo voces desde el despacho del director adjunto, así que se les ha debido de complicar el día por alguna reunión urgente. Han pedido que no les pasen llamadas, que están con algo “muy gordo” entre manos y no saben cuánto les llevará.

Veo correr a dos directivos, un administrativo y dos auxiliares hacia el despacho en cuestión. Han pasado frente a mi puerta, con una calculadora en una mano y una libretita en la otra. Los gritos crecen, pero han empezado a convertirse en risotadas. Vaya, parece que las cosas van saliendo adelante…

Me acerco a la cocina, que está frente al despacho del director adjunto y oigo la siguiente conversación:

- ¿La Puri?? Hmmm… no sé, ponle uno sesenta o así…
- Uno sesenta, ¡¡dónde vas!! Como mucho, le doy uno cincuenta y cinco.
- Y arriba, ¿qué le meto?
- Unos… ¿sesenta?
- Ya será alguno más…
- Vale, pues sesenta y dos, a ver qué te sale.
- Veinticinco con ochenta
- ¿Eso qué es?- escucho la voz del directivo más jovenzuelo.
- ¡Sobrepeso, merluzo, que no te enteras!- salta el socio con superioridad.
- Ahhh… y yo que la veía toda buenorra…. ¿Y a Paco qué le ha salido entonces?- insiste el otro.
- Obesidad mórbida. Era de esperar…- el socio abundando en la miseria del pobre Paco…

Como no puedo creer lo que escucho, asomo el morro por la puerta del despacho y me encuentro a un grupo de trajeados, alrededor de una calculadora, con el listado del personal de la empresa sobre la mesa y el boli echando chispas.


- ¿En qué andáis metidos? ¿Os queda mucho?- pregunto inocentemente…
- Eh…. Eh…. Una cosita….- me dice el auxiliar- … ¿tú cuánto mides?
- ¿Yo? Dos metros… ¿por?
- No… por decirte tu IMC, que nos están saliendo unos resultados la mar de graciosos…

¿Graciosos? Vosotros sí que sois graciosos, no me jodas.

Te encuentras seis tíos metidos en un despacho, rodeando una calculadora y un boli, supuestamente reunidos por algo “muy gordo”, que te están haciendo retener todas sus llamadas para poder calcular con mala-baba y sin interrupciones el índice de masa corporal de todos los trabajadores y pitorrearse de los que tengan de sobrepeso para arriba… ¿y no te mueres de la risa? Así va el país, que hacen falta 6 directivos para poder asegurar que “Paco el gordo” debería cambiar su sobrenombre por el de “Paco el obeso terminal”.

Pero lo que era gracioso de veras es que el IMC de los allí reunidos no lo calculaba nadie. Sólo hacían números con el resto del personal. Así que les miré con suspicacia, agarré la calculadora y empecé a teclear cual posesa:

- A ver, Don Gregorio, dígame su altura y lo que marca su báscula.
- Estooo… uy, qué tarde se me ha hecho. Me voy corriendo, que se me mosquea la parienta…
- No se preocupe, vaya, váyase, que ya se lo calculo yo a ojímetro… serán unos ochenta y cinco kiletes repartidos en metro setenta de anatomía o por ahí, ¿no cree, Don Gabriel? Y vaya pensando usted su altura también, que ahora mismo se lo pregunto… ¡Anda, pero si Don Gregorio tiene “obesidad moderada”, pues sí que era gracioso, sí, qué razón teníais!

Salieron todos “por patas” de aquel despacho y no se ha vuelto a mentar la báscula.
Hace falta estar ocioso y tener guasa…

miércoles, 28 de abril de 2010

Y fueron felices... ¡y una mierda!

Siempre había oído que los cuentos que hemos escuchado desde críos estaban tuneados. Que los finales no eran tan felices como nos los pintaban y que algunos, incluso, rayaban el género “gore” más chusco. Pensaba que exageraban.

No me podía imaginar que los finales fueran tan salvajes como he descubierto que eran. No sé quién demonios se inventó lo de que “… fueron felices y comieron perdices”, porque, francamente, es imposible comerte una perdiz cuando te faltan las dos manos (o la cara entera) porque un ogro o un lobo te las han arrancado a mordiscos. Algunos ejemplos ilustrativos:

- Cenicienta: Ahora resulta que las hermanastras se creían más listas que lo que Disney nos vendía. Las tías, al ver que no había forma de calzarse el zapatito de cristal, ¡se amputaron los dedos de los pies para engañar al príncipe! Jamía, ¿cómo va a colar eso? ¿Crees que el príncipe es tan memo que no va a ver la sangre escurriéndose a litros sobre los muñones que te has dejado por pies? Pero si el zapatito es transparente, catetorra, te van a pillar a la primera… El castigo viene en forma de dos pájaros que avisan al príncipe del engaño (como si hiciera falta, a ver si es que era memo de verdad) y escarmientan a las hermanastras picándoles los ojos hasta dejarlas ciegas. Moraleja: no te cortes los dedos de los pies a lo tonto y sin motivo, porque esto tiende a dejar secuelas en forma de ceguera y cojera permanentes.


-La Bella durmiente: se queda dormida al pincharse con una astilla y, aprovechando la modorra, un Rey casado (detalle importante éste, el de que estuviera casado, porque es el que da el grado de maldad del protagonista) la viola y le hace un bombo. La comatosa da a luz mellizos y uno de ellos, supongo que buscando la teta de su madre, succiona la astilla por error y la despierta de su sueño eterno. A todo esto, la cornuda descubre la infidelidad del Rey y manda un sicario a matar a la adormilada. Al final, el cabrón-con-pintas del Rey-violador manda su propio sicario a matar a la cornuda y se casa con la del bombo. Moraleja: Si vas de cornuda por la vida, acabarás también apaleada. Y si vas de violada, acabarás dichosamente casada con un necrofílico cualquiera. Un final feliz-feliz como pocos que conozca.


- Ricitos de Oro: ya que la protagonista real de esta historia era una vieja fea y malhumorada, deberían haberla titulado “peluca de oro”, pero no. Al descubrirla los osos, campando a sus anchas por su casita, la arrojan al fuego. Pero como “mala hierba, nunca muere”, tienen que buscar un plan B. Vale, pues la ahogamos. Lo malo es que la abuela se había hecho un cursito de inmersión a pulmón y no consiguen su propósito. Finalmente, dan con la solución definitiva: la empalamos en la aguja de la torre del campanario y se acabó la parrapla. Conmovedor. ¿Qué fue de aquello de “te tomas mi sopita y te echas la siesta en mi camita”, eh? Moraleja: No allanes casas ajenas, o acabarás haciendo de veleta en lo alto de la Iglesia más cercana.
- Caperucita Roja: lo de “roja” viene por un tema un tanto truculento. El lobo, tras pasarse por la piedra a la abuelita, guarda su sangre y se la hace beber a la nietita. Una vez saciada su sed, hace entrar a Caperucita en la cama con él. Desconozco si le hace quitarse la caperuza para esta tarea, porque la niña (ésta sí que era lista-lista) le comenta al lobo que primero tiene que pasar por el excusado a hacer sus necesidades. El lobo, que tampoco es tonto, deja a la niña cumplir con sus obligaciones fisiológicas, pero le ata el pie a la cama con un grillete, no se vaya a alejar mucho. Caperucita, no me preguntéis cómo, se arranca el pie de un tirón y consigue escapar (supongo que a la pata-coja y chorreando sangre) para encontrarse con el cazador, que mata al lobo y saca a la abuelita a pedazos de sus tripas. Esto lo pilla Tarantino y te monta un “Pulp Fiction, el retorno del lobo” que lo flipas. Moraleja: llévate una navajita siempre contigo o acabarás violada por un lobo sin escrúpulos en casa de tu abuela.



Prefiero que mis hijos se traguen una maratón de “Con mucha marcha”, aunque tengan que aguantar a la plasta de Leticia Sabater berreando “¡al mediodía, alegría!”, que tenerles que contar cualquiera de estas historias. Con lo receloso que es mi hijo, no se dormiría en años, por si viene una hermanastra a cortarle los deditos con la navajita de Caperucita.

Cómo ha cambiado el cuento, madre, cómo ha cambiado…




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* Fotografías de Dina Goldstein- The fallen princesses

martes, 27 de abril de 2010

Mejor ni mentarlo...


Tras mucho discutir con amigos y familiares sobre aquellos temas que jamás se deben sacar a colación en las reuniones con los compañeros de trabajo, he elaborado un ranking que puede serle de utilidad a más de uno.

Por tanto, nunca comentéis con Puri, la de administración, o con Jose, el comercial, lo siguiente:

- Tu salario: da igual que lo escondas entre palabras técnicas, tipo “bruto”, “líquido”, “según objetivos” o “más dietas”. Tampoco importa que lo prorratees o lo conviertas en 28 pagas con sus extras, por aquello de hacérselo más llevadero al becario con contrato en prácticas. Tú di una cifra y te acompañará hasta el final de tus días. Así que, mejor, cállate. No lo estropees. No digas nada. Insiste en la frase esa de “pa lo que gano”, con cara asqueada y mirada de hartura, pero sin dar más detalles. Si te vas de la mui, es un as en la manga de cualquier desaprensivo. Para qué darles leña, que luego se quema el bosque y la culpa es tuya.
- Lo que te has gastado en tu último capricho: esto vale tanto para un bolso mega-pijo, como para un utilitario con yantas cromadas o unas vacaciones en algún país remoto. La gente se suele ir al pueblo de vacaciones, a la casa de los suegros, para más inri. No se lo hagas más penoso. Bastante tienen con aguantar a la suegra echándoles la bronca por haberse comido el jamón york que había comprado para su marido, que es de estómago delicado. No les cuentes cómo te has tocado la vaina tumbado en una hamaca en Hawai, cuando sabes perfectamente que han tenido que pintarle la casa a la familia política en sus ratos de ocio. Y sin cobrar. Hace falta ser mala persona.
- El resultado de tu reconocimiento médico: como les cuentes a los compañeros que tienes el azúcar alto, no te van a dejar catar ni una galleta en lo que te resta de vida laboral. Si, encima, eres de los que come el menú del día de la oficina, estás acabado. Te veo pidiendo lechuguita y bebiendo café con sacarina por no oírles. Evita palabras como “colesterolemia” y “sobrepeso”, o serás “Paco el gordo” para siempre. No compensa.
- Detalles exhaustivos sobre tus relaciones íntimas: A ver, ésta es una pura medida de higiene mental. ¿Qué necesidad tengo yo de imaginarme a “Paco el gordo” haciendo el salto del tigre sobre su parienta, que la pobre pesa 38 kilos en canal y dudo que lo soporte? Pues ninguna. Entre otras cosas, porque no hay quien se lo crea, pero a mí me genera una imagen en la cabeza que no hay Dios que me la quite en una semana. Si nadie te ha preguntado, ¿para qué nos lo narras con todo lujo de detalles? Son ganas de hacer daño…
- Chistes racistas o machistas o feministas o fuera de lugar: Obvio. Todos sabemos que “Paco el gordo” es muy gracioso, pero oírle preguntar: “¿Cuál es la última botella que abre una mujer en una fiesta? ¡¡¡Pues la de Fairy!!!”… hace tanta gracia como que te empalen o que te saquen a la vez las 4 muelas del juicio (juicio que, todo sea dicho de paso, él no posee). Las de Administración le tienen “enfilado” desde entonces. No te digo más que le han regalado una botella de 5 litros de Fairy por su cumpleaños. ¿No dicen que “el que ríe el último, ríe mejor”? Pues eso…
- El pedo que te has pillado o la resaca que te atrona la cabeza: Puri te acaba de contar que se ha pasado todo el finde en urgencias por culpa de una otitis mal curada de su niño y el becario que se ha tirado las 48 horas que van del viernes-tarde al domingo-noche sin salir de la oficina por culpa de un Excel que no sumaba bien. ¿Me quieres decir, Paco-de-mis-entretelas, que no les ves la cara cuando te pones a narrar las 3 despedidas de soltero seguiditas que te has pegado desde el jueves pasado sin pasar por casa? ¿Y encima pretendes que te pongan un cafelito bien tirado acompañado de una aspirina efervescente y que no te pasen llamadas, que no estás para nadie? ¿En qué mundo vives? ¿No tienes corazón? Cállate la boca, malnacido, o voy y le cuento a tu señora que lo que parecía un viaje de negocios con tu jefe era en realidad una orgía continuada en el “Caricia’s”, matándote a güisquis y sustancias de todo pelaje. Vamos a llevarnos bien, que no cuesta nada, ¿vale, machote?

lunes, 26 de abril de 2010

Fondo de nevera

Cada vez que veo en la tele a Anachocha (o a cualquier otra presentadora) hablando de qué prendas no pueden faltar en un buen fondo de armario, me hierve la sangre. Si el traje que muestran a cámara es lo que todos calificaríamos como “soso”, hala, es un traje “fondo de armario” y no se hable más. O, si tienes una camisa blanca, es de “fondo de armario”. Pues no. Yo, las camisas blancas las tengo bien a la vista, nada de “al fondo”, porque las uso muy a menudo y se me quedarían arrugadas entre tantas cosas.

Según estos gurús de la moda más chic, lo que no puede faltar en un buen fondo de armario es lo siguiente:

- Un traje monocolor (ya sea negro o azul marino).
- Una camisa blanca.
- Una falda recta oscura.
- Zapatos de salón negros.
- Pantalones de vestir (valen los de pinzas) oscuros.
- Un abrigo oscuro.
- Un bolso a juego.
- Un little black dress: es decir, el vestidito negro sencilluco de toda la vida.
- Unos vaqueros.
- Unas deportivas.

Vale. Todo tiene que ser oscuro. Como el sobaco de un grillo. Qué tristeza más grande…

En mi casa, lo que se estila es el “fondo de nevera”. Puede que no tenga un little black dress o unos zapatos negros de salón, pero el Ketchup, la mostaza, la mayonesa, los pepinillos olvidados desde hace meses y un par de limones pochos no faltan nunca. ¡Nunca! Y, por lo que he oído en varias conversaciones al respecto, esto pasa en el 90% de las casas de este país. En una palabra: podrían dedicar horas en la tele a los verdaderos usos y costumbres de la gente y no a lo que tienen Barbie y Ken en su pisito neoyorkino.

Un buen “fondo de nevera” (ya que estamos) no puede olvidar los siguientes productos:

- Salsas varias: incluimos el Ketchup, la mostaza, la mayonesa, la chimichurri que te trajo tu cuñado de Argentina hace dos años, la salsa César que compraste al empezar la dieta y nunca abriste, la HP que compró tu “santo” y no sabes a qué se le echa y que, contra todo pronóstico, no significa lo que parece pero que luce un montón, la Bovril (también llamada “el chapapote de las sopas”), la soja que tu madre echa a todos sus platos y considera su “ingrediente secreto” y el ali-oli que te chifla y nunca es buen momento para tomar.
- Dos limones (no tres, ni uno) un tanto arrugados y con la corteza del primero a medio-pelar.
- Una lata de paté que te regalaron en la cesta de Navidad del 2005 y no ha encontrado ocasión de postín para ser abierta.
- Un bote de cristal de contenido ambiguo: eso que flota en el líquido viscoso podrían ser unas alcaparras viejas o unos pepinillos mordisqueados, pero Dios sabe lo que hay dentro.
- Una botella de vino peleón.
- Los restos de la comida de ayer metidos en un Tupper que ya no tiene tapa y cubres con un poco de albal.
- Un paquete de salchichas de Frankfurt de oferta para las emergencias culinarias. De esas que, si te da un ataque de hambre a las tantas de la madrugada, te las puedes comer crudas y fresquitas recién sacadas del plastiquillo, sin pasarlas ni por el microondas.
- Un cachito de queso, duro como una piedra, pero que no tiras por si un día te da por rallarlo sobre los espaguetis, que te han dicho que queda estupendo.
- 4 hojas de lechuga oscurísimas, que ni tocas, por si tienen nuevos inquilinos paseándose por ellas, a los que no quieres molestar.

¡Qué hambre me está entrando, Dios mío! A ver qué pillo por la nevera, porque el queso duro me lo cené ayer a mordiscos y me saltó el esmalte de un incisivo. Hoy tengo que encontrar algo blandito para mojarlo en ali-oli…

domingo, 25 de abril de 2010

Cutre-regalos de boda



Mi prima de Badajoz se casa en dos meses y ya ha comenzado a recibir los regalos de boda más tempraneros.

El primero, según me ha comentado por mail esta mañana, ha sido una pareja de bulldogs de porcelana. No tiene ni idea de lo que va a hacer con ellos, porque no pegan en absoluto con la decoración minimalista de su loft y lo malo es que vienen sin ticket-regalo, para que no pueda cambiarlos y se los tenga que quedar por pelotas. Pobre mujer.

¿La gente no encuentra otras formas de gastarse el dinero o es que aprovechan este tipo de eventos para hacer limpieza-general en sus casas y pasarte a ti lo que les sobra en la estantería? ¿O será que mi prima les cae mal y es la forma que encuentran de hacerle daño?

Ayer recibió otro paquete: una lámpara de salón con motivos africanos. Dice que tiene un estampado como de leopardo y le cuelgan unos colmillos en los extremos, imitando las fauces de algún depredador. Pa morirse, vaya. Y lo malo es que la manda la tía favorita de su futuro marido, que les ha dicho que espera que la inviten a comer en cuanto la cuelguen sobre la mesa principal del salón. Vamos, que no tienen escapatoria. Qué mala es la gente, por Dios... Si este es el regalo de la “tía favorita”, espérate al de la “tía plasta”, que todos tenemos una…

A la lámpara la acompañan, en esta carrera de despropósitos, unos jarrones a tono. Forman un conjunto salvaje y no veo el día de visitar a mi prima con cualquier excusa para mearme de la risa en el salón "estilo sabana" que va a montar.



Pero la historia mejora por momentos. Me acaba de llamar toda sofocada y me ha pedido que encienda la webcam para que vea con mis propios ojos lo que acaba de llegar a su casa porque, dice, si me lo cuenta con palabras, no la voy a creer.

Lo que me muestra me deja estupefacta. No sé ni cómo describirlo. Vamos, que me he quedado sin calificativos a la altura del esperpento que ven mis ojos. Aunque, después de darle muchas vueltas, creo que puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que se trata de una peineta hecha especialmente para que la novia se sujete el velo el día señalado. Lo manda el tío del futuro marido, que es cazador y asiduo a cualquier regalo de temática "animal muerto".

Miradlo bien, pero no gritéis:



Todavía me estoy partiendo de la risa. Claro, porque no soy yo la que se tiene que sujetar el moño con una rata muerta y con cara de haber sufrido una barbaridad. Estoy deseando que llegue el regalo del novio, que supongo que será "a juego", en plan unos gemelos hechos con las uñas de un murciélago o una corbata de pelo de mapache atropellado. En cuanto lo reciba, vengo y os lo casco. Palabra.

sábado, 24 de abril de 2010

¡Se me ha embarazado media cuadrilla!


¡Horror!¡Somos 12 en la cuadrilla y 4 se han embarazado de golpe!

No han dejado claro si ha sido a propósito o una mera coincidencia. Pero el caso es que todas cargan con bombo y esperan para el mismo mes. ¿Habrán instaurado el día de "San Fornicio Colectivo" y yo no me he enterado?

Pensaréis.... vaya bobada, eso no afecta a la cuadrilla. Uyyy, cómo se nota que no os ha pasado...

¿Que no afecta? A mí me afecta, y mucho, que se embaracen todas a coro. ¡Ya lo creo que me afecta! Que ahora, quedamos a cenar y todas van a Kas naranja. ¿Y el vino? ¿Qué hacemos con el vino? Pues bebérnoslo las que no contamos los meses por semanas. Así nos va. En las últimas 2 cenas, hemos acabado a cuatro patas por culpa de las abstemias estas. Porque el vino hay que pedirlo. Y no lo vas a dejar ahí, abandonado a su suerte, después de haberlo pagado. No, no, no. Hay que apurar la botellita, que cada gota vale su peso en oro.

Otro efecto de la preñez de mis amigas: el menú. Antes, todo eran txistorras, morcillas, chuletones con patatas.... ¿Ahora? Ahora sólo quieren pechugas-plancha y ensalada muuuuuy limpita... nada de jamón, paté ni encurtidos de dudoso origen. ¡Qué aburrimiento de pandilla! Con lo que hemos sido...

La última: pedir mesa en la zona de no-fumadores.

Pues ya me has dado la cena. Me parece de fábula que no se les irriten las mucosas a las madres productivas y que el bebé se mantenga en una campana aislada, ajeno a los vicios de esta panda de perdidos. Pero las que ya hemos pasado por estas privaciones, ¿no podemos sentarnos en otra mesa? ¿Tenemos que estar entrando y saliendo a la calle a echar un pitillín, con el frío que hace fuera? ¡Por caridad, que estamos las 8 con una bronquitis que parecemos el coro de Leonard Cohen!

Pues no. Tiene que ser todos juntitos, porque si no, eres una insolidaria de tres pares de narices. Si lo entiendo... Yo lo entiendo todo. Si nunca pongo peros a nada, que ya me conocéis, soy de buen conformar. Pero aviso: como la conciliación familia-pandilla no se haga equitativamente, en cuanto nazcan las criaturas, me las llevo de bares en venganza. Ya lo he dicho.

El que avisa... es un bocazas...

viernes, 23 de abril de 2010

¡Pero si no sé ni dónde está!

Cuando tenía 23 años (angelito, quién los pillara) mi padre me regaló un utilitario de 3ª mano que vendía un colega por un módico precio. El cochecillo, aparentemente bien conservado, perdía más aceite que la furgoneta de los Locomía. Pero yo iba tan contenta, con un par de bidones de lubricante Selenia en el maletero, por aquello de ser previsora y evitarme disgustos.

Un buen día, accediendo a un parking público, en el sótano -5 (no lo olvidaré en la vida, era como bajar a los infiernos) aquello empezó a echar humo. La columna que se elevaba sobre el motor alcanzaba fácilmente los 3 metros. Yo no entendía nada. A mi coche lo tenía yo en palmitas, con su depósito a tope y el aceite controlado, así que no había razón para semejante comportamiento caprichoso.

Llamé a la grúa, que tardó unas 3 horas en llegar, otras 2 en acceder al sótano -5 y una más para sacar a mi buga de esa vorágine de humo y vapor en la que se encontraba. A los pocos días, me llama el del taller:

-¿Oiga, joven?
- Dígame… me llama por lo del coche, ¿verdad?
- Sí… es usted la del Fiat Tipo, ¿no?
- La misma. Dígame qué tal…
- Pues… esto es peor de lo que parecía, ya se lo adelanto.
- ¿Peor? ¿Peor que qué???
- Pues que parece que la cosa viene de la junta de la culata.
- ¿La junta de quién???
- La junta de la culata. Vamos, que voy a tener que desmontar todo el bloque de motor para cambiarla y eso van a ser unas… 60.000 pelillas del ala, más mano de obra, claro…
- (Hiperventilando) ¿Se-sen-ta-millllllllll??? ¿Habla usted en pesetas?
- En perras gordas, no te jode….
- Pero… ¿no se puede parchear la junta esa? ¿Cambiarla por otra pieza? ¿Quitarla y a ver si no se nota? ¿Nadaaaaa???? ¿Tan importante es? ¿Tanto tantoooo???
- Verá, señora, sin junta de la culata, no hay motor, no sé si me explico…
- Pero si a mi coche no le falta de nada, ¿cómo me ha podido pasar esto a mí?
- Psssé, sabré yo….. ¿me aprueba el presupuesto o no me lo aprueba?
- Adelante, adelante, qué se le va a hacer, si no queda otra…


A mis tiernos 23 años, bastante tenía yo con saber dónde estaban el volante y el maletero. Tampoco es que ahora sepa mucho más, pero la vida me ha enseñado a leches, en lo que a mecánica se refiere. Cuando fui a contarle a mi padre que le tocaba patrocinar la avería del utilitario, montó en cólera.

-¡¡¡Te has cargado la junta de la culata!!!!,- fue su frase.
- A ver, papi, que YO no me la he cargado, que se ha roto solita.
- Te la has cargado, hija, no se hable más.
- Papá, que YO no he sido, a ver si te crees que le he dado con el mechero hasta que se ha quemado. ¡Si no sé ni dónde está! Se ha averiado ella solita, que estaría vieja o a saber…
- Hija, ¿has mirado alguna vez las agujitas esas que tienes sobre el volante?
- ¿La de la velocidad? ¿La del tanque de gasolina?. ¡Pues claro, quién te crees que soy!
- Y la de la temperatura, hija, la de la temperatura.
- ¿Temperatura? ¿Esa que siempre empieza a subir y se queda estancada en el 100 porque vino averiada de serie?
- Esa, hija, esa misma. Lo que te decía. El coche perdería agua y has quemado la junta de la culata. Tú solita. Y no hablemos más del asunto, que me ataco.
- Ah…. bueno, vale… pues llevaré también una garrafa de Font Vella en el maletero a partir de ahora…

Nunca más se habló del tema. Hasta hace poco, que volvió a salir en una conversación sobre “los tíos y los coches” y mi hermano lo sacó a la palestra, para deleite de la concurrencia. Qué salao es mi hermano…

jueves, 22 de abril de 2010

Vocabulario de posguerra


En las comidas de empresa, se suele reunir la gente más variopinta.

Esto me encanta, porque te da la oportunidad de conocer a algunos compañeros con los que no sueles hablar o con los que hace años que no tratas.

Uno de ellos se jubilaba esta semana y decidimos organizarle una jamada en condiciones, porque llevaba más de 30 años en la empresa y la ocasión lo merecía.

Tras los temas habituales, que no pasaré a relatar por no aburriros, alguien decidió preguntarle al jubilado a ver cómo se trabajaba en aquellas primeras épocas y en qué condiciones vivían. Como si habláramos del periodo Cretácico, pero bueno, hay gente que quiere saberlo todo…

El hombre empezó a contarnos que, por ejemplo, en sus comienzos laborales, los colchones de su casa eran de arpillera, hasta que pasaron a los de lana, que tenían que abatanar cada pocos días, para que quedaran esponjosos.

Un momento, un momento… ¿arpillera? ¿colchón relleno de lana? ¿abatanar? ¿En qué idioma me está hablando este hombre? ¿En medieval? Pero… ¿la arpillera se fabrica? ¿No es ese material que te encuentras en los contenedores y que puedes coger libremente, sin exponerte a robar? ¿No existía entonces el látex? ¿Ni la viscoelástica? ¿Se puede ser más antiguo? Acabarían con las cervicales hechas un ocho, digo yo.

Y lo de abatanar… apaga y vámonos, que he tenido que irme a un diccionario de sinónimos para descubrir que se refieren a golpear o vapulear, vaya, a darle mamporros, de toda la vida de Dios. Ponte a sujetar ahora un colchón de esos de LoMónaco que anuncia Constantino Romero, con una sola mano sacada por la ventana y dale de leches con la otra por toda la superficie. Y sin caerte desde un cuarto piso, que tiene guasa la cosa. Yo lo veo imposible, a la par que agotador. Lo mismo te lo cargas por hacer la gracia y pierdes la garantía esa de 3 años que tanto anuncian. Déjate…

La conversación seguía animada y llegamos a otro “clásico”: la achicoria para el desayuno. A ver quién es el guapo que sabe describirme la planta de la que se extrae este engendro de la nutrición. Eso tenía que saber a pis, no me digas. El hombre la recordaba como un aguarrichi con aspecto de café y sabor amargo, que actuaba en el estómago como el laxante más efectivo. Menudo invento.

Parecido al de las gachas, que nunca he sabido bien de qué estaban hechas. Me suena a comida de pobres, con tomates en los calcetines y viviendo en barracones, vamos, lo que saldría en la escudilla del prota de cualquier peli de Garci, no sé si se me entiende…

¡Qué épocas, Virgen de la Macarena! Yo no creo que pudiera vivir en esas condiciones… ¿y vosotros? ¿Encontráis, como yo, un montón de palabras en desuso que os suenan a la época del racionamiento?

miércoles, 21 de abril de 2010

El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos...

Un cinéfilo de pro reconocería esta frase entre un millón. Se la dice Ilsa a Rick en una secuencia de Casablanca.

Pero tranquilos, que no pretendo haceros un test de cine, ni sacaros los colores. Tampoco hablaré de amores imposibles, ni de playboys anti-lujuria, ni de lo bien que queda la piel cuando la toma es en blanco y negro. Hoy quiero hablar de frases. Frases para el momento (se supone) más romántico en la vida de una pareja: el día de su boda.

¿Qué se le dice a los novios tras darse el esperado "sí, quiero"?
Todos vamos con la misma cantinela: que si enhorabuena, que si felicidades, que si no sabes cómo me alegro, que si tenéis los ojillos brillantes y la carita radiante... Las cursiladas de siempre.

Algunos, intentando superar al resto de invitados y queriendo justificar su invitación tardía, salen con aquello de "ojalá seáis tan felices como lo fui yo en mi tercer matrimonio". He llegado a oír a una señora diciéndole a la novia: "haz lo que sea, pero que te ingresen a ti su nómina, que ahora todo es muy bonito, pero ya verás cuando se la empiece a gastar en vino". La novia, como estaba en una nube, ni se enteraba de lo que le decían y sólo sonreía y agradecía los parabienes, sin registrarlos ni cribarlos previamente en su cerebro.

Bueno. Estas frases tampoco es que sean tan importantes. Han de decirse, porque es lo que manda la tradición. No hay boda que se precie sin los consabidos pisotones a la salida de la Iglesia/Juzgado por conseguir besar a los novios, patearle el vestido a la novia y colgarse del velo como Tarzán de su liana favorita. El problema viene después, cuando los grupos que se crean (invariablemente) comienzan con sus rivalidades. Me explico:

En toda boda hay un mínimo de 6 grupos (si la boda es muy concurrida, pueden llegar a formarse hasta 10 subgrupos). Todos ellos se componen de gente que no necesariamente se conoce, pero que enseguida se identifica como "del grupo". Y matan por ello. Si estuviéramos hablando de una boda romana, esta gente te echaría a los leones por pertenecer al grupo contrario. Sin titubear.

El primer grupo lo forman "Los amigos de la novia". Suele estar compuesto por mujeres, aunque siempre se cuela algún gay, despistado, o listillo a la caza de amigas-de-la-novia.
Por tanto, el segundo grupo serán "Los amigos del novio". Tíos, en su mayoría. De la edad del novio, en su mayoría. Y un viejales borrachuzo, en clara minoría, que les arenga en la competición de gritos a los novios. Suele ser un tío lejano del novio que no encuentra ubicación y prefiere arrimarse a la "chavalería".
El tercer grupo lo forma "La familia de la novia", claramente enfrentado al cuarto grupo: "La familia del novio". Aquí es donde se esconde la gente-bien. Nada de personajes alcoholizados, con la corbata ladeada y los zapatos perdidos por alguna esquina. No. Estos son los del traje de Canali, la pamela (si la boda es de día) y los bolsitos cuajados de kleenex. Incluimos en este grupo a los padres, hermanos, abuelos, tíos y primos de los respectivos novios. Y al cura, si es una boda religiosa, que siempre se apunta al papeo.
Al quinto grupo podríamos denominarlo "A mí me invitaron por compromiso". ¿Componentes? Compañeros de trabajo de ambas partes, jefes de los padres de los novios y directores de Bancos variados. Los Notarios también se encuadran en este grupo.
Y, por fin, el sexto grupo. El más chungo de ubicar en las mesas, porque son los apestados de las bodas: "Los que se zumbaron a los novios". Entiéndase por "zumbar" cualquier acto considerado pecaminoso por los mayores de 50 años, incluyendo relaciones de más de 8 años que quedaron en nada con alguno de los contrayentes. Papelón el de esta gente. No sé para qué van ni por qué les invitan. Tienen su mérito, por acudir y pagar el regalo. Así que les doy su grupo.

Entonces llega la competición de frases. Estos grupos no se mezclan. Así que tienen sus propias consignas. Las familias del novio y de la novia nunca soltarán aquello de "que se besen". Es más, en cuanto un miembro del grupo de "los amigos del novio" empiece a despepitarse con la frasecita, comenzarán a mirarse unos a otros en plan... "uyyy, qué soeeezzz". Y nunca responderán a la provocación. Ya vamos 1-0, para los amigos del novio.
Sin embargo, las amigas de la novia se sentirán ofendidas por no haber sido las primeras en hacer besarse a los novios. Y abundarán con lo de "encima de la mesa" tan pronto como la novia se levante abochornada y le plante el beso al novio sonriente. 1-1. Vale.
Ahí es donde entra el borrachuzo, que empieza con lo de "con lengua, con lengua" y su grupo, el de los amigos del novio, crecidos por la salida del beodo, levantarán sus servilletas al aire al son de "el polvo de esta noche, ya no es ilegal, el polvo de esta noche, ya no es ilegal, la la la laaaa la la la, ya no es ilegaaalll". 3-1.
Las amigas, que son más finas en estas cosas, comienzan con "que se besen los padrinos", con variantes, como el conocido "que se besen los consuegros". 3-3.

Y cuando está todo tan liado y hay tales gritos que eres incapaz de discernir si se está besando la abuela con el cura o la cuñada con la pamela, se escucha una vocecita femenina desde la mesa de "los que se zumbaron a los novios" que exclama: "Que enseñe el tatuaje, que enseñe el tatuaje".

Silencio absoluto. Todas las cabezas giradas hacia el novio, que mira a la novia y pone cara de "a mí que me registren". No aletean ni las moscas. 10-0 para la mesa de los despechados. Sí señor. Menuda goleada...



martes, 20 de abril de 2010

Que no me pase a mí, por favor, que no me pase a mí...

Lo que os voy a relatar no es una leyenda urbana. Ni un chiste. Ni siquiera una gracieta de esas que se cuentan entre amigos con dos copitas de más. Es un sucedido, real y tristemente verdadero, aunque ocultaré la identidad de la persona implicada por no cargarme su reputación en cuatro líneas, con lo que cuesta labrársela.

Érase una vez una novia enamorada hasta las trancas de su novio. Era tanto el amor que se profesaban, que decidieron conocer a las familias respectivas, para lo cual, organizaron un fin de semana rural en la casa de campo que tenía la familia del novio. Hasta aquí, todo iba bien: cochecito hasta el monte, los padres educadísimos, la casa una cucadita en lo alto de una cima, la novia radiante, el novio orgulloso de su novia, la cena de postín... entonces, llegó la noche.

Como manda la tradición más rancia, cada uno se alojaba en una habitación, por aquello del "qué dirán" y por no dar un disgusto a los padres, que eran un tanto antiguos. Se despidieron con un beso y a dormir, que mañana será otro día.

A eso de las 2 de la madrugada, la novia se despierta en un baño de sudor. Las tripas le suenan como el rugido de un tigre apaleado y los retortijones son tan fuertes que casi no puede ni tenerse en pie. Ella intenta encender la luz, pero en esas casonas de pueblo, la luz igual que viene, se va.

Vale, no hay luz. No pasa nada. No te pongas nerviosa. Abre la puerta sin hacer ruido, coge el pasillo todo recto y vete hacia el baño, que está justo al fondo y no tiene pérdida posible.

Ella echa a andar encorvada, toqueteando todas las puertas a su paso, hasta que llega a la del fondo. En ese momento, nota el retortijón más fuerte que ha sentido en su vida. Ay Dios, a que me cago encima, piensa la novia al borde de las lágrimas. Aprieta, aprieta, que ya llegas... Abre la puerta, corre a la taza, se sienta como puede a la vez que empieza a notar que su tripa se desinfla y su esfínter se vacía.... bufff, por un pelo. Me he librado por un pelo. Un momentito.... espera... un... momentitoooo.... ¿qué tengo debajo????? Aquí hay pelo, piel y lo que parecen ser.... ¿unas piernas? ¿Me he sentado encima de alguien?

Entonces escucha lo que ninguna novia casadera quiere escuchar jamás en su vida:

- Tranquila, bonita, que te has cagado en tu suegro, pero no pasa nada, no te preocupes que esto lo limpiamos en un momentito y no se entera nadie, dame un minuto para que me duche al menos...

La pobre sólo quiere llorar. Se limpia como puede, sale del baño y corre hacia su habitación, abandonando el orgullo y la dignidad en la taza del váter, para hacer la maleta y escapar de esa casa aprovechando el anonimato que brinda la noche.

Nunca más quiso saber del novio, de los suegros, ni de la casita en el campo. Han pasado los años y todavía le cuesta relatar la historia sin romper en llanto.
Qué cagada, Dios mío, qué cagada... literalmente...

lunes, 19 de abril de 2010

¿En qué momento?


Dicen que hay una crisis a los 7 años de empezar una relación.

Que, pasado ese tiempo (mes arriba, mes abajo), todo lo que te parecía maravilloso de una persona empieza a convertirse en una manía asquerosa e imposible de sobrellevar.

¿En qué momento, me pregunto yo, el rollito de primavera se convierte en un plato de cerdo agridulce? ¿Qué conexiones cerebrales se desconfiguran, como si de un efecto-dos mil se tratase, para convertir en una cuesta arriba todo lo que antes era una llanura bucólica?

Una compañera de trabajo me dijo una vez que, al principio, todo es precioso. Le ves comerse las pipas ante el televisor y piensas para ti misma: “qué arte, mira cómo chasquean las cáscaras entre sus labios, no se le escapa ni una, qué embeleso”… Pero pasados unos años, y siempre según ella, lo que realmente piensas es: “no parará de tragar pipas, el cabrón, que no me deja ni escuchar los diálogos de la película. Ahí se le atragante alguna en el esófago y se quede en el sitio”…

A mí me resulta demoledor. Por si acaso, ya no compro pipas. No vaya a ser que me pase como a ella. Mejor evitar todo aquello que deje a la suerte hacer de las suyas…

¿Será cierto que el amor tiene fecha de caducidad? Y siete años, ¿no son muy pocos?. Algunos afirman incluso que no son tantos. Que, como mucho, son 3. Vamos, que es más seguro que te toque pasar la ITV que celebres el 4º aniversario de boda. ¡Qué horror!

¿Habrá síntomas que nos indiquen que la fecha se acerca? No sé, algo parecido a una mirada perdida o una contestación a deshora. Me refiero a algo menos evidente que unos cuernos bien puestos, claro. Algo que nos permita sospechar antes del bombazo y así poder poner los medios para mitigar la caída. ¿O no será, más bien, que hay gente que todavía se cree que el chispazo del principio te acompaña hasta el final? ¿Es que la gente no sabe que el Big Bang duró menos de un segundo aunque todavía se hable de él? ¿Será que los que elaboran estas teorías esperaban seguir con el priapismo hasta la ancianidad?

Menos mal que este año celebro mi noveno aniversario de boda. Al menos, la de los 7 ya no me pilla. Aunque, con la de teorías que te encuentras, me da que hay una crisis por año a partir de ese momento. Veremos…

domingo, 18 de abril de 2010

Noticias insólitas


Una mujer de Florida provoca un accidente al conducir mientras se depilaba las ingles.

Resulta que la pava esta iba afeitándose la entrepierna en el coche porque tenía una cita con su chorbo y quería llegar preparada. Pero, espera, que la cosa es peor todavía. En el asiento del copiloto iba su exmarido que, con toda su buena disposición, le sujetaba el volante mientras ella se dedicaba a tan ingrata tarea. El resultado: dos heridos y el coche para el desguace. Hay que ser corta de meninges.

Los diarios estadounidenses sólo contaban que se trataba de “una rubia teñida de 37 años de nombre Megan Barnes, a quien habían retirado el carnet de conducir el día anterior”. Quién le mandaría a esta hacerse la brasileña en plena autovía. Cualquier día la pillan haciéndose las mechas en un cambio de rasante. Encima iba sin seguro y el problema fue que pisó el acelerador en lugar del freno para ir a chocarse contra el remolque del coche de delante. No me extraña. Todas sabemos de sobra que si el tirón en los abductores no se hace con cuidado y a contrapelo le puedes dar una patada a la estheticienne que te mete una demanda de escándalo. Lo que te digo: una peliteñida de manual. Y la broma le puede salir cara, porque se arriesga a un año de cárcel, que en EEUU no se andan con chiquitas en estos temas…

Un hombre japonés se casa con su almohada.

¡Qué salao el nipón! No me digáis que no os inspira ternura el pobre hombre. Es que lo estoy viendo, con su carita amarilla y sus bracitos alrededor del amor de su vida: un almohadón gigante con forma de su personaje de cómic favorito. Y, para deleite de las románticas, os diré que vistió a su acolchada novia con un traje especial adquirido para la ocasión.

Por lo visto, el hombre estaba tan obsesionado con su cojín que se lo llevaba puesto a todas partes: lo subía a las atracciones de la feria, se lo llevaba de restaurantes y le pedía su comida favorita, dormía con él en los mejores hoteles,… en fin, todo era poco para su almohada. ¡Qué bonito es el amor!

Un par de ladrones llaman a un Banco avisando que lo iban a asaltar.

Estos parecen los protas de “Dos tontos muy tontos”. Pero no. Es verídico y ha aparecido en prensa. Ocurrió en EEUU, cómo no…

Van los brillantes estos y llaman a un Banco cualquiera pidiendo (por favor, que me da el jamacuco sólo de escribirlo) que prepararan las bolsas con el dinero porque iban a pasarse en breve a robar y no querían perder el tiempo. No contentos, avisaron que iba a haber un “baño de sangre” si la pasta no estaba preparada cuando llegaran. Lógicamente, han acabado en la cárcel a los diez minutos escasos de la llamada, nada más presentarse en la entidad bancaria. Es genial. ¡Qué previsores! Gente así da gusto. Nada de “dame el dinero cagando leches que te meto un balazo con mi pipa”. No, no. Yo te llamo, te doy tu tiempo para que me juntes los billetes menudos en tacos de 10 y tú me lo dejas en la puerta para evitar malos rollos. Es el civismo elevado al cubo. Pena que les saliera mal…

Un grupo de presos llegan tarde al penal y no les dejan entrar.

¡Ea, castigados! Has llegado tarde y te aguantas. A robar un rato hasta que abramos las puertas por la mañana. Di que sí. ¡Viva la reinserción del preso, aunque sea a mamporros!

Pero los 5 “damnificados” no se han quedado contentos con la decisión del director de la cárcel y han decidido demandarle por no dejarles entrar en “su casa” por 5 minutitos de nada, con la que está cayendo fuera…

Por la mañana, todo eran abrazos y besos por parte de sus compañeritos de prisión. Que si “cuánto tiempo sin veros”, que si “os echamos de menos anoche en la orgía de jabonetas”, que si “qué tal andan las cosas por ahí fuera”… un reencuentro emotivo como pocos. A veces los funcionarios de prisiones no tienen corazón…

sábado, 17 de abril de 2010

El posicionamiento

Podría parecer que voy a hablar de la importancia que tiene para el anunciante, en el campo del marketing y la publicidad, el lugar que ocupen sus anuncios, para así poder manipular la percepción que tiene de ellos el cliente potencial.

Nada más lejos de la realidad.

El posicionamiento del que yo hablo es mucho más sencillo. Tiene su base en el más puro y simple sentido común y consiste en no mandar a Paco-el-chapuzas a pegar tus anuncios en un cartel gigante de la M-30, porque luego pasa lo que pasa.



¿Entendéis a qué me refiero? ¿A que nadie se queda con la marca o con lo que anuncia?

Tus ojitos sólo ven tremenda zanahoria a punto de destrozar a la gimnasta en mallas. Si la pobre girara un poquito la cabeza, saldría corriendo tal cual está, a cuatro patas y todo, muertita de miedo por el tubérculo tamaño-Godzilla que la persigue con la vaselina en la mano. ¿Qué les costaba haberla puesto en el otro lado, como si la zanahoria fuera en busca de otra incauta un poco más allá? Pues nada, ya ves tú. Pero Paco se puso a pegar y, para cuando se coscó del error, ya no era él quien mandaba, sino su pereza, y pensó: “bah, si total, no lo va a mirar nadie”… ¡Y una leche! Me encuentro yo eso por la autopista y me pego un rijostio del tres, porque no le quitaría ojo a la zanahoria ni loca, no vaya a ser que cambie de trayectoria.

Estas cosas ocurren. No vayáis a pensar que es un caso aislado.
Mirad, sin ir más lejos, el cuerpazo que se le ha quedado al tal Yanni:



¿Te imaginabas que bajo esa melena leonina y ese tupido bigotazo se escondía semejante bombón? En este caso, más que chapuza lo que hay es una mala suerte del copón. Mira que coincidir así por culpa del orden alfabético de la tienda de discos… es mala pata, ¿no?

Y luego están los de “consejitos vendo, que para mí no tengo”.



La triste de arriba me comenta lo malísima que es la obesidad infantil y la de abajo baila el Sarandonga abrazada a dos Happy-Meal. A ver en qué quedamos. Si yo fuera niño, me iba con la bailonga, por descontado. La de arriba da un mal rollo que no veas. Tiene pinta de ponerte un enema si te comes una cheeseburger. Quita, quita.

Y… ¿en qué estarían pensando los señores de Barclays al intentar “posicionarle” en todo el buzón un iphone gigante a la pobre mujer? Éstos tampoco han acertado con la fórmula, me temo...



¿No había otro sitio donde colocar el culo en pompa de esta otra pobre? ¿Tenía que ser ahí abajo, donde salpica todo el barrizal? Te va a comprar las bragas quien yo te diga… tienen una pinta de venir con “palometa” incluida, que tiran patrás



Y ya, por rematar, os enseño el CD que venía con el kit de instalación de mi ADSL. Si el modelo supiera la imagen que la empresa está dando de su persona, les metía un puro de asustar.

Mirad, mirad:



¿Notáis cómo se alegra de veros?

viernes, 16 de abril de 2010

Bendito mini-bar...

El sábado pasado, mi querido “santo” me llevó a cenar a un restaurante de diseño, en una ciudad perdida, para celebrar nuestro aniversario de novios (y van 12 años, ya). El hombre se tiró ahorrando 2 meses para pagar la cena y el hotel y tuvo que llamar del orden de 10 veces, hasta conseguir reserva en el restaurante tan de moda que os comento.

Yo me puse ideal-de-la-muerte, enfundada en un Moschino de saldo que tenía todavía sin estrenar en el armario, para no desmerecer en un entorno tan chic. Y él se vistió muy… vaya, que se vistió y punto. Que él, de marcas, no entiende nada.

Al entrar, todo me pareció muy cuidado. La luz, la música, los manteles. Daba gloria mirarlo todo. Te sentabas en la silla como con miedo, ocupando sólo un tercio del asiento y con la espalda bien estirada, no vaya a ser que se den cuenta que no estás en tu salsa. Daba miedo hasta hablar, por no pasar por verdulera. En fin. Estaba un poco tensa, pero con el vinito blanco se me fue pasando la congoja.

El menú, como nos explicó el del traje oscuro, iba a consistir en un (sic) “carrusel de aromas y texturas en combinación de degustaciones varias sobre tema aleatorio”.

¿Einnn? Mí no comprender. Me sentía como Toro Sentado en una Asamblea de la ONU. Bueno, bueno, pues que empiece el carrusel, que estoy que no puedo de la emoción.

Primer platillo: Gelée de ambrosía de ostra vietnamita sobre cama de perlas en angostura. Vamos, lo que viene siendo una ostra sin caparazón, colocada sobre una gelatina insípida y unas bolitas que parecían guisantes, pero que tampoco… Bueno, bueno, esperemos al siguiente, no nos vamos a bajar del carrusel tan pronto, que esto acaba de empezar.

Segundo platillo: Crème brûlée de trigueros al eneldo con reducción de sake agridulce. Traducido: crema de espárragos. Ahí es nada. Un humilde espárrago, hecho puré y colocado en un plato hondo con capacidad para 3 cocidos montañeses. Ponte a buscar la crema en esas condiciones, que entre lo que se pega al fondo, a las paredes del pozal y a la cuchara, creo que me llevé a los labios unos 4 mililitros de tan preciada crema.

Tercer platillo: Petit Salade de croquette aderezada con tomate cherry al aroma de Módena. Una croqueta, señores. ¡Una croqueta! Con un chorrillo de salsa de tomate por encima y una hojita de lombarda de acompañamiento. Para que no te empaches, que la noche es larga.

Cuarto platillo (y subiendo): Taco de txipirón-bebé en su jugo de tuétano sobre nido de arroz pilaf. Todavía estoy buscando al txipirón bebé. En mi plato, no estaba. Sólo fui capaz de encontrar un tentáculo del tamaño de un garbanzo escondido entre granos de arroz “Brillante”. Tampoco encontré el “taco” y doy gracias a Dios cada día por ello. Porque si lo pillo, le endilgo con él al del traje oscuro y le abro una brecha en toda la sien por la tomadura de pelo.

Quinto platillo: Cordero lechal desestructurado y descompuesto en su humus de boletus de Primavera. Lo habéis supuesto, ¿verdad? Ni cordero, ni lechal, ni boletus, ni (menos mal) humus, por ninguna parte. Sólo unas migajas resaladas de algo parecido a “pollo” sobre 3 láminas de champiñón crudo. Venga, dale al vino, que no les pienso dejar ni una gota y, además, si no me emborracho, le suelto una fresca al cocinero que la escuchan en la China.

Sexto (y último) platillo: Sopa de huevo de corral con helado de galleta danesa en textura modificada y cobertura de canela del Himalaya. ¡Coño! ¡Unas natillas Danone! ¡Menos mal que hemos dado con algo que llevarnos a la boca! Pena que sólo da para tres cucharadas. Me han sabido a poco…

Resumiendo: salimos del local, con cara de “efectivamente, nos han timao en toa la jeta”, sabiendo que habíamos cenado una croqueta y unas natillas por el módico precio de 180 euros per cápita. Llegamos al hotel y nos lanzamos como posesos hacia el mini-bar. Hubo que rifarse el Kit kat, las almendritas y la latilla de aceitunas, porque nos sonaban las tripas cosa mala y el ardor producido por las 2 botellas de vino no lo quitábamos ni con Almax.

Menudo aniversario. Eso sí, nos echamos unas risas y nos juramos no contarlo a nadie, porque nos iban a llamar panolis como mínimo… hasta que llegué al blog y se me cayó de la boca… A ver si mi “santo” no me lo tiene en cuenta, o me veo cenando el menú de “Casa Paco” el próximo aniversario, por bocazas…

jueves, 15 de abril de 2010

La importancia de una letrita...


Cómo cambia el cuento cuando confundes una letrita (sólo una) y la lías parda. ¡Es que te puede cambiar la vida y todo!

Mi amiga Eva, por ejemplo, se ha convertido en insulino-dependiente por leer mal el papelito del endocrino. Ella estaba convencida de que el buen doctor le había prescrito el azúcar en su dieta hipocalórica. A mí ya me sonó raro cuando me lo contó, pero como ella se comía las palmeras de chocolate de dos en dos sin respirar y aquello no parecía hacerle mal, pues yo calladita. Ahora resulta que lo que ponía en el papel era que el azúcar estaba proscrita de su dieta. Y Eva sólo llora desconsolada cada vez que alguien comenta lo mal que escriben los médicos. Esa letra le ha destrozado la vida. Y las meriendas, claro. Con lo que le gustaba a ella mojar los bizcochos en el Cola-Cao…

Otras veces, cambias un par de letras y no se entera nadie. O, por lo menos, yo no veo que traiga consecuencias tan dramáticas. Ayer mismo, sin ir más lejos, escuché a la Esteban decir en la tele que la Campanario era más fea que el jorobado de Rotterdam. Y nadie dijo nada. Ni la han despedido, ni la han corregido, ni han cambiado los libros de Literatura en los colegios, ni nada. Esta tía nos ha puesto al jorobado en otro sitio y ni ha pestañeado. A partir de ahora, ya podremos decir que “andas más despistado que el jorobado paseando por Rotterdam”. Y todo gracias a la Esteban, que tiene el dudoso don de cambiar la gramática y la ortografía a golpe de lengua sin consecuencias.

La de veces que he oído eso de “tú tienes perjuicios”, cuando alguien se refiere a las diversas razas o etnias. No, maja, perjuicios no. Perjudicada es como acabas el sábado a las 7 de la mañana, con la falda arremangá luciendo la pantorrilla. Si lo que te pasa es que desconfías del portero rumano que han puesto en tu comunidad de vecinos para vigilar los buzones, tienes prejuicios. No confundamos al personal. Que parece que todo vale y, de eso, nada.

El niño de mi vecina tiene actitudes (según ella) musicales. No sé si es que el chaval imita a Mick Jagger sacando la lengua hasta el cuello o es que la madre no lo ha pronunciado bien y lo que quería decirme es que las aptitudes musicales se le ven al bebé a la legua. En estos casos, yo sólo pongo boca de “¡mira tú qué cosas!” y cabeceo de arriba abajo. Para qué corregir a la peña, si luego quedas como una pedante de tomo y lomo.

Sólo corrijo cuando la cosa me parece escandalosa y la persona es de mi entera confianza.

A Paqui, por ejemplo, le tuve que decir que era imposible que en las clases de yoga inspiraran y expiraran profundamente y sin cesar. A ver, una vez que expiras, ya puede ponerse bruta la profesora de yoga, que no creo que consiga que muevas un dedo nunca más. La has pifiado, diñado, espichado, palmado, estás caput. Vamos, que te has muerto. Espero que Paqui se refiera a que espiran y vuelven a inspirar, porque si no habrían salido en los papeles hace tiempo.

Hay veces que la confusión aparece incluso en prensa. Así, he leído esta semana que una señora “abrazaba con efecto” a otra. Hombre, ya me habría gustado que acompañaran esta afirmación con una imagen, para ver a qué tipo de efecto se referían: si al efecto pulpo o al efecto mariposa. Aunque, bien pensado, supongo que lo que el becario quería escribir era que las señoras se abrazaban con afecto. A lo mejor fue cosa del auto-corrector, que escogió una palabra al azahar, en lugar de al azar.

Misterios de la gramática…

miércoles, 14 de abril de 2010

Pero... ¿todo me tiene que pasar a mí?

  • Me siento en la sala de espera del dentista y se me coloca en la silla contigua una chica, aparentemente normal, que me empieza a contar su vida. No había más sillas, qué va. Tiene que sentarse en la de al lado. Encima, debe pensar que tengo cara de interés, a pesar de no haber levantado los ojos del Lecturas que había en la mesita auxiliar y que he agarrado nada más aposentarme. Me empieza a contar que tiene un niño de 10 meses que ha empezado a hablar y que se sabe el nombre de toda la familia, incluyendo primos y tíos segundos. Que sabe sumar y restar y come con cubiertos, así que han decidido llevarle a una guardería para superdotados. Yo asiento, hago que sigo leyendo las aventuras y desventuras de Sara Montiel y no digo ni "palote", no vaya a ser que ésta se crea que me interesan un carajo las aptitudes de su chiquillo. Pero ella, infatigable, me insiste en que a ver si yo tengo hijos y si me ha pasado lo mismo. "No", le digo yo rotunda, "no tengo hijos". Por evitarme lo del "cállate, so loro, no ves que soy una insociable". En buena hora. Me sale con aquello de que la gente tiene hijos cada vez más tarde y que así es imposible que te salgan superdotados y bla, bla, bla... La dentista que no viene, la de al lado que no calla y mi cabeza como un bombo. Así que me he levantado, he ido al mostrador de recepción, he cambiado mi hora con la excusa de una reunión ineludible y me he largado sin dar explicaciones a la madre de Einstein, que se ha quedado con la frase a medio decir buscando interlocutor. ¡Menuda petarda!


  • Nos vanos de finde a Port Aventura. Cargo con los niños, los bocatas y las biodraminas. Subimos al Dragon Khan después de una cola de 2 horas y media y me toca el pequeño al lado. En plena subida, me empieza con lo de "mami, mami, esto no empezará a bajar muy rápido, ¿verdad?". Yo le miro con los ojos desorbitados y… sí, lo que me temía: el crío se ha puesto más blanco que la pared de gotelé de la oficina. Aquello coge la vertical descendente y el chaval, clavando sus garritas en mi brazo, empieza a vomitar todo el desayuno y parte de la merienda-cena de anoche sobre mi persona. Yo no veía nada, sólo oía las arcadas y los chillidos de los de atrás. Llegamos a meta embadurnados de pota, pero él, gracias a la fuerza centrípeta, acabó impoluto. Milagros de la Física. El resto del día quedó para el olvido. No nos dejaban entrar en ninguna atracción por el olor nauseabundo que despedíamos y las bebidas las tuvo que ir a comprar el niño, que era el único que no apestaba como una mofeta.


  • Voy a hacer la compra y, como la despensa estaba “pelada” tras las vacaciones de Semana Santa, cojo el carrito y lo arrastro hasta el súper más cercano. Lo encadeno a los casilleros de la entrada siguiendo la recomendación del segurata, que no se fía ni de su madre y no te deja meter ni la sillita del niño por si te da por esconder comida entre los pañales de la criatura. Compro todo lo habido y por haber. Lleno dos carros gigantes y paso por caja. No compro bolsas reciclables ante la mirada atónita de la cajera, porque tengo mi mega-carro esperándome en la entrada. Pues no. Me lo han birlado. Miro al vigilante con cara de pocos amigos y le increpo aquello de “no se te escapa un brik de Orlando, pero los carros ni los ves, ¿eh, salao?”. No me digas. ¿Alguien se ha dedicado a sabotear el candado de mi carro con una horquilla y el tío ni se ha inmutado??? Vuelta a la caja, dile a la cara-perro que ahora lo que quieres es que te lo manden a casa y ella me suelta lo de: “haga la cola como todos, por favor”. No le he mordido el ojo por si se me abalanzaban en chombo las señoras de la fila. Me he puesto a la cola, dejando los dos carritos ya pagados tras la caja y vigilándolos desde mi puesto por si alguna lista se llevaba algo al pasar. Me ha costado casi 2 horas hacer la compra. Total, como me sobra el tiempo…

¿Soy yo la afortunada o esto le pasa a todo el mundo aunque no me lo cuenten?

martes, 13 de abril de 2010

Las funciones infantiles


Mi hija tiene el mes que viene la exhibición de gimnasia rítmica y me tiene, cada día, un mínimo de media hora, tirada en la moqueta ensayando con ella las posturas que tiene que “bordar” en la actuación ante los padres. Esto me ha costado ya dos tirones y un esguince, pero yo no me desanimo, porque veo a la chiquilla con tanta ilusión, que me vengo arriba y hago todo lo humanamente posible para conseguir la vertical haciendo el clavo o la rueda lateral. Espero que se luzca como merece, porque como le pase como a su amiga Luisita el año pasado, voy y abofeteo a la profesora.

Luisita es una niña muy buena, preciosa, con un gran don de gentes y mayor facilidad para comerse, digámoslo así, los bocatas ajenos. En una palabra: es lo opuesto a la bailarina delgaducha con la que sueñan todas las profesoras de extraescolares del colegio. Pero la niña sólo tenía una ilusión: hacer ballet. Y su madre, por darle gusto, la apuntó a las clases sin dudar.

Cuando llegó la exhibición anual y se levantó el telón, todos buscábamos a Luisita con la mirada, pero Luisita no aparecía por ningún lado en aquel escenario. Aparentemente. Porque, si te fijabas bien, veías que el árbol de la esquina, ese pintadito de marrón y cuajadito de hojas de celofán color verde, como que respiraba. Sí, el árbol se movía. Mínimamente, pero se movía. Hasta que estornudó, se le desprendieron media docena de hojas y nos pareció ver la patilla de las gafas de Luisita.

Entonces ocurrió lo que me temía. Su madre, que no podía creer que las otras 14 niñas estuvieran bailando, con mayor o menor fortuna, el Lago de los Cisnes, mientras su querida Luisita se achicharraba viva bajo kilos de plástico coloreado, empezó a dar gritos increpando a la profesora. Su marido, muerto de vergüenza, intentaba tirar de ella para sacarla de salón de actos, mientras los lloros de Luisita se escuchaban por encima de la música. Luego nos confesó que no lloraba por su madre, sino porque se le habían dormido los brazos de tanto sujetar en alto las ramas de cartón-piedra que le habían atado a las muñecas. Menuda tortura. Ahí, toda estática, sin poder mover ni un pelo para que las ramitas no se le chocaran con las gafas.

Pasada la actuación y ya más calmada, la madre consintió en hablar con la tutora, quien le explicó que no le había quedado otra, porque Luisita desentonaba con el resto de niñas en tutú. Para qué te digo más. Entonces, entró el padre en la discusión, preguntando a ver qué tipo de profesoras fascistas eran aquellas que no dejaban a una cría de 6 años ponerse un tutú por considerarla demasiado gorda para bailar el Lago de los Cisnes.

Es indignante, pero verídico. Igual de verídico como que, al año siguiente, a Luisita la apuntaron a extraescolares de ajedrez y se ha convertido en un año en la ganadora de alevines de la provincia. Ahí no les importaban nada sus kilos, ni sus gafitas. Sólo su cabeza y su capacidad de ponerse en el pellejo del contrincante. Justo lo que les falta a las profesoras de ballet del colegio…

lunes, 12 de abril de 2010

Despedida de soltera

Tuve una despedida de soltera hace unos días.
Estoy indignada con el resultado.

Veréis, mi grupo no es que sea de esos “salvajes” en lo que a despedidas se refiere. No vamos “sin bragas y a lo loco”, como esos grupillos de salidorras que me encuentro por los bares en cuanto llega la época estival. Simplemente, nos juntamos para charlar, beber (llegamos como deshidratadas siempre a estas festolinas) y echarnos unas risas a costa de la pobre desgraciada que va a perpetrar casamiento. Pero sin ensañarnos con ella, ¿eh?. Como mucho, le suele tocar poner unas bandas de mister a los chicos de la disco, en plan “Mister cachas” o “Mister buenorro”.

La semana pasada, por ejemplo, me llamó mi amiga Laura para decirme que estaba en la floristería, con las letras de la palabra “culo” desperdigadas por el mostrador mientras la cajera le pasaba la maquinita al código de barras. Es que son las mismas letras que ponen a las coronas funerarias y nos sale más económico comprarlas en la floristería que en la papelería. A estas alturas y después de haber organizado una docena de despedidas, ya nos sabemos los mejores trucos. Y ver a la del bodorrio escogiendo tío para plantarle la banda de “Mister culo” es nuestra máxima diversión.

Bien, pues a mi amiga Laura se le ocurrió innovar un poco esta vez porque, dice, nos estábamos repitiendo ya mucho con el tema de las bandas y el juego de la Oca-sexual. Vale. Innovemos. ¿Y qué creéis que se le ocurrió? Pues llamar a la del tuppersex para que se viniera con su maletita roja y nos hiciera una demostración de aparatitos erótico-festivos para ponernos al día en estas cuestiones. Vaya tela.

Apareció la tía con dos maletas, aunque sólo abrió una de ellas. Creo que, al ver el percal, no se atrevió con la segunda, que era (como nos confesó más tarde) de aparatos un tanto “agresivos”, en plan sado-maso y bondage. Menos mal que la dejó cerrada, porque algunas de mis amigas se vuelven un tanto brutas con dos copitas y pueden acabar lesionando a sus parejas con estas tonterías.


De aquella maletita aparentemente inofensiva empezaron a salir patos de goma de todos los colores y tamaños, pepinos de varias texturas (estriados, estrellados, curvos, dobles, con forma de cactus…), anillas con y sin vibrador, condones de todos los materiales (excepto madera) y geles de distintos sabores para según qué zonas del cuerpo. Era como un mercadillo de pervertidas en hora punta. Mis amigas abrían los ojos y boqueaban del subidón. Lo querían todo.

Yo, que soy un tanto vergonzosa en estos menesteres, no me atrevía a tocar nada y sólo preguntaba: “pero esto no estará usado, ¿¿verdad????”. Mis amigas, siguiendo las indicaciones de la licenciada en orgasmos, toqueteaban y sobaban los aparatos como cuando te compras un jersey de angora y te lo pasas por la cara para comprobar que no pica. ¡Qué entusiasmo!.


Sólo diré que la señora hizo el Agosto con nosotras y colocó más de media docena de bolas chinas y varios consoladores a precio-de-oro. Yo, tímida como soy, sólo me atreví a comprar una especie de esponja vibradora con forma de fresón que la entendida no tenía en ese momento, pero que prometió enviarme en cuanto pasara por su casa, que es donde guarda la mercancía

¿Pues no va y me llama hoy para decirme que mi esponja está agotada en toda España y que no sabe si la recibirá en un mes o en un año y que me devuelve el dinero? Ya le dije: ¡yo no quiero el dinero, yo lo que quiero es mi esponjita! Que la busque donde sea o la pida al proveedor, pero que la quiero en mi casa, que ya le tengo buscado un hueco en el armarito del baño, bien alto, para que no llegue la niña y me la robe pensando que es un juguete de Feber. ¿Os lo podéis creer? ¡Para una vez que me animo y resulta que anda medio país en la bañera pasándose mi esponja por donde-te-digo!!!

Dita suerte la mía…

domingo, 11 de abril de 2010

Las discusiones familiares

A ver vosotros qué opináis.

Me he tirado todo el día de ayer intentando hacer ver a mi primo que no es lo mismo ligar que pagar por sexo. Y él, cabezota como poca gente que conozco, no lo ve claro.

Todo empezó de la forma más tonta. Con una frase que, desde mi punto de vista, sólo la puede decir un tío. Era algo parecido a: “hay que ver el Berlusconi, menudo ligón está hecho, que se las lleva a todas de calle”.

Pues mira, no. No es que se las lleve a todas de calle. Es que se las lleva a todas de la calle, ¡que no es lo mismo ni de lejos! Yo le intentaba explicar que, con semejante careto y pinta (porque parece sacado de un tebeo de Rompetechos, no me digas), el susodicho sólo mojaba gracias a su cargo y a su VISA. Pero mi primo, que al final va a resultar un romántico y todo, insiste en que el Berlusca liga por un tubo y encima sólo trata con tías buenas. Ya. Y los Reyes Magos vienen de Oriente montados en camellos y el ratoncito Pérez confecciona cuerdas de siete nudos para subir a tu almohada a dejarte un regalito. Es que tiene guasa la cosa…

Fijaos si es cabezota que esta mañana me manda un mail con el siguiente texto:



En una palabra: mi primo considera que lo de Silvio son relaciones pasajeras y, por tanto, el tío liga. Y punto. Que si se dedicara (como dice la RAE) a “hacer que alguien mantenga relaciones a cambio de dinero”, se le llamaría proxeneta y no está el abuelo para meterse en esos berenjenales. Tócate los albérchigos.

Como es de suponer, todos los tíos que había en la mesa le daban la razón y secundaban su planteamiento. Las tías, en cambio, me miraban levantando las cejas y seguían comiendo como si hubiera pasado un ángel. La mayoría ni discutía. Para qué.

Pero yo, que no sé quedarme calladita ni debajo del agua, venga a rebatir las premisas de mi primo, acalorada perdida y sin catar el cordero al horno que tenía en el plato. Total, para nada, porque como ninguna me ayudaba, ellos se crecían y gritaban más. A ver cuándo aprendo a callar y dar la razón como a los tontos, que ya me vale. Que no hago más que buscar en la Wikipedia definiciones más realistas para “ligar” y no hay forma, leñes. Me da en la nariz que los diccionarios sólo los redacta un comité de tíos.

Y no os lo perdáis, que mi primo y sus secuaces insisten en que las velinas estas, encima, no dan el perfil de prostituta. Que son tías formadas (ya te digo, las formas se las he visto yo a toda página, paseándose por Villa Certosa como Dios las trajo al mundo), de muy buena familia y con unos sólidos principios. Hasta el punto que alguna aspira a convertirse en Eurodiputada y todo.

Vamos, que ahora va a resultar que son unas eruditas, con licenciatura y master-del-universo por la Universidad de Cerdeña, cuyo único objetivo, dada su inteligencia supina, es arrimarse a Berlusconi porque no encuentran un hombre a la altura de sus cerebelos. Es que me meo. Las conclusiones apabullantes de los tíos son de risa…



sábado, 10 de abril de 2010

Padres cabrones

El título lo dice todo.

Hay padres que no merecen otro calificativo.

Pero, como a veces las palabras no bastan, basaré mi afirmación en una serie de ejemplos gráficos, que siempre se fijan mejor en el subconsciente:





Ojito a la cara de la chiquilla, que no entiende nada. ¿A qué mente retorcida se le ocurre llevar a la chavalería a una despedida de soltera-guarra? Espérate a que empiece la mujer a trabajarse el siguiente ”miembro”, el oscurito que aparece al lado, y ya verás, ya… La tipa, toda sudorosa, dándolo todo, sin disimulo ninguno… fijo que en su casa no se esfuerza tanto. Se van a poner los niños a sacar fotos con el móvil para enseñársela a los compañeritos en el colegio y te van a hacer cantares, ¡pervertida!.


¡Qué fuerte! ¡No se ha salvado ni el pollo! Con las marcas que deja en la pared la cinta aislante… ¡el crío va a acabar desollado al arrancársela de la piel!. ¿Cómo se puede uno llamar a sí mismo “padre” cuando lo que eres es un delincuente de marca mayor?

De este tipo hay varios casos:


Y la madre descojonada en una esquina mientras ve a su bebé pasándolo como el culo y temiéndose lo peor… somos una raza cruel, como diría la madre de Bridget Jones.¡Pero si es que el niño planea mejor que una avioneta! ¡Lo tiran a 3 metros de altura sin paracaídas ni nada! ¡Parece un frisbee humano!

Y no te digo nada cuando llega carnaval y las maldades paternas afloran cual champiñones al sol que más calienta… es entonces cuando se ve lo peor de cada uno.
Porque hay que ser malvado y perverso para vestir así a un menor:


Y la niña contando en la escuela que se iba a vestir de Ariel, la sirenita… será más bien la porno-sirenita, porque tú dirás, ¡semejantes melones no los calza ni la mismísima Pamela Anderson! Y el chaval menos mal que todavía no tiene conciencia, porque le han dicho que va de Espinete y en realidad va de punky-gay.

Luego tenemos el apartado “ven chaval, que te voy a pegar tal susto que de esta te ahorras el estirón”. Ejemplos variados:




Tela-telita con el álbum familiar de este tipo de familias. Debe ser una especie de “pasaje del terror infantil”.

¿Vuestros padres, en qué modelo encajan? ¿En el perverso? ¿En el cruel? ¿En el terrorífico? ¿O, más bien, en el de “comodones”?

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